martes, 31 de diciembre de 2019

No todo lo negativo que nos pasa es terrible

La vida muchas veces nos trae reveses complicados, momentos de los que es difícil levantarse y volver a la rutina motivados. Un despido del trabajo, el fallecimiento de un familiar, una infidelidad por parte de nuestra pareja… Todas estas adversidades son, evidentemente, circunstancias negativas que ninguno de nosotros queremos vivir. Aquí llega el matiz importante que refleja el título: no es lo mismo calificar algo como malo que como terrible.

Algunas personas tienen la costumbre de huir de los problemas porque tienen mucho miedo de experimentar el dolor emocional que suponen.

Cuando nos decimos a nosotros mismos que algo es terrible estamos sembrando la semilla del dolor. Nuestra interpretación de los hechos es responsable de nuestro sufrimiento y de nuestro bienestar. El cerebro no sabe distinguir, a priori, lo que es negativo, neutro o positivo. Somos nosotros los que tenemos que decírselo y, por lo tanto, está en nuestra mano ser más o menos precisos a la hora de filtrar esa información externa.

Si ponemos nuestro empeño en ello, con toda probabilidad encontraremos la manera de cambiar ese diálogo interno tan destructor y comenzaremos a limpiar los cristales sucios de nuestras gafas. El objetivo es hacer un procesado un poco más realista de la información a la que nuestra mente accede, y de este modo, llegar a aceptarla.

¿Por qué pocas situaciones son terribles?

El ser humano, de forma innata, tiene mucho miedo al cambio, a perder su estabilidad. En cuanto se produce un movimiento en su vida que interpreta como negativo, se desestabiliza emocionalmente y para recuperar esa estabilidad puede realizar acciones potencialmente dañinas para sí mismo.

Es complicado tener sentido común y ser racional cuando las desgracias te tocan, pero es muy necesario, al menos, intentarlo.

Cuando pensamos que lo que nos ha pasado es terrible, estamos en realidad diciéndonos que es lo peor que nos podría haber ocurrido, casi el fin del mundo y esa afirmación simplemente no es cierta. Todo lo que nos sucede o nos ha sucedido -absolutamente todo- puede ser aun peor de lo que es. Nada es cien por cien negativo, ni siquiera la muerte.

Morir, enfermar, que nos decepcionen, son hechos normales que la vida nos trae a todos y por el hecho de que son naturales, tenemos que hacer un esfuerzo mental por aceptarlos y no oponernos a ellos. El duelo y la tristeza que este trae consigo, sí son procesos necesarios, pero hay que vivirlos sin bautizarlos como terribles. Es bueno que desterremos a esa palabra y a sus sinónimos -horrible, espantoso, dramático…- de nuestro vocabulario coloquial.

Por lo tanto, es la naturalidad de los hechos, tanto positivos como negativos, lo que hacen que nada sea tan terrible como creemos.

Olvidarse del perfeccionismo, de como deberían ser las cosas, de lo que tendría o no tendría que pasar, es clave para dejar de terribilizar y así poder afrontar la vida con más optimismo, pero sobre todo, con mayor aceptación. Abrazar las cosas tal y como van viniendo, eso sí, sin rendirnos ni resignarnos a ellas, es un poderoso amortiguador del sufrimiento.

Aprender a medir los hechos

Si ya hemos entendido que nada es tan horroroso como muchas veces nos decimos, ahora es preciso que aprendamos a llamar a las cosas por su nombre. Para ello, una estrategia usada en psicología que puede resultarnos muy útil es la evaluación racional de las circunstancias.

Cuando te enfrentes a un problema vital, coge papel y lápiz y traza una linea recta. En el extremo izquierdo de esa línea, que nos servirá como regla de medir, anotarás la palabra maravilloso y en el lado opuesto escribirás terrible. Como es de esperar, en el centro de tu regla, pondrás normal.

Pues bien, entre lo que es maravilloso, normal y terrible, pueden existir multitud de evaluaciones, al igual que ocurre en cualquier regla de medir. Por un lado, podemos encontrarnos con que algo es un poco malo, muy malo, bueno, un poco bueno, etc…

 Ahora anota en el papel lo que te ha ocurrido, pero sin exagerar ni juzgarlo ni evaluarlo. Has de escribir de forma objetiva, como si lo hubiese filmado una cámara, lo que te ha pasado.

Por ejemplo, si te han despedido de tu trabajo después de diez años trabajando en él, lo que tienes que anotar es: Despido laboral. No lo alimentes con evaluaciones subjetivas como: «Tras tanto tiempo esforzándome para esta empresa, van y me despiden y yo no me merezco esto».

El hecho objetivo es que te han despedido del trabajo. Una vez lo hayas escrito en tu papel, mídelo y sitúalo en un lugar de la regla. Con mucha probabilidad lo pondrás en terrible. A continuación, esfuérzate en pensar qué otras circunstancias de la vida, te hayan ocurrido a ti o no, pueden ser más negativas que la que te está pasando. Es decir, se trata de comparar.

Aunque a veces la comparación nos haga estar a la defensiva, tenemos que alejar a nuestro ego y darnos cuenta de que la realidad es que siempre existe alguien en peores situaciones que nosotros.

¿Tienes para comer a pesar de que te hayan despedido? ¿Hay gente que no puede disfrutar de un plato caliente? Las respuestas a estas preguntas son: sí. ¿Cómo evaluarías el que alguien no pueda comer de forma diaria tal y como lo haces tú? Si vuelves a evaluarlo como terrible, has de mover tu anterior evaluación del despido: tendrás que pasarla de terrible a mala e ir afinando.

Y así, ve haciéndolo, hasta que tú mismo te des cuenta de que has exagerado en tu evaluación. Si comienzas a sentirte emocionalmente más tranquilo, habrás hecho correctamente el ejercicio.

lunes, 30 de diciembre de 2019

La actitud es la fuerza más poderosa del cambio

La actitud es la fuerza más poderosa que poseemos, sin embargo a menudo la ignoramos. Hacemos todo lo posible por dejarla en un segundo lugar, mientras nos esforzamos por culpar a los demás de lo que nos pasa, quejándonos de todos los problemas que se nos vienen encima y sintiéndonos víctimas de las circunstancias.

La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿qué actitud estamos adoptando ante la vida? Reflexionar sobre esta cuestión y saber si nos está beneficiando o no, nos permitirá ser mucho más conscientes de por qué poco o nada marcha tan bien como nos gustaría. Incluso, si abrimos bien los ojos, nos daremos cuenta de que las dificultades no son tan terribles como las estamos viendo.

Escoger nuestra actitud ante cualquier circunstancia

Podemos escoger cómo afrontar las circunstancias, al menos sobre eso siempre tenemos control. La actitud es la fuerza más poderosa que tenemos, pues gracias a ella podemos cambiar lo que nos sucede o, al menos, el modo en el que le hacemos frente. ¿Aceptamos o rechazamos? ¿Nos quejamos o nos ponemos en marcha?

Imaginemos que tenemos una pareja que siempre se está quejando, de manera que su actitud cada vez nos gusta menos. Vivimos amargados, es una buena persona pero ya no somos felices en nuestra relación; sin embargo, ahí estamos sin tomar ninguna decisión. Mientras, intentamos que nuestra pareja cambie, le echamos la culpa de lo mal que va la relación, que el vínculo está cada vez más roto.

Leyendo esto, desde nuestra perspectiva, sabríamos perfectamente qué hacer. Tenemos dos opciones: aceptar a nuestra pareja tal y como es, quererla y amarla sin desear que cambie. También podemos romper la relación y darle la oportunidad al otro de que también pueda ser feliz con otra persona.

Como podemos ver, la actitud es la fuerza más poderosa, pues nos permite salir de una situación que no nos gusta. Todo ello, tomando una decisión y cambiando nosotros, no intentando que el otro lo haga. Esto mismo puede aplicarse en otro tipo de circunstancias. Cuando contraemos una deuda, cuando nos quedamos sin trabajo, cuando una enfermedad hace acto de presencia o cuando un familiar muere.

De nada sirve quejarnos, clamar al cielo sobre lo injusto que es, victimizarnos y quedarnos quietos sin hacer nada. De nada sirve buscar culpables donde no los hay, negarnos a aceptar lo que viene así, sin más. Hacernos preguntas sin sentido de «¿por qué a mí?», «¿es que he hecho algo mal?».

La actitud es la fuerza más poderosa que nos permite ser felices

La actitud es la fuerza más poderosa que impulsa los cambios, las tomas de decisión, los nuevos rumbos. Gracias a ella, podemos encontrar nuestra felicidad o mantenerla. Porque no olvidemos que la felicidad tenemos que encontrarla en nuestro interior, con independencia de que el exterior contribuya: unas veces lo hará y otras no.

Gracias al poder de nuestra actitud, podemos comprender que no hay límites y que no tenemos por qué sentirnos desbordados por las circunstancias. Por muy grave que pueda resultar una situación, como la pérdida de un trabajo o contraer una deuda, siempre terminaremos saliendo y superando ese bache. Es la propia inercia vital.

Sin embargo, en ocasiones nuestras emociones ahogan este atisbo de esperanza, dramatizando en exceso lo que ocurre. No obstante, tarde o temprano, no nos quedará otra que aceptar la situación y seguir adelante. ¿Por qué no hacerlo desde un principio? ¿Por qué buscar sentirnos tan mal sin que sea necesario?

