jueves, 31 de octubre de 2019

¿Por qué olvidamos algunos de nuestros sueños?

Gran parte de nosotros olvidamos los sueños poco después de despertar. Nos quedan las sensaciones y alguna imagen suelta que acaba desvaneciéndose también. ¿Por qué ocurre? ¿Por qué nuestro cerebro no nos permite recordar esos universos oníricos?

Pasamos buena parte de nuestra vida durmiendo, inmersos en ese sugerente universo onírico; por otro lado, buena parte del material que producimos entonces queda olvidado. ¿Por qué ocurre? No importa que esas experiencias sean increíblemente intensas y casi vívidas, al poco de despertar, se nos escapa cada imagen, cada fragmento y recuerdo como el humo sometido a una corriente de aire.

Lo más llamativo de todo es que, durante un breve instante de tiempo, tenemos la sensación de que, si nos esforzáramos un poco más, podríamos recuperar ese recuerdo. Ahora bien, de nada sirve concentrarnos, porque con lo único que nos quedamos a menudo es con la impronta emocional del propio sueño o, en su caso, la pesadilla.

Decía William Shakespeare que las personas estamos hechas del mismo material que se tejen los sueños. Es cierto, tras esa poética imagen se halla una verdad innegable. El acto de soñar combina una sugerente combinación de procesos mentales donde se incluyen nuestros recuerdos, experiencias vividas y a su vez, unas cuantas pinceladas de creatividad, de surrealismo y fantasía. El ser humano también cuenta con esos fabulosos ingredientes.

No obstante, cómo negarlo. Nos encantaría poder recordar cada sueño y la razón de ello se encuentra en la clásica creencia de que al desgranar cada imagen, palabra, sensación y hechos acaecidos en ese tejido onírico, podríamos quizá, conocernos un poco mejor.

¿Por qué olvidamos algunos de nuestros sueños? Dos teorías nos dan la respuesta

Hay quien tiene la curiosa virtud de recordar muchos de sus sueños. Son esas personas que no dudan en compartir con los demás dichas experiencias, intentando, como es habitual, buscar simbolismos e interesantes interpretaciones. Otros, en cambio, rara vez recuerdan algo de su universo onírico; son esos que no dudan en exclamar aquello de «está claro que yo no sueño».

Sin embargo, debemos tenerlo claro: todos soñamos, soñar no solo nos permite favorecer ese descanso profundo y reparador esencial para nuestra salud. Es más, el cerebro necesita de dicho proceso para asentar aprendizajes, eliminar datos que no nos sirven y llevar a cabo tareas metabólicas para su correcto equilibrio. Es decir, realizar una especie de tarea de poda.

Así, como suelen decirnos los expertos, si vivimos 90 años pasaremos unos 30 durmiendo, 22 sumidos en un sueño profundo y 7 soñando. De esos siete años, sin embargo, apenas recordaremos nada. Entonces, ¿por qué dedicar tiempo a algo que resulta tan poco productivo en contenido?

El hipocampo no presta atención a tus sueños

Cuando nos dormimos, no todas las regiones cerebrales se «desconectan». Sabemos que hay áreas increíblemente activas y, una de ellas, una que tarda bastante en reducir su actividad para descansar, es el hipocampo. Esta área se relaciona con nuestra memoria y es la encargada de llevar a cabo tareas cruciales mientras dormimos.

Lo que hace, básicamente, es pasar la información relevante almacenada en la memoria a corto plazo al área de la memoria a largo plazo. El hipocampo está, por así decirlo, «concentrado» en unas tareas muy concretas. Esas labores le impiden estar atento a nuestro mundo onírico; de hecho, no lo ve como algo importante. Su trabajo en esos momentos se basa en consolidar aprendizajes y recuerdos.

Lo que sucede en nuestros sueños no le interesa demasiado. Esto es al menos lo que nos señalan diversos estudios como el realizado por Thomas Andrillon, neurocientífico de la Universidad de Monash en Melbourne, Australia. Así, tal y como puede verse en las resonancias magnéticas, el hipocampo envía información a la corteza, pero él, por su parte, no recibe ninguna.

A veces, puede recoger y guardar algo, alguna imagen, sensación o breve escena. Esa probabilidad aumenta en caso de que nos despertemos después del sueño. En dichas situaciones, ha quedado demostrado que el recuerdo de esa experiencia onírica dura apenas un minuto o dos. Al poco, volvemos a olvidarlo.

Niveles bajos de acetilcolina y la noradrenalina

Hay una segunda razón por la cual olvidamos algunos de nuestros sueños. Esa teoría (y complementaria a la anterior) se centra en dos neurotransmisores muy concretos: la acetilcolina y la adrenalina. Algo interesante que debemos saber es que, cuando nos quedamos dormidos, estas dos sustancias bajan sus niveles de manera drástica en nuestro cerebro.

Ese fenómeno se traduce en una menor capacidad para asentar recuerdos. No obstante, aún hay más. Se ha podido demostrar que cuando entramos en la fase REM, momento en que cruzamos el umbral de los sueños para sumergirnos en su reino, la acetilcolina se eleva repentinamente, pero no así la adrenalina. Por tanto, para que pudiéramos recordar lo que se sucede en ese tejido onírico, deberíamos tener unos niveles altos de ambos neurotransmisores. No vale con tenerlos de uno solo.

¿Por qué olvidamos algunos de nuestros sueños y otros, en cambio, sí los recordamos?

Sabemos ya que existen dos factores por los que olvidamos algunos de nuestros sueños. El hipocampo y neurotransmisores, como la adrenalina y la acetilcolina, dificultan que podamos asentar recuerdos mientras dormimos. Ahora bien, expertos en el tema, como el investigador del sueño Ernest Hartmann, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, señalan que hay otra razón más que favorece el olvido.

El cerebro no considera los sueños como algo trascendente. No les ve utilidad alguna. Ahora bien, cuando sí los recordamos es por una razón muy llamativa: porque tienen un componente emocional. Cuanto más intenso sea, y cuanto más coherente sea su narrativa, tendremos más probabilidades de recordarlo.

Para concluir, los sueños siguen siendo ese enigma que tanto nos ha atraído siempre. Tanto Freud como Carl Jung, los consideraban indispensables para conocer mejor al ser humano. Sin embargo, el propio cerebro los deshecha e impide que los recordemos; para él, curiosamente, no son tan relevantes como lo pueden ser para nosotros.

miércoles, 30 de octubre de 2019

El gran reto de desconectar en la era de las nuevas tecnologías

Con todas las cosas positivas que las nuevas tecnologías han traído consigo, y especialmente el poder conectar a las personas entre sí, si el uso que se hace de ellas es abusivo pueden resultar perjudiciales, y es entonces cuando es necesario saber cuándo y cómo desconectar de ellas.

¿Podemos realmente desconectar con los teléfonos u ordenadores cerca? ¿Somos capaces de poner en modo avión nuestro tiempo y apartarnos de las nuevas tecnologías? ¿Es sano estar el 100% de nuestro tiempo disponible para todo aquel que pueda solicitarlo? Como con casi todo lo que nos rodea, en su justa medida, las nuevas tecnologías son una innovación que nos ofrecen un mundo de posibilidades, pero, ¿qué sucede cuando cruzamos la línea?

En la actualidad, estar siempre disponible a un solo clic -ya sea por email, redes sociales o una llamada- se considera como un rasgo distintivo de una persona solidaria, trabajadora, generosa o incluso de una pareja ideal. Lo cierto es que aunque estar ahí para los demás es importante, no podemos olvidarnos de nosotros.

La vida a través de las pantallas no siempre es lo mismo que la vida real; es un teatro, un escenario artificial y, por ello, saber cuándo desconectar y llevarlo a cabo es lo que nos puede permitir distinguir entre una y otra.

Todos tenemos derecho a nuestro tiempo, a nuestra vida y a nuestra intimidad. Merecemos por ello más de un momento fuera de línea, fuera de red… Merecemos desconectar, cerrar los ojos y respirar.

¿Qué pasa entonces si desconectamos?

Para algunas personas es negativo que no estemos disponibles todo el tiempo, pero que no lo comprendan no implica que sea así. No podemos estar cada segundo pendientes del teléfono, el email o cualquier red social.

La realidad de las cosas puede ser diferente a la realidad que se nos muestra en el mundo digital: no es más feliz quien más publica, no viaja más quien más fotos sube a la nube, ni tampoco es mejor quien responde al instante.

Una manera sana de acercarse a las nuevas tecnologías es utilizarlas para el provecho personal y no al revés. No nos convirtamos en esclavos de su uso. Cada uno de nosotros es libre para decidir cuándo y cómo utilizarlas, para elegir qué publicar y en qué momento, pero sobre todo para contestar cualquier mensaje. Además, cualquier persona que nos aprecie, también valorará nuestra vida privada y nuestro tiempo libre.

Internet y en general la nueva era tecnológica nos ofrecen la posibilidad de responsabilizarnos del uso que hacemos de las tecnologías y de cómo educamos a los más pequeños a través del ejemplo. El problema es que todas las posibilidades que nos acercan a los demás pueden también atraparnos y esclavizarnos al mundo digital.

Nuevas tecnologías, nuevas formas de vida

En muchas ocasiones, las nuevas tecnologías suponen una nueva forma de relacionarse e incluso de vivir la vida. Ahora bien, a esta realidad, no nos queda más remedio que adaptarnos.

