miércoles, 31 de julio de 2019

El poder terapéutico de nuestro lenguaje interior

Estrés, ansiedad, cansancio permanente, falta de energía, pesimismo... El modo en que afecta la preocupación al cerebro es tóxica, llevamos al límite todos nuestros recursos emocionales hasta experimentar una sensación de amenaza constante.

El lenguaje interior es la comunicación que realizamos de forma cotidiana y de la que forman parte los pensamientos a los que no les ponemos voz. En este sentido, ¿expresamos a los demás todo aquello que pensamos, lo que se nos pasa por la mente? Probablemente no, sino que filtramos aquello que comunicamos, tanto en forma como en contenido.

Un ejemplo muy sencillo: nos encontramos paseando por la calle, alguien intenta vendernos algo, nosotros amablemente le expresamos «lo siento, no estoy interesado», y por dentro estamos pensando: «seguro que tiene que aguantar que algunas personas le respondan de manera desagradable»; «va vestido de una forma poco adecuada»; «tengo mucha prisa y no me apetece pararme»; «venga, voy a decirle con una sonrisa que no».

En efecto, el lenguaje interno (designado comúnmente como «pensar«) no es más que una conversación que entablamos con nuestro ser, con nosotros. Y esa conversación que mantenemos influye enormemente en nuestra manera de relacionarnos con el mundo que nos rodea al mismo tiempo que habla, y mucho, de cómo nos tratamos a nosotros mismos.

Así, la dinámica de este diálogo interno condiciona cómo afrontamos conflictos y obstáculos. Te invito a que reflexiones, ¿cómo te diriges a ti mismo?, ¿cómo te evalúas a ti y cómo evalúas al resto?, ¿las evaluaciones son negativas o, en cambio, positivas? En estas líneas hablamos sobre el poder terapéutico del lenguaje interno y los factores a tener en cuenta.

Lenguaje interior, ¿en qué consiste?

Tanto Vygotsky como Bajtin entendieron el lenguaje interior como un instrumento interno, subjetivo de relación y comunicación con uno mismo. Este lenguaje pone sus cimientos en las primeras etapas de vida. En edades infantiles normalmente el lenguaje del niño es externo y sin demasiados filtros, y poco a poco se va convirtiendo en lenguaje interno.

En este sentido, según Vygotsky, el lenguaje externo sería el que empleamos para dirigimos a los demás mientras que el lenguaje interior está dirigido a uno mismo. Por lo tanto, siguiendo al autor, el lenguaje interior es la experiencia de hablar internamente en silencio (lo define como: lenguaje sin sonido, un pensamiento verbal).

¿El lenguaje interior nos define?

Luis Rojas, psiquiatra y autor de Somos lo que hablamos. El poder terapéutico de hablar y hablarnos, afirma: «los pensamientos forman parte de la dinámica cotidiana, de lo que nos decimos y juzgamos y cómo lo hacemos. En ocasiones no atendemos lo suficiente a esos monólogos internos, y sin embargo pueden ser tan destructivos como positivos».

Por esta razón, el diálogo interno que mantenemos influye en cómo percibimos lo que sucede a nuestro alrededor y también, de manera indirecta, en nuestra reacción.

Por ejemplo, si pienso y me digo a mí mismo que todo lo que ocurre se debe a que soy un inútil y un torpe, probablemente tendré más dificultades para superar los obstáculos que se presentan porque la atribución que hago y transcribo a ese diálogo propio es estable e interna. Además, al quedarse dentro de mí será complicado que alguien pueda refutarla.

El poder terapéutico de nuestro lenguaje interior

Siguiendo el hilo del apartado anterior, cómo hablamos con nosotros condiciona cómo percibamos aquello que nos rodea. En este sentido, el profesor Ethan Kross llevó a cabo una serie de experimentos en la Universidad de Michigan, donde concluyó que las personas que hablaban consigo mismas de forma positiva tenían más éxito, mostraban mayor seguridad y se percibían como más felices.

Por lo tanto, el diálogo interno puede conllevar un efecto tanto sanador como perjudicial en función del tipo de lenguaje que establecemos. Este motivo propicia que en terapia se trabaje en torno a la comunicación interior, pues influye en cómo evolucione la terapia. En ocasiones, producir cambios sobre el diálogo interno genera un mayor bienestar personal, de ahí que sea un objetivo de intervención en terapia.

«El lenguaje interior posee un poder terapéutico a destacar: hablar consigo mismo desde una perspectiva positiva, intentando desmenuzar aquello que nos sucede, probando a comprender cómo funcionamos intrínsecamente, produce un efecto terapéutico».

Para concluir, destacamos la relevancia del lenguaje interior, puesto que condiciona en gran medida nuestro bienestar. Por ello, te animamos a que examines esa forma que tienes de comunicarte contigo mismo y a que observes sus efectos. Será el primer paso para evitar ser, en muchas ocasiones, tu peor enemigo.

martes, 30 de julio de 2019

¿Qué puedo aprender en la victoria y en la derrota?

Cada experiencia es una oportunidad para aprender. Más allá de que sea positiva o negativa para nuestros intereses constituye un contacto con la realidad susceptible de generar conocimiento.

En ocasiones es más importante el camino que te ha llevado al éxito o al fracaso que el propio resultado. Son los retos y lo que has tenido que crecer para superarlos. Seguir preguntándote cada vez que tropiezas, ¿qué puedo aprender yo de esto? es la única forma de seguir avanzando hacia tu meta.

Soichiro Honda acudió a Toyota para realizar una entrevista de trabajo. El perfil del joven no gustó demasiado a la empresa y decidieron que Soichiro no era el candidato adecuado para el puesto de trabajo. Años mas tarde, decidió crear una empresa que compitiera con Toyota, a la cual le puso su propio apellido Honda.

¿Sabías que la primera novela de Stephen King fue rechazado por la mayoría de editoriales a las que acudió? Al llegar a su casa, después de recibir una de estas negativas, tiró su novela a la basura. Su mujer la recogió y le animó a seguir intentándolo. Lejos de ser un fracaso la perseverancia le llevó posteriormente al éxito.

Otra historia nos habla de una enfermedad neurológica y de Teresa Perales. El hecho de tener que ir en silla de ruedas no supuso un obstáculo que no pudiese salvar para realizar lo que más le gustaba, nadar. Hoy en día sus éxitos reflejan el trabajo y el camino que hay detrás.

Son numerosas las historias que nos animan a seguir luchando, a seguir trabajando, a descubrir qué hay detrás de cada derrota o de cada fracaso, porque solo así podemos descubrir qué podemos aprender y avanzar sin rendirnos.

¿Qué pilares me ayudan a seguir?

Hablamos de las principales fuentes de energía frente a las adversidades:
  • Fuerza de voluntad. No es magia, no requiere de dinero, no necesita electricidad, pero sigue siendo nuestro mayor tesoro, la fuerza de voluntad. El motor que nos impulsa a seguir hacia delante y tan solo requiere de nosotros para recargarlo y mantenerlo siempre a punto.
  • Compañía. Rodearnos de personas que nos animan, que nos empujan cuando nos quedamos sin fuerza o que nos impulsan a seguir hacia adelante. Personas que nos sostienen cuando caemos o nos prestan sus recursos como asidero cuando estamos escalando.
  • Recordar los logros. Cada logro lleva detrás muchos pasos, muchas artimañas que nos han llevado a conseguir la meta. Identificando los puntos clave, aquello que nos costó, lo otro que podíamos haber hecho mejor también lograremos aprender.
  • Nutrirnos de los fallos. Cada fallo apunta cambios. Aquello que todavía requiere de más trabajo, inteligencia o de distinta fortuna.
  • Mente centrada en el objetivo. Si quisiera viajar hacia un sitio concreto no se me ocurriría introducir en el GPS otras direcciones, simplemente me centraría en el lugar donde quiero llegar. Con la mente pasa igual, si consigues centrarte en aquello que quieres, no puedes desviarte con pensamientos disfuncionales, con obstáculos posibles, con miedos y ansiedades, puede que te los encuentres en el camino, pero la mente debe permanecer centrada en la meta.

Aprender, aquello que nos queda

Visualiza tu futuro, visualiza el lugar donde quieres estar. ¿Cómo te sientes? ¿Te gusta donde has llegado? ¿Crees que dentro de unos años recordarás el momento en el que estás y te arrepentirás de no haber seguido intentándolo? Estas preguntas puede que te ayuden en tu búsqueda.

¿Qué puedo aprender de esto? En cada caída hay un mensaje, en cada obstáculo hay un desafío. Puede que a corto plazo sea más difícil verlo, que solo nos quede la negatividad de los intentos fallidos. Pero, posados sobre el horizonte, aquello que intentamos pudo ser el punto de partida para aquello que logramos o lograremos.

lunes, 29 de julio de 2019

Elementos explicativos del TOC

En este artículo presentamos ideas como la metacognición o la atribución de la responsabilidad como elementos explicativos del TOC, así como modelos cognitivos y conductuales que tratan de responder a una misma pregunta: ¿por qué una idea puede llevar al desarrollo de una patología?

El trastorno obsesivo-compulsivo —también conocido como TOC– es una afección que se caracteriza por la puesta en marcha de mecanismos de evitación de la ansiedad ante ideas, imágenes o pensamientos que se han convertido en una obsesión.

Tal es el malestar generado por esas obsesiones que la persona hace uso de compulsiones o rituales para contrarrestar y neutralizar esa obsesión. A través de las compulsiones el sujeto logra detener la ansiedad y la desazón. En este artículo se presentan varios elementos explicativos del TOC, que tratan de definir cómo surge y se desarrolla esta patología.