Es importante que confiemos en nosotros mismos y que no nos quedemos en nuestras zonas de confort: si lo hacemos se reducirán, en vez de ampliarse. Si nos quedamos en ellas veremos cómo se estrecha ese estado de confort, hasta que poco a poco deje de ser «de confort» y nos sintamos acorralados por las propias circunstancias.

No tenemos por qué tenerle miedo al cambio. Los cambios en principio son oportunidades, nuevos comienzos, nuevos rumbos. Dejaremos algo atrás, es cierto. Pero lo que está por venir también puede dejarnos algo nuevo si contamos con la paciencia y la inteligencia como para ponerlo a nuestro favor. Una ocasión para aprender, superarnos, madurar y darnos cuenta de que podemos con todos los problemas que se nos presenten.

No nos olvidemos de que la actitud es la fuerza más poderosa del cambio. Podemos tomar decisiones para salir de una situación que nos desagrada. Podemos aceptar aquello que no nos gusta, dejar de rechazarlo y seguir adelante. Muchas veces, el reflejo del futuro nos devuelve una imagen más complicada de lo que en realidad nos aguarda. Con la actitud elegimos algo tan sencillo y vital como la forma de posicionarnos ante esta imagen.

Un pequeño cambio de actitud puede marcar una gran diferencia. Puede convertir una situación difícil, en superable, y una circunstancia dolorosa en una oportunidad para fortalecerse.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Que un cambio sea para mejor no quiere decir que no duela

Un cambio es un reto, una aventura que la mayoría de las veces emprendemos en parte o totalmente a ciegas. Ya sea para bien o para el mal, cambiar nos obliga a afrontar la incertidumbre del qué pasará y a abandonar ese mecanismo de seguridad al que estábamos acostumbrados.

Elegir un camino poco conocido, sobre el que no están nuestras huellas, es un ejercicio de valentía y muchas veces, también, de inteligencia. Nos cuesta transitar por lo inhóspito, incluso cuando se supone que esta nueva forma es mucho mejor que la anterior, ya sea por afrontar un puesto de trabajo de mayor responsabilidad, incluir en nuestro día a día una rutina de ejercicios o comenzar una relación.

A pesar de que el cambio sea para mejor, es un proceso y como tal, debemos atravesar una serie de etapas con sus respectivos estados emocionales y consecuencias. Además, hay que tener en cuenta que nuestro cerebro prefiere la permanencia, la estabilidad y la sensación de seguridad que le proporciona lo conocido; de ahí que, en ocasiones, nos juegue malas pasadas, generando dudas y utilizando a la nostalgia para retenernos.

Por lo tanto, hay cambios que, aunque nos lleven a eso que tanto deseamos, también nos duelen. De alguna forma, cambiar es decir adiós a lo que hasta ahora formaba parte de nuestra vida, ya sean hábitos, personas o situaciones. Ahora bien, ¿qué podemos hacer para gestionar esta sensación de pérdida?

Decir adiós, uno de los pasos más difíciles

Comenzar una nueva etapa supone dejar atrás otra y, para que todo salga bien, lo mejor es que esta última quede concluida. Es decir, que no dejemos ningún asunto en puntos suspensivos ni pendiente de respuesta. Para ello es necesario decir adiós, pero no siempre es fácil, ya que requiere de grandes dosis de valentía y de una comprensión clara sobre lo que queremos para nosotros. Y aún así, sigue resultando complejo.

Despedirnos de lo que veníamos haciendo o sintiendo hasta ahora conlleva asumir y gestionar lo que sentimos respecto a ello. Por ejemplo, si hemos decidido divorciarnos porque pensamos que es lo mejor para nosotros y que de este modo vamos a estar mejor, tenemos que gestionar la tristeza que sentimos por romper la relación con la otra persona. A pesar de que sea un cambio para mejor, la ruptura también nos generá dolor.

Si no gestionamos bien nuestros sentimientos, estos pueden frenar nuestro proceso de transformación; es decir, impedir el cambio al demorar el cierre de la etapa en la que nos encontramos. Puede ser por miedo, por indecisión o tal vez por temor a lo que piensen los demás. La cuestión es que, al no gestionar bien nuestro estado emocional, quedamos atrapados. Por eso es importante tener claro que dolor, la tristeza e incluso el enfado en ocasiones pueden ir asociados al cambio a mejor.

Para ayudarnos a seguir adelante, podemos preguntarnos qué es lo nos motiva a permanecer así, qué nos espera si damos el paso y qué es aquello que no queremos perder. Las respuestas a estas preguntas esclarecerán el camino y la confusión emocional que sentimos. Nos recordarán la razón por la que decidimos cambiar.

Una vez despejadas las dudas, nos queda aceptar el dolor; es decir, atravesar el malestar para dejar atrás nuestra etapa de orugas y ser mariposas. Además, recordemos que un cambio siempre es un intercambio de pérdidas y ganancias entre nuestro yo pasado y nuestro yo futuro, a través de una vía: el yo actual. Así, es importante identificar aquello de lo que nos despedimos y las oportunidades que buscamos realizando el cambio.

Afrontar la nueva etapa con responsabilidad

El adiós a eso que formaba parte de nuestra vida no es el punto final en el proceso de cambio, ni tan siquiera el último apartado del capítulo. Concluida la etapa anterior, nos queda abrirnos a la nueva realidad, generada por la actitud estrenada y el actualizado repertorio de conductas. Una realidad repleta de incertidumbre que nos va a demandar, más allá del cambio planificado, un proceso de adaptación a las consecuencias.

El cambio nos empuja a un universo de posibilidades en el que nuestra actitud hace de brújula. De ahí que la actitud con la que lo enfrentemos dependa de nosotros. Gestionar nuestro mundo emocional también es necesario en esta nueva etapa: aquí se hace muy importante mantener la calma, recordar esos momentos en los que, perdidos, finalmente terminamos encontrándonos.

Habrá aspectos de la nueva situación que nos resulten agradables, otros que quizás desconozcamos e incluso algunos que no nos agraden demasiado. Pero en última instancia, la voluntad y la responsabilidad de permanecer ahí es nuestra. La clave está en no perdernos a nosotros en este nuevo camino.

Como vemos, los cambios a mejor pueden ser dolorosos porque implican decir adiós a una parte de nuestra historia. La renuncia es el precio a pagar cuando queremos y necesitamos emprender una nueva etapa.

sábado, 28 de diciembre de 2019

La infidelidad emocional

La infidelidad emocional o afectiva, es decir, el engaño de un miembro de la pareja que, sin embargo, no ha tenido encuentros sexuales con esa otra persona, puede ser más dañina que la infidelidad ligada a parámetros más convencionales (física).

A menudo, pensamos que solo existe infidelidad cuando se produce un encuentro sexual entre uno de los miembros de la pareja y otra persona. Al contrario, la infidelidad puede darse sin que exista un encuentro físico. De una forma u otra, esta se produce cuando se rompe un acuerdo. Finamente, señalar que la infidelidad emocional habla de un deterioro de la relación de pareja en muchos más casos que la infidelidad física.

¿Qué es la infidelidad emocional?

La infidelidad emocional se produce cuando, en la pareja, uno de los dos intercambia momentos íntimos con otra persona, siempre y cuando se implique de forma emocional y rompa un acuerdo implícito o explícito. Entre esos momentos íntimos pueden encontrarse los intercambios de contenido emocional.

También podemos encontrar infidelidad emocional que no suponga intercambios de ningún tipo con esa tercera persona. Si nuestra pareja se enamora de otro u otra, aunque no lo diga, también estaríamos ante un caso de infidelidad emocional.

La infidelidad emocional es, en muchos casos, un paso hacia la infidelidad física, ya que provoca un vínculo suficientemente sólido entre los interesados para que se produzca la intimidad física. En algunas circunstancias, la pareja se disuelve por acción de la persona infiel, a la que no le interesa continuar con una relación sin afectividad.

Causas de la infidelidad afectiva

¿Cómo llegamos a la infidelidad emocional? Sus causas son variadas, pero suele producirse por la falta de afectividad en la pareja, que de un modo u otro se deteriora. La falta de cariño, intimidad o confianza provoca la necesidad de estos, y uno de los miembros (a veces incluso ambos miembros) los busca en otra persona. Es una inclinación comprensible en el contexto, igual que lo son otras, aunque denota también mucha falta de comunicación.

Una relación sana se verá raramente abocada al fracaso por infidelidad emocional. En una pareja sana, los canales de comunicación permanecen abiertos y ninguno de los dos tiene miedo de confesar inconformidad o desagrado con aspectos de la pareja. Es por ello que debemos buscar la causa principal de una infidelidad en cuestiones comunicativas.

Cómo evitar la infidelidad afectiva

En ese sentido, el trabajo en el aspecto comunicativo de la pareja es fundamental. Una pareja sólida debe trabajar día a día en la confianza, la amistad y el entendimiento. La pareja la constituyen, ante todo, dos amigos que deciden compartir su vida y, además, sienten el uno por el otro una atracción sexual.