Por ejemplo, si queremos alejar a alguien de nuestras vidas, tenemos posiblemente que bloquear a esa persona en redes sociales, borrar su número, restringir sus llamadas, etc. Igual que si queremos conocer a alguien nuevo: estamos a un clic sobre su nombre de saber mucho, quizá más de lo que la persona querría.

Así, es nuestra obligación saber hasta dónde queremos llegar con las redes, hasta dónde podemos dar información y hasta cuándo queremos compartir nuestro tiempo. Una vez que tengamos esto claro, estaremos preparados para hacer un uso sano de las nuevas tecnologías, sin dejar que nos invadan y se hagan dueñas de nosotros.

A veces, parece mentira que antes se pudiese vivir sin teléfono o que se esperasen semanas hasta recibir una carta de alguien lejano.

Ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de quienes están más lejos conectándonos al instante, de tener toda la información que deseemos a un solo clic; pero aun con todo, el tiempo empleado en el mundo virtual no es comparable al que dediquemos a una mirada, un abrazo, una conversación o, en definitiva, al contacto real.

Las nuevas tecnologías pueden ser un arma de doble filo; en tu mano está decidir cuándo apagar y salir a vivir. ¿Te atreves a desconectar?

martes, 29 de octubre de 2019

¿Qué es la brecha digital?

La brecha digital, igual que otras diferencias, es un punto de partida para la desigualad en otras áreas, como puede ser la laboral. Pero, ¿qué genera esta brecha y cuáles son sus consecuencias más inmediatas y concretas?

Desde finales del siglo XX hasta principios del siglo XXI hemos presenciado un avance tecnológico sin igual. Sin embargo, ¿hemos llegado todos a ello? Respondiendo a esta pregunta llegamos al concepto de “brecha digital”.

Kofi Annan, antiguo Secretario General de la ONU decía: “Las tecnologías de la información y la comunicación no son una fórmula mágica, pero pueden mejorar la vida de todos los habitantes del planeta”.

Esta brecha se refiere a la separación que existe entre las personas que usan las Tecnologías de información y comunicación (TIC) y las que no lo hacen. Bien porque no pueden, bien porque no saben. En el siguiente artículo analizaremos más en profundidad este concepto, así como los problemas que este conlleva y las posibles formas de solucionarlo.

¿Qué es la brecha digital?

Las innovaciones tecnológicas no se difunden de forma regular por el sistema. Es decir, no todas las empresas o individuos se convierten en usuarios y, menos, en usuarios avanzados. Así, las diferencias culturales y económicas en los países subdesarrollados hacen que solo un 10 % de la población tenga acceso a Internet, mientras que en los países industrializados la cifra es de un 58 %.

De este modo, nos damos cuenta de que la mayoría de la población tiene un desierto de conocimiento en este proceso que abre puertas a un mayor desarrollo y comodidad en todos nuestros aspectos de la vida cotidiana. Ya que, hoy en día, la tecnología se puede considerar como una herramienta clave para el desarrollo y el avance de nuestras vidas.

Las desigualdades se producen especialmente en:

  • El acceso a equipamientos. Esto es lo que se denomina como la primera brecha digital.
  • El desconocimiento de las que se encuentran a nuestro alcance. Lo que sería la segunda brecha digital.

La primera y la segunda brecha digital

La clave es comprender que la barrera más difícil no es la del acceso, sino la del uso. Esto se debe a que las innovaciones tecnológicas dependen del uso que se haga de ellas y de la forma en la que afecten a la vida de las personas. Por lo tanto, es crucial que cada individuo pueda utilizar las innovaciones en función de sus necesidades e intereses.

El acceso a Internet no es suficiente. Así, es la brecha del conocimiento de las “habilidades digitales” la que es necesaria para vivir y trabajar. Sobre todo, en sociedades caracterizadas por la creciente importancia de la información y el conocimiento.

Aquí, un punto que hemos de destacar son las diferencias de género en relación con las habilidades digitales. Mientras que la primera brecha digital tiene un claro componente generacional y educativo, la segunda brecha digital afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. Por lo tanto, la preocupación por las diferencias de género en el uso de ordenadores e Internet es creciente, además de ser un asunto difícil de resolver.

Problemas de la brecha digital

Desde la perspectiva social, si parte importante de la población no tiene acceso a partes de la tecnología consideradas cruciales, se pueden generar desigualdades económicas y sociales y reforzar otras previamente existentes.

Por otro lado, vemos que las nuevas tecnologías han creado dos polos con una clara incidencia en el mercado laboral: personas con fácil acceso a las tecnologías y los que tienen un acceso difícil, costoso o imposible. Esta fractura se puede dar entre países, pero también entre personas de un mismo país o ciudad.

De este modo, los países que no pueden aprovechar las ventas de las TIC pierden competitividad. Además, dentro de cada país, la diferencia entre quienes tiene acceso y los que no genera una nueva segmentación en el mercado laboral en el que los primeros tienen privilegios de entrada y elección del lugar de trabajo.

¿Existe una solución?

Verdaderamente, el avance cada vez mayor de la tecnología ha traído consigo numerosas ventajas. Entre ellas, es posible destacar las siguientes:

  • Dan la posibilidad de comunicarse con cualquier rincón del mundo de manera rápida y sencilla.
  • Son una herramienta idónea para poder formarse.
  • Son una fuente inagotable de entretenimiento.
Por ello, el Estado, a través de políticas públicas ha de trabajar para eliminar la brecha digital y democratizar el acceso y el uso de las TIC.

Una reducción de la brecha digital implica una reducción en las desigualdades en general, lo que permite que más gente tenga la posibilidad de aprender y de encontrar mejores empleos.

lunes, 28 de octubre de 2019

Bienvenidos al futuro: la computación cuántica

Entender el mundo microscópico nos permite -y sobre todo permitirá- diseñar tecnologías que serán capaces de producir avances cualitativos en el tratamiento de la información. Por otro lado, esta revolución traerá también nuevos desafíos en cuanto a seguridad.

La transformación tecnológica ha dado lugar a un mundo que se mueve a gran velocidad. Un mundo en el que la alfabetización digital ya se entiende como un área necesaria para abordar las brechas de desarrollo económico y social. En resumen, vivimos en una sociedad en la que los avances tecnológicos son clave para el progreso.

Hoy en día, prácticamente todo lo que realiza un ordenador está basado en el sistema binario, es decir, series de ceros y unos. Sin embargo, estos dígitos no pueden ser combinados para almacenar información o procesarla.

Con base en esta idea, muchos científicos llevan tiempo intentando dar el próximo salto: la computación cuántica. Se dice que en los próximos años pasaremos de vivir en la era digital a vivir en la era cuántica, una ola tecnológica capaz de transformar todos los modelos existentes.

En este artículo, analizaremos qué es este concepto y las ventajas que tendría esta tecnología de gran potencial disruptivo que pondría fin a la era tecnológica.

Conceptos básicos para entender el concepto

A lo largo de la historia, el ser humano ha estudiado el funcionamiento de la naturaleza a través de la ciencia, desarrollando así nuevas tecnologías. A principios del siglo XX, el estudio de determinados fenómenos físicos dio lugar a la creación de la mecánica cuántica, que explica el funcionamiento del mundo microscópico.

Gracias a estos avances, se descubrió que el mundo microscópico funciona de forma contra intuitiva. Es decir, se trata de un mundo en el que se dan sucesos completamente distintos a aquellos que ocurren en el mundo macroscópico. De estos sucesos destacamos:

  • La superposición cuántica. Proceso que describe cómo una partícula tiene la capacidad de encontrarse en varios estados al mismo tiempo.
  • El entrelazamiento cuántico. Dos partículas separadas pueden estar relacionadas de manera que, al interactuar, la otra se entera.
  • El teletransporte cuántico. Utiliza el entrelazamiento cuántico para poder enviar información de un lugar a otro, sin necesidad de desplazarse.
Las tecnologías cuánticas estarían basadas en estos principios cuánticos que presenta la naturaleza subatómica. De este modo, el entendimiento del mundo microscópico nos permite diseñar tecnologías que serán capaces de mejorar la vida de las personas.


¿Qué es la computación cuántica?

Como ya hemos mencionado, la computación clásica funciona en lenguaje binario. Cada vez que interactuamos con un dispositivo se crean, modifican o destruyen cadenas de ceros y unos dentro de la computadora: los bits.

La computación cuántica usa como unidad fundamental de información el qubit. Los qubits, a diferencia de los bits, pueden estar en cualquiera de los estados infinitos intermedios entre el 0 y el 1. Este fenómeno se conoce como superposición cuántica.

Así, hemos de destacar que este cambio de sistema no haría que las computadoras cuánticas hiciesen lo mismo que las actuales, pero más rápido, sino que estos algoritmos permiten realizar operaciones de forma totalmente diferente. Por ejemplo, un computador cuántico podría romper toda la criptografía utilizada hoy en día.

¿Por qué es importante la computación cuántica?

Hay ya algunas tecnologías que utilizan fenómenos cuánticos, como el láser o las imágenes por resonancia magnética. Mayores avances en esta tecnología tendrán una influencia transversal en prácticamente todos los sectores. Por ejemplo, la computación cuántica amenazará la autenticación, intercambio y el almacenamiento seguro de los datos, teniendo un impacto muy relevante en la ciberseguridad o el blockchain.

Sin embargo, también se podría impulsar la inteligencia artificial, proporcionar un mayor secreto en las comunicaciones militares o permitir a los submarinos navegar sin depender de las señales de los satélites. La industria química podría utilizar esta tecnología para el diseño de nuevos fármacos y materiales, igual que para simular reacciones de componentes físicos. El sector logístico podría mejorar la distribución de mercancías.

