viernes, 30 de abril de 2021

¿Buscar la aprobación de los demás es infidelidad?

¿Crees que la infidelidad es solo un término asociado a las relaciones de pareja? Te sorprendería saber que, probablemente, todos hemos sido infieles alguna vez. Infieles haciendo caso a lo que los demás opinan y dejando de lado lo que nosotros queremos ser.

La mayoría de nosotros asocia la infidelidad con la traición, con la ruptura de la confianza y la mentira en el contexto de una relación de pareja. Ahora bien, ¿se puede ser infiel a uno mismo? ¿Es posible traicionar el vínculo amoroso que mantenemos con nosotros?

La respuesta es sí. Echarnos a un lado e ignorar nuestra opinión para buscar la aprobación de los demás es una forma de practicar la infidelidad hacia nosotros.

Así, tener miedo a mostrar quiénes somos y fingir ser quienes los demás quieren o desean tiene sus consecuencias. La más importante de todas: ocultar y traicionar nuestra esencia, aquello que nos convierte en únicos e irrepetibles. Profundicemos. 

¿Qué es la infidelidad?

La infidelidad, infidelitas en latín, tiene lugar cuando un individuo no respeta la lealtad que tiene acordada con alguien y traiciona así su confianza. Esta se puede dar de muchas formas, pero lo más importante es tener en cuenta cuáles fueron los acuerdos -implícitos o explícitos- que en un primer momento se establecieron con la otra persona para determinar el significado individual y en conjunto de infidelidad.

Así, cuando esta ocurre rompe el hilo de la confianza entre dos personas. De esta manera, uno de los pilares principales que sostienen el vínculo se desvanece. Es entonces cuando aparecen síntomas como la inseguridad, la irritabilidad, el miedo, la labilidad emocional y el rechazo.

Por el contrario, para mantener una relación sana hacen falta ingredientes como el apoyo, la confianza, la protección, la seguridad y, sobre todo, la aceptación total de uno mismo y del otro. Si se sigue bien la receta, el pastel puede salir exquisito.

La infidelidad con nosotros mismos

Pese a que la infidelidad es situada de forma habitual en las relaciones de pareja, es cierto que puede darse en el ámbito personal, en la relación que tenemos con nosotros mismos. Nos sorprenderíamos si reflexionásemos sobre las veces que nos hemos ignorado, pasado por encima o avergonzado con tal de buscar la aprobación de los demás.

La autoconfianza es un ingrediente difícil de conseguir, sobre todo para quienes están constantemente debatiéndose entre ser ellos mismos o amoldarse a lo que los demás esperan de ellos. Esto último puede tener mucha fuerza si se tiene miedo al rechazo. De hecho, muchas personas con tal de no sentirse rechazadas son capaces de negarse a sí mismas por completo.

En estos casos, buscar la aprobación de los demás se convierte en una prioridad, otorgando poca o nula importancia a sus creencias y emociones. De este modo, la persona es infiel a sí misma, a sus gustos, valores y preferencias y cultiva la semilla de la inseguridad, lo cual deriva en un continuo cuestionamiento en relación a quién es y quién desea ser.

La culpa y el deseo por buscar la aprobación de los demás

La infidelidad crea un juego peligroso: busca el incremento del deseo, pero, al mismo tiempo, experimenta culpa por la ruptura con los propios valores. Así, no es extraño que buscar la aprobación de los demás genere un aumento exponencial de autoestima y felicidad; eso sí de duración muy limitada.

La aprobación de los demás actúa como el vaivén de las olas: de momento nos genera esa sensación de satisfacción y al rato nos la arrebata al cambiar las normas sociales. De ahí que sea tan importante echar el ancla en nuestro interior; porque lo que permanecerá acorde con nosotros mismos es nuestra esencia. Pero, ¿qué nos lleva a valorar más la opinión de otras personas que la nuestra?

El ingrediente fundamental para crear y mantener un vínculo es la aceptación de uno mismo y del otro. El problema es que el vínculo suele ser entendido como la relación con otra persona y nos olvidamos de que la primera persona con la que tenemos que saber relacionarnos es con nosotros mismos. 

Así, aceptar quiénes somos y qué queremos, pese al posible desajuste que puede existir con lo que el mundo reclama, es el sostén de la autoconfianza, el pilar al que podemos agarrarnos para ser fiel a nosotros mismos.

Yo y mi personaje

Cuando ocurre una infidelidad, todo en lo que se creía y en lo que se habían proyectado los planes de futuro desaparece. De repente, la realidad se rompe y se instala la desconfianza fruto de esa situación y la desilusión por un futuro que ha dejado de existir. De esta forma, es normal que la persona a la que le han sido infiel se sienta perdida.

Esto es lo que puede ocurrirnos cuando comenzamos a ser conscientes de la traición que nos hemos hecho a nosotros mismos: nos sentimos perdidos, sin saber qué hacer ni cómo actuar. Hemos estado tanto tiempo bajo el manto de un personaje ficticio que ser nosotros mismos nos da pánico. 

Ya no sabemos qué queremos en realidad, ni si lo hacemos por iniciativa propia o porque los demás lo esperan de nosotros. Es como una lucha entre el personaje que hemos inventado y nuestra verdadera esencia; una batalla compleja que si la llevamos a cabo de forma adecuada puede darnos poderosos frutos.

Ahora bien, que sea difícil no quiere decir que sea imposible. Hacer las paces con nuestra identidad reprimida es más fácil que con otra persona. Al fin y al cabo, quien nunca nos fallará será nuestra esencia. Por lo tanto, cógete de la mano y acéptate igual que aceptas a los demás. 

jueves, 29 de abril de 2021

Cuando opositar deja de ser una opción

Cada año miles de personas comienzan la aventura de opositar a una plaza en la Administración pero solo unos pocos la consiguen. En cualquier medio encontramos recomendaciones sobre cómo estudiar, cómo preparar las pruebas, trucos de memoria y un sinfín de pautas que solo animan a continuar opositando. Pero… ¿qué pasa con todas esas personas que no logran lo que un día se propusieron?

Salir adelante después de varios años de estudio no es fácil. Algunos opositores incluso le han dedicado todo el tiempo a opositar. Otros en cambio han podido compaginarlo con otra actividad. Sea como fuese, el no obtener plaza sigue siendo una realidad silenciada que para muchos forma parte del juego. Una partida a todo o nada, que rara vez es justa y cuyo “precio invisible” es muy alto.

La inevitable sensación de tiempo perdido

Es una consecuencia que los aspirantes no pueden evitar. Después de tanto esfuerzo, tiempo y dinero invertido, no lograr la ansiada plaza puede instalar en las mentes de los opositores una sensación de fracaso difícil de gestionar. Una entramada red de pensamientos negativos y dudas empiezan a aflorar, producto del miedo de tener que ajustar la realidad con el deseo. Llegados a este punto al opositor le quedan dos opciones: seguir en el camino o dejarlo.

Si continúa tiene que hacer un análisis profundo e intentar localizar aquellos aspectos que podría mejorar para preparar ala siguiente convocatoria. Tomar el control de lo que él puede controlar, su tiempo, y reactivar la motivación golpeada y noqueada. Si comienza un nuevo camino necesitará también un periodo para aclarar su mente y debilitar los miedos, de forma que estos no constituyan una interferencia cuando comience la etapa de estudio. Además, entre las cuestiones que tendrá que resolver se encuentra precisamente la sensación de tiempo perdido.

Las ideas de fracaso, derrota, desilusión y pérdida del tiempo minan nuestra autoestima y nos frenan a la hora de tomar decisiones. Pueden ser ellas las que nos hagan cambiar nuestros objetivos o persistir en la oposición: en ningún caso serán buenas consejeras. Además, si las alimentamos lo natural es que acabemos inmersos en una especie de secuestro emocional para el que, en principio, no veremos salida.

¿Tanto fue lo que perdí?

¿Es verdad que se ha perdido tanto tiempo? La respuesta vendrá en función del sentido que le demos a este tiempo, desde la perspectiva que elijamos para analizarlo. Es una realidad que hemos dedicado meses, incluso años, a perseguir un objetivo que no hemos alcanzado y para el que de alguna manera hemos vuelto a la casilla de salida. Sin embargo, no por ello se debe interpretar como tiempo perdido. Más bien al contrario, podemos haber ganado en muchos aspectos:

  • Mayor disciplina tras establecer unos horarios y metas de estudio.
  • Conocimientos en la mayoría de ocasiones novedosos y prácticos.
  • Un mayor grado de cultura.
  • Un mejor conocimiento de nuestras propias capacidades.
Así, el opositor que empieza a recuperarse de sus propios miedos y toma una de las dos opciones sale más fortalecido que nunca. Ha empleado su tiempo de estudio en conocerse, en medirse en una batalla sin precedente alguno que marcará su vida. Por tanto, en la balanza pesa más la suma que la pérdida. Ha llegado la hora de tomar decisiones.

Solo uno puede saber cuándo llega el momento de renunciar a opositar si no se obtienen resultados. En cualquier caso, es importante abandonar sabiendo, que mientras se estuvo en ello, se hizo todo lo posible por lograrlo. Así pues, se emplearon todos los recursos posibles, tomando de base valores como la humildad y la dedicación.

Nuevos rumbos después de opositar

¿Y ahora qué? En caso de haber tomado la decisión de no opositar más, toca elegir un nuevo rumbo con la misma humildad y dedicación con la que se comenzó a opositar.

Los caminos que merecen la pena en raras ocasiones están libres de obstáculos ni están expeditos de sorpresas desagradables. En cambio, el opositor que renuncia después de un tiempo opositando cuenta con una ventaja añadida: al haber dedicado tanto esfuerzo y haber renunciado a tantas acciones placenteras (encuentros con amigos, familiares, vacaciones…), ahora tiene la oportunidad de volver a “la vida” con más energía.

De regresar apreciando todo aquello a lo que tuvo que renunciar, recuperando la sensación de que cada día tiene el control del tiempo (no de año en año, cada vez que toma la decisión de seguir o abandonar). En estos casos se siente más seguro, más proactivo y disciplinado. El opositor ha aprendido a gestionar su tiempo mejor que otras personas que no han pasado por su mismo proceso. Aunque crea que no es así por no lograr la plaza, la evidencia le muestra lo contrario.

Después de todo es una persona más eficiente que organiza y sabe aprovechar mejor su vida. Y es esta energía renovada la que ha de servirle para incorporarse con éxito en su nueva etapa vital.



miércoles, 28 de abril de 2021

¿Conoces el lado oscuro del pensamiento positivo?

Hay toda una industria que gira en torno a decirte lo que quieres escuchar: eres hermosa, eres inteligente, eres creativo y puedes lograr todo con desearlo. Cuando vives una vida insatisfactoria, desesperada y anhelas más, estos mensajes te parecen perfectos. Son justo lo que buscas. La idea de que el pensamiento positivo puede ayudarte a conseguir cualquier cosa es seductora pero, ¿De verdad es todo lo que necesitas? ¿Hasta donde llega el poder del pensamiento positivo?