Puesto que la infidelidad emocional no entiende de cuestiones sexuales, no debemos buscar allí la principal causa del engaño. Los encuentros sexuales pueden ser plenamente satisfactorios y aun así existir infidelidad. No obstante, como ya se ha indicado más arriba, la persona infiel puede terminar interesándose sexualmente por la otra persona.

¿Qué hacer ante una infidelidad emocional?

Los signos de infidelidad afectiva varían con las parejas, pero con frecuencia se pueden identificar las siguientes señales:
  • Ese miembro de la pareja está distante y no comparte sus emociones y problemas.
  • No te hace partícipe de nada de lo que le ocurre.
  • Falta intimidad y afectividad dentro de la pareja.

Recordemos que no presentarte a todas las personas que tu pareja conoce o hablarte de todo lo que hace con ellas no es infidelidad: es muy necesario que los dos miembros tengan experiencias y amistades fuera de la pareja. Sin embargo, si no eres la persona a quien cuenta sus problemas, y sabes que sí lo hace con otra persona, puede que exista un problema. Tendrás que comunicarte y profundizar.

Confirmada la infidelidad, existen dos soluciones: continuar o terminar la relación. Para tomar uno u otro camino, es necesario encontrar un momento para hablar con sinceridad; no importa si la decisión es de uno de los dos. Si la persona infiel no desea acabar con la antigua relación, es muy importante que entienda que debe abandonar su modo de relacionarse con la tercera persona y trabajar mucho para recuperar la estabilidad. Y, en todo caso, todo también dependerá de si la persona engañada desea someterse a ese proceso.

viernes, 27 de diciembre de 2019

¿Buscar la aprobación de los demás es infidelidad?

¿Crees que la infidelidad es solo un término asociado a las relaciones de pareja? Te sorprendería saber que, probablemente, todos hemos sido infieles alguna vez. Infieles haciendo caso a lo que los demás opinan y dejando de lado lo que nosotros queremos ser.

La mayoría de nosotros asocia la infidelidad con la traición, con la ruptura de la confianza y la mentira en el contexto de una relación de pareja. Ahora bien, ¿se puede ser infiel a uno mismo? ¿Es posible traicionar el vínculo amoroso que mantenemos con nosotros?

La respuesta es sí. Echarnos a un lado e ignorar nuestra opinión para buscar la aprobación de los demás es una forma de practicar la infidelidad hacia nosotros.

Así, tener miedo a mostrar quiénes somos y fingir ser quienes los demás quieren o desean tiene sus consecuencias. La más importante de todas: ocultar y traicionar nuestra esencia, aquello que nos convierte en únicos e irrepetibles. Profundicemos. 

¿Qué es la infidelidad?

La infidelidad, infidelitas en latín, tiene lugar cuando un individuo no respeta la lealtad que tiene acordada con alguien y traiciona así su confianza. Esta se puede dar de muchas formas, pero lo más importante es tener en cuenta cuáles fueron los acuerdos -implícitos o explícitos- que en un primer momento se establecieron con la otra persona para determinar el significado individual y en conjunto de infidelidad.

Así, cuando esta ocurre rompe el hilo de la confianza entre dos personas. De esta manera, uno de los pilares principales que sostienen el vínculo se desvanece. Es entonces cuando aparecen síntomas como la inseguridad, la irritabilidad, el miedo, la labilidad emocional y el rechazo.

Por el contrario, para mantener una relación sana hacen falta ingredientes como el apoyo, la confianza, la protección, la seguridad y, sobre todo, la aceptación total de uno mismo y del otro. Si se sigue bien la receta, el pastel puede salir exquisito.

La infidelidad con nosotros mismos

Pese a que la infidelidad es situada de forma habitual en las relaciones de pareja, es cierto que puede darse en el ámbito personal, en la relación que tenemos con nosotros mismos. Nos sorprenderíamos si reflexionásemos sobre las veces que nos hemos ignorado, pasado por encima o avergonzado con tal de buscar la aprobación de los demás.

La autoconfianza es un ingrediente difícil de conseguir, sobre todo para quienes están constantemente debatiéndose entre ser ellos mismos o amoldarse a lo que los demás esperan de ellos. Esto último puede tener mucha fuerza si se tiene miedo al rechazo. De hecho, muchas personas con tal de no sentirse rechazadas son capaces de negarse a sí mismas por completo.

En estos casos, buscar la aprobación de los demás se convierte en una prioridad, otorgando poca o nula importancia a sus creencias y emociones. De este modo, la persona es infiel a sí misma, a sus gustos, valores y preferencias y cultiva la semilla de la inseguridad, lo cual deriva en un continuo cuestionamiento en relación a quién es y quién desea ser.

La culpa y el deseo por buscar la aprobación de los demás

La infidelidad crea un juego peligroso: busca el incremento del deseo, pero, al mismo tiempo, experimenta culpa por la ruptura con los propios valores. Así, no es extraño que buscar la aprobación de los demás genere un aumento exponencial de autoestima y felicidad; eso sí de duración muy limitada.

La aprobación de los demás actúa como el vaivén de las olas: de momento nos genera esa sensación de satisfacción y al rato nos la arrebata al cambiar las normas sociales. De ahí que sea tan importante echar el ancla en nuestro interior; porque lo que permanecerá acorde con nosotros mismos es nuestra esencia. Pero, ¿qué nos lleva a valorar más la opinión de otras personas que la nuestra?

El ingrediente fundamental para crear y mantener un vínculo es la aceptación de uno mismo y del otro. El problema es que el vínculo suele ser entendido como la relación con otra persona y nos olvidamos de que la primera persona con la que tenemos que saber relacionarnos es con nosotros mismos. 

Así, aceptar quiénes somos y qué queremos, pese al posible desajuste que puede existir con lo que el mundo reclama, es el sostén de la autoconfianza, el pilar al que podemos agarrarnos para ser fiel a nosotros mismos.

Yo y mi personaje

Cuando ocurre una infidelidad, todo en lo que se creía y en lo que se habían proyectado los planes de futuro desaparece. De repente, la realidad se rompe y se instala la desconfianza fruto de esa situación y la desilusión por un futuro que ha dejado de existir. De esta forma, es normal que la persona a la que le han sido infiel se sienta perdida.

Esto es lo que puede ocurrirnos cuando comenzamos a ser conscientes de la traición que nos hemos hecho a nosotros mismos: nos sentimos perdidos, sin saber qué hacer ni cómo actuar. Hemos estado tanto tiempo bajo el manto de un personaje ficticio que ser nosotros mismos nos da pánico. 

Ya no sabemos qué queremos en realidad, ni si lo hacemos por iniciativa propia o porque los demás lo esperan de nosotros. Es como una lucha entre el personaje que hemos inventado y nuestra verdadera esencia; una batalla compleja que si la llevamos a cabo de forma adecuada puede darnos poderosos frutos.

Ahora bien, que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Hacer las paces con nuestra identidad reprimida es más fácil que con otra persona. Al fin y al cabo, quien nunca nos fallará será nuestra esencia. Por lo tanto, cógete de la mano y acéptate igual que aceptas a los demás. 

jueves, 26 de diciembre de 2019

Que un cambio sea para mejor no quiere decir que no duela

Un cambio es un reto, una aventura que la mayoría de las veces emprendemos en parte o totalmente a ciegas. Ya sea para bien o para el mal, cambiar nos obliga a afrontar la incertidumbre del qué pasará y a abandonar ese mecanismo de seguridad al que estábamos acostumbrados.

Elegir un camino poco conocido, sobre el que no están nuestras huellas, es un ejercicio de valentía y muchas veces, también, de inteligencia. Nos cuesta transitar por lo inhóspito, incluso cuando se supone que esta nueva forma es mucho mejor que la anterior, ya sea por afrontar un puesto de trabajo de mayor responsabilidad, incluir en nuestro día a día una rutina de ejercicios o comenzar una relación.

A pesar de que el cambio sea para mejor, es un proceso y como tal, debemos atravesar una serie de etapas con sus respectivos estados emocionales y consecuencias. Además, hay que tener en cuenta que nuestro cerebro prefiere la permanencia, la estabilidad y la sensación de seguridad que le proporciona lo conocido; de ahí que, en ocasiones, nos juegue malas pasadas, generando dudas y utilizando a la nostalgia para retenernos.

Por lo tanto, hay cambios que, aunque nos lleven a eso que tanto deseamos, también nos duelen. De alguna forma, cambiar es decir adiós a lo que hasta ahora formaba parte de nuestra vida, ya sean hábitos, personas o situaciones. Ahora bien, ¿qué podemos hacer para gestionar esta sensación de pérdida?

Decir adiós, uno de los pasos más difíciles

Comenzar una nueva etapa supone dejar atrás otra y, para que todo salga bien, lo mejor es que esta última quede concluida. Es decir, que no dejemos ningún asunto en puntos suspensivos ni pendiente de respuesta. Para ello es necesario decir adiós, pero no siempre es fácil, ya que requiere de grandes dosis de valentía y de una comprensión clara sobre lo que queremos para nosotros. Y aún así, sigue resultando complejo.

Despedirnos de lo que veníamos haciendo o sintiendo hasta ahora conlleva asumir y gestionar lo que sentimos respecto a ello. Por ejemplo, si hemos decidido divorciarnos porque pensamos que es lo mejor para nosotros y que de este modo vamos a estar mejor, tenemos que gestionar la tristeza que sentimos por romper la relación con la otra persona. A pesar de que sea un cambio para mejor, la ruptura también nos generá dolor.