Así, si la promesa de los computadores cuánticos se materializa, seremos la primera generación en experimentar un salto inaudito en la capacidad de cálculo. Por ahora, hay una gran inversión en los laboratorios.

A nivel gubernamental existe mucho interés; en 2017, Estados Unidos invirtió 241 millones de dólares en computación cuántica y China y Europa han impulsado iniciativas que rondan los 1.100 millones de dólares. Es un sector tecnológico en el que todas las potencias desean estar bien situadas.

No obstante, los ordenadores cuánticos aun siguen siendo difíciles de construir, alojar y programar. A pesar de que en el mercado hay varios modelos de ordenadores cuánticos, aún no se ha desarrollado ninguno que supere a los ordenadores clásicos. De este modo, todavía se sigue luchando por conseguir la “ventaja cuántica”.

domingo, 27 de octubre de 2019

¿Qué son las relaciones verticales y horizontales?

Las relaciones verticales y horizontales son necesarias en determinadas etapas de nuestra vida. Sin embargo, lo natural y recomendable es que empecemos a trasformar las primeras en la segundas, de manera que, a través de la reciprocidad, adquiramos un mayor control de las mismas.

Las relaciones verticales y horizontales dan lugar a nuestro círculo de apoyo social, al mismo tiempo que nos hace formar parte de el de los demás. Conocerlas un poco más puede ayudarnos a responder a algunas preguntas como: ¿por qué no soy feliz con mi pareja o por qué mis padres me tratan como si estuviese aún en la infancia?

Para hablar de las relaciones verticales y horizontales, tomaremos como referencia el artículo del psicólogo experto Arun Mansukhani, Dependencias interpersonales: las vinculaciones patológicas. Conceptualización, diagnóstico y tratamiento. De esta manera, comprenderemos cómo este tipo de relaciones y entenderemos mejor el concepto de la dependencia emocional.

Relaciones verticales (de arriba abajo)

Arun Mansukhani define así a las relaciones verticales que se llevan a cabo de arriba abajo. Estas surgen desde que nacemos con nuestros progenitores. Ellos están por encima de nosotros y es una relación de dependencia, algo completamente normal, pues necesitamos las relaciones verticales para sobrevivir cuando somos pequeños.

Sin embargo, como bien señala Arun en su artículo sobre las relaciones, existen personas que una vez pasada esta etapa, intentan «[…] convertirlas todas en verticales». Esto es un gran error, ya que cuando somos adultos no hay necesidad de que nadie esté arriba y otra persona abajo. Cuando esto sucede hay dominación, sumisión, dependencia patológica y es un problema.

Buscar en una relación a alguien a quien cuidar o a quien dominar no es más que un reflejo de que se está intentando continuar creando relaciones verticales.

Relaciones horizontales (de igual a igual)

Las relaciones horizontales se diferencian de las verticales en que en estas se dan de igual a igual. Son el tipo de relaciones ideales que construimos a medida que vamos creciendo. En ocasiones, incluso podemos ver el conflicto que surge cuando pasamos de un modelo de relación vertical a uno horizontal, algo que suele ocurrir durante la adolescencia.

En la adolescencia, los progenitores sufren una especie de rechazo ante las demandas de sus hijos por tener más libertad e independencia. Están empezando a cambiar su comportamiento en el mundo social. Quieren tener más control sobre él y para ello empiezan practicar al reciprocidad. Empiezan a dejar de necesitar, para empezar a ser necesitados.

Cuando, volvemos a la anterior, las personas quieren convertir o mantener relaciones verticales, que tendrían que ser horizontales, lo que hacen es manipular, someter, minar la autoestima de la otra persona, etc. En el ámbito familiar, esto sucede tanto con padres como madres tóxicas.

En el caso de que no haya quedado claro las relaciones verticales y horizontales, dejamos aquí una interesante conferencia que Arun Mansukhani dio sobre el tema en TEDx. Consideramos que es muy esclarecedora y que aporta mucha luz sobre estos conceptos.

La dependencia en las relaciones

Un concepto fundamental en las relaciones verticales y horizontales es la dependencia. Pues, aunque creamos que en estas últimas este término no tiene cabida, nos equivocamos. En una entrevista que la Asociación de Sexualidad Educativa le hizo a Arun Mansukhani, este hizo hincapié en que no toda dependencia es negativa.

Como seres sociales, de alguna manera dependemos de nuestra pareja, amigos y familia. No obstante, este tipo de dependencia no debe llegar a niveles patológicos, como puede ser la que está relacionada con la sumisión. De hecho, el extremo contrario es la independencia absoluta (un rasgo propio de las personas evitativas).

Para que la dependencia pueda considerarse sana, tiene que haber reciprocidad dentro de la relación.

Arun Mansukhani expone que para poder tener relaciones sanas «[…] ambas personas deben gozar de buenos niveles de intimidad por un lado y de autonomía por otro». Si estos dos elementos no están presentes, es posible que no sea una relación saludable o que esté en camino de convertirse en tóxica.

Con todo, cabe decir que en muchos casos existe un predominio de las relaciones verticales durante la edad adulta, siendo este el origen de varios problemas. Aunque la dependencia patológica suele estar más presente en la pareja, existe también entre amigos o con la familia (aunque no sea, a veces, tan evidente o frecuente).

Este hecho puede derivarse del modelo de relaciones que hayamos tenido en nuestro entorno o, incluso, de aquello que nos inculca nuestra propia cultura. No obstante, analizar nuestras relaciones puede permitirnos observar que tenemos una tendencia a hacerlas verticales. Cuando lo más sano, de manera especial a partir de la adolescencia, es que empiecen a adquirir peso las relaciones horizontales en las que gobierne la reciprocidad.

sábado, 26 de octubre de 2019

Qué es la economía del donut?

Kate Raworth argumenta que, aunque desde la Unión Europea se impulsan medidas para alcanzar un modelo económico sostenible, estas no dejan de ser “la vieja economía vestida con un traje nuevo”. Así, lo que ella propone es una revolución sincera y profunda, más allá de disfraces y cambios superficiales.

Hoy en día muchas empresas viven atrapadas entre dos personalidades entre las que les cuesta encontrar un punto medio: la personalidad financiera y la sostenible. Por otro lado, para muchos vivimos la economía con una forma de crecimiento ideal en la que la riqueza se mide a través del PIB, una línea ascendiente e infinita.

El objetivo de este artículo es el estudio de una propuesta que realiza Kate Raworth, investigadora de la Universidad de Oxford, en su libro titulado La economía del donut o Economía rosquilla.

Como estudiaremos a continuación, esta teoría critica la visión ciega de prosperidad como una situación de crecimiento infinito. Así, da espacio a la equidad y la sostenibilidad como presupuestos fundamentales. A continuación, desarrollamos esta idea, sus principales características y el modo en el que puede incidir en la sociedad.

El objetivo correcto: economía del donut

Kate Raworth plantea que el PIB se ha convertido en un objetivo en sí mismo y no en un indicador útil. Según la autora, el verdadero objetivo de la economía debería ser que las necesidades individuales y colectivas quedaran satisfechas, garantizando en el empeño la sostenibilidad medioambiental.

“Tenemos que pensar que vivimos en un sistema complejo y dinámico. Por eso hay que cambiar nuestra visión tradicional sobre los modelos económicos”, argumenta.

Así, el sistema que ella plantea permitiría a las economías y a las empresas enfrentarse tanto a los desafíos sociales como a los medioambientales.

¿Qué representa el donut?

Raworth utiliza la imagen de una rosquilla o donut como forma de representación gráfica de un modelo económico respetuoso con los derechos humanos y con el medioambiente. El donut es así definido como un “compás radicalmente nuevo para guiar a la humanidad en este siglo”, una figura que establece dos límites fundamentales.

El agujero del donut representa la carencia de bienes básicos que sufren muchas personas. Su cobertura debería convertirse en la prioridad económica: agua, alimento, salud, educación, renta y trabajo, paz y justicia, participación política, igualdad de género, etc. El “suelo” por debajo del cual ningún ser humano debería ser obligado a vivir y que es la columna vertebral de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El círculo exterior supone el límite que los propios recursos medioambientales establecen para la humanidad: reducción de la capa de ozono, cambio climático, acidificación de los océanos, etc. Nueve procesos en los que nos acercamos a puntos de no retorno de consecuencias imprevisibles: “los límites planetarios”.

Así, la economía aparece representada en una gráfica sencilla. Un dibujo acotado por límites que hay que respetar si se desea alcanzar un sistema económico sostenible, seguro y que pueda ser definido como justo.

La importancia de las empresas

La clave para resolver el conflicto actual de crecimiento infinito radica en el accionario de las empresas. Los mercados financieros siguen moviéndose en base al beneficio, un ideario en el que el impacto medioambiental y humano queda fuera de la ecuación o con un peso residual.

Raworth afirma que cualquier multinacional es consciente del impacto que tiene globalmente. Así, defiende que estas han de entender que su objetivo no ha de ser crecer indefinidamente, sino hacer las cosas mejor; cómo se puede realizar un trabajo más grato. De este modo, la adicción al crecimiento se presenta como uno de los obstáculos principales para el nacimiento de un sistema que sitúe a la redistribución y la regeneración en el centro.