En los últimos años se ha dado un crecimiento considerable de libros basados en el pensamiento positivo. Todos ellos te comparten una idea generalizada de optimismo y sus beneficios. Incluso pareciera que si no adoptas esto en tu vida hay algo mal contigo. Puedes creer que el pensamiento menos positivo te llevará a perder la felicidad, la salud y el bienestar. En teoría, solo atraes aquello en lo que piensas.

Incluso si te crees todo esto, puede parecer lógico que una actitud positiva es vital para alcanzar el éxito. Si estás de acuerdo con esta idea, te sorprenderá saber que hay evidencia científica de que esto no es así. De hecho, el pensamiento positivo puede sabotear tu propio éxito.

El peligro del pensamiento positivo

Adoptar el pensamiento positivo te lleva a idealizar el futuro. El problema con esto es que tu motivación para lograr tus objetivos se vuelve algo floja. Comienzas a creer que es más importante mantener la confianza que trabajar por lo que anhelas. Puede pasar el tiempo sin que te des cuenta de que te estás hundiendo en un optimismo sin soporte real.

El pensamiento positivo solo es útil si va acompañado de realismo y creas un plan de acción que te ayude a alcanzar tus objetivos. Si te relajas demasiado podrías encontrarte con que tus sueños y metas no tienen los resultados a largo plazo que esperabas. Esto pasa porque la diferencia entre un anhelo y el éxito es el esfuerzo que inviertes.

Aunque el pensamiento positivo puede ser reconfortante, tiene un precio. Muchos creen que al incluirlo en su vida ya se pueden olvidar de hacer algo más. Esta idea crece porque en algunas ocasiones sí se dan buenos resultados. Pero estos suelen ser momentáneos.

Un ejemplo drástico es el del adicto al juego. Cuando llega al casino puede sentirse con la suerte necesaria para ganar mucho dinero. Incluso, puede ganar bastante en los primeros minutos u horas. Pero llega un momento en el que comienza a perder y sigue jugando porque espera que su suerte cambie. Al final, sale del casino con menos dinero del que llevaba al llegar.

¿Por qué es tan bien aceptado el pensamiento positivo?

Puedes ser la persona más escéptica del mundo y aún así verte tentado a creer en el pensamiento positivo y sus beneficios. Es algo muy normal. La vida diaria es tan complicada que siempre buscamos alternativas para lidiar con la realidad. Además, puedes estar buscando cosas o metas que no son realistas o no te son posibles.

La esperanza es una forma de defensa que tiene nuestra mente. Por ejemplo, puede evitar que te suicides cuando pasas por una depresión. Pero no tiene tanto poder como para cambiar el mundo real según tus ideas o expectativas.

La forma incorrecta de usar el pensamiento positivo

Hace poco hablaba con una amiga sobre sus relaciones amorosas. Resulta que esta chica está por llegar a los 30 años y está preocupada porque no se ha casado. Tiene el temor de que si no se casa ahora, quizá no tenga éxito más adelante.

Uno de sus principales problemas es justamente el pensamiento positivo y es que cada vez que comienza a salir con un chico, su mente empieza a analizar la relación. Imagina al chico como su pareja para toda la vida y a los pocos días se vuelve tan apegada a la otra persona que genera una sensación de ahogo.

Como es de imaginarse, ninguna relación le dura más de un par de meses. Ella considera que la culpa es de ellos pero para quienes la rodeamos, el problema es que espera demasiado de algo que aún no tiene base.

Esto es común con el exceso de pensamiento positivo. Te puede ser de gran utilidad si lo usas de forma apropiada y sin esperar más de lo que realmente te puede aportar. Antes de formar castillos al aire, crea las bases reales de lo que esperas a futuro.

Finalmente, el pensamiento positivo prologa nuestra búsqueda, a veces impidiéndonos hacer grandes descubrimientos…

martes, 27 de abril de 2021

Personas controladoras: 7 características

Siempre hay rasgos de personalidad más preponderantes que otros en cada uno de nosotros. Cuando el rasgo es el control, hablamos de personas controladoras. ¿Cómo son y hasta dónde puede llegar?

El control se relaciona con el orden, la estabilidad, la organización… Sin embargo, la necesidad de control no siempre resulta beneficiosa para el individuo. Es cuando hablamos de las personas controladoras, que ejercen control sobre todo en las personas de su entorno.

Son personas que necesitan saber qué hace constantemente su pareja (muchas veces, fruto de una gran inseguridad personal), por ejemplo, o que pueden llegar a manipular a familiares y amigos para obtener lo que ellas buscan. ¿Qué más sabemos sobre este tipo de personalidad además de sus conductas prototípicas?

Control y necesidad de control

Según la RAE (Real Academia Española), el control se define como ‘comprobación, inspección, fiscalización, intervención’. También como ‘dominio, mando, preponderancia’. En el lenguaje cotidiano asociamos el control al orden, a la planificación.

Hay personas que necesitan tenerlo todo bajo control. ¿Por qué? Porque así se sienten más seguras. Sin embargo, esta necesidad de control puede volverse patológica cuando interfiere directamente en el bienestar. Pero, ¿cómo son las personas controladoras? ¿Son aquellas que quieren tenerlo todo bajo control, o hay algo más? ¿Tiene esto relación con la búsqueda del control de los demás?

Personas controladoras: características y rasgos

Con personas controladoras nos estamos refiriendo a aquellas que más que tener control sobre la propia vida, intentan tenerlo sobre la de los demás. Son personas que buscan controlar al otro a través de diferentes mecanismos (y por causas diversas).

Sin embargo, también veremos cómo ese control lo intentan ejercer, muchas veces, en su propia vida (en su entorno, experiencias, etc.). Veamos algunas de sus características más relevantes:

Necesitan el control

Suena lógico, ¿no? Las personas controladoras necesitan controlar no solo a las personas de su entorno (sobre todo parejas, amigos…) sino también diferentes elementos de su vida (ámbito académico, laboral…).

Esta necesidad de control suele responder a un tipo de personalidad (a veces, relacionada con rasgos obsesivos), o también a un estilo de adaptación bastante disfuncional. Intentan que los vínculos sean estrechos, buscando el apoyo incondicional de los demás. Así, cuando trabajan en equipo, por ejemplo, no buscan tanto cooperar o hacer «piña», sino más bien sentirse arropadas por los demás.

Se entrometen

Otro rasgo de estas personas es la intromisión. Son personas que actúan para ganar influencia en los asuntos de los demás, pudiendo llegar a ser altamente invasivas y «cotillas».

Muchas veces, esto se debe al hecho de no tener en cuenta las necesidades o inquietudes del otro. ¿Qué más da que la otra persona no quiera hablar de X tema? La persona controladora seguirá insistiendo.

Son paternalistas

Las personas controladoras también pueden ser muy paternalistas. Muchas veces, recurren a este mecanismo para ocultar su intento de poder o de control sobre el otro.

El paternalismo puede traducirse en: mostrarse muy conciliador (por ejemplo, ofreciéndose a tomar una decisión por la persona), o de forma menos sutil, mostrándose dominador (por ejemplo, criticando decisiones de la persona).

Intentan aislar al otro

Este tipo de personas también suelen buscar aislar, socialmente, al otro. Esto es también una forma de control; «si te aíslo, hay menos probabilidades de que recurras a otro para obtener ayuda o compañía», por ejemplo.

En las relaciones de pareja este tipo de acciones es más evidente. La persona controladora, muchas veces, acaba «haciendo» que su pareja se desvincule de su familia, de sus amigos…

Tienen baja tolerancia al estrés

Cuando estas personas no pueden o no saben controlar los eventos externos (o a las personas), experimentan mucho estrés. De forma inconsciente, creen que solo controlando su ambiente y todos los aspectos de su vida, serán capaces de asegurarse que se satisfacen sus propias necesidades.

Se sienten inferiores

Muchas veces, tras todas estas conductas controladoras y, en algunas ocasiones, manipuladoras, se esconde en realidad un fuerte sentimiento de inseguridad personal o baja autoestima.

Con frecuencia, intentan paliar esa baja autoestima a través del control, porque tienen miedo a que las cosas (o personas) que no controlan, les superen o les generen sufrimiento.

¿Qué hay de nosotros?

Hemos hablado de algunas características de las personas controladoras, y de su gran impacto a la hora de influenciar a los demás. Sin embargo, no debemos olvidar que las relaciones son bidireccionales, es decir, que tras alguien controlador hay alguien que se está dejando manipular o controlar.

Si estás en esta situación, pregúntate: ¿por qué lo aguanto? No olvidemos que nuestra responsabilidad, en las interacciones personales, sigue ahí. Tomemos conciencia de lo que nos aportan las personas de nuestra vida, y desvinculémonos de personas que nos hacen daño.

¿Hay alguien que te intenta controlar? Reflexiona sobre si es esto lo que quieres realmente en tu vida; si no, intenta cambiarlo. Escoge bien a quién quieres en tu vida.

lunes, 26 de abril de 2021

La discriminación a personas mayores: una realidad cada vez más común según la OMS

La discriminación, la crítica y el desprecio a las personas mayores aparecen cada día con más frecuencia, según la OMS.

Lo llamamos edadismo y se produce cada día y cada instante. La discriminación a personas mayores es una realidad evidente que no conoce fronteras, ni escenarios ni culturas. Curiosamente, se nos ha educado para reconocer el sexismo y las conductas racistas, pero lo cierto es que la discriminación por edad es algo que no siempre se ve y que se practica con frecuencia.

Es más, tal y como nos explica un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) una de cada dos personas en el mundo tiene conductas discriminativas hacia nuestros mayores. El dato es impactante y nos obliga a una seria reflexión. Pensar que la mitad del planeta ha criticado, infravalorado o menospreciado a una persona de edad avanzada nos envilece como sociedad.

Ahora bien, cabe decir que este fenómeno no es nuevo. Lo que sí es cierto es que en el actual momento es más evidente que nunca. La crisis sanitaria en la que nos encontramos debido a la pandemia, está sacando a la luz situaciones tan tristes como de clara injusticia. Ahora más que nunca, es necesario tomar conciencia y aplicar cambios, desarrollar estrategias para que la edad lejos de ser un problema se alce como un valor añadido.

¿Cómo se produce la discriminación a personas mayores?

El edadismo o la discriminación a personas mayores empezó a estudiarse en 1968. Se manifiesta por cómo pensamos (estereotipos), cómo sentimos (prejuicios) y cómo actuamos (discriminación).

Fue Robert Neil Butler, médico, gerontólogo y psiquiatra, quien se alzó como el pionero por excelencia en el campo de la investigación y defensa del colectivo de las personas mayores.

Su libro Human Aging sigue siendo toda una referencia para comprender esas prácticas discriminatorias que se dan a nivel individual, social e institucional. Ahora bien, hay algo que queda en evidencia. Este fenómeno ocurre desde hace décadas. Sin embargo, como bien señala el informe de la OMS, en la actualidad estamos viendo nuevas dinámicas que es importante considerar. Las analizamos.