Una persona puede estar obsesionada con la idea de que uno de sus familiares va a ser atropellado. Esa idea es tan intrusiva, tan poco controlada y tan reiterativa que la persona pone en marcha mecanismos para que la idea no se reproduzca en la realidad.

Esos mecanismos, las compulsiones, pueden ir desde contar diez veces del uno al cien solo los números pares, contar los coches rojos de la calle hasta llegar a sesenta y siete o arrancarse mechones de pelo.

Lo que dificulta realmente la vida de las personas con TOC es que las compulsiones y los rituales suelen ir a más, necesitando un número más grande de compulsiones para evitar la ansiedad.

Una persona que cada vez que ve un coche rojo tiene que contar hasta sesenta para que su hermana no muera atropellada vive atrapada en su propia compulsión. Los rituales consumen una gran parte de sus recursos, de manera que no puede llevar su rutina con normalidad.

Sea como fuere, las obsesiones del TOC han sido muy estudiadas —obsesiones somáticas, pensamientos acerca de la muerte de alguien, preocupaciones sexuales, obsesiones acerca de la violencia, ideas contaminantes…— así como las compulsiones que suelen llevarse a cabo —de comprobación, de limpieza, de orden…—.

No obstante, algo que no parece del todo claro es cuándo, y, sobre todo, por qué, surgen las obsesiones. Aquí entran los elementos explicativos del TOC.

Neuroquímica y neuroanatomía del TOC

A nivel químico, los estudios acerca de los elementos explicativos del TOC demuestran que el neurotransmisor que está más relacionado con esta patología es la serotonina. En el TOC, se suele encontrar un déficit o una disminución en dicho neurotransmisor o una alteración en los receptores de serotonina. También se ha barajado la posibilidad de que existan niveles excesivos de dopamina.

Por otro lado, respecto a las estructuras cerebrales, parece haber un problema en la activación de los ganglios basales, que activan las neuronas del tálamo. El tálamo, a su vez, eleva la activación de la corteza orbitofrontal, con la consiguiente incapacidad para desviar la atención de la rumiación.

Modelo conductual: el círculo vicioso de la obsesión

El modelo conductual plantea como elemento explicativo del TOC la paradoja de la ansiedad-evitación-ansiedad. Cuando aparece una idea que genera malestar, la persona comienza a sentir ansiedad por el contenido de esa idea.

La ansiedad se extingue si el sujeto se expone al estímulo ansiógeno —es decir, a la idea obsesiva— durante un tiempo suficientemente largo. No obstante, cuando las compulsiones comienzan a surgir como alternativa a la ansiedad, quedarse es más difícil porque los rituales impiden una exposición prolongada.

Cuando una persona tiene TOC por homosexualidad —es decir, ansiedad ante la idea de poder ser homosexual—, esta puede llevar a cabo compulsiones de comprobación pensando en todas las veces que ha tenido contacto con un hombre y no ha sentido ningún tipo de excitación sexual. Este individuo no se expone a la idea de ser homosexual porque, siempre que lo piensa, lleva a cabo su compulsión de comprobación.

Por ello, según el modelo conductual, las compulsiones son conductas voluntarias que permiten evitar exponerse a esos pensamientos. De esta manera se refuerza negativamente la compulsión —es decir, alivia la ansiedad— y por ello son mantenidas en el tiempo. Disminuye la frecuencia de exposición a los pensamientos obsesivos, haciendo difícil la habituación a ellos y la extinción a largo plazo de la ansiedad.

Por último, señalar que, por el tiempo que consumen los rituales y las compulsiones, suele haber una pérdida de gratificación y un déficit en actividades sociales o placenteras. Esto contribuye a aumentar los niveles de depresión y ansiedad, que a su vez incrementa la probabilidad de aparición de ideas intrusivas. Por ello, el modelo conductual ve al TOC como un círculo vicioso.

Modelo cognitivo: la importancia desorbitada

Todos podemos tener, y de hecho tenemos, ideas o pensamientos intrusivos. Cavilamos de repente sobre una idea que puede parecer inadecuada, terrible o catastrófica. El ser humano sin TOC hasta ese momento suele dejar pasar esa idea y no volver a preocuparse. No desarrolla una obsesión y los consiguientes rituales. Por ello, las obsesiones tienen su origen en pensamientos, ideas y cogniciones normales.

Sin embargo, hay ciertas personas que no dejan pasar esa idea. Ese pensamiento tan intrusivo se condiciona a una respuesta de mucho malestar. El contenido de esos pensamientos puede adquirirse por condicionamiento clásico, por aprendizaje vicario o por adquisición de información relevante a la amenaza —por ejemplo, en la cobertura del ébola hace unos años—.

Esto quiere decir que la diferencia entre los pensamientos normales y aquellos que se vuelven obsesivos no reside en el grado de control, sino en que las personas obsesivas dotan a estos pensamientos de un significado exagerado.

La exageración de la responsabilidad

Se puede valorar un pensamiento intrusivo como una amenaza de real riesgo para uno mismo o para otros. También se puede creer que uno mismo es responsable de ese daño. Cuando se mantiene esa idea en la cabeza, se experimentarán emociones negativas, se intentará neutralizar ese pensamiento o «ese daño inminente del que uno es responsable».

Vemos aquí, de esta manera, una exageración de la responsabilidad, puesto que la persona cree que puede causar un daño a otros o a sí mismo a menos que lleve a cabo la conducta preventiva o restaurativa, es decir, el ritual. Otras creencias desadaptativas que pueden constituirse como elementos explicativos del TOC son:

  • Fusión pensamiento-acción: creencia de que los pensamientos pueden influir en los acontecimientos del mundo. La fusión pensamiento-acción también puede ser probabilística, donde el sujeto cree que tener un pensamiento intruso indeseado aumenta la probabilidad de que este pensamiento se haga realidad.
  • Creencia acerca de lo importante y necesario que es controlar los pensamientos.
  • Sobreestimación a la amenaza: exagerar las probabilidades de sufrir un daño.
  • Intolerancia a la incertidumbre o ambigüedad.
  • Perfeccionismo e intolerancia a los errores.

Modelo metacognitivo: pensar acerca de pensar

Este modelo recupera la idea de la fusión pensamiento-acción. La metacognición se refiere al pensamiento acerca del pensamiento. Las personas tenemos ideas o creencias sobre lo que significa pensar. Las creencias metacognitivas relevantes en el TOC tienen que ver con el peligro que puede englobar un pensamiento, y también del significado de tener un pensamiento.

Son por tanto estas creencias metacognitivas las que borran la distancia entre el pensamiento y los eventos reales. Las creencias metacognitivas relacionadas con el TOC, además de la fusión pensamiento-acción explicada anteriormente, son:

  • Fusión pensamiento-evento: tener un pensamiento hace que tenga lugar un acontecimiento.
  • Pensamiento fusión del objeto: los pensamientos se pueden transmitir a través de objetos.
Todos estos modelos explicativos del TOC tratan de vislumbrar como nace un TOC de una idea aparentemente normal y mundana hasta convertirse en un monstruo que consume tiempo y esfuerzos reservados a la cotidianeidad.

Estos modelos no son excluyentes entre sí, dando a entender que tanto la parte conductual —romper con esas compulsiones hasta lograr la exposición a los eventos ansiógenos–y la cognitiva —reestrucutración de las ideas metacognitivas y de la atribución de responsabilidad— son igual de relevantes en una terapia para el TOC.

domingo, 28 de julio de 2019

La autoconciencia, una mirada sabia hacia nuestro interior

La autoconciencia es la capacidad de mirar sabiamente hacia nuestro interior, una lectura cómplice de nuestras voluntades, nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestras inquietudes.

La autoconciencia como pilar de la inteligencia emocional nos permite endulzar la percepción de nuestra individualidad en el momento presente, teniendo en cuenta el pasado que fuimos y el futuro que nos acompaña en forma de expectativas personales.

La importancia de la autoconciencia o autopercepción radica en que es fundamental para modificar o redirigir aquellos aspectos de nuestra personalidad que pueden ser retocados o redirigidos.

El trabajo interior, esencial para nuestro bienestar

Trabajando en la mejora de la conciencia de uno mismo y de la clarificación de nuestros pensamientos podemos lograr una mejora considerable. Podemos pensar que autoconscientes somos todos, pero realmente solemos atender solo a cuestiones superficiales de nuestro interior.

La vida pasa por nosotros en lugar de pasar nosotros por ella, pues descuidamos la percepción de lo realmente trascendente. Suele suceder que nos acostumbramos a unas rutinas y a unos sentimientos y, como consecuencia, desconectamos a nuestro interior de nosotros.

¿Es esto posible? Evidentemente sí, pues gran parte de nosotros vivimos desenchufados y nos comportamos casi puramente de manera mecánica. La autoconciencia en realidad es una función bastante compleja, sobre todo en el universo emocional.

La autoconciencia emocional, un universo ignorado

Muchos de los estados emocionales que alcanzamos o podemos alcanzar son prácticamente imperceptibles si no atendemos a ellos con la intención de experimentarlos y ponerles nombre. Sin embargo, estas mismas emociones dirigen nuestros comportamientos en muchas ocasiones como si fuésemos autómatas.

La clave está en prestar atención a los indicadores emocionales leves, ya que la aparición de cualquier emoción tiene un mensaje que transmitirnos para conseguir aprender de manera constante sobre las causas ocultas que nos lo provocan. Es decir, se trata de normalizar nuestro comportamiento emocional y psíquico para lograr un bienestar más puro.

Suele ponerse el ejemplo del enfado o la rabia, emociones que tienen un destinatario pero que pueden estar disfrazando la envidia, por ejemplo. Ser conscientes de esto solo es posible a través de la introspección y el autoconocimiento.