Situación actual: relevancia de la economía del donut

La autora argumenta que, aunque desde la Unión Europea se impulsan medidas para llegar a un modelo económico sostenible, estas son “la vieja economía vestida con un traje nuevo”. Sostiene así que la verdadera economía se basa en la creación de productos reciclables y de código abierto.

Pero, ¿estamos llegando a una nueva narrativa? Aunque las ideas de esta economista pueden parecer demasiado revolucionarias y todavía no hay ningún país que haya logrado entrar en el círculo del donut, sí que se han empezado a dar pasos en esta dirección.

Por ejemplo, en Holanda este libro y su teoría llego a situarse en el centro de un debate parlamentario. Al mismo tiempo, Suecia ha aprobado una ley por la que se compromete a no emitir gases invernadero. Austria quiere abrazar la economía del reciclaje. Y en Nueva Zelanda el gobierno ha dicho que quiere un “país donut”.

Además, vemos que, aunque en las universidades se sigue enseñando predominantemente la teoría económica clásica, otras alternativas, como la ecológica, feminista o institucional, están empezando a encontrar su espacio.

viernes, 25 de octubre de 2019

Tres impostores que fascinaron en su época

La historia está llena de embusteros e impostores, que en muchas ocasiones crean identidades falsas sumamente creíbles. Algunos de ellos han llevado sus engaños a niveles insospechados. Estos son tres de esos impostores con vidas que parecen “increíbles”.

Los impostores siempre han generado una extraña fascinación en los demás. Suelen ser personas ingeniosas y hábiles, aunque con un evidente rasgo sociópata. Aun así, es tanta la influencia que llegan a tener sobre otros, que terminan haciendo que su propia fantasía se convierta en realidad para quienes les rodean.

Hay varios impostores que se han hecho famosos, bien sea por la perfección con la que han urdido sus engaños o bien por la magnitud de los mismos. Personas dotadas de una enorme imaginación, pero que suelen emplearla de una manera inadecuada. En ellos no solo hay interés por lograr un propósito concreto, sino que también sienten satisfacción engañando a otros.

En la vida diaria nos encontramos muchas veces con esos embusteros. Asumen sus imposturas para obtener beneficios específicos. El sociópata típico no se conforma con eso, sino que llega a construir unas ficciones dignas de una novela. Lo más llamativo es que consiguen que otros les crean. Para la muestra, estos tres impostores que hicieron historia.

1. La famosa princesa Caraboo

La princesa Caraboo fue uno de los casos de impostores más famosos en su época, al punto en que se escribieron varias piezas de teatro para recordarlo. La historia es la de una mujer que fue hallada en la calle, vistiendo ropas poco comunes y hablando en un idioma extraño, que nadie comprendía. La llevaron ante el magistrado de Gloucestershire (Inglaterra), Samuel Worrall.

Este y su esposa quedaron muy intrigados por el caso. Sin embargo, finalmente decidieron enviarla a un hospicio. La joven no comía y no dormía, por lo que hicieron que volviera a su casa, pues la intriga subsistía. La fama de la mujer creció y un día cualquiera llegó un marino portugués al lugar. Aseguró que conocía la lengua en la que hablaba la mujer.

Así, «tradujo» lo que decía. Era una princesa, venida de lejanas tierras orientales. Había sido secuestrada por un barco pirata y finalmente se había salvado nadando. Desde entonces se le dio un trato de noble a la “Princesa Caraboo”, hasta que una mujer la reconoció.

En realidad, era la hija de un zapatero y se llamaba Mary Wilicocks. La princesa Carraboo aclaró su identidad inexistente y los benefactores creyeron que lo mejor era enviarla a América, un lugar que ella quería conocer. Volvió a Europa tiempo después y logró volver a engañar a un par de incautos. Os dejamos el relato del gran Juan Antonio Cebrián, nadie como él para narrar esta historia, y sus compañeros de tertulia.

2. David Hampton, uno de los grandes impostores

Aparentemente todo comenzó cuando David Hampton robó la agenda de un estudiante universitario. En ella, aparecían varios contactos importantes que el estudiante tenía. Con esos datos, Hampton fue a Nueva York y se hizo pasar por el hijo del famoso actor Sidney Poitier.

A Hampton se le considera uno de los impostores más hábiles. Con la agenda, llegó a establecer contacto con celebridades del cine y logró que le dieran alojamiento y una vida de rey. Todos ellos pensaban que estaban ayudando al hijo de un estimado amigo.

Hampton no solo engaño a varias celebridades, como Mellanie Griffith, sino también al presidente del canal de televisión pública de Nueva York y a un decano de la Universidad de Columbia. Fue este último quien finalmente lo descubrió. La vida de Hampton inspiró la película Seis grados de separación.

3. Kaycee Nicole Swenson, un engaño masivo

Otro de los impostores más famosos fue el de Kaycee Nicole Swenson. El escenario esta vez fue Internet, un espacio que resulta más que apto para engañar a los incautos. Todo comenzó cuando una chica de 19 años comenzó a publicar un diario online. Padecía cáncer y quería compartir los pormenores de su lucha contra esa enfermedad.

Durante dos años estuvo en línea y en ese lapso logró conquistar seguidores de todo el mundo. La mayoría de ellos se mostraban muy conmovidos por la situación de la chica y la tomaron también como fuente de inspiración. Muchos la llamaron por teléfono y le enviaron regalos. También hubo quienes le declararon su amor.

Sin embargo, un día cualquiera solo apareció la imagen de una rosa en su página. Al lado había un letrero que decía “Gracias por el amor, la alegría, las risas y las lágrimas. Siempre los amaremos”. Kaycee había muerto y esto conmocionó a muchos de sus seguidores. Algunos de ellos, sin embargo, tenían dudas e investigaron.

Así descubrieron que Kaycee nunca había existido. Era un personaje creado por la mente de Debbie Swenson, un ama de casa de 40 años. Lo hizo, según ella, para probar lo falaz que era Internet. El FBI decidió no abrir cargos, pues ella nunca pidió dinero, aunque algunos seguidores sí se lo enviaron por iniciativa propia.

jueves, 24 de octubre de 2019

La autoconciencia, una mirada sabia hacia nuestro interior

La autoconciencia es la capacidad de mirar sabiamente hacia nuestro interior, una lectura cómplice de nuestras voluntades, nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestras inquietudes.

La autoconciencia como pilar de la inteligencia emocional nos permite endulzar la percepción de nuestra individualidad en el momento presente, teniendo en cuenta el pasado que fuimos y el futuro que nos acompaña en forma de expectativas personales.

La importancia de la autoconciencia o autopercepción radica en que es fundamental para modificar o redirigir aquellos aspectos de nuestra personalidad que pueden ser retocados o redirigidos.

El trabajo interior, esencial para nuestro bienestar

Trabajando en la mejora de la conciencia de uno mismo y de la clarificación de nuestros pensamientos podemos lograr una mejora considerable. Podemos pensar que autoconscientes somos todos, pero realmente solemos atender solo a cuestiones superficiales de nuestro interior.

La vida pasa por nosotros en lugar de pasar nosotros por ella, pues descuidamos la percepción de lo realmente trascendente. Suele suceder que nos acostumbramos a unas rutinas y a unos sentimientos y, como consecuencia, desconectamos a nuestro interior de nosotros.

¿Es esto posible? Evidentemente sí, pues gran parte de nosotros vivimos desenchufados y nos comportamos casi puramente de manera mecánica. La autoconciencia en realidad es una función bastante compleja, sobre todo en el universo emocional.

La autoconciencia emocional, un universo ignorado

Muchos de los estados emocionales que alcanzamos o podemos alcanzar son prácticamente imperceptibles si no atendemos a ellos con la intención de experimentarlos y ponerles nombre. Sin embargo, estas mismas emociones dirigen nuestros comportamientos en muchas ocasiones como si fuésemos autómatas.

La clave está en prestar atención a los indicadores emocionales leves, ya que la aparición de cualquier emoción tiene un mensaje que transmitirnos para conseguir aprender de manera constante sobre las causas ocultas que nos lo provocan. Es decir, se trata de normalizar nuestro comportamiento emocional y psíquico para lograr un bienestar más puro.

Suele ponerse el ejemplo del enfado o la rabia, emociones que tienen un destinatario pero que pueden estar disfrazando la envidia, por ejemplo. Ser conscientes de esto solo es posible a través de la introspección y el autoconocimiento.

Es bueno tener un diario emocional de lo que sentimos día a día: examinarnos de esta manera tiene la capacidad de potenciar o trasladar nuestra mirada interior. Al fin y al cabo se trata de conocernos y eso requiere trabajarse y esforzarse, lo cual es imposible si solo prestamos atención a lo que más nos interesa y desechamos el resto.

De todas formas es natural ser selectivos en nuestro estado de conciencia pero ocurre que esa misma inercia contribuye a que perdamos visión sobre aquellos sentidos que no son los tradicionales.

De este modo, cuando nos embarga una emoción y solo percibimos malestar o aflicción estamos obviando un amplio abanico de colores que pueden aportar riqueza a nuestra vida y a nuestra manera de contemplar las experiencias.

El control del mundo interior, clave para el manejo de nuestra vida

“El dolor termina solo a través del conocimiento propio”, afirmó en una ocasión Krishnamurti. Esto quiere decir que las herramientas para acabar con el dolor que provocan nuestras emociones y sentimientos están en nuestras manos o, mejor dicho, en nuestra visión interior.

Hacernos competentes y percibir de modo consciente nuestras emociones se consigue penetrando en ellas, perdiéndole el miedo al malestar que nos las provoca y ampliando nuestras perspectivas.