Si no gestionamos bien nuestros sentimientos, estos pueden frenar nuestro proceso de transformación; es decir, impedir el cambio al demorar el cierre de la etapa en la que nos encontramos. Puede ser por miedo, por indecisión o tal vez por temor a lo que piensen los demás. La cuestión es que, al no gestionar bien nuestro estado emocional, quedamos atrapados. Por eso es importante tener claro que dolor, la tristeza e incluso el enfado en ocasiones pueden ir asociados al cambio a mejor.

Para ayudarnos a seguir adelante, podemos preguntarnos qué es lo nos motiva a permanecer así, qué nos espera si damos el paso y qué es aquello que no queremos perder. Las respuestas a estas preguntas esclarecerán el camino y la confusión emocional que sentimos. Nos recordarán la razón por la que decidimos cambiar.

Una vez despejadas las dudas, nos queda aceptar el dolor; es decir, atravesar el malestar para dejar atrás nuestra etapa de orugas y ser mariposas. Además, recordemos que un cambio siempre es un intercambio de pérdidas y ganancias entre nuestro yo pasado y nuestro yo futuro, a través de una vía: el yo actual. Así, es importante identificar aquello de lo que nos despedimos y las oportunidades que buscamos realizando el cambio.

Afrontar la nueva etapa con responsabilidad

El adiós a eso que formaba parte de nuestra vida no es el punto final en el proceso de cambio, ni tan siquiera el último apartado del capítulo. Concluida la etapa anterior, nos queda abrirnos a la nueva realidad, generada por la actitud estrenada y el actualizado repertorio de conductas. Una realidad repleta de incertidumbre que nos va a demandar, más allá del cambio planificado, un proceso de adaptación a las consecuencias.

El cambio nos empuja a un universo de posibilidades en el que nuestra actitud hace de brújula. De ahí que la actitud con la que lo enfrentemos dependa de nosotros. Gestionar nuestro mundo emocional también es necesario en esta nueva etapa: aquí se hace muy importante mantener la calma, recordar esos momentos en los que, perdidos, finalmente terminamos encontrándonos.

Habrá aspectos de la nueva situación que nos resulten agradables, otros que quizás desconozcamos e incluso algunos que no nos agraden demasiado. Pero en última instancia, la voluntad y la responsabilidad de permanecer ahí es nuestra. La clave está en no perdernos a nosotros en este nuevo camino.

Como vemos, los cambios a mejor pueden ser dolorosos porque implican decir adiós a una parte de nuestra historia. La renuncia es el precio a pagar cuando queremos y necesitamos emprender una nueva etapa.

La infidelidad online o virtual

Lo que una pareja percibe de una determinada manera, otra pareja podría percibirlo de un modo completamente diferente. Por eso, el significado de la infidelidad online depende de lo que en cada relación se acuerde y se establezca.

Con las nuevas tecnologías han surgido nuevas soluciones, pero también nuevos problemas. Uno de ellos es la infidelidad online.

Muchos no saben si catalogar esta modalidad como un verdadero acto de infidelidad o, más bien, como un juego sin mayores consecuencias. En este, como en otros casos, los hechos van más rápido que las ideas y por eso quedamos algo desconcertados.

Sea como sea, lo cierto es que, actualmente, son muchas las personas que establecen una relación de pareja virtual, aunque tengan un compromiso en su vida real. En este caso, no hay contacto físico como tal y, por eso, es difícil catalogar esa infidelidad online. ¿Vale como infidelidad real o debería verse como una fantasía más?

La infidelidad online también nos lleva a cuestionar el concepto mismo de infidelidad. Hay quienes piensan que la falta real se produce cuando se involucran los sentimientos amorosos en la relación con un tercero. Incluso tener relaciones sexuales con alguien más no sería tan grave como depositar los afectos en otro.

También están los que piensan que no importa cuál sea la modalidad, lo que la hace reprobable es que se mienta o se oculte esa relación con alguien más. ¿Cómo abordar todo esto? Veamos.

La infidelidad online, ¿un asunto de oportunidad?

Hay algo que es muy claro: las redes sociales facilitan la infidelidad. El portal británico Divorce-Online dio a conocer unas estadísticas de sus clientes, según las cuales, el 80% de las infidelidades comienzan en Internet.

Antes de que existiera ese mundo de intercambios virtuales, ligar era mucho más difícil para alguien que ya tenía un compromiso. El riesgo de exponerse a ser visto era mayor, además de que esto implicaba más tiempo y dinero.

Ahora, en cambio, basta con ser usuario de una red social o con ingresar a un portal de citas para iniciar algún flirteo con alguien. Finalmente, el mundo virtual es también un mundo anónimo, en el que cada quien puede construir la historia de su vida como quiera. Cualquiera puede crear un personaje y vivir varios romances virtuales, sin ningún problema.

Por todo lo anterior, aquellos que son dados a ser infieles o que buscan una nueva relación tienen en Internet a una gran aliada. Ahora, el punto es saber por qué teniendo pareja buscan nuevas aventuras. Y si esa infidelidad online incide de manera negativa sobre su relación.

Un juego peligroso

Seguramente muchos de los que incurren en la infidelidad online se sienten enamorados de su pareja real. Este tipo de infidelidad, como otras, muchas veces tiene que ver con factores diferentes al amor.

Hay quienes simplemente quieren experimentar la adrenalina de lo prohibido. Otros quieren poner a prueba su capacidad de seducción y sentirse halagados. Algunos más intentan, simplemente, salir un poco de la rutina habitual.

El problema es que esa virtualidad tiende a ser engañosa en varios aspectos. Es muy fácil construir imágenes idealizadas de las personas, cuando solo se tiene con ellas un contacto vía Internet. El ser humano tiende a creer lo que desea creer.

Muchos se preocupan por mostrar solamente sus facetas más presentables y atractivas en las redes sociales. Expondrán solo las fotos en las que se ven más atractivos y tenderán a mostrarse ingeniosos e interesantes. Los más inexpertos podrían dejarse llevar por ese canto de sirenas.

Es real todo lo que afecta al otro

Un estudio, llevado a cabo por Guadano y Sagarin en 2010 sobre la infidelidad online, reveló que en este tema hay una fuerte diferencia entre la percepción de los hombres y de las mujeres.

Los hombres no le dan mucha importancia a las relaciones virtuales. No llegan a catalogarlas como infidelidad real, en la mayoría de oportunidades. En cambio, cualquier tipo de relación sexual, incluyendo el sexo en línea, lo perciben como una traición.

Las mujeres, en cambio, piensan casi todo lo contrario. Para ellas, tiene mucha mayor importancia cualquier tipo de relación que involucre sentimientos. Por eso, piensan que la infidelidad online es una infidelidad real, con todas sus letras. También creen que toda forma de relación con un tercero genera consecuencias negativas en la pareja.

Como suele ocurrir en las realidades humanas, todo depende de la perspectiva con la que se aborden y del contexto en que tengan lugar. Es cada pareja, y solo cada pareja, la que debe aclarar este punto entre los dos. Si no hay acuerdo y si, por eso mismo, hay engaño, es claro que la infidelidad online atenta contra el vínculo de la pareja.

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad en familia: 7 pautas para disfrutar

“La navidad no es una fecha; es un estado de la mente”. Así hablaba Mary Ellen Chase, pero, ¿qué pasa con esas personas que no la viven así? Para ellas van dirigidas especialmente este artículo, en el que recogemos una serie de pautas para disfrutar o, al menos, soportar la Navidad en familia.

Porque, por mucho que una gran mayoría de personas que celebran estas entrañables fechas disfruten de sus fiestas, no es algo que se pueda generalizar a todo el mundo. Así que, mientras unos intentan ser más empáticos y felices, otros no ven motivo alguno para hacer nada especial, y hasta sufren a lo largo de estos días por tener la sensación de ser forzadados a celebrar de alguna manera algo que no quieren festejar.

Pautas para disfrutar la navidad en familia

Sea como fuere, y como decía Charles Dickens, “honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año”. Es decir, que no parece buena idea ser extremos en estos días, ni desde el punto de vista negativo ni excediéndonos queriendo ser más felices y empáticos solo durante 20 días. Para luego… ¿qué?

El caso es que podemos encontrar diversos motivos para no disfrutar de una Navidad en familia. Ya sea por rencillas con otros miembros, porque un ser querido no está o simplemente porque son fechas que pueden no gustarnos. Sin embargo, hay opciones para soportarlas, e incluso para pasarlo bien. Así, al menos, lo considera la psicóloga Graci Molines, como vemos a continuación.

Desea que así sea

La primera clave es desear pasarlo bien. Por más que puedan ser unas fechas que no gusten, o que haya problemas en la familia, no deja de ser una buena ocasión para disfrutar, estrechar lazos y pasar un buen rato. Así que, la disposición para hacer de estas fiestas algo positivo es básica.

Distingue lo importante de lo superfluo

Si estás en familia, deseando discutir por lo más mínimo, no lo dudes que lo vas a conseguir. Pero, por el contrario, si tratamos de estar receptivos, y no al acecho de cualquier comentario o acto sin demasiada importancia para “saltar”, no solo nos daremos una oportunidad para disfrutar sino que haremos que los demás también pasen unas buenas fiestas. Ellas, las personas que queremos, siempre son una buena razón para no pelear precisamente por llevarla en unas fechas en la que precisamente predominan, para aquellos que la viven y las esperan con agrado, los sentimientos.