Es bueno tener un diario emocional de lo que sentimos día a día: examinarnos de esta manera tiene la capacidad de potenciar o trasladar nuestra mirada interior. Al fin y al cabo se trata de conocernos y eso requiere trabajarse y esforzarse, lo cual es imposible si solo prestamos atención a lo que más nos interesa y desechamos el resto.

De todas formas es natural ser selectivos en nuestro estado de conciencia pero ocurre que esa misma inercia contribuye a que perdamos visión sobre aquellos sentidos que no son los tradicionales.

De este modo, cuando nos embarga una emoción y solo percibimos malestar o aflicción estamos obviando un amplio abanico de colores que pueden aportar riqueza a nuestra vida y a nuestra manera de contemplar las experiencias.

El control del mundo interior, clave para el manejo de nuestra vida

“El dolor termina solo a través del conocimiento propio”, afirmó en una ocasión Krishnamurti. Esto quiere decir que las herramientas para acabar con el dolor que provocan nuestras emociones y sentimientos están en nuestras manos o, mejor dicho, en nuestra visión interior.

Hacernos competentes y percibir de modo consciente nuestras emociones se consigue penetrando en ellas, perdiéndole el miedo al malestar que nos las provoca y ampliando nuestras perspectivas.

Los estados emocionales no se resumen en: estoy enfadado o estoy alegre. Solo podemos percibirlos si atendemos a la realidad emocional que nos acompaña a todos lados: una reacción emocional es la suma de muchos sentimientos diferentes que la perfilan.

Una mezcla, una amalgama que tiene origen y que actúa como consecuencia, perpetuándose a su vez  como si de una cadena de acontecimientos se tratase. O sea que debemos distinguir entre lo que es darnos cuenta de la reacción última (estoy enfadado) y lo que es atender a su origen y al cúmulo de sentimientos y emociones que generan el enfado.

En definitiva, la autoconciencia emocional es darse cuenta de la manera en la que se relacionan sentimientos, pensamientos y comportamientos pretéritos y presentes, así como su interrelación con nuestras expectativas a todos los niveles.

Conseguir ser conscientes de esto es el primer paso hacia nuestro autocontrol, pues el principal artífice sobre lo que se piensa y se siente es uno mismo. No podemos arremeter contra el exterior ni buscar culpables de lo que nos pasa, pues quien valida los sentimientos y las emociones propias somos nosotros. Aunque cabe destacar que eso, sin duda, se refleja en el exterior.

sábado, 27 de julio de 2019

Cómo leer las emociones de alguien en sus ojos

Leer las emociones de alguien en sus ojos es algo que todos podemos hacer. Al fin y al cabo, la mirada es la parte del ser humano que más comunica, la que más transmite y con la que conectamos de forma más intensa. Entender todas esas pistas no verbales inscritas en los ojos de los demás nos permitirá intuir, por ejemplo, falsedad, sinceridad o la magia de la atracción.

Decía Bécquer que quien puede hablar con la mirada puede incluso besar con los ojos. Es tal el magnetismo de estos órganos fascinantes que a veces no somos plenamente conscientes de todos los secretos que esconden. Así, algo que saben bien los expertos en comunicación es que, aunque muchos de nuestros comportamientos, actos y palabras pueden filtrarse por los condicionamientos sociales y por nuestra voluntad, la mirada se expresa un tipo de lenguaje que no siempre podemos controlar.

Si alguien nos atrae la pupila se dilata. También la mirada se ensancha cuando nos sorprendemos, se dirige a una dirección cuando intentamos recordar algo o baja cuando nos quedamos suspendidos en un estado de introspección. Son tantos y tan sutiles los matices que caracterizan el comportamiento de nuestros ojos que siempre es interesante conocer más información al respecto. De este modo, podemos llegar a profundizar en la mente de los demás o a leer sus emociones de un modo efectivo.

Cómo leer las emociones en los ojos

Pensemos en algo durante un momento. Si hay algo a lo que dedicamos una buena parte de nuestro tiempo es a comunicarnos con otras personas. Lo hacemos (casi) siempre cara a cara, buscando el contacto visual del otro, sin embargo, le prestamos una mayor atención al mensaje oral, a la palabra, a la calidad del diálogo.

Cabe decir también que en los últimos años, con la llegada de las nuevas tecnologías y los sistemas de mensajería inmediata, el estilo de comunicación ha cambiado. Ya no necesitamos tener a nadie ante nosotros para decirle algo; ahora, hasta podemos trasmitir nuestra alegría, amor o enfado a través de un emoticono. Todo esto no es ni bueno ni malo, solo es diferente y sobre todo, más rápido.

Sin embargo, con ello nos perdemos el poder leer las emociones de los demás en su mirada. Nos privamos de ese placer, de ese misterio que es desvelar a base de pequeñísimos gestos y mágicos matices la calidad o complejidad de nuestras relaciones. Veamos ahora cómo llevar a cabo esta lectura, este análisis…

Los parpadeos

Cuando hablamos del lenguaje de los ojos no nos referimos solo al globo ocular y la pupila. El gran poder expresivo de nuestra mirada se orquesta sobre todo por un complejísimo entramado de nervios y músculos que intervienen en el movimiento de las cejas, los párpados, las sienes, etc.

  • Todo ello reflejan la activación emocional de cada momento, ahí donde los parpadeos, cumplen también su función. Por ejemplo, se sabe que cuando algo nos sorprende, nos indigna o incluso nos enfada, tendemos a parpadear mucho más.
  • Asimismo, también en es común que se parpadee bastante cuando interaccionamos con alguien que nos agrada o cuando estamos pensando en muchas cosas a la vez.
Puede que todo ello nos parezca contradictorio, pero conviene saber que este acto, el de parpadear de forma más intensa de lo normal, es un mecanismo que pone en marcha el cerebro cuando se siente más nervioso de lo habitual. Por tanto, si deseamos leer las emociones de los demás a través de sus ojos es importante centrarnos en el contexto o en la conversación que mantenemos en ese momento.


El lenguaje de las pupilas

Nuestras pupilas se dilatan cuando vemos algo estimulante o tenemos poca luz. Si algo o alguien nos atrae, es común que la pupila se inunde como una luna llena, inmensa e iluminada por esa emoción, por ese poder de atracción. Sin embargo, cuando nos sentimos ofendidos o vemos algo que nos indigna o nos contraria la pupila se contrae.

Sincronía visual

Leer las emociones de las personas que nos gustan es algo que a todos nos gustaría poder dominar. Sin embargo, a veces no hace falta ser un experto en lenguaje no verbal para percibir la sintonía que en un momento dado, podemos establecer con un amigo, la persona que nos atrae o incluso con un familiar.

Un dato curioso que nos explican los expertos sobre este tema es que cuando dos personas «conectan» se establece también una sincronía visual, es decir, los gestos visuales se mimetizan y se ponen en marcha unas mismas microexpresiones…

Miradas a los laterales: tímidos y mentirosos

Todos lo hemos experimentado alguna vez, bien cuando hablamos con algún niño o con una persona muy insegura. En lugar de mantener un contacto visual directo, se escapan por los laterales, en esos rincones donde no encontrarse con nuestro rostro, en esos espacios donde atendernos solo de soslayo, donde refugiar su extrema timidez…

Ahora bien, es destacable señalar que la personalidad mentirosa también tiene unos ojos esquivos. No es algo tan evidente como cuando estamos con un perfil tímido o con ansiedad social, y por ello, debemos poner la máxima atención a la hora de leer sus emociones e intenciones.

Quien hace uso del engaño no suele mantenernos durante mucho tiempo la mirada, tarde o temprano la llevará a un lateral, a la derecha si debe recordar algo y a la izquierda si debe hacer uso de la inventiva.

Para concluir, tal y como hemos podido deducir, los ojos, las miradas, transmiten una notable y amplísima variedad de información social y emocional que a veces se nos escapa y que nos siempre es fácil interpretar. A nuestro alcance tenemos, por ejemplo interesantes estudios y trabajos como «Efectos de la mirada sobre la percepción de la emoción» del psicólogo Reginald B. Adams o «Morfología y psicología del ojo humano» de Hisashi Kobayashi, que nos permitirá profundizar mucho más sobre el tema. Vale la pena hacerlo.

viernes, 26 de julio de 2019

El rechazo es la herida emocional más profunda

Hay heridas que no se ven pero que pueden arraigarse profundamente en nuestra alma y convivir con nosotros el resto de nuestros días. Son las heridas emocionales, las huellas de los problemas vividos en la infancia y que determinan en ocasiones como será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos.

Una de las heridas emocionales más profundas es la del rechazo porque quien la padece se siente rechazado en su interior, interpretando todo lo que sucede a su alrededor a través del filtro de su herida, sintiéndose rechazado en ocasiones aunque no lo sea. Veamos con más detalle en qué consiste esta herida.

Origen de la herida emocional del rechazo

Rechazar significa resistir, despreciar o denegar, lo que podemos traducir en «no querer» a algo o alguien. Esta herida nace del rechazo de los padres hacia su hijo o en ocasiones, del sentirse rechazado por los progenitores, sin haber intención por parte de estos.

Ante las primeras vivencias de rechazo se comenzará a crear una máscara para protegerse de este sentimiento tan desgarrador que va ligado a la infravaloración de uno mismo y que se caracteriza por una personalidad huidiza según las investigaciones llevadas a cabo por Lise Bourbeau. Así la primera reacción de la persona que se siente rechazada será huir, por lo que no es raro que siendo niños se inventen un mundo imaginario.