Los estados emocionales no se resumen en: estoy enfadado o estoy alegre. Solo podemos percibirlos si atendemos a la realidad emocional que nos acompaña a todos lados: una reacción emocional es la suma de muchos sentimientos diferentes que la perfilan.

Una mezcla, una amalgama que tiene origen y que actúa como consecuencia, perpetuándose a su vez  como si de una cadena de acontecimientos se tratase. O sea que debemos distinguir entre lo que es darnos cuenta de la reacción última (estoy enfadado) y lo que es atender a su origen y al cúmulo de sentimientos y emociones que generan el enfado.

En definitiva, la autoconciencia emocional es darse cuenta de la manera en la que se relacionan sentimientos, pensamientos y comportamientos pretéritos y presentes, así como su interrelación con nuestras expectativas a todos los niveles.

Conseguir ser conscientes de esto es el primer paso hacia nuestro autocontrol, pues el principal artífice sobre lo que se piensa y se siente es uno mismo. No podemos arremeter contra el exterior ni buscar culpables de lo que nos pasa, pues quien valida los sentimientos y las emociones propias somos nosotros. Aunque cabe destacar que eso, sin duda, se refleja en el exterior.

miércoles, 23 de octubre de 2019

¿Cómo leer las emociones de alguien en sus ojos?

Leer las emociones de alguien en sus ojos es algo que todos podemos hacer. Al fin y al cabo, la mirada es la parte del ser humano que más comunica, la que más transmite y con la que conectamos de forma más intensa. Entender todas esas pistas no verbales inscritas en los ojos de los demás nos permitirá intuir, por ejemplo, falsedad, sinceridad o la magia de la atracción.

Decía Bécquer que quien puede hablar con la mirada puede incluso besar con los ojos. Es tal el magnetismo de estos órganos fascinantes que a veces no somos plenamente conscientes de todos los secretos que esconden. Así, algo que saben bien los expertos en comunicación es que, aunque muchos de nuestros comportamientos, actos y palabras pueden filtrarse por los condicionamientos sociales y por nuestra voluntad, la mirada se expresa un tipo de lenguaje que no siempre podemos controlar.

Si alguien nos atrae la pupila se dilata. También la mirada se ensancha cuando nos sorprendemos, se dirige a una dirección cuando intentamos recordar algo o baja cuando nos quedamos suspendidos en un estado de introspección. Son tantos y tan sutiles los matices que caracterizan el comportamiento de nuestros ojos que siempre es interesante conocer más información al respecto. De este modo, podemos llegar a profundizar en la mente de los demás o a leer sus emociones de un modo efectivo.

Cómo leer las emociones en los ojos

Pensemos en algo durante un momento. Si hay algo a lo que dedicamos una buena parte de nuestro tiempo es a comunicarnos con otras personas. Lo hacemos (casi) siempre cara a cara, buscando el contacto visual del otro, sin embargo, le prestamos una mayor atención al mensaje oral, a la palabra, a la calidad del diálogo.

Cabe decir también que en los últimos años, con la llegada de las nuevas tecnologías y los sistemas de mensajería inmediata, el estilo de comunicación ha cambiado. Ya no necesitamos tener a nadie ante nosotros para decirle algo; ahora, hasta podemos trasmitir nuestra alegría, amor o enfado a través de un emoticono. Todo esto no es ni bueno ni malo, solo es diferente y sobre todo, más rápido.

Sin embargo, con ello nos perdemos el poder leer las emociones de los demás en su mirada. Nos privamos de ese placer, de ese misterio que es desvelar a base de pequeñísimos gestos y mágicos matices la calidad o complejidad de nuestras relaciones. Veamos ahora cómo llevar a cabo esta lectura, este análisis…

Los parpadeos

Cuando hablamos del lenguaje de los ojos no nos referimos solo al globo ocular y la pupila. El gran poder expresivo de nuestra mirada se orquesta sobre todo por un complejísimo entramado de nervios y músculos que intervienen en el movimiento de las cejas, los párpados, las sienes, etc.

  • Todo ello reflejan la activación emocional de cada momento, ahí donde los parpadeos, cumplen también su función. Por ejemplo, se sabe que cuando algo nos sorprende, nos indigna o incluso nos enfada, tendemos a parpadear mucho más.
  • Asimismo, también en es común que se parpadee bastante cuando interaccionamos con alguien que nos agrada o cuando estamos pensando en muchas cosas a la vez.
Puede que todo ello nos parezca contradictorio, pero conviene saber que este acto, el de parpadear de forma más intensa de lo normal, es un mecanismo que pone en marcha el cerebro cuando se siente más nervioso de lo habitual. Por tanto, si deseamos leer las emociones de los demás a través de sus ojos es importante centrarnos en el contexto o en la conversación que mantenemos en ese momento.


El lenguaje de las pupilas

Nuestras pupilas se dilatan cuando vemos algo estimulante o tenemos poca luz. Si algo o alguien nos atrae, es común que la pupila se inunde como una luna llena, inmensa e iluminada por esa emoción, por ese poder de atracción. Sin embargo, cuando nos sentimos ofendidos o vemos algo que nos indigna o nos contraria la pupila se contrae.

Sincronía visual

Leer las emociones de las personas que nos gustan es algo que a todos nos gustaría poder dominar. Sin embargo, a veces no hace falta ser un experto en lenguaje no verbal para percibir la sintonía que en un momento dado, podemos establecer con un amigo, la persona que nos atrae o incluso con un familiar.

Un dato curioso que nos explican los expertos sobre este tema es que cuando dos personas «conectan» se establece también una sincronía visual, es decir, los gestos visuales se mimetizan y se ponen en marcha unas mismas microexpresiones…

Miradas a los laterales: tímidos y mentirosos

Todos lo hemos experimentado alguna vez, bien cuando hablamos con algún niño o con una persona muy insegura. En lugar de mantener un contacto visual directo, se escapan por los laterales, en esos rincones donde no encontrarse con nuestro rostro, en esos espacios donde atendernos solo de soslayo, donde refugiar su extrema timidez…

Ahora bien, es destacable señalar que la personalidad mentirosa también tiene unos ojos esquivos. No es algo tan evidente como cuando estamos con un perfil tímido o con ansiedad social, y por ello, debemos poner la máxima atención a la hora de leer sus emociones e intenciones.

Quien hace uso del engaño no suele mantenernos durante mucho tiempo la mirada, tarde o temprano la llevará a un lateral, a la derecha si debe recordar algo y a la izquierda si debe hacer uso de la inventiva.

Para concluir, tal y como hemos podido deducir, los ojos, las miradas, transmiten una notable y amplísima variedad de información social y emocional que a veces se nos escapa y que nos siempre es fácil interpretar. A nuestro alcance tenemos, por ejemplo interesantes estudios y trabajos como «Efectos de la mirada sobre la percepción de la emoción» del psicólogo Reginald B. Adams o «Morfología y psicología del ojo humano» de Hisashi Kobayashi, que nos permitirá profundizar mucho más sobre el tema.

martes, 22 de octubre de 2019

El apego: la mayor fuente de sufrimiento

A decir verdad, la especie humana es una de las más frágiles de la naturaleza. Cuando un bebé nace, necesita de su madre de forma casi absoluta para poder sobrevivir. El cachorro de un león, un pez o hasta una lagartija vienen mejor preparados para independizarse pronto. En nosotros, el apego es muy importante.

Se ha comprobado que esa necesidad de los demás no está orientada solamente a las necesidades básicas, como nutrición o calor. También existe una profunda necesidad afectiva desde el comienzo de nuestras vidas: los bebés que no son acariciados suelen enfermar y morir.

Actualmente, desde la teoría del apego creada por John Bowlby sabemos que el apego se crea desde el primer momento de nuestro nacimiento con ambos progenitores y continúa el resto de nuestras vidas. Esto es así porque el apego hace referencia a los vínculos emocionales que creamos con otras personas a lo largo de nuestra vida, primero con nuestros padres, y después con nuestros amigos, pareja o nuestros propios hijos.

Es indiscutible la necesidad que todos tenemos de los demás. Como especie, nos necesitamos. Palidecemos o morimos si no hay otro ser humano a nuestro lado. Sin embargo, hay una gran diferencia entre ese vínculo instintivo que garantiza nuestra supervivencia y las dependencias neuróticas que a veces desarrollamos en la vida adulta.

Los laberintos del apego

Por paradójico que parezca, solamente logramos alcanzar la autonomía, si podemos experimentar la completa dependencia. El mecanismo es simple: si durante tu infancia cuentas con alguien a quien puedes acudir siempre en busca de protección, desarrollarás un sentimiento de confianza frente al mundo y a los seres humanos. Eso te permitirá alcanzar la independencia en tu vida adulta.

Todos necesitamos de una madre, o de alguien que haga sus veces, durante la infancia. Pero no siempre esa figura está ahí.

El apego a las figuras de cuidado durante la infancia es el soporte de nuestra seguridad emocional

A veces, ella trabaja y tiene que dejar a su pequeño en una guardería o un jardín de infantes desde muy temprana edad. En otras ocasiones, ella está tan ocupada de sus propios problemas que no tiene la disposición para estar ahí plenamente y de corazón, cuando su bebé la necesita. O tiene que ocuparse de nuestros hermanos, aún si la necesitábamos desesperadamente solo para nosotros.

También puede ocurrir que se sienta tan ansiosa en su condición de madre, que vuelca sobre su hijo las inseguridades que la atormentan; entonces, lo protege de más, como si el mundo fuera una constante amenaza.