Céntrate en lo positivo

La Navidad es un buen momento para centrarnos en lo positivo, y no al revés. Así que, si las reuniones familiares te parecen tediosas, trata de concentrarte en lo que más te gusta de ellas. Seguro que hay una persona a la que aprecias especialmente, ratos divertidos y momentos entrañables que podrás disfrutar.

Mejora tu talante

Olvida la cara mustia y ve a las reuniones navideñas familiares con ganas de sumar, de contribuir, de influir. Al hacerlo, no solo das gusto a los demás, sino que te incluyes y será más complicado que no saques algo bueno de una celebración que en parte se adapta a lo que quieres.

Busca la empatía que hay en ti

Una vez más… la eterna empatía, tan necesaria siempre. En este caso, en plena Navidad familiar, es básica. Si eres capaz de entender los motivos de los demás, e incluso ponerte en su lugar, seguro que esta época te será mucho más llevadera y, quien sabe, igual hasta disfrutas. En este sentido, de alguna manera, si consigues conectar con los sentimientos de aquellas personas que las disfrutan, es más fácil que tú también termines haciéndolo.

Respeta a los demás

Muy similar al anterior punto. En este caso, recuerda que cada persona es un mundo y tiene su forma de ver la vida. Así que, por más que pueda ser difícil a veces, es necesario respetar a los demás. Escucha sus puntos de vista y, aunque no los compartas, como mínimo, sé respetuoso con sus ideas.

No saques temas peliagudos

Finalmente, la psicóloga nos ofrece una pauta muy importante. Durante una reunión en familia, donde todo el mundo se conoce bien, sabemos que hay temas que pueden provocar malestar. Así que, especialmente en Navidad, ¿por qué sacarlos a relucir? Seguro que no es el momento de incomodar a nadie.

La Navidad en familia no tiene por qué ser dura para nadie. Sea como fuere, aprovecha estas pautas para disfrutarla con tu gente. De hecho, estas claves no solo te servirán para sobrellevar estas fechas, te vendrán muy bien en cualquier reunión social. ¡Aprovéchalas!

lunes, 23 de diciembre de 2019

Cómo llenar el alma cuando está triste

«Se siente triste, solo, abatido… a veces las cosas no son como le gustarían que fuera. Las cosas no van bien en el trabajo, no es feliz con su pareja; a veces discute demasiado con sus padres. Empieza a preocuparse porque la tristeza se está instalando en su cabeza como un pájaro que encuentra su nido. No sabe cómo quitarse esa pena que lo inunda cada día y cada noche.

Cuando está triste decide no salir de casa, no hablar con nadie y lo único que hace es meterse en sus propios pensamientos. Y piensa una y otra vez: «Necesito cambiar todo esto, no puedo seguir así cuando algo me ocurre. Sí, a veces la vida es triste, pero yo no puedo dejar que se adueñe de mi…»

A veces sientes una profunda tristeza…

A veces sientes una profunda tristeza que invade tu alma, difícil de explicar. Quizás es que las cosas no te van bien en el trabajo, con tu pareja, con tus hijos o lo peor de todo… hay un poquito de cada cosa en tu baúl de las penas.

Realmente no puedes evitar sentirte mal y aunque todo el mundo te dice «te tienes que animar», «tienes que salir», tú no puedes y solo piensas «Claro que fácil es dar consejos, a ti te pondría yo en mi lugar».

Tú no puedes, no tienes ganas, la pena te ahoga, te supera. Entonces, ¿cómo puedes cambiarlo si la situación se prolonga?, ¿realmente podemos aprender a sentirnos mejor cuando estamos tristes?, ¿y cómo lo hacemos? Quizás sea más fácil de lo que piensas o, por el contrario, sea un tarea que te lleva un tiempo, un tiempo de dedicación a adquirir nuevos hábitos.

Guía de consejos para llenar el alma cuando está triste

A continuación, te ofrecemos una guía de consejos para llenar el alma cuando la tristeza te invada. La condición fundamental se encuentra en querer hacerlo…


  • Rodéate de la gente que realmente te hace sentir bien y aléjate de los que que te hacen sentir mal. Lo importante eres tú. ¿No conoces a personas que tienen la habilidad de consolarte con un par de palabras, que son capaces de hacerte reír con nada? Aprende y disfruta de ellos. Los amigos pueden ser un bálsamo que cura tus heridas.
  • Busca lo que realmente te gusta. Llena tu vida con cosas que realmente te gusten… ¿Eres aficionado a la cocina, a la lectura, a viajar, a bailar…? Son estupendas maneras de desconectar de tu tristeza. Cuando la mente está entretenida en otra cosa nos olvidamos de las penas.
  • Practica algún deporte. Está comprobado que el deporte despierta las endorfinas de la felicidad. Las personas que practican algún tipo de deporte son menos propensas a la tristeza.
  • Date un capricho. Un pequeño capricho nos puede ayudar a sentirnos más alegres y contentos. Tomar chocolate o un dulce, comprarte algo que te gusta, etc.
  • Sal a la calle y disfruta. Cuando estés triste no te quedes en la casa rumiando tus penas, vístete, ponte guapo y date una vuelta. Verás como vuelves con otros ánimos. El pijama a veces es un nuestro peor enemigo.
  • No te exijas ni exijas tanto a los demás. Aprende a no exigir tanto. Cuando ponemos unas expectativas demasiado altas sobre algo o alguien, nos decepcionamos con facilidad.
  • Aprende a resignarte, pero con felicidad. Enpieza a entender que la vida está llena no solo de buenos momentos, también los hay malos y no hay que sobredimensionarlos en exceso. Cuando pasen, olvídate de ellos y continúa.
  • Intenta cambiar lo que puedas y no te gusta de tu vida. Si algo está en tu mano, sé valiente y cámbialo. ¿Eres infeliz con tu pareja? ¿No te gusta tu trabajo?, intenta romper con lo que no te gusta y empezar de nuevo.
  • No pienses tanto. Todos pensamos demasiado.  A veces, nos entristecemos por cosas del pasado o cosas que aún no han llegado. El pasado, pasado está y el futuro está por venir. Céntrate en el presente.
La tristeza es algo innato en todos nosotros. Sin embargo, aprender a no dejar que esa tristeza se instale en nuestra cabeza es un reto que todos debemos emprender.

Amor y compasión

Diferentes estudios científicos afirman que meditar en amor y en compasión elimina la tristeza. Pero, ¿en qué consisten estos dos conceptos? Desde la psicología budista se mantiene que el amor es la aspiración de que todos los seres tengan la felicidad y las causas de la felicidad. La compasión es la aspiración de que todos los seres se liberen del sufrimiento y sus causas. Esta teoría de más de 2.500 años ahora la ciencia está poniendo de manifiesto que tiene consecuencias muy positivas a nivel cerebral.


Matthieu Ricard está considero el hombre más feliz del mundo. Biólogo y monje budista desde hace más de 40 años, es un meditador experto. A través de resonancia magnética y potenciales evocados, se analizó su cerebro mientras meditaba. Los resultados fueron sorprendentes. Mientras meditaba generaba una activación inusual del córtex prefrontal izquierdo, una zona conocida como el núcleo de las emociones positivas (felicidad, compasión, amor…).

Queda demostrado que salir de la tristeza y caminar hacia la felicidad puede consistir en un entrenamiento. ¡Así que no hay tiempo que perder!


domingo, 22 de diciembre de 2019

El derecho a la intimidad y la privacidad

El derecho a la intimidad y a la privacidad es uno de los que más ha sufrido por el avance de la tecnología. El hecho de que nuestros datos se hayan convertido en un bien preciado demanda una actualización de las leyes que lo regulan.

La necesidad de intimidad es parte del ser humano. Para poder desarrollarnos y gestar nuestra identidad y personalidad hemos de comprender determinados aspectos de nuestra vida individual. De este modo, entendemos que los seres humanos tenemos una vida privada, aquella parte que no está consagrada a una actividad pública y en la que terceros no han de tener acceso.

Está claro que con la evolución de las nuevas tecnologías, algunos de los derechos personales se ven más amenazados, como el derecho a la intimidad y la privacidad. Así como la combinación de estos derechos y el derecho a la libertad de información, sobre todo desde el desarrollo de las redes sociales e Internet.

En el presente artículo se analizará el derecho a la intimidad y la privacidad, sus límites y su relación con las nuevas tecnologías.

El derecho a la intimidad y la vida privada

El respeto a la vida privada y a la intimidad, tanto personal como familiar, son valores fundamentales del ser humano.


De esta manera, surge el derecho a la privacidad, a la vida privada o a la intimidad como un derecho humano fundamental, gracias al cual se tiene la facultad de excluir o proteger de los demás ciertos aspectos de la vida. Este derecho incluye:

  • El derecho a la inviolabilidad del domicilio.
  • El derecho a la inviolabilidad de la correspondencia.
  • El derecho a la inviolabilidad de las comunicaciones privadas.
  • El derecho al honor.
  • El derecho a la propia imagen.
  • El derecho a no participar en la vida colectiva y a aislarse voluntariamente.
  • El derecho a no ser molestado.