Países con ingresos más altos discriminan más

En la encuesta World Values Survey analizada por la OMS quedó patente un hecho llamativo: los países con ingresos altos, curiosamente, tiene un grado de respeto más bajo hacia las personas mayores. Ahora bien, con esa falta de consideración nos referimos básicamente a los pensamientos y estereotipos que solemos alimentar respecto a la tercera edad.

De algún modo, nos dejamos llevar de manera inconsciente por determinados esquemas de pensamiento y prejuicios que ni siquiera llegamos a autocuestionarnos. Es lo mismo que sucede con el sexismo. Asimismo, la discriminación a personas mayores no deja de ser una ironía y una contradicción. En el 2050 se estima que el número de personas mayores de 60 años llegará a los 2 000 millones.

La discriminación a personas mayores y las ideas que reforzamos

La Universidad de Alberta en Canadá llevó a cabo un estudio en el 2019 en el que se demostró una vez más el grado de discriminación a personas mayores. Donna Wilson, la autora de este trabajo, señala que esta realidad es la forma más común de prejuicio y el problema está en que no nos damos cuenta de ello. Tampoco somos conscientes de su prevalencia ni del impacto que presenta.

Ahora bien, es muy probable que nos preguntemos cómo y de qué manera se ejerce este fenómeno. Para empezar, la discriminación por edad  se relaciona con los pensamientos que tenemos hacia este colectivo, así como los sentimientos y juicios al respecto. Estos serían algunos ejemplos:

  • Pensar que nuestros mayores no son capaces de aprender cosas nuevas, que son incapaces de usar el móvil, el ordenador…
  • Concebirlos como personas poco válidas, destinadas únicamente a tener que ser atendidas por los demás.
  • Dar por sentado que no pueden oír bien, que no entienden las cosas…
  • Asumir que ya no son útiles para la sociedad.
  • Las personas mayores no tienen representación en el mundo del cine y la televisión.
  • El edadismo se traduce también en barreras arquitectónicas. Las ciudades no están habilitadas para las personas mayores.
  • La desnudez y la intimidad de las personas mayores se considera antiestética. Su sexualidad está estigmatizada.
  • Por otro lado, es importante hablar del edadismo institucional. Ejemplo de ello es no dar oportunidades laborales a quien aún teniendo una edad, desean seguir trabajando. También es importante destacar la situación de vulnerabilidad que tienen muchos ancianos en las residencias.
El edadismo tienen un impacto psicológico

El edadismo va más allá de un simple prejuicio o pensamiento negativo, esta forma de discriminación se ejerce a través de muchos ámbitos. Un ejemplo, sabemos que llegada cierta edad, se limitan determinadas intervenciones y tratamientos médicos. Como bien podemos suponer, todo este conjunto de realidades discriminatorias no pasan desapercibidas para el adulto mayor.

Sentimientos de inutilidad, frustración, sensación de abandono, el trato paternal o incluso infantilizarlos acaba mermando su salud física y psicológica. Invisibilizar y discriminar a un sector tan significativo y amplio de nuestra sociedad dice muy poco sobre nosotros. Nuestros mayores son valor añadido, son una alianza para nuestro presente de quienes aprender y a quienes valorar por lo que hicieron y por lo que son.

En una sociedad cada vez más envejecida es momento de hacer cambios y avances. Un mundo que no da espacio, valor y atención a los adultos mayores no avanza, involuciona.

domingo, 25 de abril de 2021

Los niveles altos de testosterona vuelven a los hombres más egoístas

¿Cómo influyen los niveles altos de testosterona en los hombres? Un reciente hallazgo relaciona el poderoso efecto de esta hormona con el egoísmo y la tacañería de un hombre.

Nuestros comportamientos responden a motivaciones diversas. Y en el caso de las relaciones amorosas, por ejemplo, el egoísmo juega un papel crucial a la hora de que un vínculo amoroso sea satisfactorio y siga o no adelante. ¿Qué podría determinar que un hombre sea más o menos egoísta en un vínculo sentimental? La testosterona, ¿quizás?

Uno de los desequilibrios que con más frecuencia amenazan a las relaciones de pareja se produce cuando uno de ellos da mucho y el otro solo recibe, o recibe muy poco. Y es que una relación basada en el egoísmo por parte de uno de sus integrantes no puede funcionar si no se ataja, o más bien, si el miembro egoísta no es capaz de superar sus sentimientos profundos de inseguridad e insuficiencia para su pareja.

Amantes egoístas

A menudo, las parejas egoístas sufren por sentirse “inferiores” o inadecuadas, y para encubrir esa vergüenza, están internamente “quietos”, es decir, sin dar nada. Esto lo explica un informe publicado en la revista de psicología PsychOpen por parte de expertos, quienes exponen que para un amante egoísta, el amor es un recurso escaso, y a menudo, esconden algo que no quieren que salga a la luz y que les hace sentir muy avergonzados, por lo que buscan una pareja, sin duda, excepcional, que les pueda tolerar.

Sin embargo, este es el comienzo de un sendero que no toca transitar en este artículo, sino que nos vamos a centrar en un hallazgo sorprendente que, puede hacer que nos compadezcamos de los hombres más egoístas, ya no solo a nivel emocional, sino más tacaños en general.

¿Qué es la testosterona?

La testosterona es una hormona que se produce en la parte de los testículos en los hombres, y que afecta a su apariencia y desarrollo sexual. Estimula la producción de esperma, el impulso sexual, y también ayuda a desarrollar su masa ósea y muscular.

¿De qué es responsable la testosterona? En los hombres hace que la voz se profundice, el vello corporal crezca y los genitales se agranden durante la pubertad.

Los niveles de esta hormona masculina tienden a ser más altos cuando el hombre tiene alrededor de 20 años y disminuyen naturalmente con la edad. Sin embargo, niveles de testosterona demasiado altos o demasiado bajos pueden causar varios problemas; al igual que a las mujeres, quienes también crean pequeñas cantidades de la hormona en los ovarios y las glándulas suprarrenales, lo que les afecta su fertilidad y sus huesos y músculos.

Niveles bajos de esta hormona en los hombres

La producción de testosterona generalmente disminuye con la edad. Según la Asociación Estadounidense de Urología (AUA), aproximadamente 2 de cada 10 hombres mayores de 60 años tienen niveles bajos de testosterona.

Y, ¿cómo les afecta eso? Pues bien, tener bajos niveles de esta hormona supone un bajo deseo sexual, tener más fatiga, una masa muscular magra reducida, irritabilidad, disfunción eréctil, y hasta depresión. Sin duda, unas consecuencias que pueden tratarse, con la denominada TT o (terapia con testosterona). Pero, ¿y al contrario?

Niveles altos de testosterona en los hombres

¿Cómo puede afectarle a un hombre tener unos niveles altos de testosterona? Esto mismo es lo que acaba de descubrirse en un estudio realizado por el psicólogo Jianxin Oua de la Universidad de Shenzhen de China y sus colegas. En la investigación, publicada en el Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los investigadores reclutaron a 58 hombres y los dividieron en dos grupos, a uno de los cuales se le administró un gel de testosterona, y al otro un gel placebo incoloro hecho de agua y alcohol.

Después de un período de descanso de tres horas, a los participantes se les hizo una resonancia magnética, y se midió su actividad cerebral funcional en base a dos opciones: coger una determinada cantidad de dinero para ellos mismos (la opción egoísta), o una cantidad inferior para compartirla con su pareja. Y los resultados fueron muy reveladores.

Tal y como explica Jianxin Oua, la testosterona está asociada con un comportamiento agresivo tanto en animales como en humanos: “En el estudio, establecimos un vínculo entre el aumento de testosterona y el egoísmo en la toma de decisiones económicas; identificamos los mecanismos neuronales a través de los cuales la testosterona reduce la generosidad”, dijo.

La conclusión principal fue que la testosterona amortigua la actividad en una región del cerebro que se sabe que está involucrada en la consideración del bienestar de otras personas, así en los resultados detectaron cómo los valores de recompensa en la opción egoísta alcanzaron unos niveles muy superiores a la opción generosa.

sábado, 24 de abril de 2021

¿Cómo reconciliarte con un ser querido?

Si quieres reconciliarte con un ser querido, vas a tener que hacer un análisis de la situación. Entender muy bien qué ha sucedido y asumir qué puedes esperar del otro.

Reconciliarte con un ser querido es importante, e incluso necesario, precisamente por las dos últimas palabras de esa frase: es un ser querido. Si quieres a alguien, significa que esa persona tiene un lugar importante en tu vida. Un disgusto implica que ese lugar está ahora alterado, pero no ha desaparecido.

Mantener un conflicto por mucho tiempo llega a ser agobiante. Incluso si no tienes que abordar ese problema todos los días, de todos modos, está ahí como una inquietud latente que te provoca algún grado de malestar. De ahí que sea tan importante reconciliarte con un ser querido.

Hay varios factores que pueden hacer difícil esa reconciliación. A veces es el orgullo, otras veces la sensación de haber sido tratados de forma injusta o el dolor que ha quedado tras una discusión fuerte. En fin, los motivos son muchos. Por eso, algunas veces no sabes por dónde empezar. Entonces, ¿cómo reconciliarte con un ser querido? Es posible que las siguientes pautas consigan ayudarte.

Identifica y comprende tus sentimientos

Para reconciliarte con un ser querido es muy importante que te hagas consciente de tus verdaderos sentimientos. Lo primero es identificar las emociones asociadas a la situación que dio origen a la discusión o al distanciamiento. ¿Hay ira o dolor? ¿Por qué? Trata de precisar todo esto de la forma más exacta posible.

Todavía debes identificar los sentimientos globales que tienes frente a esa persona querida. ¿Por qué sientes afecto por esa persona? ¿Qué valoras de ella? ¿Por qué es valioso el vínculo que os une? Al responder a todas estas preguntas obtienes un panorama de tu disposición emocional frente a ese ser querido. Esto ayuda a aclarar el camino a seguir.

¿De verdad quieres reconciliarte con un ser querido?

Para reconciliarte con un ser querido es necesario que seas honesto contigo mismo. ¿De verdad quieres reconciliarte o solo quieres eliminar el peso de la culpa? ¿En verdad valoras la relación que tienes con esa persona o solo te hace falta por fines prácticos?

Para que puedas reconciliarte con esa persona con la que tienes un conflicto es muy importante que en verdad quieras hacerlo. Si no lo deseas plenamente, pregúntate qué te lo impide. Recuerda que no se trata tan solo de reiniciar el vínculo, sino de sanar las heridas e incluso de evolucionar en esa relación.

El difícil camino del perdón

El perdón es un proceso complejo. Implica al menos cuatro aspectos: elaborar el dolor que ha dejado una situación de conflicto; comprender lo sucedido, tanto desde el punto de vista propio, como desde el punto de vista ajeno; reconstruir el sentido de la relación y superar el rencor.

Como ves, no es nada fácil. Cuando las ofensas no han sido tan graves, es posible que todo esto se logre sin mayores tropiezos o dificultades. En cambio, si el motivo del conflicto fue algo más serio, quizás te tome un tiempo desarrollar este proceso. Lo ideal es que antes de buscar la reconciliación, tengas claro que estás dispuesto a perdonarte y a perdonar.