En esos casos, y otros similares, crecemos con una sensación de vacío afectivo. Nos angustiamos excesivamente cada vez que debemos enfrentar una situación solos, o cuando tenemos que tomar una decisión libre.

Y también, secretamente, añoramos encontrar una figura que sustituya a esa madre que no estuvo, o que en un momento dado faltó

Por eso, tratamos de encontrar una pareja que nos dé todo, sin esperar nada. Le demandamos una entrega incondicional y nos sentimos profundamente frustrados ante cualquier señal de indiferencia o desapego. Vivimos para el miedo de perder a esas personas que, suponemos, repararán la falta que llevamos dentro.

Del apego a la autonomía

El apego a otras personas es importante y necesario a lo largo de toda la vida. Desde que nacemos hasta que morimos necesitaremos de otros para poder garantizar nuestra salud física y emocional. No importa que seamos un inversionista exitoso de Wall Street o un ama de casa en Bolivia. Todos necesitamos de los demás.

El problema aparece cuando esa necesidad se transforma en ansiedad. Cuando sentimos que si nos dejan solos volveremos a ser ese pequeño indefenso, que se queda paralizado frente a un mundo amenazante.

Para sortear esa ansiedad algunas personas pueden emplear diferentes estrategias. Una es aquella que ya mencionamos en el apartado anterior: buscar una figura que sea portadora de esa imposible promesa “siempre estaré ahí, nunca te dejaré solo”. Otra posibilidad es optar por lo contrario: evitar a toda costa crear lazos de dependencia con otros, de modo que jamás volvamos a sentirnos abandonados.

También podemos volvernos desconfiados, recelosos y excesivamente exigentes. Les pediremos a las personas mucho más de lo que pueden dar. Y renegaremos eternamente de sus faltas, sus carencias, sus limitaciones. Como si fuéramos un pequeño dictador frustrado por no poder controlar a los demás a nuestro antojo

En todos esos casos, el sufrimiento va a ser la constante. Sufriremos para conservar a ese benefactor que nos “adoptó”, bien sea una pareja, un jefe, un amigo, etc. Sufriremos por la soledad de no poder establecer vínculos íntimos con los demás. Sufriremos al no ser capaces de valorar a los demás seres humanos tal y como son.

Dicen que las frutas son lo único que madura. Los seres humanos podemos tener 30 o 50 años y aún así mantener los mismos temores que teníamos de chicos. Quizás sea buena idea reflexionar sobre esos vacíos de infancia que nos llevan a los apegos neuróticos en el presente.

Es posible que en algún punto de nuestra vida adulta seamos capaces de renunciar a ese deseo imposible de contar, de una vez y para siempre, con alguien que se comporte como la madre ideal que nunca tuvimos. Aunque el apego recibido en la infancia no fuera el más adecuado, todos podemos superar esa carencia que experimentamos en esa temprana etapa de nuestra vida.

lunes, 21 de octubre de 2019

Los tres fuegos que nos consumen, según el budismo

El budismo, más que otras filosofías, hace hincapié en la importancia de evolucionar para que lo externo deje de atormentarnos. A su juicio, tenemos que trabajar en los tres fuegos que nos consumen: la ignorancia, el apego y el odio.

Cuando el budismo habla acerca de los tres fuegos que nos consumen, se refiere a ellos de diferentes formas. Les llaman, “los tres venenos”, “las tres raíces del mal”, “los tres envilecimientos”, “las tres corrupciones” y otros nombres más. Genéricamente se agrupan bajo la palabra kleśā.

Los budistas piensan que los tres fuegos que nos consumen son los que llevan con mayor rigor al sufrimiento. Los ven como una energía poderosa, capaz de originar compulsiones autodestructivas en los seres humanos y de intensificar cualquier conflicto con los demás. Su efecto directo es la infelicidad y la insatisfacción.

El budismo también señala que esos tres fuegos que nos consumen son aquello a lo que en conjunto se le llama “el mal”. Estos tres envilecimientos se alimentan entre sí; el uno da lugar al otro, o viceversa. No se presentan de manera individual, sino que actúan en conjunto.

Así mismo, en esa filosofía la aparición de alguno de los tres fuegos que nos consumen es una ocasión que debe ser aprovechada. Otorga la oportunidad de evolucionar, mediante el entrenamiento de la voluntad para enfrentarlos. ¿Cuáles son esos tres venenos? Enseguida lo veremos.

1. La ignorancia

Para el budismo la ignorancia es el primero de los tres fuegos que nos consumen. Esta no es lo opuesto al conocimiento, sino a la iluminación. No es que el ignorante carezca de conocimientos intelectuales, sino de sabiduría, que es una forma de saber más profunda y no nace del intelecto, sino de la conciencia.

Los budistas señalan que conocer es penetrar en la naturaleza esencial de cada realidad. La vía para conseguir esa compenetración es la contemplación y la lucha contra el ego. El ego impide ver las cosas como son, las distorsiona. Por eso, quien no ha vencido a su ego, es ignorante.

Esta ignorancia se superaría con la atención plena, la misma que nos permite fundirnos con aquello que contemplamos, adquiriendo la posibilidad de vivir esa naturaleza dentro de nosotros mismos. Se entiende una planta cuando se contempla y se logra sentir como planta, experimentar el mundo como lo haría ella. Lo mismo cabe para toda realidad y esto es lo que permite superar la ignorancia.

2. El apego, uno de los tres fuegos que nos consumen

El apego nace de la ignorancia y lleva al odio. A su vez, el odio provoca apego e ignorancia y la ignorancia, apego y odio. Los seres humanos no se apegan a algo porque realmente lo aprecien o lo amen, sino que que ese algo sirve de alguna manera como soporte del ego y por eso se le considera indispensable. En realidad lo es, pero para el ego, no para el ser como tal.

El apego es una negación de la ley de la impermanencia. Esta señala que todo está en continuo cambio. Ya no somos el que éramos hace un minuto, igual que los demás tampoco lo son. Eso hace que el apego sea básicamente un absurdo, pues estamos atándonos a algo que tiene una existencia cambiante, es decir, algo que ya no es lo que fue cuando nos apegamos a ello.

Por lo anterior, el deseo de poseer, tener o mantener a una persona, un objeto o una situación, está condenado al fracaso. De ahí que se le considere una fuente de sufrimiento y se le catalogue como uno de los tres fuegos que nos consumen. El apego es irracional y conduce inevitablemente a la insatisfacción y al dolor.

3. El odio

El odio es un sentimiento que lleva a un deseo intenso de destruir. Casi siempre aparece asociado con otros sentimientos como rencor, desprecio y aversión, entre otros. Se trata además de un sentimiento que demanda una enorme cantidad de energía vital.

Así mismo, el odio es invasivo. Una vez se asienta, tiende a impregnar todo lo demás. Nos hace proclives a la ira y se convierte en una barrera que impide la expansión de nuestra esencia, en toda su plenitud. El odio es ignorancia porque alimenta una mirada superficial sobre los errores o defectos de otros. Si los viésemos con atención plena, comprenderíamos sus limitaciones y sentiríamos compasión, en lugar de ira.

Los tres fuegos que nos consumen, ignorancia, apego y odio, hacen precisamente eso: consumirnos. Se trata de fuerzas que nos carcomen, que se roban nuestra energía vital o nos llevan a derrocharla sin ningún provecho. Las principales víctimas de estas fuerzas somos nosotros mismos. Alimentar esos venenos interiores se paga con sufrimiento.

¿Sabes qué es el cuckolding?

La infidelidad es uno de los motivos más frecuentes por el que las parejas deciden poner fin a su relación. Sin embargo, en la actualidad existe un nuevo fetichismo que busca este tipo de engaño, ya sea real o imaginario, con el objetivo de conseguir placer y aumentar la llama de la pasión en la pareja. Se trata del cuckolding.

Esta peculiar modalidad fetichista consiste en que una mujer tenga relaciones con otro hombre y luego cuente a su pareja lo que ha experimentado en este encuentro o bien, este ejerza de espectador durante la relación sexual. Curiosamente, a partir de esto, la pasión en la relación de pareja renace de nuevo.

En esta práctica, se denomina cuckolds a aquellos hombres que permiten que su pareja o esposa mantenga relaciones sexuales con otros hombres mientras él solo se sienta a observar. En muchas ocasiones, son ellos los que incentivan a sus parejas a realizar este tipo de actos, donde ellas los «engañan» con otro hombre para obtener mayor excitación sexual.

Ahora bien, no hay que confundir el término cuckolding con el de voyerismo. Este último consiste en el acto de observar a otras personas desnudas, en ropa interior o manteniendo relaciones sexuales sin que estas sean conscientes de ello con el objetivo de excitarse.

La práctica del cuckolding

Se dice que cuckolding es el estilo de vida alternativo de más rápido crecimiento y, ya sea que las parejas lo incorporen como un juego de rol de fantasía o como una realidad, atrae a mujeres y hombres en niveles primarios, intelectuales y sociopolíticos. De hecho ha sido llamado fetichismo intelectual.

Una persona que practica cuckolding se excita sexualmente por la fantasía o realidad donde su pareja, a la que considera atractiva, mantiene relaciones sexuales con otra persona, generalmente con alguien parecido a su alter ego.

El doctor Leon Seltzer afirma que la excitación que produce este tipo de situaciones puede ser originada por la experimentación vicaria de la relación sexual que se está acostumbrado a llevar como protagonista. Es decir, de algún modo ejercer de espectador aumenta los niveles de excitación.