El rechazo que el niño puede sentir por parte de sus progenitores puede desencadenar consecuencias internas y externas a largo plazo. Gracia, Lila y Musitu (2005) destacan entre los comportamientos internalizados: pasividad, apatía, retraimiento social, sentimientos depresivos, conductas autodestructivas, alteraciones nerviosas y problemas somáticos. Entre los comportamientos externalizados encontramos impulsividad, hiperactividad, desobediencia, conducta destructiva, falta de autocontrol y comportamiento violento.

En los casos de sobreprotección, más allá de la faceta superficial enmascarada de amor, el niño se percibirá como rechazado pues no es aceptado como es. El mensaje que le llega es que sus capacidades no son válidas y por eso tienen que protegerlo.

Cómo es la persona que tiene la herida del rechazo

A partir de las heridas emocionales sufridas en la infancia se conforma una parte de nuestra personalidad. Por ello, la persona que padece la herida del rechazo se caracteriza por infravalorarse y buscar la perfección a toda costa. Esta situación la llevará a una búsqueda constante del reconocimiento de los otros que le costará saciar.

Según Lisa Bourbeau, será con el progenitor del mismo sexo con el que más presente se hará esta herida y ante el que la búsqueda de amor y reconocimiento será más intensa, siendo muy sensible a cualquier comentario que proceda de él.

Las palabras «nada», «inexistente» o «desaparecer» formarán parte su vocabulario habitual, confirmando la creencia y sensación del rechazo que tiene tan impregnada. De este modo, es normal que prefiera la soledad porque si recibe mucha atención habrá más posibilidades de ser despreciada. Si tiene que compartir experiencias con más gente, intentará pasar de puntillas, bajo el caparazón que se construye, apenas sin hablar y si lo hace, tan solo será para infundirse valor a si misma.

Además, vive en una ambivalencia constante porque cuando es elegida no se lo cree y se rechaza a sí misma e incluso llega a sabotear la situación y cuando no lo es, se siente rechazada por los demás. Con el paso del tiempo, la persona que padece la herida del rechazo y no la sana, puede volverse rencorosa y llegar al odio, fruto del intenso sufrimiento vivido. A mayor profundidad de la herida del rechazo, mayor probabilidad hay de ser rechazada o rechazar a los demás. 

Sanar la herida emocional de rechazo

El origen de cualquier herida emocional proviene de la incapacidad de perdonar aquello que nos hacemos o nos hacen los demás.

Cuanto más profunda sea la herida del rechazo, mayor será el rechazo hacia si mismo o hacia los demás, el cual puede ocultarse tras la vergüenza. Además, habrá mayor tendencia a la huida, pero esta tan solo es una máscara para protegerse del sufrimiento generado por esta herida.

La herida del rechazo se sana prestando especial atención a la autoestima, comenzando a valorarse y reconocerse por si mismo sin necesitar la aprobación de los demás. Para ello:

  • Un paso fundamental es aceptar la herida como parte de uno mismo para poder liberar todos los sentimientos atrapados. Si negamos la presencia de nuestro sufrimiento no podremos trabajar para sanarlo.
  • Una vez aceptada, el siguiente paso sería perdonar para liberarse del pasado. En primer lugar a nosotros mismos por el trato que nos damos y en segundo lugar a los demás, porque las personas que nos han herido probablemente también padezcan algún profundo dolor o una experiencia hiriente.
  • Comenzar a cuidarse con amor y priorizarse. Prestarnos atención y darnos el amor y el valor que merecemos es una necesidad emocional imprescindible para seguir creciendo.

No podemos llenar el infinito

Algunas perspectivas aseguran que nuestra auténtica naturaleza es infinita y haciendo un paralelismo con esta creencia observaremos que hasta que no sanemos la herida, nada nos hará felices. El rechazo se convertirá en un agujero negro que poco a poco irá engullendo y destruyendo todo aquello externo que nos haga felices. Cuando nos hagan un cumplido lo rechazaremos, e incluso, nos podrá sentar mal. Cuando alguien quiera pasar tiempo con nosotros pensaremos que lo hacen porque no tienen otra cosa mejor que hacer.

El sentimiento de rechazo equivaldría al infinito, y todo lo que sea externo sólo lo llenará temporalmente, por eso, lo más importante es comenzar desde dentro. Se trata de un trabajo interior que debemos empezar cuanto antes, porque al fin y al cabo, esta sensación de rechazo no es más que nuestra forma de ver la vida. Y si comenzamos a cambiar nuestro enfoque y nuestra visión de la realidad, comenzamos a experimentar una vida completamente diferente.

Aunque no podemos borrar el sufrimiento vivido en el pasado, siempre podemos aliviar nuestras heridas y ayudar a que cicatricen para que su dolor desaparezca o al menos se alivie. Porque de acuerdo con lo que dijo Nelson Mandela de alguna manera somos capitanes de nuestra alma.

jueves, 25 de julio de 2019

Hablar con fluidez, mucho más que una cuestión de imagen

Hablar con fluidez es un factor que influye, y mucho, en el curso de nuestras relaciones. Además, de manera indirecta, también lo hace en la autoestima y en la capacidad para gestionar conflictos. Esta habilidad va más allá de ser un asunto cosmético que maquilla la imagen que proyectamos. Si te puedes expresar fácilmente, toda tu vida se enriquece y mejora.

El lenguaje y la expresión son realidades que están directamente relacionadas con el pensamiento y las emociones. Un pensamiento confuso o unas emociones muy intensas y cambiantes dificultan nuestra capacidad para hablar con fluidez.

Por otro lado, hablar con fluidez no significa necesariamente hablar mucho ni llevar el peso de la conversación. De hecho, las personas a las que les cuesta ceder el turno de palabra pueden llegar a generar un profundo rechazo.

Lo recomendable es que desarrollemos la habilidad para decir lo que pensamos con mayor precisión y en el momento más oportuno. ¿Cómo lograrlo? Aquí hay algunas recomendaciones que pueden serte útiles en ese propósito.

Para hablar con fluidez, medita y escucha

La meditación es uno de los mejores caminos para clarificar y ordenar nuestros pensamientos. Por lo tanto, también es una buena vía para mejorar nuestra capacidad para hablar con fluidez. No necesitas convertirte en un monje tibetano. Basta con que dediques unos minutos al día a respirar profundamente, intentando dejar tu mente en blanco.

Esa práctica, progresivamente, te lleva a pensar de una manera más ordenada y certera. También te ayuda a que las ideas irrelevantes tengan cada vez menos lugar en tu mente. Una mente más clara y enfocada siempre adopta el reflejo de la fluidez en la expresión.

La escucha es otro de esos medios de excelencia para elevar tus habilidades de expresión. Mejora tu capacidad comunicativa y contribuye a establecer un vínculo. Si los demás se sienten escuchados, la probabilidad de que ellos nos escuchen también aumentará. Así, la relación será la que saldrá beneficiada.

Lee, escribe y di lo que piensas

A través de la lectura se enriquece el léxico y se depura el conocimiento intuitivo de las estructuras lingüísticas. Es algo que ocurre sin que te des cuenta. Las buenas novelas, ensayos o poesías te ponen en contacto con las formas más depuradas del lenguaje. Eso aumenta tus posibilidades de hablar con fluidez.

La escritura, por su parte, es una actividad que te ayuda a ordenar y plasmas ideas. Para escribir se necesita orden, un orden al que muchas veces accedemos ante la necesidad de tener que poner tinta a nuestra voz. En este sentido, el discurso pensado y bosquejado nos da un plus de confianza a la hora de expresarnos.

Por otro lado. es muy importante que aprendas a confiar en tu propia voz. Por eso lo aconsejable es que no midas cada frase, modificándola hasta que se vuelva artificial, mentira, ajena a lo que sientes. Cuando ya está en el pensamiento y lo tienes claro, no hay razón para callar. No seas tú quien le ponga mordaza a tus sensaciones, salvo que exista una razón de peso. De otra forma, la falta de oxígeno puede terminar perjudicándote mucho.

Sencillez, respeto y emoción

Hablar con fluidez no tiene nada que ver con utilizar palabras rebuscadas o técnicas para todo. Tampoco con asumir una formalidad tan alta en tu manera de expresarte que termines pareciendo alguien totalmente artificial. En este sentido, hablar de manera directa y sencilla hará que los demás te entiendan antes y mejor.

Además, es necesario respetar al interlocutor. Conocer su nombre y mencionarlo cuando le hables. Respetar también se refiere a aceptar las ideas del otro y no insultar las que tiene el que piensa distinto. Puedes expresar tus desacuerdos renunciando a esa intolerancia.

En el mundo actual se ha vuelto muy común que la gente quiera expresarse de manera neutral. Muchos creen que eso denota más seguridad o autonomía. Lo “subjetivo” ha adquirido cierta connotación negativa. No tiene por qué ser así. Lo subjetivo también es válido y estás en todo tu derecho de expresar apreciaciones subjetivas frente a lo que desees.

Dos recomendaciones finales

En muchas ocasiones, una actitud comunicativa y abierta será la clave para no producir o solucionar malentendidos. En este sentido, esconder tus opiniones porque no coinciden con las de los demás realmente no es buena idea. Esto solo hará que la tensión aumente, de manera que, cuando ya no podemos más, terminemos explotando, diciendo frases que en realidad no sentimos…

Por otro lado, en el caso de que tengas miedo a hablar de cómo te sientes, especialmente cuando este sentimiento es positivo, te recomendamos que hagas un esfuerzo por situarte por encima del temor. Así, además de alimentar el amor propio de los demás, de manera indirecta también nutrirás el tuyo: será fácil que los demás, o una buena parte de ellos, adopte la misma actitud contigo.

Hablar con fluidez contribuye a que las relaciones con los demás sean también más fluidas, al tiempo que aumenta la sensación de mayor autonomía y libertad. Vale la pena que te propongas tener una mejor comunicación contigo mismo y con los demás: repercutirá directamente en tu calidad de vida.

miércoles, 24 de julio de 2019

¿Qué es el suplemento narcisista?