Respetar los tiempos y buscar el momento

¿Quién debe tomar la iniciativa de la reconciliación? En el fondo, nadie tiene la obligación de hacerlo. Una reconciliación es un acto de voluntad que no tiene por qué darse. Ahora, si eres tú quien decide acercar posturas, recuerda que es tú decisión, que el otro no está obligado a seguirte. Puedes anticipar una reciprocidad, pero está no tiene por qué darse.

Por otro lado, si sientes que has logrado comprender las cosas y que también has conseguido decantar tus emociones, lo más probable es que ya estés listo para reconciliarte con un ser querido. Si te hace mucha falta, pero aún no logras “tragar” lo sucedido, es posible que todavía necesites algo de tiempo. No apresures, pero tampoco detengas lo que fluye por sí solo.

La franqueza y el afecto

La mejor manera de reconciliarte con un ser querido es buscando aproximaciones con esa persona y siendo empático con ella. A medida que te acercas vas a notar si en esa persona también hay un ánimo de reconciliación o no. No te apresures.

A veces también es necesario plantear abiertamente un encuentro para hablar. Ocúpate de compartir tus sentimientos y reflexiones, pero elige referirte solo a lo que te compete a ti. No aventures interpretaciones sobre los demás. Habla de lo que te dolió o te molestó y de las razones por las que esa persona es importante en tu vida y quieres volver a estar cerca de ella.

Debes escuchar intentando dejar a un lado las ideas preconcebidas y respetar lo que el otro tenga para decir. Si surge alguna desavenencia, lo mejor es callar y analizarlo después. Es posible que reconciliarte con un ser querido te lleve más de un encuentro, que nos sea una tarea sencilla; en última instancia eres tú quien tiene que decidir si merece la pena.

viernes, 23 de abril de 2021

La persona anuladora: 5 rasgos

La persona anuladora suele enfocar su neurosis en quienes se muestran vulnerables o con dificultades de asertividad. Su juego consiste en hacer que se sientan incapaces, para que se vuelvan dependientes y manipularlas.

Una persona anuladora es aquella que tiene por costumbre bloquear o minusvalorar a los demás. No es una categoría clínica como tal ni tampoco un diagnóstico, sino un perfil que incluye rasgos bien delimitados, por lo cual es posible diferenciarlo de otros.

Como el nombre lo indica, la persona anuladora realiza acciones que borran o diluyen a los demás. No siempre lo hace de forma directa o explícita, sino que a veces roe de manera sutil, de tal modo que quienes le rodean terminan sintiéndose mal consigo mismos o poniéndose al margen, sin saber muy bien cómo o por qué.

La persona anuladora no corresponde estrictamente a un caso de narcisismo patológico, pero sí se le parece mucho. Su elemento distintivo es el de querer sobresalir y la manera para lograrlo es disminuyendo a los demás. Incluso las personas equilibradas y asertivas tienen dificultades para ponerles límite. Sus principales características son las siguientes.

1. Proyecta sus defectos

La persona anuladora está continuamente a la caza de errores o defectos en los demás. No va a perder oportunidad para remarcar cualquier equivocación o vacío que tengan los otros. A veces lo hace de forma directa, pero es más común que se valga de sutilezas o insinuaciones.

Lo más curioso es que con frecuencia acusan a los demás de lo mismo que ellos hacen. Por ejemplo, no es raro que le digan a otro: “Parece que tú siempre estás viendo los defectos en los demás y no sus virtudes”. Ellos no hacen otra cosa; sin embargo, en ellos, no lo ven. En una palabra: proyectan.

2. Rara vez le dan la razón a los demás

Otro de los rasgos de la persona anuladora es que le gusta plantear debates innecesarios, pero sobre todo contradictorios. Emplea el contrapunteo para darle un mensaje a los demás: nunca tienen la razón. Por supuesto, ellos mismos sí la tienen siempre.

Les gusta el debate, la confrontación y por eso defienden con frecuencia posturas en las que en realidad no creen. No dejan hablar a los demás, sacan argumentos de todas partes, buscan que el otro se quede en silencio. Mañana pueden defender la posición opuesta con la misma vehemencia.

3. Es competitiva en exceso

Lo malo no es que la persona anuladora sea excesivamente competitiva, sino que casi nunca compite de la manera más leal. Su objetivo no es ganar en algún terreno y demostrar que tiene más capacidades que otros. El propósito que mueve a este tipo de personas es lograr que los demás pierdan.

Así pues, no le interesa tanto ganar como lograr que otros prueben el sabor de la derrota. Por eso, tienen el hábito de criticar absolutamente todo lo que hacen y dicen los demás. “¿Estás estrenando calcetines? Lástima que no sean de los que absorben la transpiración, como estos que traigo puestos”. Así operan: descalificando a los demás, casi con condescendencia.

4. Narcisismo, un rasgo de la persona anuladora

Es obvio que las personas anuladoras tienen rasgos narcisistas bien marcados. Eso sí, no son del tipo narcisista que se conforma con autoexaltarse a toda hora y ufanarse de lo que hace o no hace. No. Estos necesitan, sí o sí, minimizar a los demás. La comparación continua es su arma favorita.

Este es el tipo de personas que se pone a sí mismo como ejemplo de todo lo bueno, acertado, inteligente y extraordinario. Acto seguido, le recuerda a los demás que están por debajo, al menos desde su perspectiva. Si alguien dice “He tenido problemas para manejar esa aplicación”, el anulador salta para señalar, “Por Dios, pero sí es muy sencillo. Yo conozco muy bien esa aplicación y es de las fáciles”.

5. Falsa solidaridad

Aunque parezca contradictorio, la persona anuladora muchas veces ayuda a otros con el fin de minimizarlos. La solidaridad se basa en el hecho de que una persona está en apuros porque algo lo desborda, en alguna medida. Otro, entonces, le ayuda a superar el impasse, bien sea por principios o por afecto.

Las personas anuladoras ayudan a los demás para situarse en una situación superior, pero, sobre todo, para que quienes reciben ese “beneficio” se sientan inferiores y sientan que necesitan más apoyo. No buscan que el otro supere su dificultad, sino que reafirme su problema. “No te preocupes, yo lo hago por ti. Sé que no sabes hacerlo”.

Casi todos hemos tenido que tolerar a personas de este estilo. Si se pueden ignorar, mucho mejor, pero a veces justo se trata de alguien a quien tenemos que frecuentar. En esos casos, hay que ponerles límites. Si no sabes cómo, quizás necesites desarrollar algunas habilidades y un psicólogo puede ayudarte con eso.

jueves, 22 de abril de 2021

Neurastenia, el cansancio inexplicable: ¿en qué consiste?

Cansancio extremo, cefaleas, sensación de debilidad... La neurastenia es una realidad clínica descrita hace más de un siglo y que sigue llenándonos de dudas.

Agotamiento extremo, dolor de cabeza, mareos, hipotensión, dolor de estómago, náuseas… La neurastenia se describió por primera vez en 1829 para definir una enfermedad de los “nervios”. Cabe señalar que durante más de un siglo tuvo gran relevancia en el ámbito clínico y psicopatológico. Eran muchas las personas que la padecían…

Los antiguos “alienistas”, es decir, los médicos especializados en psiquiatría, señalaban que aparecía en varios colectivos muy concretos. El primero eran las esposas de granjeros, las cuales solían pasar largas temporadas en soledad trabajando sus tierras. También los hombres de negocios evidenciaban estos síntomas. Era tan llamativa esta condición que William James la denominó irónicamente como “americanicitis”.

Con ello, intentaba describir el estado de estrés y de sobrecarga que padecía buena parte de la sociedad estadounidense. Ahora bien, lo cierto es que los países asiáticos siguen teniendo muy presente esta realidad clínica. Tanto es así que la han catalogado en su clasificación china de trastornos mentales (similar a nuestro DSM-V) como shenjing shuairuo, una dimensión psicológica vinculada al cansancio más acusado.

Neurastenia: definición, síntomas y causas

Cabe señalar algo importante. La neurastenia es un concepto ya obsoleto que no se incluye en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V). Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud lo sigue reconociendo, así como la CIE-10 y países ya citados, en este caso, China. Para comprender la complejidad de este trastorno vale la pena profundizar en algunos aspectos.

El primero es que, a lo largo del siglo XIX, los psiquiatras se sintieron muy interesados por la neurastenia. George Miller Beard fue el neurólogo que popularizó este término en 1869 (a pesar de estar descrito anteriormente). Lo definió como una inusitada e irritante debilidad que se manifestaba con una fatiga crónica ideopática (es decir, con causa desconocida). Conozcamos los síntomas.

Sintomatología asociada

La neurastenia aparece después de un esfuerzo. Es entonces cuando el cuerpo entra en un estado de agotamiento físico y psicológico desmedido. Es decir, la tarea realizada no es lo suficientemente intensa para ese desgaste sobredimensionado. Asimismo, cursa con las siguientes manifestaciones:
  • Cefaleas intensas que pueden derivar a veces en migrañas.
  • Dolor muscular.
  • El agotamiento es muy intenso, sin embargo la persona se siente incapaz de acostarse y conciliar el sueño. El insomnio puede ser por tanto una constante.
  • Aparecen dolores de estómago y alteraciones intestinales (gases, diarreas).
  • Pueden aparecer desmayos o vómitos.
  • Irritabilidad.
  • Trastornos de pánico.
  • Problemas para pensar con claridad.
  • Fallos en la memoria.
Todos estos síntomas tienen un mínimo de duración de 6 meses (con mayor o menor intensidad y además, apareciendo unos síntomas y no otros).

¿Cuáles pueden ser las causas?

Neurastenia, neuromiastenia epidémica, enfermedad del Hospital Royal Free, enfermedad de Akureyri, poliomielitis atípica, enfermedad de Islandia, síndrome de Da Costa o del corazón irritable… Esta condición recibe muchos nombres y si bien es cierto que no aparece en el manual de diagnóstico y trastornos mentales, son muchos los países que le dan espacio, validez y relevancia.

La Universidad del País Vasco (España) le dedicó un estudio en el 2019. Señalan que esta sintomatología aparece con frecuencia en atención primaria. De hecho, se sospecha que podamos estar ante enfermedad con repercusión multisistémica, es decir, hay muchas variables que podrían confluir en la neurastenia.

En buena parte de los casos, suelen diagnosticarse dos condiciones clínicas: depresión y fatiga crónica. Asimismo, en el 2015 la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América (Instituto de Medicina) definió la neurastenia como enfermedad de intolerancia al esfuerzo. Es decir, hay personas que al realizar cualquier actividad, por nimia que sea, evidencian una sintomatología física y psicológica adversa.

En la actualidad se le considera como un trastorno somatomorfo

Tal y como hemos señalado, la neurastenia es un término en desuso para buena parte de la comunidad científica. Así, y aunque la CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades) sigue dándole presencia, lo cierto es que en la actualidad se vincula directamente a los trastornos somatomorfos.