Además, no podemos olvidar el poderoso papel que tiene la transgresión en el cuckolding, tanto para la mujer como para el hombre. Para la primera representaría el contacto con lo prohibido a través de la ruptura de la fidelidad y para el segundo, el acto de impulsar a la pareja a transgredir.

Una encuesta en EE.UU. ha revelado que el 58% de los hombres y un tercio de las mujeres han fantaseado  alguna vez con ser «cornudos consentidos».

¿Qué buscamos con este fetichismo?

Los expertos opinan sobre el motivo por el que esta práctica sexual puede llegar a gustar a un determinado tipo de personas, en su mayoría hombres:
  • Para algunos se considera como una variante del masoquismo. Sentirse humillado por parte de la pareja es importante para los defensores de esta variante. Pero el hecho de que a los practicantes de esta modalidad no les atraigan otras formas de sadomasoquismo hace que se descarte de algún modo esta opción.
  • Según otras teorías no sería una forma de ser dominado sino más bien de dominar puesto que es el hombre el que decide cuándo y en qué condiciones le engañan.
  • Se puede creer en otros casos que se trata de una forma de escapismo, o lo que es lo mismo, sus defensores lo utilizan inconscientemente para eludir sus propias responsabilidades sexuales en otro hombre.
  • También hay quien opina que el hecho de convertir a la mujer en un objeto hipersexual, tremendamente deseado por otro hombre, mientras que uno piensa que sigue siendo su “propietario”, hace que haya personas que lo sientan como un símbolo de estatus.
  • Enmascarar la bisexualidad es otra de las posibles explicaciones. Hacer creer que es la mujer la que produce la excitación y aprovechar esta mascara para observar a un hombre sin tapujos realizando el acto sexual, podría ser otro de los motivos de su práctica.
Sea la explicación que sea, está claro que quienes lo practican de manera libre y consciente disfrutan plenamente de este fetiche. En la libertad y necesidades de cada ser humano está llevarlo a la práctica o por el contrario, calificarlo como un acto imposible.


¿Una experiencia positiva?

Según un estudio reciente de David Ley, Justin Lehmiller y el escritor Dan Savage, la práctica o fantasía del cuckolding puede ser una experiencia en gran parte positiva para muchas parejas, y apenas un signo de debilidad.

Ahora bien, es de vital importancia que los miembros de la pareja tengan gran confianza y respeto a la hora de consentir este tipo de relaciones y se tome como un juego con el que avivar la llama de la pasión. Es decir, se trata de que los dos conecten y disfruten de esos actos, sin exigencias ni presiones.

domingo, 20 de octubre de 2019

5 hábitos tóxicos que te roban felicidad

Los hábitos que tenemos nos definen ya sea para bien o para mal,  pues no solo pueden ejercer como las estrategias que nos ayudan a superar obstáculos, sino que también pueden ser como aquella manzana envenenada que a pesar de tener un apetecible aspecto guardaba en su interior una trampa.

Por lo tanto, a pesar de que muchos de nuestros hábitos nos permiten optimizar nuestros esfuerzos y se consideran como saludables, existen otros muchos que resultan tóxicos para nuestra salud y la vida misma, impidiéndonos ser felices.

Incluso, puede que hábitos que consideras relativamente “buenos” no lo sean tanto o que ni siquiera seas consciente de las consecuencias de tu repertorio de hábitos en tu vida. Hoy te traemos 5 hábitos tóxicos que pueden estar impidiéndote ser feliz. Reflexionemos sobre ello.

Pensar en negativo

Solemos tener la mala costumbre de pensar en negativo. Somos expertos en lo que no queremos, no tenemos, no merecemos o no somos capaces, focalizando nuestra atención en ello. Cultivar el pensamiento negativo puede ser un mal hábito que termine limitándonos tanto a nivel social como individual. Porque si crees que no puedes, ¿realmente vas a intentarlo?

El pensamiento negativo puede erigirse como un gran enemigo que nos atrape poco a poco en su tela de araña, convirtiendo todo nuestro alrededor en una neblina gris que en sus casos más extremos desemboque en depresión junto a otras variables.

La dificultad radica en que como hábito, nos hemos acostumbrado y desaprenderlo no es tan sencillo. Para ello, hay que comenzar a prestar atención a nuestra manera de pensar, que inevitablemente va ligada a la forma de hablarnos y juzgarnos. Además, dirigir tu atención hacia lo que quieres también será una herramienta que te permita hacer aparecer la luz entre aquella niebla gris espesa.

Culpar a los demás de todo

Culpar a otras personas de lo que te ocurre es evadirte de la responsabilidad de tus propios actos e incluso de tus propios sentimientos. De esta manera, estarás diciendo que tú no eres dueño de tu vida sino que son los demás o las propias circunstancias.

Es necesario recordar que tienes el control sobre ti mismo y solo tú tienes las respuestas de lo que te ocurre. El reconocido piloto de las fuerzas aéreas y líder religioso Dieter Uchtdorf dijo una vez: “Cuando más crecemos, más miramos hacia atrás y nos damos cuentas de que las circunstancias externas no importan porque no determinan nuestra felicidad. Nosotros determinamos nuestra felicidad”.

Intentar ser alguien que no eres

Puedes vivir intentando ser tú mismo o de lo contrario, intentando ser la persona que los demás quieren que seas. Tú decides, pero evidentemente convertirte en el personaje que los demás desean supondrá una traición a tu forma de ser. Piénsalo… ¿Cómo podrás llegar a ser feliz si no eres tú mismo?

Ponerse una máscara es un arma de doble filo, una trampa que extendida en el tiempo te alejará de ti y de quien crees ser. Por lo tanto, descúbrete, aprende a aceptarte, a quererte y muéstrate tal como eres, solo así la relación contigo y los demás, será auténtica.

Compararse con los demás

Compararse con los demás no nos servirá de nada ya que cada uno de nosotros es único e irrepetible y ha vivido experiencias diferentes. Su historia, la tuya y la mía no tienen nada que ver, ¿para qué compararnos? ¿Para consolarnos o para creernos superiores? ¿Cuál es la finalidad que perseguimos?

Mi felicidad puede ser muy diferente a la de mi amigo, por lo tanto, ¿hacer lo que él hace me convertirá en alguien feliz? Pregúntate: ¿qué es la felicidad para mí? Y así podrás saber cómo actuar. La gratitud es el antídoto a la comparación y el mejor jarabe para alcanzar la felicidad. Escribe diariamente las cosas que hacen que tu vida sea maravillosa, por pequeñas que sean… eso te hará feliz.

No aprender de los errores

Los errores pueden ser nuestros mejores maestros si aprendemos de ellos. Si nos confundimos pero lo dejamos pasar sin reflexionar qué ha pasado y qué lección podemos sacar de ello, probablemente pueda ocurrirnos algo similar.

Para entender este tipo de pensamiento, solo tienes que seguir las palabras que una vez dijo Thomas Edison a un reportero que le preguntó sobre su invento de la bombilla incandescente: “No he fracasado ni una sola vez, solo he descubierto diez maneras que no funcionan”. Así, podrás ver que con persistencia y buen hacer, el error y el fracaso, son solo una parte del camino hacia el éxito.

Pensar negativo, culpabilizar a los demás, ponernos una máscara, compararnos o no aprender de nuestros errores son tan solo 5 hábitos que pueden estar repercutiéndonos sin casi ser conscientes de ellos en nuestro estado emocional impidiéndonos ser felices.

La felicidad está en nuestro interior y somos nosotros los que podemos crearla y contribuir a su desarrollo, no lo olvides. Presta atención a tus hábitos y modifícalos si es necesario.

sábado, 19 de octubre de 2019

El mejor estado de la vida no es estar enamorados, es estar tranquilos

Con el tiempo, solemos descubrir que el mejor estado de la vida no es estar enamorados, sino estar tranquilos. Solo cuando una persona logra hallar ese equilibrio interior donde nada sobra y nada falta, es cuando se siente más plena que nunca. El amor puede aparecer entonces si así lo quiere, aunque no es una necesidad obligada.

Resulta curioso como la mayoría de las personas seguimos teniendo como principal objetivo hallar a nuestra pareja perfecta. Cada vez disponemos de más aplicaciones en nuestros dispositivos móviles para facilitarnos esas búsquedas. Tampoco faltan los clásicos programas de televisión en horario de máxima audiencia orientados para el mismo fin. Buscamos y buscamos en este vasto océano sin haber hecho antes un viaje imprescindible: el del autoconocimiento.

El hecho de no haber realizado esta necesitada peregrinación por nuestro interior ahondando en vacíos y necesidades, hace que a veces acabemos eligiendo compañeros de viaje poco acertados. Relaciones efímeras que quedan inscritas en la soledad de nuestras almohadas, tan llenas ya de sueños rotos y lágrimas sofocadas. Tanto es así que son muchas las personas que pasan gran parte de su ciclo vital saltando de piedra en piedra, de corazón en corazón, almacenando decepciones, amarguras y tristes desencantos.

En medio de este escenario, tal y como dijo Graham Greene en su novela «El final del romance» solo tenemos dos opciones: mirar hacia atrás o mirar hacia delante. Si lo hacemos de la mano de la experiencia y la sabiduría tomaremos el camino correcto: el del interior. Ahí donde poner en orden el laberinto de nuestras emociones para encontrar el preciado equilibrio.