El narcisista da por hecho que su suplemento tiene que sentir, pensar y actuar como él, pues el suplemento no tiene identidad propia, sino que está ahí para complacerle en todo momento.

¿Qué es el suplemento narcisista? Antes de definirlo, vamos a detenernos en el concepto narcisista como paso previo. Entonces, ¿qué significa ser una persona «narcisista»?

El DSM-5 define la personalidad narcisista como un patrón dominante de grandeza (en la fantasía o en el comportamiento), de necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta y se presenta en diversos contextos. En esencia, se manifiesta por sentimientos de grandeza, creencias sobre sí mismos como ser “especial” y único con una necesidad excesiva de admiración.

Cabe destacar que, según el psiquiatra Otto Kernberg, la personalidad narcisista se sitúa en un continuo que va desde lo «normal» hasta lo patológico (trastorno narcisista de la personalidad, según el DSM-5). Por consiguiente, no todas las personas con rasgos narcisistas llegan a padecer un trastorno, dependen en gran medida del grado en el que poseen los rasgos. A continuación, explicamos aspectos a tener en cuenta sobre el narcisista y su suplemento.

El principal objetivo del narcisista es su propio bienestar

La persona narcisista se caracteriza por sacar provecho de las relaciones interpersonales, es decir, se aprovecha de los demás para sus propios fines sin importarle lo que pueda sentir la otra persona: su principal objetivo es su propio bienestar. Así, los demás pasan a ser instrumentos.

Esto es, realmente no le interesa si su suplemento está pasando por un mal momento o si necesita su propio espacio, el narcisista sólo piensa en satisfacer sus necesidades, aunque eso suponga pasar por alto las necesidades de otra persona.

Entonces, ¿qué es el suplemento narcisista?

El suplemento narcisista es un concepto introducido en la teoría psicoanalítica por Otto Fenichel, psicoanalista austriaco, para describir un tipo de admiración, apoyo interpersonal o sustento, extraído por un individuo de su entorno que se convierte en un elemento esencial para su autoestima.

En este sentido, siguiendo la definición del autor, el narcisista necesita una persona que se convierta en su suplemento, en su fuente de suministro (le aporta aquello que él mismo no puede darse). Esta fuente de suministro se convierte en una extensión de sí mismo, como si fuera parte de él.

Por esta razón, no existe un límite entre el «yo» del narcisista y el «yo» del suplemento, es decir, el narcisista da por hecho que su suplemento tiene que sentir, pensar y actuar como él, pues el suplemento no tiene identidad propia, sino que está ahí para complacerle en todo momento.

El narcisista busca un suplemento para regular su baja autoestima como una forma de sostener el “yo”. Por lo tanto, necesita continuamente reafirmar la máscara que se ha creado: su grandeza, su superioridad, su carácter único y especial… En realidad, debajo de esa máscara se encuentra alguien inseguro, con baja autoestima, que necesita a otra persona como sustento.

El narcisista busca provocar reacciones en los demás

Un artículo en el Journal of Personality and Social Psychology (Mitja Back, autor principal) afirma: «lo que a primera vista nos atrae no es, necesariamente, lo que nos hará felices en relaciones de larga duración. Aunque los narcisistas exhiban esa faceta brillante y encantadora, a menudo es solo cuestión de tiempo que aparezcan nubarrones. En definitiva, existen dos dimensiones del narcisista: la imagen encantadora y la imagen con tintes desagradables».

En otras palabras, el narcisista probablemente mostrará su lado más amable para conseguir su propósito y cuando alguien no se comporte como espera mostrará su lado menos agradable: es posible que al conseguir lo que desea de ti se muestre frío, desinteresado, esquivo, enfadado…

Su cambio de actitud está incentivado en intentar provocar una reacción en ti que provoque la conducta que desea. Por ejemplo, espera que tengáis un encuentro en un día concreto y tú no puedes, entonces se muestra distante porque no ha conseguido que tú estés ahí cómo y cuándo él necesita. Recuerda que sus necesidades están por encima en todo momento.

¿Soy un suplemento narcisista?

Para concluir, el suplemento narcisista en ocasiones no es consciente de lo que le ocurre, no tiene ni idea de que se ha convertido en un suplemento. Por consiguiente, si sospechas que puedes ser víctima de un narcisista o crees que alguien de tu entorno lo está siendo, es conveniente plantearse lo siguiente:

  • ¿Realmente es importante en mi relación lo que yo siento y pienso o me encuentro en un segundo plano? ¿Las necesidades de mi pareja están por encima y cuando no hago lo que espera se comporta distante o enfadado? Quizás a partir de estas cuestiones encuentres una respuesta.
En caso afirmativo, es decir, en el caso de que tus necesidades estén en un segundo plano, es posible que necesites mantener unos límites con esa persona y que te autoprotejas. No olvides que tú y tus necesidades también son importantes.

martes, 23 de julio de 2019

¿Es verdad que nunca llegamos a conocer a una persona?

A veces las personas nos fallan, en ocasiones quienes tenemos más cerca resultan no ser como esperábamos. De algún modo, parece que estamos obligados a asumir que no siempre es posible conocer a alguien en su totalidad para predecir su comportamiento.

A veces, llegamos a la conclusión de que, en realidad, nunca llegamos a conocer a una persona. Bien porque nos sorprenden con un comportamiento inesperado tan grato como positivo o bien porque nos decepcionan, llegamos a la conclusión de que en materia de relaciones humanas nunca podemos dar nada por sentado. Ahora bien, ¿es esto cierto?

Decía el poeta John Donne que ninguna persona es una isla, algo completo en sí mismo. Todos somos un fragmento, una parte de un continente en el que estamos obligados a convivir. Y hacerlo no es fácil. Así, algo que, sin duda, nos agradaría a todos es que aquellos con los que establecemos un vínculo significativo actuaran siempre como queremos y esperamos.

A la mayoría de nosotros nos agrada la predictibilidad. Saber que si espero algo de alguien, este lo cumpla. Entender y dar por sentado que mi pareja, familia y amigos responderán de tal modo a determinadas circunstancias, que serán siempre fiables, que la visión que tenemos de ellos es la correcta y se mantendrá de ese modo a lo largo del tiempo.

Sin embargo, esta variable no siempre se cumple. Esta fórmula no ofrece en todos los casos el resultado que esperamos. Porque, a veces, nos fallan. En ocasiones somos testigos de reacciones, respuestas y comportamientos inesperados que no solo nos sorprenden, también nos hacen daño. Todo ello nos obliga a preguntarnos ¿es error nuestro? ¿no supimos ver cómo era en realidad esa persona? Intentemos responder a estas cuestiones a continuación.

Nunca llegamos a conocer a una persona ¿es cierta esta expresión?

La realidad es que nunca llegamos a conocer a una persona. No en profundidad y no con la certeza suficiente como para calzarnos sus zapatos, introducirnos en su universo mental y predecir con total exactitud qué hará y qué no hará en cada momento. Asumir esto no tiene por qué ser negativo o preocupante. Las personas no tenemos un control absoluto sobre todo aquello que nos rodea y esto es algo que debemos asumir.

Las personas podemos cambiar (y en ocasiones necesitamos hacerlo)

Una de las razones por las que nunca podemos llegar a conocer a una persona es porque todos nosotros tenemos la capacidad de cambiar, de asumir nuevos objetivos vitales, de avanzar, madurar e incluso cambiar algunos rasgos de nuestra personalidad. Este es un tema sin duda muy polémico, porque de algún modo hay quien asume que la personalidad queda conformada en la edad adulta y a partir de solo son posibles los cambios menores.

  • Sin embargo, asumir esta perspectiva puede hacernos saltar de decepción en decepción. Las personas cambian porque las experiencias nos cambian. Porque la vida en ocasiones nos sitúa ante determinados hechos donde uno debe replantearse ciertas cosas y hasta reconstruirse de nuevo.
  • Estudios, como el llevado a cabo por el doctor Nathan W. Hudson de la Universidad de Michigan, respaldan una idea interesante. Gran parte de nosotros no estamos plenamente satisfechos con nuestra personalidad. Así, uno de nuestros objetivos vitales es ir puliendo nuestro auténtico yo, trabajando inseguridades, fortaleciendo la identidad y cambiando determinados rasgos para sentirnos más realizados.
Ese proceso de cambio, puede suponer en ocasiones dejar atrás determinados vínculos o incluso decepcionar a seres cercanos. En nuestro camino hacia la autorrealización es casi inevitable no sorprender a alguien con nuestras decisiones (incluso podemos sorprendernos a nosotros mismos).

Nunca llegamos a conocer a alguien porque tal vez, lo vimos como nosotros deseábamos


Hay quien se lamenta de que nunca llegamos a conocer a una persona. Con frecuencia mientras acumula rencor y frustración por las expectativas frustradas. Todos nosotros tenemos la irremediable capacidad de ser falibles, de decepcionar a quienes nos quieren, de no ser como otros esperaban.

Ahora bien, hay otro aspecto que no podemos dejar de lado. A veces nunca llegamos a conocer a alguien de verdad porque nos limitamos a no salirnos del perfil que hemos trazado, eliminado de nuestro campo de atención aquello que no queremos ver. Hay quien crea de los demás una imagen de absoluta perfección e irrealidad. Son personas que dan por sentadas demasiadas hipótesis, que idealizan y también someten, que son incapaces de ver más allá de lo que desean para intuir cómo son de verdad esos seres que tienen cerca. En ocasiones miramos pero no vemos, y eso conlleva experimentar decepciones tarde o temprano. 