Es decir, un trastorno somatomorfo es un cuadro clínico en el que aparecen diversas enfermedades o síntomas que no pueden ser explicados por alteraciones orgánicas subyacentes. De ese modo, factores como el cansancio extremo y la baja energía son siempre dos elementos que integran esta categoría clínica.

Sea como sea, hay algo evidente. Podemos seguir aceptando la neurastenia como condición o no, porque la etiqueta clínica es al fin y al cabo, lo menos importante. Lo más determinante desde un punto de vista psicológico y también médico es saber qué desencadena esa sintomatología.

Sigmund Freud ya hablaba en su día de una depresión. Los alienistas de principios del siglo XIX describían a sus pacientes como personas que cargan sobre sí mismas muchas preocupaciones. Por otro lado, y vistas las manifestaciones orgánicas, se ha podido comprobar que muchas personas padecen además problemas hormonales, sistemas inmunitarios deprimidos o incluso anemias.

Es decir, no podemos separar las enfermedades orgánicas de los problemas psicológicos. Los estados de estrés y ansiedad suelen estar detrás en muchos casos de los trastornos somatomorfos. De ahí que enfoques como la terapia cognitiva-conductual y, en ciertos casos, la administración de ansiolíticos suelen dar siempre buen resultado.

Para concluir, más allá de las terminologías, están las necesidades. No dudemos nunca en solicitar ayuda experta ante cada problema, ante cada molestia, angustia o inquietud que enturbia la vida.

miércoles, 21 de abril de 2021

La falta de calidez parental puede derivar en conductas antisociales

Una educación autoritaria y severa deja secuelas en los niños. En ocasiones, la falta de afecto en la infancia puede traducirse el día de mañana en un mayor riesgo para desarrollar conductas antisociales.

Gritos. Reprimendas. Castigos físicos. Frialdad emocional y desapego. Las críticas constantes y las órdenes con muy poco margen. Todas estas dinámicas en la crianza y la educación dejan un poso emocional en ese niño que tiene la mala suerte de llegar a un hogar en el que la falta de calidez parental es una constante. Ahora bien, si duras son las vivencias, igual de llamativas son las consecuencias.

Nadie sale indemne de una infancia infeliz. Menos todavía de un pasado marcado por el autoritarismo y la ausencia de un amor que valida, que arropa y lleva de la mano, en cada paso, con cariño imperecedero. Hay quien llega a la adolescencia e incluso la supera con un estrés postraumático no resuelto.

Ahora bien, algo que nos dice la ciencia al respecto es que crecer en un entorno marcado por la severidad puede elevar el riesgo del desarrollo de conductas antisociales. Analizamos este dato a continuación.

La falta de calidez parental en la infancia deja secuelas

La verdad es que no podemos llegar a imaginar el impacto que tiene la falta de calidez parental en la infancia. El dato es tan relevante y abarca tantas dimensiones que disponemos de estudios de todos los ámbitos y campos de la salud.

Un ejemplo, la Universidad de Michigan demostró en un estudio que los hogares disfuncionales y en las familias en las que los niños estaban descuidados emocionalmente, los pequeños tenían un riesgo más elevado de padecer obesidad.

Son contextos en los que además del abandono afectivo se descuida la alimentación. Los niños terminan recibiendo una dieta más deficitaria, rica en azúcares, grasas saturadas, exceso de carbohidratos… Es decir, toda situación de negligencia tiene un impacto tanto a nivel físico como psicológico. Así, en lo que se refiere a la falta de calidez parental y al desarrollo de la personalidad y conducta del niño hay datos muy reveladores.

El autoritarismo y la frialdad emocional

La Universidad Estatal de Michigan y el equipo dirigido por la doctora Alexandra Burt realizaron un trabajo de investigación que se ha publicado hace muy poco. En él se intentaba comprender las consecuencias que podía tener una educación autoritaria y la falta de afecto o calidez emocional en el desarrollo de los niños.

Para ello se hizo un seguimiento de unas 2 500 parejas de gemelos monocigóticos y dicigóticos, junto a sus progenitores. Así, y a lo largo de varios años, pudieron observarse esos casos en los que los padres ejercieron el autoritarismo e incluso llegaron a ejercer la violencia física. La ventaja de tener el foco puesto en los gemelos fue clave.
  • Había gemelos que crecieron de manera separada. Otros en cambio, aun creciendo en un mismo hogar, experimentaron a nivel familiar un trato diferenciado: mientras unos recibieron un afecto cálido, otros llegaron a sufrir maltrato.
  • Así, algo que pudieron demostrar los investigadores es que el comportamiento de los niños no depende siempre de factores genéticos. El ambiente es lo que más modela el comportamiento y personalidad.
  • El hermano (gemelo) que había sufrido falta de calidez parental tenía un riesgo mayor de evidenciar comportamiento antisocial en la adolescencia. El otro gemelo que había tenido el afecto de los padres mostraba una conducta más ajustada.
  • Asimismo, también pudo verse otro detalle. Aquellos niños que habían experimentado menos calidez parental eran más propensos a la frialdad emocional y a una empatía más baja.
La falta de calidez parental y la teoría de seguridad emocional de Cummings y Davies

A la hora de hablar de la conducta violenta o el comportamiento antisocial, se habla muy a menudo de los aspectos genéticos. Bien es cierto que a veces podemos hablar de variables biológicas en determinados comportamientos poco ajustados o violentos. Sin embargo, hay un factor de peso que esculpe en mayor grado el tipo de persona que llegaremos a ser el día de mañana.

La educación, el contexto en el que crecemos, la crianza y la falta de calidez parental lo es todo. Un ejemplo, la teoría de la seguridad emocional de Cummings y Davies (1995) describe la relevancia de esa calidez emocional para el buen desarrollo de los niños. Un afecto constante, seguro y que valida favorece el ajuste interno de la persona.

Cuando se establece una vinculación positiva y enriquecedora entre los progenitores y sus hijos, el niño evidencia un mejor ajuste emocional, una personalidad más saludable y una autoestima más fuerte. La carencia de todos estos factores deriva tanto en un desajuste interno como externo:
  • Los problemas de ajuste interno son aquellos que afectan al aspecto psicológico y emocional, tales como trastornos de ansiedad, hiperactividad, somatización, depresiones, etc.
  • Por otro lado, la falta de ajuste externo se relaciona con trastornos de conducta como la agresividad, el comportamiento delictivo y la conducta antisocial citada en el anterior estudio.
Para concluir, pocas cosas son más necesarias que favorecer una crianza basada en ese afecto nutritivo con el que dar al mundo personas saludables psicológicamente, seguras de sí mismas y sobre todo conocedoras de ese amor que da seguridad y no incertezas.

martes, 20 de abril de 2021

El mito de Rómulo y Remo, los fundadores del Imperio

El mito de Rómulo y Remo es el mito de la fundación de Roma y del Imperio Romano. Nos habla de descendientes de dioses y reyes que tienen un destino infausto, pero al final se convierten en los iniciadores del más grande imperio de la época.

El mito de Rómulo y Remo narra el origen y la fundación del Imperio Romano, el cual según los historiadores tuvo lugar en el año 753 antes de nuestra era. Esta historia tiene mucho de leyenda, pero está registrada en los anales de la época. Sin embargo, sus bases son confusas y contradictorias, por lo que no se les da credibilidad plena.

Hay grandes historiadores que han hecho referencia al mito de Rómulo y Remo. Dentro de ellos están Plutarco, Dionisio, Tito Livio y Lucio Aneo, entre otros. Todavía no hay consenso entre los expertos sobre si la leyenda tiene base real.

Hay que anotar que el mito de Rómulo y Remo es romano, como resulta obvio, pero también existe una versión griega del mismo. Según esta última, Roma habría sido fundada por los griegos. Sin embargo, tal versión está llena de inconsistencias y no sobrevivió ni siquiera como leyenda.

El origen del mito de Rómulo y Remo

Dice el mito de Rómulo y Remo que todo comenzó con Eneas, héroe de la Guerra de Troya, quien escapó de la misma después de 10 años de conflicto. En su fuga, perdió a su esposa Creúsa, pero logró salvar a su padre y a su hijo Ascanio. Este último fundó una urbe llamada Alba Longa y fue su primer rey.

De su descendencia, cuatro siglos después, reinó un hombre llamado Numitor. Este fue traicionado por su hermano, quien lo destronó y mató a todos sus hijos varones. Solo quedó viva una hija mujer. El homicida, temiendo que ella pudiera engendrar un hijo que vengara la afrenta, la consagró a la diosa Vesta. Al hacer esto, la joven debía hacer votos de castidad de por vida.

Según el mito de Rómulo y Remo, Marte, dios de la guerra, quedó prendado de la muchacha. En una ocasión la joven visitaba un jardín dedicado al dios y este aprovechó un descuido y la tomó por la fuerza. De esa unión la mujer, llamada Rea Silvia, quedó encinta.

Los gemelos

Rea Silva quedó esperando unos gemelos. Cuando el hombre que había traicionado a su padre se enteró de que ella estaba embarazada, la encerró y les ordenó a los criados que mataran a los hijos en cuanto estos nacieran. Sin embargo, estos desobedecieron la orden y en cambio de ello pusieron a los gemelos en una cuna y la dejaron flotando en el río.

Cuando el nivel del agua subió, la cuna llegó a una zona seca. Una loba llamada Luperca se acercó a beber y vio a los pequeños. Ella los recogió y los amamantó en su guarida, que estaba ubicada en el monte Palatino. De este modo, los gemelos sobrevivieron. Es de anotar que en el latín el término “loba” o “lupa” también se usaba para designar a las prostitutas.

Poco después, los gemelos fueron hallados por un pastor que los adoptó como si fueran sus propios hijos, junto con su esposa. Los niños se convirtieron también en pastores y, en sus faenas, un día Remo fue raptado y llevado ante el hombre que había destronado a su abuelo. Allí el joven se enteró de su verdadero origen. Una vez liberado, se lo contó su hermano y entre los dos lucharon y le retornaron el trono a su abuelo.

La fundación del Imperio Romano

El mito de Rómulo y Remo señala que los gemelos, sabiéndose hijos de un dios, decidieron fundar su propia ciudad. Marcharon hacia el punto en donde habían sido hallados por la loba para iniciar allí un reino propio. Sin embargo, no lograron ponerse de acuerdo sobre dónde debía quedar la nueva urbe y quién debía reinar primero.

Para terminar con la discusión, acudieron a una costumbre etrusca: el que viera más buitres en vuelo sería el ganador. Rómulo divisó 12 buitres, mientras que Remo solo vio 6. Rómulo, entonces, decidió que la nueva ciudad se erigiría sobre el monte Palatino y trazó los límites, ordenando que nadie debía traspasarlos.

Remo, que había quedado inconforme con la situación, desobedeció la orden de su hermano y atravesó la frontera. Fue entonces cuando Rómulo mató a su hermano y se convirtió en el primer gobernante de la que desde ese momento sería la ciudad eterna.

lunes, 19 de abril de 2021

¿Hay empatía en los animales?