Además, estos derechos se relacionan con muchos otros, como son el derecho a no exteriorizar el pensamiento (parte de la libertad de expresión) o la libertad de procreación y de preferencia sexual.

Estos derechos son considerados derechos humanos fundamentales y son establecidos por diversos instrumentos internacionales.

Por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo 12 que nadie ha de ser objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, familiar, correspondencia o domicilio o de ataques a su honra o reputación. También que toda persona tiene derecho a ser protegido por la ley en contra de esos ataques o injerencias.

¿Cuáles son los límites del derecho a la intimidad?

Los gobiernos se encuentran ante un dilema cuando se trata de proteger el derecho del individuo a la vida privada. Encontramos dificultades para mantener el equilibrio entre el derecho a la privacidad de sus ciudadanos y la protección de estos contra robos, secuestros, ataques terroristas, etc.

Así, nos encontramos que, si el derecho a la vida privada se interpreta en términos absolutos, se impediría el procesamiento criminal. Los siguientes factores delimitan el derecho a la intimidad:

  • Protección del orden público, la salud y la moralidad.
  • Protección de la salud nacional.
  • Protección de los derechos y libertades de los demás individuos.
Algunas constituciones mencionan expresamente el derecho a la vida privada. Otras, lo tienen de manera implícita mediante leyes que protegen de una invasión ilegal a la vida privada. En este punto, hemos de destacar que la vida privada es más vulnerable ante los avances logrados en las técnicas de espionaje.

La intimidad y el desarrollo de Internet

No hay duda de que Internet ha supuesto una verdadera revolución en todos los aspectos de nuestra vida. Hoy en día, todos somos creadores de contenidos para la Red, gracias a las herramientas de publicación y edición online. Este fenómeno se ve reflejado en blogs, foros de opinión o redes sociales.

Esta situación ha despertado el debate sobre el derecho a la intimidad: ¿qué entendemos por privacidad? ¿Cómo protegemos estos derechos en la Red?

Pensamos que los servicios esenciales de la Red son gratuitos, pero, en realidad, estamos pagando con nuestros propios datos. Mucha gente argumenta que las empresas se financian con la publicidad genérica, pero este ingreso es insuficiente: nuestro perfil, gustos y hábitos de consumo son datos que están siendo recabados en Internet con fines comerciales (es lo denominado como publicidad selectiva), económicos, políticos o de seguridad.

Un ejemplo de este trasvase de información son las cookies, un archivo que se envía a su equipo para identificar a su navegador. Las cookies se utilizan para mejorar la calidad del servicio al almacenar las preferencias del usuario y sus tendencias de comportamiento.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Entre el rencor y el perdón: la elección depende de ti

Ante una situación que nos genera sufrimiento, podemos optar por perdonar o por dejarnos llevar por el rencor. Ambos caminos tienen consecuencias, de nosotros depende enfrentarnos a unas u a otras. ¿Cuál decides?

Mucho se ha hablado sobre el personaje del Joker, debido a la última película de Todd Phillips. El filme nos muestra la vida de Arthur Fleck, quien tuvo que lidiar con grandes dificultades:

  • Familiares: crecer con la ausencia de un padre y la presencia de una madre que sintió que no le protegió y que no creyó en él.
  • Sociales: las burlas de aquellos que le consideraban «un don nadie».
  • Personales: luchar por su gran sueño, ser cómico, que no llegó nunca a realizarse.

Alrededor de estas circunstancias, poco a poco, se construyó el Joker: una persona herida influenciada por todo lo vivido hasta llegar a minar su salud mental.

Es cierto, todos nos encontramos inmersos en un contexto familiar y social que nos influye, pero no siempre eso tiene que condicionarnos para vivir de una determinada manera. En algunas ocasiones, somos libres para decidirlo.

A continuación, ofrecemos una posible interpretación psicológica del personaje del Joker, a partir de la cual explicaremos ciertos mecanismos y estrategias que muchas personas llevan a cabo en un intento de protegerse del sufrimiento y qué vías podemos elegir para llegar a sanarnos. Profundicemos.

¿Cómo nos contamos nuestra vida?

En este sentido, son las teorías psicológicas de corte más cognitivo las que sostienen que somos en el lenguaje, es decir, somos lo que nos decimos y nos contamos.

El enfoque constructivista mantiene la idea de que el ser humano no es solo es resultado de su contexto , sino que sus disposiciones internas también cuentan. De esta manera, la persona realiza una reconstrucción propia de la realidad a partir de la interacción de ambos factores. 

Así, el modelo constructivista señala que tendemos a construir la realidad según nuestros propios presupuestos personales. De esta manera, la persona que observa es quien decide cómo significar la realidad con la que se encuentra. Por lo tanto, siguiendo este enfoque, no es la realidad la que nos hace sufrir, sino los significados que decidimos otorgarle.

Desde esta perspectiva, podemos decir que el personaje del Joker fue construyendo a través de distintas atribuciones internas la creencia de que la realidad le superaba y no podía hacer nada para cambiarla.

Un fenómeno que el psicólogo Martin Seligman denominó como indefensión aprendida: aquella condición en la que se sigue respondiendo de la misma forma a una situación, mientras la persona se convence a sí misma de que ya ha hecho todo lo posible y que haga lo que haga no podrá cambiar las circunstancias que le causan dificultad.

Cuando no conectamos con nuestro mundo emocional

Unido a todas esas atribuciones y construcciones sobre sí mismo, al personaje del Joker también le pasó factura su parte afectiva; durante mucho tiempo gestionó mal sus emociones y sentimientos, al no poder elaborarlos ni compartirlos.

Una de las interpretaciones posibles sobre el comportamiento del Joker es que para aliviar su sufrimiento emocional, utilizaba a la perfección su mecanismo de defensa: esa risa – carcajada que no venía a cuento y que le distanciaba de experimentar las emociones y sentimientos que le generaban malestar. De esta forma, quedaron enquistados en su interior, lo que derivó en una desconexión de sí mismo y de los demás, pues sus sentimientos de amargura y frustración los proyectó en aquellos que según él le habían hecho daño.

Ahora bien, ¿en qué momento empezó la desconexión? ¿cuándo se dejó vencer y se introdujo en ese proceso de victimización fruto de sus heridas?

Según el mecanismo de victimización, toda víctima busca un culpable. ¿Era eso lo que pretendía el Joker?

No obstante, a pesar de ser un personaje de ficción, no dista mucho de algunos personajes reales que han existido a lo largo de la historia o de aquellos que también podemos encontrarnos en nuestro día a día. ¿Quién dice que no podemos caer nosotros en ese victimismo por equivocaciones y trampas de la vida?

El camino del perdón

Es necesario conocer las historias y biografías de las personas que sufren. Solo así podremos comprenderlas. De ahí que la empatía sea una de las herramientas fundamentales para nuestras relaciones.

Sin embargo, también es recomendable ayudarles a realizar una elaboración personal de sus circunstancias en la que no ejerza como protagonista el rol de víctimas, sino más bien la capacidad de hacerse cargo de su propia vida.

Existen historias de otras personas que, en condiciones similares y tras un proceso de elaboración personal, eligieron una opción más favorable para su salud mental: el perdón.

Entre ellas, podemos destacar la experiencia de Tim Guenard, uno de los padres de la resiliencia, que en su libro Más fuerte que el odio, nos habla de la sencillez y la sinceridad de su historia: una vida marcada por el dolor, el maltrato y la violencia.

Sin embargo, la oportunidad para elaborar su historia y sanar sus heridas, le valió para cambiar la mirada hacia su pasado y vivir lejos de la rabia y el rencor.

A día de hoy, Tim Guenard acude a donde le llaman para narrar su experiencia y demostrar al mundo que «el hombre es libre de alterar su destino«. Además, también realiza una gran labor brindando alojamiento y acompañamiento a los más necesitados.

Es cierto que a un corazón herido le cuesta perdonar y volver a amar, de hecho optar por el perdón no sucede de un día para otro, a pesar de que parta de una decisión. Su elaboración es un proceso y, como tal, puede convertirse en una actitud ante la vida. Sin embargo, también es cierto que en ese camino es necesario que alguien muestre que existe esa oportunidad para levantarse y recuperar la confianza en uno mismo y los demás.

Tim Guenard lo afirmó en una de sus entrevistas: «En la vida real, cuando se escucha a la gente que se ha levantado después de vivir situaciones difíciles, uno se da cuenta de que nadie se levanta solo. Yo mismo he tenido personas en mi camino: el indigente que me enseñó a leer, papa Gaby (su padre adoptivo de los servicios sociales del Estado), la buena jueza y el padre Thomas. Todos son como regalos. El regalo más bonito en la vida son las personas que uno ha querido y quiere; y se necesita la vida entera para conocerlas».

Como vemos, no estamos determinados por lo que nos sucede y por lo que vivimos. Somos nosotros los que decidimos cómo contárnoslo y procesarlo en nuestro interior.

No podemos cambiar la realidad, pero sí la visión que tenemos de ella. Nos corresponde a nosotros decidir sobre qué optar en la vida; bien por el rencor o por el perdón, pero sin olvidar, que la elección es nuestra y sabiendo que el corazón está hecho para amar. Así, darnos una oportunidad para restaurarlo es todo un reto que nos dirige a vivir en paz.