El mejor estado de la vida es estar tranquilos

La tranquilidad no es ni mucho menos ausencia de emociones. Tampoco implica renuncia alguna al amor o a esa pasión que nos dignifica, esa que nos da alas y también raíces. La persona tranquila no evita ninguna de estas dimensiones, pero las ve desde esa perspectiva donde uno sabe muy bien dónde están los límites, dónde esa templanza que como un faro en la noche alumbra nuestra paz interior.

Vivimos en una cultura de masas donde se nos insta a buscar pareja como si de este modo pudiéramos alcanzár por fin la ansiada autorrealización. Frases como «cuando tenga novia asentará la cabeza» o «todas tus penas se aliviarán cuando encuentres a tu hombre ideal», no hacen más que anular de forma constante nuestra identidad para erigir una idealización absolutista y errónea del amor.

El mejor estado del ser humano no es pues amar hasta quedar anulado. No es darlo todo hasta que nuestros derechos vitales queden difuminados solo por ese miedo insondable a estar solos. El mejor estado es estar tranquilos, con una adecuada armonía interior donde no quede espacio para los vacíos, para los apegos desesperados o las idealizaciones imposibles.

Porque el amor, por mucho que nos digan, no siempre lo justifica todo. No si implica abandonarnos a nosotros mismos.

Cómo hallar la tranquilidad interior

Antoine de Saint-Exupéry dijo una vez que el campo de la conciencia es limitado: solo acepta un problema a la vez. Esta frase encierra una realidad evidente. Las personas acumulamos en nuestra mente un sinfín de problemas, objetivos, necesidades y anhelos. Lo curioso de todo ello es que hay quien llega a creer que el amor lo soluciona todo, que es ese bálsamo multipropósito que todo lo resuelve, que todo lo ordena.

Sin embargo, antes de lanzarnos al vacío esperando tener suerte en el amor, lo más adecuado es ir poco a poco. Lo primero será hallar esa calma, esa tranquilidad interior donde reorganizar nuestros puzzles personales para adquirir fuerza y templanza. Reflexionemos ahora en una serie de dimensiones que nos pueden ayudar a lograrlo.

Claves para hallar el equilibrio interno

Lo creamos o no, a lo largo de nuestro ciclo vital siempre va a llegar este momento. Ese instante en que nos digamos a nosotros mismos  «deseo calma, quiero encontrar mi equilibrio interior» para estar tranquilos. Es un modo excepcional de favorecer nuestro crecimiento personal y para lograrlo, nada mejor que promover estos cambios.

  • Lo primero que haremos es aprender a discriminar qué relaciones de las que contamos en este presente, no nos son satisfactorias. Nadie podrá hallar esa ansiada tranquilidad si cuenta con un vínculo dañino entre esos lazos familiares, de amistad o de trabajo.
  • El segundo paso es tomar una decisión esencial: dejar de ser víctimas. En cierto modo, todos lo somos en algún aspecto: víctimas de esos lazos dañinos antes referenciados, víctimas de nuestras inseguridades, de nuestras obsesiones o limitaciones. Hemos de ser capaces de reprogramar actitudes para alimentar el coraje suficiente como para derribar todas estas alambradas.
  • Una vez conseguidos los dos pasos anteriores, es necesario llegar a un tercer y maravilloso escalón. Debemos tener un propósito, una determinación clara y definida: ser felices. Hemos de cultivar esa felicidad sencilla en la que uno, por fín, se siente bien por como es, por lo que tiene y por lo que ha logrado. Esa complacencia nutrida por las raíces del amor propio nos aportará sin duda un gran equilibrio.
Las personas en cuyo corazón respira el equilibrio y en cuya mente habita la tranquilidad, no ven el amor como una necesidad o como un anhelo desesperado. El amor no es algo que llega para rescatarlas, porque la persona tranquila ya no necesita ser salvada. El amor es un tesoro precioso que uno encuentra y que decide, por propia libertad y voluntad, cuidarlo como la dimensión más hermosa del ser humano.

viernes, 18 de octubre de 2019

Cómo superar bloqueos sexuales

Los expertos dicen que la cultura moderna vive una relación “bipolar” con respecto al sexo. La sexualidad está presente en todos los ámbitos de la vida, desde el cine a la publicidad, pasando por la televisión, la música, etc. Pero, a la vez, hay circunstancias que propician bloqueos sexuales.

El sexo ya no es tabú, pero también es cierto que se nos indica que no tenemos permitido disfrutarlo como queremos. Así, hay personas que ven el sexo como algo “divertido”, pero a la vez “malo”. Es comprensible que tengan este problema y, al mismo tiempo, vivan una gran contradicción.

Si a eso le sumamos la enseñanza que se impartía hasta hace no mucho en relación a la sexualidad o a las creencias religiosas, lo más probable es que no tengamos claro qué está bien y qué no. Es preciso dedicar tiempo a examinar cómo nos llevamos con el sexo en general y, a la vez, en lo particular. Es decir, con nuestra pareja o experiencias pasadas.

Enfrentándose a los bloqueos sexuales

Es natural tener una relación íntima consigo mismo y, a la vez, con un novio, una esposa, un amante, etc. Es bueno tanto para la salud mental como física porque, sin duda, el sexo forma parte de nuestra vida de una manera muy poderosa.

Es una energía que revitaliza, de eso no cabe la menor duda. Muchas personas evitan tener relaciones sexuales porque lo ven como algo negativo, que está mal. Sin embargo, los bloqueos sexuales son mentales, no físicos y es a ellos a quienes hay que “atacar”.

El sexo es energía vital que se debe canalizar y disfrutar. Si piensas que es un pecado o que no está bien, debes comenzar a desarmar los nudos o embrollos que tienes en tu mente, por fuerte que esto suene. No quiere decir que es una “obligación” pensar de una determinada manera sobre el sexo, pero al menos, es importante darse cuenta del origen de esa negación a esta actividad íntima.

Pautas para acabar con los bloqueos sexuales

Hay áreas que precisan de una observación y un estudio objetivo en relación a los bloqueos sexuales. El tratamiento de estos aspectos te permitirá abrirte a la experiencia sexual.

1. Sanar los traumas del pasado

Tal vez uno piensa en una violación o un abuso sexual, pero no es necesario llegar a ese extremo para tener un trauma o experimentar bloqueos sexuales. Cualquier experiencia negativa puede crear una actitud defensiva o una coraza. Esa armadura se debe eliminar porque la verdadera naturaleza de la persona está debajo de ella, enterrada con los restos de ese problema.

Puede ser que haya visto algo de pequeño, una expareja que desmerecía el rendimiento sexual, una educación muy estricta, la religión, etc. Hay muchas maneras de sanar estos problemas, como por ejemplo la terapia o el coaching.

2. Examinar el sistema de creencias

Como se dijo anteriormente, la cultura actual nos bombardea constantemente con mensajes contradictorios en relación al sexo. Sin duda, la publicidad o la televisión son dos de las mayores fuentes de información de una persona, lo que genera juicios y condenas irracionales sobre la sexualidad, basados en imágenes o sensaciones creadas por otros.

Es preciso que te preguntes a ti mismo cómo te sientes practicando sexo, cómo crees que deberías sentirte o qué es lo que te condiciona a actuar de cierta manera. Está en ti elegir y recrear esos sitios para extraer información.

Crea tu propio manifiesto sexual donde se detallen todas las cosas que te gustarían que estuvieran presentes para una relación íntima “perfecta”.

3. Ir a nuestro interior

Con la meditación, por ejemplo, se puede llegar a los rincones más profundos de nuestro corazón y nuestra mente. Es ideal para descubrir cuál es el problema que tenemos en relación al sexo o a la intimidad. Es, sin duda, una herramienta maravillosa que te llevará a un viaje muy enriquecedor, porque además podrás aprender sobre otros aspectos personales que ni sabías que existían.

Conecta con tu interior y deja que salga todo lo malo para que ingrese solo lo positivo. Todos los días dedica unos minutos a meditar, puede ser sentado en posición de loto o caminando por un parque en silencio, sin prestar atención a lo que pasa alrededor.

La práctica del mindfulness puede reportar un gran beneficio en la práctica sexual ya que se trata de estar presente en el aquí y ahora sin juzgar ningún pensamiento, por lo que dejamos atrás posibles miedos y complejos. De esta forma, atendemos completamente la práctica sexual presente y no nos dejamos influir por ningún pensamiento disfuncional.

Jon Kabat-Zinn, considerado un referente mundial en esta técnica, asegura que «no somos nuestros pensamientos» y que «creamos nuestro propio sufrimiento innecesariamente«. Este dato es de vital importancia para superar aquellos pensamientos que nos bloquean. Por lo tanto, la práctica de mindfulness nos puede aportar un gran beneficio en nuestra vida sexual.

4. Practicar yoga

El efecto es muy similar a la meditación. Esta práctica ancestral abre el propio flujo energético, se expanden las caderas y el corazón, según dicen los maestros. Ambas herramientas para tener intimidad. A su vez, ampliará la capacidad para amar, recibir y dar placer. El yoga irá directo a las zonas bloqueadas o de difícil acceso, es decir, donde la tensión se almacena y te ayudará a ir soltándolo de a poco.

Con la práctica regular tu organismo estará cada vez más cerca de la liberación, igual que tu mente. Puedes aprovechar para trabajar en la elasticidad y la elongación de los músculos, que te dará más libertad y tranquilidad en el momento de la relación sexual, por ejemplo. A su vez, estarás cultivando una práctica pacífica, una forma de ser auténtico y de no dejarte llevar por lo que dicen los demás.