Todavía no hay una respuesta concluyente frente a la pregunta de si existe la empatía en los animales. Los cientos de testimonios, así como varios experimentos, parecen probar que esta capacidad está presente en todos los mamíferos.

Son muchas las notas y videos que circulan en Internet sobre la existencia de una aparente empatía en los animales. Los metrajes recogen imágenes de perros ayudando a gatos, elefantes cuidando monos y un sinfín de casos parecidos. Sin duda, todas esas imágenes y datos nos conmueven. Sin embargo, ¿son en realidad una manifestación de empatía?

Recordemos que la empatía es la capacidad para percibir, inferir y compartir los sentimientos y emociones del otro. Esto supone a la vez el reconocimiento de ese otro como un ser similar a uno, es decir, con un mundo subjetivo tan válido como el nuestro.

Como se ve, se trata de una capacidad compleja. Por lo mismo, tradicionalmente se ha creído que no hay empatía en los animales, sino conductas basadas en el instinto de supervivencia individual y colectivo. Sin embargo, en años recientes se ha puesto en duda esta premisa. Quizás los animales diferentes al hombre tienen una conducta más sofisticada de lo que se tiende a creer.

La empatía en los animales

Uno de los videos más sorprendentes sobre la empatía en los animales se grabó en 2014, en Kanpur, al norte de la India. En él se ve a un grupo de monos. Uno de ellos había recibido una descarga eléctrica en cables de alta tensión y cayó inconsciente al suelo, justo en medio de la vía del tren.

Las imágenes muestran cómo otro mono intenta hacerlo reaccionar por diversos medios, pero también se preocupa por sacarlo de la vía del tren. Tarda un buen tiempo en hacerlo y debe realizar varios intentos antes de lograrlo. ¿Podría decirse que esto es una conducta de supervivencia o hay aquí señales de empatía en los animales?

Como este hay muchos otros registros similares y lo más llamativo es que muchas veces esos actos se dan entre animales de diferentes especies. De hecho, entre ejemplares a los que se le considera muchas veces “enemigos naturales”. ¿Significa esto que hay empatía en los animales?

Las primeras investigaciones

El psicólogo Russell Church se preguntó si había empatía en los animales hace mucho tiempo: allá por el año 1959. Para responder, llevó a cabo un estudio con animales muy inteligentes: las ratas. Ideó un complejo experimento que a la postre resultaría aportaría datos muy interesantes.

Colocó un grupo de ratas en un espacio controlado. En un punto del lugar había una palanca. Si una rata la oprimía, salía comida por allí. Sin embargo, al mismo tiempo la rata que estaba en el otro extremo recibía una descarga eléctrica. De este modo, los animales quedaban ante un dilema: al satisfacer su propio deseo, les hacían daño a otros miembros de su especie.

Tras entender el mecanismo, las ratas dejaron de oprimir la palanca. En otras palabras, renunciaron al alimento con tal de no generar la descarga eléctrica. Lo hacían incluso con ejemplares que no conocían. ¿Qué significaba esto? Las conclusiones no fueron precisas. No pudo establecerse si abandonaban la conducta por miedo a que ellas mismas fueran objeto de una descarga, o por evitarle sufrimiento a otras.

Experimentos reveladores

Un estudio publicado en la revista Science en 2011, dirigido por Inbal Ben-Ami Bartal, profesora del departamento de Psicología de la Universidad de Chicago, parece probar que la empatía en los animales sí existe. Esta investigación también se hizo con ratas.

Primero se puso a una rata en una jaula estrecha, frente a lo cual, como es obvio, esta reaccionó con incomodidad y angustia. Luego se le sacó de allí y se le obligó a presenciar cómo otra rata era puesta en la misma condición. En este caso, la reacción fue similar: había inquietud y angustia por el ejemplar que estaba encerrado.

Lo mismo se hizo una y otra vez. Pronto, las ratas aprendieron a abrir la compuerta del contenedor. No se guardaron ese conocimiento para sí mismas, sino que de ahí en más ayudaron a sus compañeras a salir de la jaula. Es evidente que experimentaban la situación de angustia de las demás, como si fuera propia.

Cada vez cobra más fuerza la hipótesis de que sí existe la empatía en los animales. De hecho, da la sensación de que se trata de una de las conductas más universales, al menos entre los mamíferos. El tema es aún objeto de investigación, pero todo apunta a que sí que existe en muchos animales, al menos de manera primitiva, la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

domingo, 18 de abril de 2021

El lenguaje imperativo: mucho más común de lo que pensamos

Si bien el lenguaje imperativo es común de jefes hacia empleados, existen muchísimos más ejemplos en el día a día que nos demuestran que es el principal lenguaje que utilizamos para comunicarnos.

Si analizáramos los diálogos, descubriríamos que no solo el lenguaje indicativo es el más implementado en el día a día, sino que también descubriríamos que las formas imperativas son más frecuentes de lo que pensamos. Este conjunto de formas constituye el lenguaje imperativo, el que impone, el discurso que ordena y manda, el lenguaje dictador de los jefes hacia sus empleados, y el lenguaje de padres a hijos en momentos determinados… En suma, el lenguaje de las relaciones asimétricas.

El lenguaje en sí mismo, sin ser imperativo, ya ejerce una fuerte influencia en nuestra percepción. Por ello mismo, no es muy difícil imaginar su impacto cuando está posicionado en el ya mencionado ordena y manda.

¿Es común el lenguaje imperativo?

Watzlawick señala, casi entre líneas, cómo Spencer Brown en su libro Las Leyes de la Forma define el concepto de lenguaje imperativo, que difiere a las definiciones tradicionales. Aunque, más que definir, lo que hace es afirmar que el lenguaje descriptivo resulta impositivo: la forma primaria de la comunicación […] no es la descripción sino la imposición.

Ejemplos sencillos de imposición se pueden encontrar en cuestiones como una receta, que viene a ser una serie de instrucciones culinarias que pautan la concreción de una comida; otro ejemplo podrían ser las pautas propuestas en una partitura permiten realizar una melodía. Ahora bien, estos no son los únicos ejemplos del lenguaje de la imposición.

Cuando una persona describe un objeto, pueden llamarnos la atención ciertos aspectos de este que posiblemente no habíamos tenido en cuenta. También es factible que algunos otros aspectos -que no fueron observados por nuestro interlocutor- hayan sido percibidos por nosotros. Lo interesante del fenómeno comunicacional es que cuando se transmite información, se impone o pauta la percepción del interlocutor.

Si digo: mira la forma de elefante que tiene esa nube…, pauto la percepción del otro y lo llevo a que observe lo que yo observo.

Con todo esto, podemos ver que si el lenguaje verbal por sí mismo puede llevar a pautar distinciones, ni qué hablar de las órdenes explícitas (lenguaje imperativo) que las imponen alevosamente.

El lenguaje imperativo en la terapia

El test de Rorschach nos brinda otro ejemplo interesante de lenguaje imperativo. Este está compuesto por manchas de tinta, algunas de colores, otras policromáticas, y su consigna ordena: le mostraré una serie de láminas, comuníqueme qué ve en cada una de ellas.

Esta orden insta a la persona a observar en la mancha figuras que le resultan familiares, es decir, la lleva a encontrar forma en lo amorfo. Tal es la inducción del lenguaje imperativo en la cognición y, por ende, en la emoción de las personas.

El lenguaje imperativo también es utilizado en la labor hipnoterapéutica, mediante la emulación del lenguaje del paciente. A través de esta estrategia, no solo se copian los tonos de voz, expresiones y muletillas verbales, sino también todo lo que corresponde al lenguaje analógico: gestos, actitudes, posturas etc., logrando así acceder al universo de creencias del paciente obteniendo los efectos de cambio buscados.

El psiquiatra Milton Erickson, su gran exponente, se caracterizó por el nivel de sutileza y precisión en los términos imperativos, y con gran pericia mandaba tareas a realizar y prescribía toda una secuencia de acciones para que la prescripción fuera exitosa.

Las puntuaciones crean realidades

Por medio del lenguaje verbal imponemos nuestros significados, (a pesar de que no los ejecutemos como una orden) y esto a su vez construye realidades que nos permiten efectuar puntuaciones en la interacción. Y según la puntuación, crearemos diferentes realidades.

La puntuación de la secuencia de hechos es uno de los axiomas de la pragmática de la comunicación humana que muestra cómo el lenguaje verbal impone distinciones. Este axioma explica cómo cada vez que observamos un hecho tendemos a describirlo de una manera particular, puntuando cada una de las secuencias de interacción, describiendo integrantes, pautas y todo un juego relacional.

En el plano de la sintaxis, las reglas de la puntuación también crean nuevas realidades. Una gama importante de signos nos proporciona los elementos necesarios para que, en la estructura de la oración, se determinen las fluctuaciones de distintos significados, más allá de la semántica de cada palabra en particular.

Las distintas interjecciones, puntos, comas, interrogaciones, signos de admiración, etc., de la sintaxis de una frase pueden pautar las construcciones de realidades distintas, conformando una semántica alternativa a la estructura de la oración original.

Veamos un ejemplo elocuente de cómo una frase cambia de significado de acuerdo a la puntuación que se efectúe a partir de una frase neutra:

  • Como cambiaste mi vida
  • Cómo cambiaste,… mi vida
  • ¿Cómo cambiaste mi vida?
  • ¡Cómo cambiaste, mi vida!
  • ¿Cómo cambiaste mi vida?
  • ¿Cómo cambiaste…? mi vida.
  • ¡Cómo cambiaste, mi vida!
  • ¿Cómo? Cambiaste mi vida.
  • ¿Cómo?; ¿Cambiaste mi vida?
Sobre esta frase se podrían exponer múltiples combinaciones, anexándole las cadencias adecuadas que suponen cada signo de puntuación. Aunque estos signos sintácticos no abarcan las infinitas variantes paraverbales que suponen, para otorgarle a la frase la correcta intencionalidad de significado.

Nótese la palabra cambiaste, que de acuerdo a la puntuación, involucra alternativamente al emisor o al receptor. Indudablemente, el trazado de distinciones en la percepción produce efectos en las tres (áreas sintáctica, semántica y pragmática) de la comunicación humana y hacen un todo complejo y recursivo.

Un círculo en el que cada uno de los eslabones de la cadena se autoinfluencia e influencia al próximo y que puede entenderse desde cualquier punto de su trama: el padre está enojado con el hijo que adora, porque tiene bajo rendimiento en la escuela.

El hijo baja su rendimiento en la escuela porque su padre que es muy exigente. Como siempre está enojado con él, entonces se desmotiva, y esto es porque su padre es muy importante para él. De acuerdo a dónde puntuemos el hecho, se construirá una realidad diferente.

El lenguaje construye realidades

Por lo tanto, si una realidad se inventa, por medio de las atribuciones de significado (instrumentadas por el lenguaje), que nos permiten observar y percibir trazando distinciones, describiendo, adjetivando, categorizando, realizando abstracciones y elaborando hipótesis, el acto comunicativo es altamente complejo y subjetivo -puesto que se percibe desde el propio modelo de conocimiento- y entonces, el lenguaje verbal es el que crea la realidad.