Conclusión

Algo que nos señala Lewis R. Goldberg, reconocido experto en el campo del carácter humano, es que la personalidad no es siempre un factor infalible y totalmente riguroso para predecir cómo se va a comportar alguien a lo largo de su vida. Hay pequeños aspectos que se nos escapan, hay variables imprevistas que siempre quedan fuera de nuestro control.

Es cierto, por tanto, que nunca llegamos a conocer al 100% a esa persona con la que convivimos. Frente a ello no nos queda otra más que confiar, que esperar que la felicidad que tenemos ahora no se escape ni se pierda, que tolerar la incertidumbre. Sin embargo, como bien sabemos, en este mundo la certeza es mínima y, por ello, lo mejor es disfrutar el presente y asumir sin resistencias que la vida también es cambio, desconocimiento y sorpresa. 

lunes, 22 de julio de 2019

Las personas que saben escuchar también necesitan ser escuchadas

Todos valoramos tener alguien con quien hablar, alguien que nos escuche con todo su corazón y sus sentidos. No obstante, hay quien se olvida que quienes escuchan también merecen ser escuchados. También esas personas esperan que les digamos un '¿cómo estás tú?'

Todos valoramos a las personas que saben escuchar. Apreciamos su hospitalidad emocional, su empatía auténtica, su capacidad para validar nuestras palabras, historias y sentimientos. Sin embargo, es necesario que recordemos un sencillo aspecto: quien sabe escuchar, quien está ahí para nosotros siempre que lo necesitamos, también necesita ser escuchado de vez en cuando.

Este tema es más importante de lo que podamos pensar en un principio. Decía Carl Rogers, reconocido psicólogo humanista, que la base de toda relación saludable reside en la escucha activa, en la capacidad para escucharnos los unos a los otros de manera efectiva. Sin embargo, cada vez son las más las personas que acuden a terapia psicológica para sentirse escuchados ‘por primera vez’.

Hay quien se alza como esa figura siempre accesible a la que todos acuden para compartir con ellos sus preocupaciones, problemas y ansiedades. Son personas refugio que, curiosamente, no suelen hallar el suyo cuando lo necesitan. Es más, abundan quienes están tan acostumbrados a escuchar a los demás, que acaban por ocultar sus necesidades, escondiéndose en las circunvoluciones de la caracola del silencio.

Poco a poco, les resulta más fácil dejar hablar a los demás que pedirles silencio por un instante, solo por un momento, para revelar qué sienten, para decir en voz alta que también ellos tienen preocupaciones y desearían ser atendidos. Son situaciones muy comunes que deben invitarnos a una sentida reflexión.

Las personas que saben escuchar no siempre saben cómo solicitar ayuda

Una parte de las personas que saben escuchar se han habituado a no ser escuchadas. Puede que este dato nos parezca llamativo, sin embargo, es una realidad muy similar a la de quien se ha acostumbrado a volcarse en los suyos sin recibir nada a cambio. Hay muchos tipos de invisibilidad, y esa donde uno no tiene con quien sincerarse, a pesar de ser la clásica figura refugio a la que todos acuden, resulta sin duda una de lo más común.

Tarde o temprano, estas personas terminan acudiendo a terapia porque necesitan un oyente sincero. Al fin y al cabo, todos necesitamos que nuestras historias se escuchen. Cada uno de nosotros merecemos un soporte emocional al que acudir para sincerarnos. Así, el hecho de no contar con alguien válido con quien hacerlo resulta altamente doloroso.

Sin embargo… ¿por qué se dan estas situaciones? ¿Es problema solo de quien se ha habituado a escuchar y no es asertivo para pedir lo que necesita o estamos quizá ante un tipo de egoísmo relacional? Analicemos las posibles causas.

La verborrea narcisista

Esta realidad resulta muy común entre parejas e incluso entre amigos. Siempre hay alguien acostumbrado a volcar sobre otro todo pensamiento, toda anécdota, ocurrencia o problema de distinto índole. La comunicación se lleva a cabo en una sola dirección y través de una verborrea narcisista. Ahí donde no se tiene en cuenta al interlocutor, ahí donde dejar caer un monólogo casi compulsivo y falto por completo de empatía.

Este tipo de situaciones evidencian un tipo de relación claramente dañina. Lo más llamativo es que aquel acostumbrado a usar al otro como ‘contenedor’ de su verborrea, siempre alaba a esas personas que saben escuchar. De ahí, que no escatimen en halagos del tipo ‘¿qué haría yo sin ti? Está claro que nadie me entiende como lo haces tú’.

La persona que teme ser juzgada

En un estudio llevado a cabo en la Escuela de Ciencias Psicológicas de la Universidad de Manchester (Reino Unido), la doctora Pamela Fitzerald demostró un dato que la mayoría podemos entender muy bien. Cuando una persona acude a terapia psicológica, valora antes de nada un sencillo aspecto: saber que diga lo que diga, no será juzgada, ni criticada por ello.

Algo así nos hace comprender que muchas de esas personas que saben escuchar, pero que a su vez, evitan por su parte sincerarse con los demás, lo hacen a menudo por miedo a las críticas. Tal vez, determinadas experiencias del pasado les privó de ese entorno seguro donde sentirse escuchados y validados, tal vez el peso de las críticas recibidas en determinados momentos les impida abrirse a los demás.

A veces, escuchar es más fácil que comunicar

Otro factor que explica por qué hay quien prefiere escuchar a comunicar lo define el estilo de personalidad. El perfil introvertido, a menudo, se alza como ese alguien ideal a quien acudir en la intimidad para explicarle nuestras vivencias y pensamientos. Sin embargo, él o ella rara vez tiende a hacer lo mismo y si lo hace, elige a personas muy selectas.

A menudo, el acto de escuchar resulta para muchas personas más sencillo que comunicar. Solo requiere aplica una escucha activa, una mirada que entiende y ser una presencia cercana, nada más. Sin embargo, el acto de abrirse al otro para expresar pensamientos, para revelar hechos o confidencias ya exige otro tipo de competencias que para determinados tipos de personalidad, no es sencillo o no puede hacerse con cualquiera.

Todos merecemos ser escuchados: es un acto de hospitalidad emocional

Las personas que saben escuchar también merecen ser escuchadas. Si tenemos a ese alguien que siempre está ahí para nosotros, recordemos practicar esa reciprocidad donde ser capaces de dar lo mismo que nos ofrecen. Puede que a ese amigo, a esa compañera de trabajo o a ese familiar le sea más cómodo ser oyente que comunicador, pero sea como sea, debemos crear entornos seguros donde permitirles hablar cuando así lo necesiten.

Para concluir, recordemos que escuchar es mucho más que permitir que el otro hable mientras pensamos qué vamos a decir… La comunicación humana es también un acto de hospitalidad donde acoger las palabras del otro y hacerlas nuestras, es conectar para proteger, es dar refugio para proveer a quien tenemos en frente de seguridad, comprensión y empatía. Aprendamos por tanto a practicar a diario la escucha activa.

domingo, 21 de julio de 2019

¿Qué es una insurgencia?

La insurgencia es un término complejo. En este artículo tratamos de definirlo y de identificar los factores que hacen posible su éxito.

Hablar de insurgencia es confuso. Por ejemplo, ¿el Estado Islámico es una insurgencia o un grupo terrorista? La respuesta es complicada y más dados los cambios que este grupo ha sufrido. No obstante, el calificarlo como insurgencia va a depender de cómo se defina la insurgencia.

Aunque la definición de insurgencia se presenta a continuación, podemos hablar de algunos grupos que han sido considerados insurgencias. Entre ellos, los más conocidos son el Estado Islámico, Al Qaeda, Boko Haram, las FARC, los Taliban, Hizbollah, Hamas, ETA y el IRA. Aunque algunos de ellos ya han desaparecido, en algunos momentos de su historia han sido considerados grupos insurgentes.

Definición de insurgencia

Encontrar una definición de insurgencia precisa y baja en complejidad es una tarea difícil. Sin embargo, es posible destacar algunos puntos en común que presentan las diferentes definiciones de insurgencia. De esta forma, una insurgencia se puede entender como las acciones que realiza un grupo minoritario dentro de un estado para forzar un cambio político. Por tanto, encontramos que su objetivo es de tipo político.

Asimismo, la insurgencia hace uso de la propaganda y la presión militar para persuadir o intimidar a la población. El objetivo es conseguir el apoyo popular. Así, el reconocimiento y aceptación por parte de la población va a ser fundamental y va a determinar, en gran medida, su éxito o fracaso.

Finalmente, la insurgencia se caracteriza por la desigualdad entre las fuerzas. Dado que el estado suele tener mucho más poder, las insurgencias optan por enfrentamientos asimétricos y prolongados donde la guerra psicológica se convierte en la principal herramienta.


sábado, 20 de julio de 2019

Los 19 tipos de sonrisa, según Duchenne de Boulogne

Existen diferentes tipos de sonrisa, porque no siempre esta expresión es una señal de felicidad o diversión. A veces, incluso, muestran todo lo contrario: tristeza o enojo. Esto fue lo que descubrió Duchenne de Boulogne, un médico francés que estudió a fondo el tema.

El primero en intuir que había diferentes tipos de sonrisa fue un médico francés del siglo XIX, llamado Duchenne de Boulogne. Al menos eso es lo que sabemos. A este hombre se le considera uno de los pioneros de la neurología y toda una autoridad en materia de sonrisas.

Con el tiempo, los hallazgos básicos de Duchenne de Boulogne han sido plenamente validados. Estaba obsesionado con el uso de la electricidad con fines médicos y terapéuticos. En particular, se enfocó en el estudio de las expresiones motoras. Uno de los temas que exploró a fondo fue el de los tipos de sonrisa.