***Nota editorial: la interpretación del personaje de Joker en este artículo se ha tomado tan solo como un ejemplo para explicar la capacidad de resiliencia y perdón que podemos adoptar desde la perspectiva de la autora del artículo.

viernes, 20 de diciembre de 2019

La teoría del apego de John Bowlby

El psiquiatra y psicoanalista John Bowlby (1907 – 1990) creía que las causas del estado de salud mental y los problemas de comportamiento podían atribuirse a la primera infancia. De hecho, la teoría del apego de John Bowlby enuncia que venimos preprogramados biológicamente para construir vínculos con los demás y que estos nos ayudan a sobrevivir.

Bowlby estuvo muy influenciado a nivel general por la teoría etológica, pero sobre todo por el estudio de Konrad Lorenz sobre la impronta realizado con patos y gansos en los años 50. A partir de este, Lorenz demostró el valor de supervivencia del vínculo de apego por su carácter innato.

Así, Bowlby pensaba que las conductas de apego eran instintivas y que además, su activación dependía de cualquier condición que pudiese amenazar el logro de la proximidad, como la separación, la inseguridad o el miedo.

Conductas innatas para la supervivencia

Según Bowlby, el miedo a los extraños no es más que un mecanismo de supervivencia que tienen los bebés de manera innata. Es decir, los bebés nacen con una tendencia a mostrar ciertos comportamientos innatos -llamados liberadores sociales- que ayudan a asegurar la proximidad y el contacto con la madre o la figura de apego. Se trataría entonces de una cuestión evolutiva. De esta forma, según Bowlby, el apego del bebé hacia la madre se trataría de un instinto de supervivencia y protección.

Así, Bowlby plantea la hipótesis de que tanto los bebés como las madres han desarrollado la necesidad biológica de mantenerse en contacto entre sí. De hecho, este mecanismo de protección es el que habría permitido a los bebés sobrevivir para tener sus propios hijos y así perpetuar la especie. El apego, en este caso, se trataría de una relación sana entre madres e hijos que favorecería la comunicación y la relación entre ambos. 

Además, estos comportamientos de apego funcionan como patrones de acción fijos en un principio y comparten también la misma función. De este modo, las conductas innatas de liberación social por parte de los bebés, como llorar y sonreír, estimulan el cuidado de los adultos. Por lo tanto, el cuidado y la capacidad de respuesta serían los factores determinantes del apego, en lugar de la comida.

Puntos principales de la teoría del apego de John Bowlby

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) solicitó a John Bowlby que realizara un folleto sobre las dificultadas que experimentaron los niños huérfanos y sin hogar tras la Segunda Guerra Mundial. Y a partir de este, surgió la teoría del apego de John Bowlby.

Esta teoría se caracteriza por ser es un estudio interdisciplinario que abarca los campos de las teorías psicológicas, evolutivas y etológicas. Estos son sus puntos principales:

1. – Necesidad innata del niño de unión con una figura principal de apego (monotropía)

John Bowlby creía que debería existir un vínculo primario más importante que otros y cualitativamente diferente, y que este generalmente se creaba con la madre. No obstante, no descartó la posibilidad de la existencia de otras figuras de apego para el niño.

Esencialmente, Bowlby sugirió que la naturaleza de la monotropía (apego conceptualizado como un vínculo vital y cercano con una sola figura de apego) significaba que si no se iniciaba o se rompía el vínculo materno, se producirían graves consecuencias negativas, posiblemente incluyendo psicopatía sin afecto. La teoría de monotropía de Bowlby condujo a la formulación de su hipótesis de privación materna.

El niño se comporta de manera que provoca contacto o proximidad con el cuidador. Cuando un niño experimenta una mayor excitación, este señala a su cuidador. El llanto, la sonrisa y la locomoción son ejemplos de estos comportamientos de señalización. Instintivamente, los cuidadores responden al comportamiento de los niños a su cargo creando un patrón recíproco de interacción.

2. – Un niño debe recibir el cuidado continuo de la figura de apego más importante durante los primeros años de vida

Para Bowlby, si se retrasaba la maternidad entre dos años y medio o tres sería casi inútil. Es más, si se retrasa hasta después de 12 meses, los niños experimentarían un período crítico. Para el autor, este tiempo representaría un tiempo en el que el bebé podría expresar, a largo plazo, ciertos problemas a nivel psicológico y emocional que afectarían su vida adulta.

Si la cifra de apego se rompe o interrumpe durante el período crítico de dos años, el niño sufrirá consecuencias irreversibles a largo plazo de esta privación materna. Este riesgo continúa hasta la edad de cinco años. Por ello, para Bowlby, este apego es tan importante entre la madre y el bebé. A través de él, se evitarían consecuencias negativas en la vida adolescente y adulta del hijo.

Bowlby utilizó el término privación materna para referirse a la separación o pérdida de la madre, así como a la falta de desarrollo de una figura de apego.

La suposición subyacente de la hipótesis de privación materna de Bowlby es que la interrupción continua del vínculo primario podría dar lugar a dificultades cognitivas, sociales y emocionales a largo plazo para ese bebé. Las implicaciones de esto son enormes. Por ejemplo, si esto es cierto, ¿debería el cuidador principal dejar a su hijo en la guardería?

Por otro lado, las consecuencias a largo plazo de la privación materna podrían ser desde comportamientos relacionados con la delincuencia hasta depresión o psicopatía.

3. – La separación a corto plazo de una figura de apego conduce a angustia

Bowlby, en colaboración con Robertson, encontró que la angustia pasa por tres etapas progresivas: protesta, desesperación y desapego.

  • Protesta: el niño llora, grita y protesta enfadado cuando la figura de apego se va. Tratarán de aferrarse para evitar que se vaya. Las llamas de atención pueden ser cada vez mayores si no encuentra a la figura de apego.
  • Desesperación: las protestas del niño comienzan a detenerse, y parecen estar más tranquilas aunque todavía son molestas. El niño se niega a los intentos de comodidad de los demás y a menudo parece desinteresado por cualquier cosa.
  • Desapego: si la separación continúa, el niño comenzará a interactuar con otras personas nuevamente. Rechazará al cuidador a su regreso y mostrará fuertes signos de ira.
4. – La relación de apego del niño con su cuidador principal conduce al desarrollo de un modelo de trabajo interno


El modelo de trabajo interno es un marco cognitivo que comprende representaciones mentales para comprender el mundo, el yo y otros. La interacción de una persona con los demás está guiada por recuerdos y expectativas de su modelo interno que influyen y ayudan a evaluar su contacto con los demás.

A los tres años, el modelo interno parece convertirse en parte de la personalidad de un niño y, por lo tanto, afecta su comprensión del mundo y las interacciones futuras con los demás. Según Bowlby, el cuidador principal actúa como un prototipo para las relaciones futuras a través del modelo de trabajo interno. De ahí, un modelo de apego sano.

Hay tres características principales del modelo de trabajo interno: un modelo de otros como de confianza, un modelo del yo como valioso y un modelo del yo como efectivo cuando se interactúa con otros. Esta representación mental es la que guía el comportamiento social y emocional en el futuro a medida que el modelo de trabajo interno del niño guía su receptividad hacia los demás en general.

La teoría del apego de John Bowlby abarca los campos de las teorías psicológicas, evolutivas y etológica.

¿Deben las madres dedicarse exclusivamente al cuidado de sus hijos cuando estos son pequeños?

Una de las principales críticas que ha recibido la teoría del apego de John Bowlby está relacionada con la implicación directa que dicha teoría tiene. ¿Deberían las madres dedicarse en exclusiva al cuidado de sus hijos cuando estos son pequeños?

Weisner y Gallimore (1977) explican que las madres son las cuidadoras exclusivas en solo un porcentaje muy pequeño de las sociedades humanas. De hecho, a menudo hay varias personas involucradas en el cuidado de los niños. En este sentido, Van Ijzendoorn y Tavecchio (1987) sostienen que una red estable de adultos puede proporcionar una atención adecuada y que esta atención puede incluso tener ventajas sobre un sistema en el que una madre debe satisfacer todas las necesidades de un niño.

Por otra parte, Schaffer (1990) explica que existe evidencia de que los niños se desarrollan mejor con una madre que es feliz en su trabajo, que una madre que se siente frustrada por quedarse en casa. Una madre frustrada, podría transmitirle al niño sentimientos de resentimiento, con lo cual su influencia no sería beneficiosa. Sin duda, la teoría de Bowlby, no está exenta de polémica. Existen numerosos autores que critican las figuras de apego para establecer un yo saludable. Aluden que el apego solo genera dependencia e inmadurez en el bebé. Aunque en la niñez, la figura de apego, es una icono que todavía está en estudio.

La consideración final es que la teoría del apego de John Bowlby no postula la exclusividad de la madre en la crianza. Sino que más bien hablar de que en la primera etapa de la vida, es esencial que haya una figura primaria que ofrezca los cuidados y atenciones necesarias. De esta forma, se favorecería la creación de un vínculo que ayudará al bebé a desarrollarse de manera plena.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Cuando tu mundo se derrumba

En ciertos momentos de nuestra vida, la armonía que tenía se rompe. Es como un rompecabezas en el que una pieza no encaja bien ¿Qué ha ocurrido?, ¿por qué de repente todo se vuelve en nuestra contra? Esos pilares fuertes y seguros, se convierten en débiles llenos de grietas.