Nuestra estructura cognitiva (almacén de significados) carga con representaciones del sistema de creencias, escala de valores, pautas familiares y socioculturales, modelos de conocimiento específicos, etc., que imprimen al lenguaje verbal de marcos semánticos de acuerdo a nuestra perspectiva de la vida, a nuestra visión del mundo. El lenguaje verbal es la vía de dicha construcción.

Este proceso se desarrolla en los diálogos humanos. De manera casi simple, la comunicación puede tomar giros insospechados volviendo conflictivas a las relaciones, aumentando o reduciendo la complejidad y transformándola en complicación, construyendo -por vía del lenguaje verbal- realidades diferentes (acuerdos, desacuerdos, rivalidades, escaladas simétricas, complementariedades sanas o rígidas, etc.).

Sin embargo, es factible que si se establece una puntuación distinta en la secuencia de hechos, es decir, si se altera cualquiera de los tramos de la cadena, puede generarse una nueva realidad.

En el último ejemplo, si el padre cambia su actitud y recibe a su hijo con un abrazo por los esfuerzos que realiza en la escuela, seguramente algo diferente experimentará el hijo y él mismo. Por tanto, tendrá una reacción distinta a la original y este pequeño acto podrá generar una secuencia tal vez opuesta a la construida hasta el momento.

El mundo se construye a través del lenguaje. Todo el complejo de signos que componen la lengua, sumados a la cantidad infinita de signos paraverbales que caminan en paralelo, hacen que construyamos cotidianamente nuestro vivir y realidad a cada momento.

En cambio, si pensamos que debemos descubrir la realidad externa a los ojos, suponiendo que existe una realidad real que debemos develar, el lenguaje se reduce tan solo a una mera representación del mundo. Y esa es una definición muy pobre del lenguaje.

Sin duda, aunque la forma sea descriptiva, el lenguaje encierra es imperativo epistemológico que lleva a imponer constructos, con sus significaciones consecuentes.

sábado, 17 de abril de 2021

Moonwalking: criticarte y luego culparte por tu reacción

Lanzarte una crítica dañina, dejar que reacciones y después, ridiculizarte por esa reacción, señalándote que siempre sobredimensionas sus palabras. ¿Te suena? Esta forma de abuso tiene nombre y serias consecuencias psicológicas.

Moonwalking es una sofisticada, pero eficaz técnica de abuso psicológico que comparte con el gaslighting una misma finalidad: desgastar al otro. Consiste en criticar algún aspecto de la pareja, conseguir que pierda la calma y después acusarla o ridiculizarla por su reacción. Es golpear emocionalmente, esperar a ver la respuesta y después menospreciar el dolor.

Los terapeutas y psicólogos que más han investigado los efectos de la crítica en las relaciones afectivas fueron, sin duda, los doctores John y Julie Gottman. Ellos no censuran nuestro derecho a exponerle al otro una queja. Sin embargo, cuando esta se expresa de manera acusatoria y con afán de hacer daño al otro, la queja se transforma en crítica.

Detrás de quien recurre de forma constante a la crítica y teje con ella una telaraña con la que dejar atrapada a la pareja en el desconcierto y el sufrimiento suele existir una personalidad abusiva. El primo hermano de la crítica es el desprecio y, por lo general, ambas dimensiones aparecen juntas conformando un eficaz recurso de maltrato. Conozcamos por tanto en qué consiste este llamativo mecanismo de abuso mental.

Moonwalking, ¿en qué consiste?

Bien es cierto que en los últimos años no dejan de emerger terminologías anglosajonas para etiquetar comportamientos. Así, y como siempre señalamos, estos recursos nos son útiles porque nos ayudan a designar de manera sencilla realidades complejas. En lo referente al moonwalking, cabe señalar que fue el año pasado cuando la psicóloga y escritora,Viky Stark, experta en relaciones de pareja, acuñó este término en un artículo del Psychology Today.

Hizo uso de esta palabra en referencia al famoso baile de Michael Jackson: avanzar unos pasos y después, retroceder sobre los mismos. De algún modo, esto mismo es lo que lleva a cabo dicha tipología de abusador psicológico. Criticar a la pareja (avanzar), esperar su reacción y después, quitar importancia a lo dicho (retroceder) para humillarla.

En buena parte de los casos, este mecanismo de manipulación psicológica parte de la broma, de ese sarcasmo dañino con el que vulnerar la autoestima de la pareja. Ejemplo de ello sería decirte al otro algo como «eres tan torpe como un niño de seis años, a veces tengo la sensación de estar con alguien de párvulos». Tras esto, y ver la reacción de la otra persona, se la interrumpe para decir: «¡Mira cómo te pones por una simple broma!»

El moonwalking es una manera de valerse de las críticas para lograr que una persona se sienta rechazada, herida e infravalorada. Veamos qué mecanismos utiliza.

Los recursos del moonwalking

En toda relación de pareja surgen de vez en cuando los desacuerdos, los conflictos y las desavenencias. Sin embargo, todo ello forma parte del tejido normal y hasta saludable de una relación; porque se puede aprender de estas situaciones. Más aún, muchos hasta salen fortalecidos al conocerse mejor, al adquirir nuevas habilidades y recursos para avanzar juntos.

Ahora bien, quien afina el arte del moonwalking no busca construir para avanzar. Lo que busca es crear un ambiente emocionalmente desgastante para debilitar al otro y tenerlo bajo control. Es un juego de fuerzas. Para ello, se vale de recursos psicológicos muy sofisticados:

  • Primero, lanzan críticas muy concretas hacia hechos y dimensiones que saben que harán daño. Si la pareja lleva tiempo esforzándose para lograr un ascenso, ese será ese su punto de mira. Si la otra persona está preocupada por un familiar o un amigo, se lo echarán en cara de algún modo.
Tras lanzar la crítica aguardan pacientes la reacción del otro. Ese será el momento en que desplegará la segunda fase del moonwalking:

  • Nos dirán que somos demasiado sensibles, que todo lo sobredimensionamos.
  • Nos dudarán en señalar también que todo lo sacamos de contexto.
  • Asimismo, y como ya hemos señalado, es común que comenten aquello de “solo estaba bromeando”.
  • También suelen señalar que lo hemos malinterpretado y que esta es una costumbre muy nuestra, la de pensar cosas que no son.
  • Por último, y no menos común, abundan quienes increpan al otro con el clásico: “mírate, ya lo estás exagerando todo de nuevo, estás paranoico”.
Las críticas continuadas afectan a nuestra salud física y psicológica

El moonwalking se sustenta sobre el ejercicio continuado de la crítica y su fiel acompañante, el desprecio. Los efectos de esta forma de abuso psicológico son inmensos. Disponemos, por ejemplo, de estudios como los realizados en la Universidad de Pensilvania en los que nos señalan algo importante. Las críticas continuadas son especialmente lesivas en personas que ya padecen previamente algún trastorno de ansiedad.

En esta situación, es muy fácil derivar en un estado depresivo. Por otro lado, trabajos de investigación como los realizados por el psicólogo social Robert Alan Baron nos señalan que esta dimensión afecta a nuestra concentración, a la capacidad para rendir en el trabajo e incluso a la motivación para relacionarnos con nuestro entorno.

El maltrato tiene muchas formas, lenguajes, mecanismos y estrategias. No todo dolor parte del golpe físico, del grito o el insulto. A menudo, se recurre al desgaste, al ataque sibilino, al desprecio camuflado en sarcasmo y a la crítica que mina las resistencias. Los francotiradores emocionales existen y buscan por encima de todo debilitar para dominar.

Reaccionemos a tiempo, defendámonos y pongamos distancia de quien nos quiere mal, de quien mercadea con nuestra autoestima y equilibrio psicológico.

viernes, 16 de abril de 2021

Si te controla el móvil te controla a ti: ¿cómo evitar el cibercontrol?

Si te controla el móvil te controla a ti. El cibercontrol en los adolescentes es una forma de violencia que se está instaurando en nuestra sociedad y que es, en muchos casos, el primer paso también para el maltrato físico.

Hay una forma de violencia que ha aumentado hasta un 40 % en los últimos tiempos. Aparece sobre todo en los adolescentes y se vale del teléfono móvil como mecanismo de vigilancia, dominación y abuso psicológico. ¿Cómo evitar el cibercontrol? ¿Qué pautas educativas y preventivas podríamos poner en marcha para reducir el impacto de esta realidad tan preocupante?

Lo cierto es que estamos ante un fenómeno relativamente nuevo en el que se necesita la colaboración unánime de gran parte de los agentes sociales. Familia y escuela incluida. La ciberviolencia en las parejas jóvenes nos demuestra una vez más cómo el maltrato se adhiere en nuestra sociedad, encontrando alojamiento en cualquier forma de comunicación o de relación entre las personas.

Las nuevas tecnologías son ahora un mecanismo más para ejercer la dominación sobre el otro. Lo problemático es que la investigación de los últimos años nos señala que la violencia psicológica está presente en 9 de cada 10 parejas jóvenes. Esto es al menos lo que nos señala en el libro Violencia en el noviazgo: realidad y prevención publicado en el 2015.

Los adolescentes, por ejemplo, siguen dando por ciertos mitos altamente nocivos como que los celos son un signo inequívoco de amor. También que una pareja tiene derecho a traspasar las líneas de la privacidad y la intimidad en lo referente al uso del móvil. Todo esto configura un escenario tan problemático como preocupante.

4 claves para evitar el cibercontrol

«¿Con quién hablas?, ¿quién es ese/a que aparece en la foto?, déjame leer tus mensajes. Dame las contraseñas de tus redes sociales. Borra lo que has subido en Instagram porque no me gusta…». Evitar el cibercontrol es más complicado de lo que pensamos por un hecho llamativo. Uno de cada tres jóvenes considera inevitable o aceptable que aparezcan este tipo de dinámicas en la relación.

En la actualidad, la ciberpsicología, ese nuevo campo de estudio que analiza la relación entre las personas y las nuevas tecnologías, tiene claro un aspecto. La ciberviolencia hacia la pareja es ya el tipo de abuso más común entre las relaciones adolescentes. Aparece porque se ha elevado la permisividad y la tolerancia a este tipo de conductas que no todos relacionan con el maltrato psicológico.

Así, cuando este tipo de intimidación se perpetua en el tiempo, el desgaste es devastador. La víctima evidencias serios problemas a todos los niveles: social, afectivo, salud física… Buena parte de estos adolescentes están supeditados por completo a la imaginería del amor romántico.

Este esquema justifica en muchos casos las conductas de dominación y la idea de que ser pareja es no dejar espacio para la privacidad, para la intimidad y aún menos la individualidad. El control que se ejerce sobre el móvil no se queda solo ahí, porque la dominación extiende sus tentáculos hasta cualquier área de la vida del otro. ¿Qué dimensiones deberían tener en cuenta nuestros jóvenes? Lo analizamos.