Durante sus pesquisas encontró a un hombre que padecía insensibilidad facial. Esto le permitió conectarle un buen número de electrodos en el rostro, sin causarle molestias. De este modo logró identificar los diferentes grupos de músculos involucrados en las expresiones faciales.

También así consiguió identificar 19 tipos diferentes de sonrisa. Así mismo, pudo establecer que solo seis de ellas son realmente auténticas, es decir, que verdaderamente reflejan agrado, alegría o felicidad. Las demás son sonrisas que expresan sentimientos muy diferentes, los cuales incluyen miedo, ira, desprecio y varios más. Estas son las más interesantes.

Tipos de sonrisa tristes

Aunque parezca extraño, a veces la tristeza tiene forma de sonrisa. Hay varios tipos de sonrisa que reflejan sentimientos dolorosos y que se expresan en situaciones en las que hay algún elemento positivo, frente a uno o varios negativos. Algunas de estas sonrisas tristes son las siguientes:

  • La sonrisa miserable. Los labios sonríen de forma ligeramente asimétrica, pero en los ojos hay una profunda expresión de tristeza. Según un estudio de la Universidad de San Francisco, es la típica sonrisa de quienes ganan la medalla de plata en los Juegos Olímpicos.
  • La sonrisa de miedo. A veces se sonríe por miedo. Ocurre cuando alguien se siente indefenso y sonríe para demostrar que no tiene planes hostiles frente al otro. Es también el tipo de sonrisa que suele exhibirse ante personas consideradas de estatus superior.
  • Sonrisa de soledad. Se trata de una sonrisa apenas perceptible que a veces se acompaña de una leve expresión de tristeza. Su principal característica es que solo se manifiesta cuando estamos en completa soledad. No es una sonrisa compartida.

Las sonrisas sociales

Básicamente todas las sonrisas son sociales, pero algunas cumplen papeles muy específicos en las relaciones con los demás. Se trata de expresiones más o menos calculadas, que siempre surgen en función de los otros. Dentro de este tipo de sonrisas encontramos:

  • La sonrisa suprimida. Tiene que ver con ese tipo de sonrisas que se reprimen por alguna razón. Es una expresión genuina de felicidad, pero se considera inapropiada y por eso termina conteniéndose. En ellas es más visible el esfuerzo muscular de contención que la sonrisa en sí.
  • La sonrisa falsa. Es la típica sonrisa de cortesía que exhibimos cuando queremos ser amables con los demás, pero no estamos auténticamente felices. Su principal característica radica en que las comisuras de los labios se levantan, pero los ojos permanecen inexpresivos.
  • La sonrisa vergonzosa. Es el tipo de sonrisa que tiene lugar cuando nos sentimos abochornados. Es frecuente que vaya acompañada de una ligera inclinación de cabeza y, muchas veces, de rubor. En este caso la risa cumple el papel de tratar de restar tensión a la situación.
  • Sonrisa coqueta. Es una sonrisa que tiene algo de insinuante y, por lo mismo, de enigmática. Casi siempre los ojos se entrecierran ligeramente, mostrando una expresión de picardía. Los conocedores señalan que la Gioconda es un perfecto ejemplo de esta sonrisa.
Las sonrisas agresivas

Dentro de los tipos de sonrisa que descubrió Duchenne de Boulogne también están aquellas que en realidad tienen un significado completamente opuesto a la esencia del sonreír. Son expresiones de rechazo, menosprecio o hasta de crueldad con los otros. Dentro de este tipo de sonrisas encontramos:

  • Sonrisa maliciosa. Es la que surge cuando nos alegramos del mal ajeno, de forma expresa. Se le muestra al otro de manera evidente que su desgracia nos genera felicidad. Es la típica sonrisa de los villanos.
  • Sonrisa de desprecio. En este caso, la sonrisa está, pero el resto de la cara muestra enojo. Tiene lugar cuando, por ejemplo, sentimos que alguien nos ha ridiculizado y los demás ríen.
  • Sonrisa calificativa. Es aquella que intenta hacer más agradable algo que evidentemente es desagradable. Como aquella del vendedor que te dice: “Se agotó la promoción”.
También existe, claro está la “sonrisa Duchenne”, que es la más genuina y la que más corresponde al sentido esencial de una sonrisa. Se caracteriza porque no solo ríen los labios, sino todo el rostro, especialmente los ojos. Es la más auténtica y también la más poderosa.

viernes, 19 de julio de 2019

¿Cómo puedo conectar mejor con las personas?

La conexión humana no requiere magia ni trucos, requiere honestidad y la capacidad de darnos al otro desde la sencillez, desde el equilibrio emocional y esa empatía humilde que mira al otro con interés para leer necesidades y virtudes.

¿Qué necesitamos para conectar mejor con las personas? ¿Qué debemos hacer para crear impacto, emocionar y dejar esa huella indeleble con la que construir relaciones duraderas? En algún momento de nuestra vida todos hemos deseado descifrar ese misterio que erige las relaciones humanas, ese enigma que configura la psicología de la conexión y que tanto nos fascina.

Ahora bien, es posible que nos preguntemos qué significa realmente eso de ‘conectar’, porque si buscamos en el diccionario dicho término nos encontraremos definiciones como: «poner en contacto dos cosas (aparatos, sistemas) para que entre ellas se genere una reacción o algún tipo de comunicación». Queda claro sin duda que las personas no somos máquinas pero curiosamente, nuestro cerebro sí presenta una actividad eléctrica.

El ser humano conecta a través de la emoción. Cada uno de nosotros, como diría Carl Jung, reaccionamos y nos transformamos cuando conectamos con ciertas personas que nos son estimulantes. Nuestras relaciones son por tanto el resultado de un fascinante mecanismo de reacciones químicas y eléctricas que nos ayudan a crear vínculos.

El ser humano necesita de estas conexiones no solo para compartir espacios, intereses u objetivos. Hay una necesidad inherente por socializar, por hallar figuras de referencia que nos aporten su amistad, su afecto, su apoyo incondicional. Abraham Maslow situó de hecho las necesidades de afiliación en ese tercer escalón de su pirámide, reflejando así su importancia, su trascendencia hacia nuestra autorealización.

Claves efectivas para conectar mejor con las personas

A veces, iniciamos una conversación con alguien buscando caer bien, esperando crear una conexión positiva que nos permita crear un lazo de confianza y afinidad. Lo hacemos cuando por ejemplo, nos atrae alguien. Sin embargo, también buscamos este fin para hacer amigos o incluso para ganar clientes a nivel laboral o para construir buenas alianzas con compañeros de trabajo a nivel de empresa.

A la mayoría de nosotros nos gustaría sin duda dominar a la perfección esas para conectar con las personas de manera efectiva. Bien es cierto que en ocasiones esa conexión fluye sola y de manera espontánea. Sin embargo, esa magia sutil no siempre surge por sí sola.

En ocasiones, somos nosotros quienes debemos facilitarla para romper el hielo, para trazar con adecuadas habilidades sociales, esa chispa que enciende en engranaje de las relaciones. Reflexionemos por tanto en esas estrategias que podrían ayudarnos. Son las siguientes.

Calma interna y apertura

Sabemos que nuestro cerebro tiene una necesidad innata por conectarse socialmente con quien nos rodea. Estudios como el llevado a cabo por el doctor Michael Lieberman, de la Universidad de Nueva York, por ejemplo, nos revelan que la sensación de dolor que experimenta el cerebro al percibir la soledad puede ser incluso más intenso que la vivencia de un golpe o una herida.

Necesitamos por interaccionar y relacionarnos con nuestro entorno para dar forma a lazos significativos, pero ¿cómo lograrlos? Un primer paso es entender algo muy sencillo. En ocasiones, focalizamos toda nuestra atención en caer bien o causar una buena impresión, olvidándonos primero de nuestro estado emocional interno.

Si estamos nerviosos o sentimos ansiedad, proyectaremos eso mismo a la persona que tenemos en frente. Lo ideal es partir de un estado de calma y seguridad interna. Solo cuando estamos bien con nosotros mismos, podemos abrirnos a los demás para dar lo mejor, para cautivar y conectar.

Interés genuino y autenticidad

Otra clave para conectar mejor con las personas es ser capaces de mostrar un interés genuino por quien está en frente. Más allá de lo que podamos pensar, no es nada fácil aplicar esta artesanía social. Hay quien fuerza en exceso y acaba derivando en la falsedad, en el postureo o en esa conducta que crea más distancia que cercanía.

Debemos ser auténticos, sinceros, humildes y por encima de todo, empáticos. La persona genuina hace uso de la sonrisa, de una comunicación relajada, respeta las distancias, escucha y se interesa por lo que oye para responder en consecuencia. Recordemos que la conexión humana solo funcionará si hay honestidad.

Confianza y pequeñas confidencias

Una estrategia idónea para conectar mejor con las personas es ser capaces de establecer un escenario donde habite la confianza. Un modo de lograrlo es haciendo uso de una técnica muy conocida por los grandes oradores. Se trata simplemente, de revelar una confidencia. No es necesario ni conveniente que pongamos en voz alta una intimidad, se trata de confiarle al otro algo de nosotros mismos que despierte la empatía ajena.

Un ejemplo de ello serían frases ‘te voy a decir un secreto, la verdad es que estoy muy nervioso’, ‘pues déjame decirte que a mí me pasó algo muy curioso hace unos días…’, ‘no te lo vas a creer pero a mí de niño me pasaba que…»

Para concluir, no hay un secreto infalible con el cual conectar mejor con las personas. Se trata solo de hacer uso de un amplio abanico de estrategias que ir creando cercanía y bienestar para que el diálogo fluya.