Quizás tu trabajo ha empezado a ir mal, los problemas con tu pareja han hecho acto de presencia o la enfermedad está acechando tu vida. Seguramente, te sientas identificado y comprendas perfectamente lo que es sentirse impotente mientras todo a tu alrededor se desmorona.

Pero no todo es negativo. Nunca hay que rendirse, ni siquiera cuando pierdes la confianza en que todo volverá a ir bien. A continuación, te contamos qué puedes hacer cuando ves cómo el mundo cae a tu alrededor sin que tú puedas hacer nada. ¡Ponlo en práctica!

Desahogarse

No debemos aceptar, ni rendirnos ante esta situación. Aunque tu mundo esté hecho trizas, recuerda que rendirte no es una opción. ¿De verdad quieres abandonar antes de intentarlo? no esquives el tema, ¡desahógate! Este es el primer paso para afrontar el verdadero problema.

Puedes tomarte un tiempo para pensar, hacer algo nuevo… Pero sobre todo lo que debes hacer es llorar. Llora, porque te hará falta. Después renacerás, te levantarás con más fuerzas para afrontar todos los problemas que vengan.

Permítete desahogarte. Esto no te hará más débil, sino más fuerte. Además, te permitirá tomarte tu tiempo para pensar en cómo enfrentar el problema, ¿cuál será tu siguiente paso?

No te rindas jamás. Todo se puede solucionar. Tú no estás hecho para conformarte y aceptar la derrota.

Valora cada momento de felicidad

No todo ha sido malo y mirar hacia atrás puede hacer que te animes y cojas fuerzas. Valora todos aquellos momentos en los que te has divertido, en los que verdaderamente tú has sido feliz. ¡No todo es malo! Simplemente, cuando todo nos va bien no lo apreciamos, en cambio, sí nos damos cuenta de cuando todo va mal.

Un ejemplo sería cuando tenemos gripe o cualquier otra enfermedad que nos deja en casa y encamados por unos días. Es en ese momento cuando valoramos los momentos en los que hemos estado sanos, pero ¿verdad que hasta el momento no lo habías hecho?

No esperes a que sea tarde. Valora cada momento de felicidad que haya entre tanto desastre. Utiliza esto para coger fuerzas y enfrentarte a lo que venga. Aunque no puedas hacer nada, no siempre vas a estar en esta situación.

Sé que desanima que un malestar se prolongue en el tiempo, pero tarde o temprano ¡pasará! No pierdas la confianza, sé fuerte. Todo volverá a estar bien.

Cuando el sol brille de nuevo

Tras un largo periodo de lucha, cuando ya no te quedan fuerzas para más, las cosas volverán ¡a brillar! Cuando menos te lo esperes volverás a sonreír con esperanza, todo volverá a estar bien y empezarás a no valorar estos momentos que podrías calificar de «perfectos» ¡No hagas esto!

No te rindas porque tu esfuerzo tendrá su recompensa. Algunas veces intentamos encontrarle un motivo a nuestras desgracias, pero no lo tienen. Simplemente suceden y hay que afrontarlas. Aprenderemos, nos haremos más fuertes y lograremos apreciar los momentos en los que todo está bien.

Una actitud negativa provocará que te aísles, que la negatividad se vea atraída. Sé valiente y ¡no te quejes! Afronta con madurez este reto y podrás salir victorioso de él. Tu actitud te hará ver un rayito de luz entre tanta oscuridad. Las cosas mejoran, de verdad.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Miedo al cambio: ¿cómo arriesgarse?

Si tienes miedo al cambio y eso ha supuesto un obstáculo en tu vida, no creas que eres al único al que le pasa. Es más común de lo que piensas y tiene una razón de ser. El miedo al cambio puede resultar útil en algunas situaciones, mientras que en otras puede llegar a paralizarnos. Profundicemos. 

El miedo al cambio es un sentimiento que puede sernos útil para adaptarnos a una situación, pero también puede convertirse en un obstáculo. Es algo que hemos aprendido de nuestras vivencias, de nuestros padres, maestros, amigos e incluso de la cultura al completo.

Podemos encontrar dichos populares que nos advierten que hemos de ser cautelosos al tomar la decisión de hacer un cambio. Por ejemplo, «Más vale malo conocido que bueno por conocer«. En el buen sentido, este dicho nos advierte de los posibles riesgos de los cambios. Sin embargo, si se toma al pie de la letra puede llegar a limitarnos porque evitaremos cambiar incluso cuando sea necesario.

Así, tenemos miedo al cambio porque lo vemos como un riesgo y debido a ello, optamos por mantenernos en lo malo, en lo incómodo pero conocido, antes de asumir el riesgo que implica cambiar y enfrentarnos a lo desconocido. De esta forma, nos mantenemos en nuestra zona de confort.

La zona de confort

La zona de confort es ese lugar o ese estado mental en el que aparentemente nos sentimos cómodos y seguros. Esto se debe a que es un estado conocido, por lo que sabemos qué podemos esperar de él. La zona de confort puede referirse también a un lugar físico, pero siempre va de la mano de esa sensación de seguridad y comodidad mental, que no implica bienestar necesariamente. 

Ahora bien, esta zona no es en sí negativa. Lo que puede llegar a ser negativo y perjudicial es mantenerse en ella sabiendo que no es útil, que no nos impulsa a crecer ni a sentirnos bien. Por lo tanto, si se convierte en un lastre que nos ancla y que limita nuestro crecimiento es mejor que la cuestionemos.

¿Cómo hacerlo? En primer lugar, reflexionando sobre los motivos de nuestro comportamiento y sobre todo, de qué queremos conseguir con él. ¿Estamos ahí por costumbre o tal vez por necesidad? ¿Es miedo, comodidad o quizás esa sensación de sentirse a salvo?

Al no realizar ningún cambio, puede parecer que los riesgos disminuyen. Pero no siempre es así, permanecer como estamos también implica el riesgo de no llegar a ser nunca felices o de no seguir creciendo. Dar un paso asusta, incluso aterroriza a veces, pero por el simple hecho de tomar riesgos y afrontar lo desconocido.

Miedo al cambio

¿Por qué aterra tanto el cambio? ¿Cuántas veces hemos rechazado propuestas para evitar correr riesgos? Probablemente muchas y en casi todos los ámbitos de nuestra vida.

A veces tomamos la decisión de mantener situaciones en las que no nos sentimos a gusto. Preferimos seguir ahí antes de enfrentar las posibles consecuencias negativas de un cambio, olvidando por otro lado, las positivas. Todo esto a costa de nuestra felicidad.

Ser precavidos es una actitud positiva y beneficiosa. Nos mantiene a salvo en muchas situaciones. El que no arriesga, ni gana ni pierde. En otras palabras, nos mantenemos en esa normalidad que hemos creado. Sin embargo, la vida es un constante cambio y a veces, hay que tomar ciertos riesgos para crecer a nivel personal, profesional, económicamente o como pareja.

El cambio nos da miedo porque viene cargado de incertidumbre, de esa sensación en la que es imposible predecir resultados y consecuencias. Puede que sea positivo, pero también puede que no lo sea tanto. La cuestión está en que hay momentos en los que se hace necesario tomar ciertos riesgos. No siempre es tan malo.

¿Cómo enfrentar los riesgos del cambio?

Esta es una pregunta que puede ser difícil. No existe una fórmula secreta para dar respuesta. Todo cambio implica múltiples variables, de las cuales no todas dependen de uno mismo. Este es un aspecto que tenemos que tener muy claro, pero no debemos dejarnos asustar por él.

Si nos planteamos hacer un cambio en nuestra vida, es muy importante tener claro los motivos de llevarlo a cabo. Porque si tenemos claros los por qué y para qué de nuestra decisión, la mitad del camino ya lo tenemos recorrido.

Puede que nos dé miedo a cambiar, es algo totalmente válido. De hecho, el miedo es una emoción que nos advierte de que algo puede ser peligroso. Hay que escucharlo para descifrar qué quiere decirnos y a la misma vez escucharnos a nosotros.

Un buen ejercicio es ponerle un nombre a ese miedo, un rostro. Una vez hecho esto, será más fácil saber en qué terreno estamos pisando. Y esto, junto a las respuestas a nuestros por qué y para qué, nos dará la fuerza necesaria para hacer frente al cambio.

Arriesgarse para crecer

Con esto no queremos decir que vayamos por la vida tomando todos los riesgos que se nos presenten, sino que en el momento en el que sintamos que algo no marcha bien en algún aspecto de nuestras vidas, tomemos el riesgo de generar un cambio.

Ser precavido al momento de tomar decisiones que impliquen un cambio, tal como lo indica ese dicho popular, es válido. Pero no quedarse estancado en una situación en la que no nos sentimos cómodos o no nos aporta ningún crecimiento.

A veces no es cuestión de hacer un cambio enorme, quizás solo sean pequeños detalles que poco a poco marcarán la diferencia. Lo importante es percatarse de ello, cultivar esa fuerza necesaria para avanzar y comenzar a ser valientes. Somos los únicos responsables de nuestra felicidad y de nosotros depende recorrer uno u otro camino.