Lo más importante de todo, es partir de ese bienestar interno donde no haya ansiedad, donde la inseguridad sea mínima y donde nos limitemos simplemente, a disfrutar de la interacción social. Es más fácil de lo que podamos pensar.


jueves, 18 de julio de 2019

Cómo resolver conflictos en el trabajo de forma eficaz

En todo entorno laboral pueden surgir conflictos, pero ¿sabemos resolverlos de forma eficaz? Hoy descubriremos algunas claves para conseguirlo.

El trabajo es una parte importante de nuestra vida, pues le dedicamos unas ocho horas diarias de media, aunque hay personas que la superan. Este tiempo que pasamos llevando a cabo nuestras responsabilidades suele desencadenar, a veces, en diferencias con nuestros compañeros o superiores. Cuando esto sucede, ¿de qué manera podríamos resolver conflictos en el trabajo de una forma más eficaz?

Resolver conflictos en el trabajo no es nada sencillo. Como bien señala el artículo Estrategias de manejo de conflicto en clave emocional, «el conflicto es un proceso básico e inevitable que caracteriza la dinámica interna de las relaciones humanas«.

Sin embargo, en el momento en el que surgen puede que digamos palabras que no queremos, que las emociones nos desborden y que, al final, la situación termine en un verdadero desastre. Afortunadamente, existen formas de salir de esto y gestionar las diferencias de una mejor manera.

Gestionar eficazmente las emociones

Está claro que gestionar eficazmente nuestras emociones es difícil. Nadie nos educa para hacerlo y poder, en el momento en el que surja un conflicto, salir reforzados en lugar de destrozados. Porque, si analizamos los conflictos desde una perspectiva externa, nos daremos cuenta de que su desarrollo (positivo o no) tiene que ver más con cómo nos sentimos que por cómo se está desarrollando la situación.

Pensemos en dos circunstancias concretas que hayamos experimentado en diferentes momentos de nuestra vida. En una de ellas actuamos de una manera más tranquila y, en la otra, más exaltados. La forma en la que se desarrolló la situación tuvo más que ver con cómo nos sentíamos en ese momento que con la circunstancia en sí. Una discusión con nuestra pareja o un contratiempo de última hora puede hacer que las emociones que sentimos interfieran en el momento en el que un conflicto laboral aparece.

Para ello, trabajos como el de Hendrie Weisinger, La inteligencia emocional en el trabajo, nos advierten de los beneficios de gestionar de manera inteligente las emociones para resolver conflictos en el trabajo. Esto favorecerá un mayor entendimiento sobre lo que sentimos, nos ayudará a empatizar con nuestros compañeros, a expresar nuestras emociones de manera asertiva y, lo más importante, regularlas.

Buscar la negociación, clave para resolver conflictos en el trabajo

Cuando surge un conflicto en el trabajo este puede estar relacionado con nuestros compañeros. Por ejemplo, estamos haciendo muchas más horas que ellos o asumiendo responsabilidades que no están siendo remuneradas de la manera que consideramos pertinente. Sin embargo, también puede darse con nuestros superiores como un supervisor, el jefe de nuestra sección o el jefe.

En todos estos casos los conflictos en el trabajo están surgiendo como consecuencia de una diferencia de intereses. Para resolverlos de nada sirve enemistarnos con los compañeros o el jefe. Lo mejor es comunicar de una manera efectiva lo que sentimos y utilizar la empatía, dos elementos fundamentales para conseguir un beneficio mutuo.

Además, tenemos que estar abiertos a ceder en determinadas cuestiones e incidir en otras. No vamos a poder conseguir todo lo que queremos en estas negociaciones, ya que las decisiones, a veces, se toman de manera unilateral. Por eso, hay que aprovechar lo máximo posible los acuerdos a los que podamos llegar con la otra persona.

Evitar el «discutir por discutir»

Si atendemos a todo lo anterior, es importante evitar lo que se conoce por «discutir por discutir». En ocasiones, si analizamos la situación con la perspectiva adecuada no es necesario llegar a esto. De hecho, esto tan solo nos llevará a entrar en un bucle donde señalamos los defectos de la otra persona sin llegar a lo que interesa, a un acuerdo que beneficie a todos.

Con estas tres claves, se pueden resolver conflictos en el trabajo de forma eficaz. Pero, aunque es sencillo entenderlo, lo importante es ponerlo en práctica pues es en esos momentos en los que surgen los problemas cuando las emociones nos embargan y podemos olvidarnos de estos tres elementos.

miércoles, 17 de julio de 2019

Higiene mental: estrategias para sanear la psique

Mantener una mente positiva y desprendernos de ideas limitadoras es bueno para nuestro bienestar.

La higiene mental es un concepto utilizado para referirnos al conjunto de hábitos y estrategias gracias a las cuales nuestra mente está en armonía con el entorno en el que vivimos y las personas con las que nos relacionamos.

Así pues, tenemos higiene mental no ya cuando nuestro cerebro está "sano", sino cuando lo que hacemos y decimos encaja bien con la vida que queremos estar experimentando en un contexto determinado. Este fenómeno está relacionado con una autoestima alta, un autoconcepto adecuado y una manera de ver la vida que se aleja del estancamiento emocional y las creencias limitadoras.

La higiene mental y la importancia del contexto

A menudo pensamos en el bienestar psicológico como algo que depende enteramente del individuo. Es decir, algo que nace desde dentro de uno mismo de manera espontánea (o a través de la fuerza de voluntad) y que llega a recubrir por completo la experiencia vital de la persona en cualquier situación posible.

La idea de higiene mental, sin embargo, parte de una concepción más completa del bienestar psicológico y la calidad de vida, ya que se basa en la presuposición de que los seres humanos somos bio-psico-sociales. 

Esto significa que, al igual que somos capaces de cambiar el entorno en el que vivimos, la interacción de nuestro cuerpo con el entorno también nos transforma. Así, el bienestar mental no es una calle en una única dirección, sino que tiene dos: lo que elegimos hacer y aquello que el contexto en el que vivimos nos devuelve.

En resumidas cuentas, la higiene mental consiste en un equilibrio emocional y cognitivo entre nuestras expectativas y lo que nos pasa en el aquí y el ahora. Por consiguiente, es muy aplicable a la hora de hablar de calidad de vida de forma holística.

Claves para aplicar la higiene mental

A continuación puedes encontrar una serie de consejos generales para poder tener higiene mental y disfrutar de sus beneficios. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que cada persona es un mundo y debes reflexionar acerca de cuál puede ser la mejor manera de aplicarlos a tu vida.

1. Cuestiónate tus expectativas

En ocasiones, buena parte del dolor emocional que nos produce nuestra vida viene de la existencia de unas expectativas poco razonables. Por eso es bueno preguntarse de dónde han llegado esas expectativas: ¿son fruto de la publicidad y del marketing? ¿Nos estamos comparando con personas a las que apenas conocemos y que fácilmente pueden ofrecer su mejor versión?

2. Despréndete de los imposibles

Otra clave para aplicar la higiene mental es reflexionar acerca de qué objetivos son, por definición, inalcanzables. Eso nos permitirá, en primer lugar, desprendernos de estas metas con mayor facilidad y, en segundo lugar, dirigir nuestra atención a objetivos estimulantes y realistas que estamos dejando escapar y que nos podrían ayudar a emprender una senda de desarrollo personal.

3. Cuida de tus relaciones

Párate a pensar sobre tus relaciones y si estas son simétricas o no. ¿Pasas mucho tiempo dedicando tiempo y esfuerzos a mantenerte cerca de gente que no te corresponde? ¿Deja pasar la oportunidad de estrechar lazos afectivos con gente para la que eres muy importante? La amistad y el afecto no es una mercancía, pero merece la pena cultivarlas para el bien mutuo.

4. Piensa sobre tus necesidades básicas

Es difícil sentirse bien psicológicamente si las necesidades básicas no están cubiertas. Es por eso que para aplicar la higiene mental es necesario tener garantizada una buena alimentación, un hogar y las suficientes horas de sueño.

Este último factor, que muchas veces es ignorado, es fundamental para que nuestro cuerpo se repare (incluyendo nuestro cerebro, responsable de nuestra vida mental) y, por lo que respecta a la dieta, es importante tener claro que comer mucho no equivale a disponer de todos los materiales que nuestro organismo necesita para funcionar bien.

5. Practica la resiliencia

La resiliencia es la capacidad de afrontar situaciones de crisis que pueden poner en riesgo nuestra felicidad, como la muerte de un amigo o un despido. Practicarla implica aprender a distanciarnos de la lectura pesimista de la realidad que puede llegarnos de la mano de esas situaciones y ver nuestro presente y nuestro futuro con mayor perspectiva. Esta será una poderosa estrategia que alimentará nuestra higiene mental.

6. Márcate objetivos concretos

No hay nada que active tanto nuestra ente como una serie de objetivos que tengan un significado para nosotros. Marcarse metas bien delimitadas nos permitirá mantenernos activos a la vez que ejercitamos nuestro ingenio y nuestra gestión de las emociones para que, trabajando de manera coordinada, nos permitan llegar a donde queramos.

Además, el hecho de marcarse unos días límite ayuda a combatir la procrastinación (o el síndrome de "ya lo haré mañana").

7. Practica la atención plena

Gestionar los descansos y los momentos de relajación es imprescindible para aplicar la higiene mental; no podemos estar siempre dándole vueltas a lo mismo o realizando las mismas actividades frenéticas. Descansar del trabajo y de las responsabilidades nos permitirá liberar nuestra mente y romper con los pensamientos en bucle.

Esto puede ser conseguido mediante la meditación o el Mindfulness. Y, si realizamos esto en ambientes muy calmados y naturales que no contengan referencias a nuestras obligaciones, mucho mejor.