1. El amor no va de controlar, sino de confiar

Los adolescentes necesitan reformular muchos de los esquemas que han integrado sobre las relaciones de pareja. Los colegios e institutos deben desarrollar programas educativos desde los que clarificar qué bases edifican el amor saludable, enriquecedor y sano. Necesitamos desinfectar esquemas como que ser pareja nos da patente de corso para controlar al otro.

Por tanto, algo que deben entender nuestros jóvenes y adolescentes desde bien temprano es que ser pareja significa poder confiar en la otra persona. Toda forma de control es represión y sufrimiento. Nada de este último es permisible.

2. El uso del mi móvil es solo mío

Si queremos evitar el cibercontrol no le demos medios. No facilitemos a la pareja nuestras contraseñas. Querer mucho a alguien y que nos quieran no justifica que tengamos que cederle el uso absoluto de nuestro móvil. La otra persona no tiene derecho a leer nuestras conversaciones de WhatsApp, ni a pedirnos que bloqueemos a ciertas personas o que eliminemos determinadas publicaciones.

El teléfono móvil y aquello que hacemos a diario con él nos pertenece solo a nosotros. Es privado, íntimo, personal y esa dimensión no se deja en manos ajenas; aunque esas manos sean las de la propia pareja.

3. ¿Cómo evitar el cibercontrol? Si te hace sentir mal, no es amor

Pedir que les respondas a los dos segundos. Montar en cólera e insultarte cuando ve que estás en línea y no hablando con él o ella. Tratarte con desprecio o burlarse de ti por esa foto que has publicado en Instagram. Prohibirte que hables con determinadas personas. Exigirte que le des el móvil cuando te lo pide. Preguntarte dónde estás y qué haces cada pocos minutos…

Si deseamos evitar el cibercontrol hay que partir de una sencilla regla de tres: si te hace sentir mal no es amor, si no te respeta no te quiere.

4. Todo puede ir mejor: no dudes en pedir ayuda

Lo señalábamos al inicio. Muchos adolescentes normalizan el maltrato psicológico y el ciberacoso. Dan por sentado que estas prácticas de dominación y denigración son normales en un vínculo afectivo y de ahí que puedan pasar meses sin actuar. La tolerancia y más aún la incapacidad para entender que eso que les sucede es violencia dificulta a menudo el que pidan ayuda.

Es necesario que el entorno más cercano sea capaz de detectar las señales. La familia, el instituto, el grupo de amigos… Educar en relaciones saludables y saber identificar conductas de abuso psicológico es algo que deberían aprender nuestros niños y adolescentes lo antes posible. De ese modo, podrían detectar esa realidad que viven ellos mismos o los propios amigos.

Asimismo, y no menos importante, también deben recordar que pueden salir de esa situación dolorosa. Todo puede ir mejor, todo se puede solucionar. Lo único que tienen que hacer es pedir ayuda a un adulto. El único modo de evitar el cibercontrol es educando y trabajando juntos.



jueves, 15 de abril de 2021

La persuasión coercitiva: una forma de coacción

La persuasión coercitiva es un mecanismo cognitivo que opera a través de creencias falsas e ideas erróneas. Lleva a una víctima a pensar que es deseable y conveniente perpetuar el vínculo que mantiene con su agresor.

La persuasión coercitiva es un mecanismo presente en muchos contextos de abuso o maltrato. Está presente en las relaciones de pareja violentas, en las familias autoritarias o en cualquier tipo de vínculo que se base en el esquema de dominación y sumisión.

Este mecanismo se implementa con el fin de que la persona afectada acepte y prolongue el vínculo de maltrato. La persuasión coercitiva se vale de emociones como el miedo, el amor, la culpa, la vergüenza y el rechazo a la soledad para ser efectiva.

Cuando se establece una diada de maltratador y víctima, también se forjan fuertes vínculos de dependencia. El uno necesita del otro. La violencia está en la esencia de todo y se vale de múltiples instrumentos. Estos van desde la persuasión coercitiva hasta la violencia física. Todo ello conforma un ciclo del que es difícil salir.

La persuasión coercitiva

La persuasión coercitiva es un mecanismo que opera en los vínculos de maltrato. Su función es la de crear en la víctima la convicción de que necesita profundamente a quien le maltrata; el maltratador inocula en los pensamientos de la víctima la idea de que, a pesar del sufrimiento actual, es mucho mejor que esté con él que sin él.

“Si no vales para nada, ¿dónde vas a ir tú?” Se trata de una proyección de invalidez que coloca en un lugar muy vulnerable a la víctima.

Como tal, este mecanismo se vale de un texto, pero no se limita a este. Hay agresiones verbales y el contenido de estas tiene que ver con la descalificación de la víctima. Se ataca su autoconcepto, se recalca su inferioridad y se hace hincapié en sus vacíos y fallas. El discurso está orientado a destruir el amor propio y la confianza de otra persona.

Sin embargo, el tema no se queda solo en palabras. La persuasión coercitiva también opera a través de gestos y acciones. Dentro de estas se encuentran las agresiones físicas, las amenazas (veladas o no), las privaciones, aislamiento de la víctima, etc. Todo ello en conjunto opera como un conjunto de argumentos para “persuadir” al otro de que no hay escapatoria.

El miedo en la víctima

El miedo es un instrumento esencial en la implementación de la persuasión coercitiva. Básicamente toma la forma de amenaza, incluso más que de acciones reales. Hay toda una serie de advertencias sobre los grandes males por venir en caso de romper el vínculo con el maltratador.

Ocurre cuando, por ejemplo, un empleado es sometido a acoso sexual por su jefe. Además del miedo obvio a perder el trabajo, se le advierte que no hay testigos y que, por lo tanto, ninguna acción judicial va a prosperar. O se le dice que nadie del entorno va a respaldar una eventual denuncia, pues todos dependen del empleo y no se enfrentarán con el jefe.

El recurso al miedo busca que haya una paralización de la respuesta en la víctima. En la persuasión coercitiva hay una especie de “maltrato impredecible”, es decir, confuso y expectante para quien es objeto de este. Es precisamente ese estado el que puede reducir o minar la capacidad de reaccionar o actuar frente a las agresiones.

El afecto y la culpa

El afecto y la culpa también son emociones funcionales a la persuasión coercitiva. No es raro que una víctima guarde sentimientos afectuosos hacia su agresor. A veces porque es su pareja, su pariente o su amigo. Otras veces porque se asume que esa persona ha hecho algo significativamente bueno por uno.

Ese afecto lleva a una especial “comprensión” frente a las agresiones. Muchas veces se minimizan o se asume que son una excepción a la regla. También llega a creerse que se trata de episodios pasajeros. Esto es una forma de negación que, a su vez, alimenta el ciclo de violencia, justifica la dependencia y se convierte en soporte de la persuasión coercitiva.

El sentimiento de culpa y la vergüenza cumplen un papel similar. En el marco de una relación de maltrato no es raro que la víctima se autoinculpe. Esto otorga un cierto sentimiento de control sobre lo que ocurre. Así mismo, hace un poco más razonables las agresiones de las que se es objeto. Sin embargo, también ayuda a paralizar la capacidad de reacción.

Así mismo, es usual que una víctima se avergüence de haber sido agredida. De uno u otro modo, el agresor es visto como una extensión de uno mismo. Así que lo que hace, en particular lo que hace mal, genera vergüenza. Miedo, afecto, culpa y vergüenza son las herramientas de la persuasión coercitiva. En conjunto, perpetúan los ciclos de la violencia.

miércoles, 14 de abril de 2021

¿Qué hacer cuando tus hijos no te hacen caso?

¿Tus hijos no te hacen caso? ¿Por mucho que lo intentas, no logras que te obedezcan? Estas ideas te vendrán muy bien. ¡Te toca a ti ponerlos en práctica!

Hablar con los hijos y que parezca que las palabras les entran por un oído y les sale por el otro, sentirnos frustrados porque ya no sabes qué hacer con los problemas de conducta que tienen. ¿Qué más puedes hacer cuando tus hijos no te hacen caso? Esta situación, aunque pienses que solo te ocurre a ti, es más común de lo que crees. Por eso, no te debes sentir ni mal padre ni mala madre porque esto te esté pasando ahora. Afortunadamente, hay maneras de que puedas resolver este problema.

Desde la Asociación Nacional de Psicólogos en Acción de España (ANPSA), además de defender la idea de que no existen malos padres, también explican que no hay malos hijos. Partiendo de esta base, te brindan algunos consejos que puedes aplicar para cuando tus hijos no te hacen caso.

¿Crees que no sabes lo que puedes hacer? Pues, a continuación, descubrirás muchas opciones que se centran en mejorar la comunicación dentro de la familia y, especialmente, con tus hijos.

Utiliza el lenguaje de forma operativa

¿Qué quiere decir esto? Pues que intentes basar el diálogo con tus hijos en descripciones observables y cuantificables. ¿Por qué? Porque es muy importante que seas congruente cuando les llamas la atención sobre algo, por ejemplo, que recoja los juguetes, que haga los deberes del colegio o que haga la cama por las mañanas que siempre la deja hecha un desastre.

La tentación es gritarle que te tiene harto. Pero esta no es la mejor solución: lo que probablemente consigas es que se termine rebotando.

Te recomendamos que respires y te calmes antes de pronunciar estas palabras, porque si no lo haces es muy probable que te salgan antes un “me tienes harto“, “siempre estás con lo mismo” o “no me haces caso”. Aquí te dejamos algunas frases que son un modelo de lo que aconseja la Asociación ANSPA. Estamos seguros de que te vendrán muy bien. ¡Ponlas en práctica!

  • ¿Por qué no vas a hacer la cama y, después, juegas?
  • Antes de descansar, haz los deberes. Así, después, ya quedarás libre para dibujar o hacer lo que quieras.
Estos son algunos ejemplos de cómo puedes comunicarte cuando tus hijos no te hacen caso. Se trata de que corregir en vez de quejarnos. Es el momento de cambiar el modo en el que le hablas a tus hijos. Si tienes mucha ansiedad, igual es mejor que lo dejes para otro momento o que la intervención la realice otro progenitor.

Busca el equilibrio entre refuerzos positivos y negativos

Si analizas un poco cómo te comunicas con tus hijos, te vas a dar cuenta de que la mayoría del tiempo siempre les das un refuerzo negativo. Seguro que te suena “esto lo has hecho mal”, “siempre te digo que así no es”.

Al final, tus hijos tienen la sensación de que no hacen nada bien y esto solo les provocará una actitud de rechazo cuando te intentes comunicar con ellos. ¿Qué puedes hacer? Desde la Asociación ANPSA aconsejan cambiar la forma en la que comunicar los refuerzos negativos. Vamos a ver cómo:
  • En lugar de “siempre me dejas toda la comida en el plato” cambia por “si comes dos cucharadas más no tienes por qué acabarte el plato”.
  • En lugar de “no quiero que vuelvas a ir al colegio sin hacer la cama” cambia por “haz la cama antes de irte al colegio, así después al venir ya no tendrás que hacerlo y podrás jugar antes”.
El refuerzo positivo es quizás el refuerzo que más les cuesta poner en práctica a los padres (un buen comportamiento es lo que se espera del niño, no molesta, no nos frustra).

¿Cuándo fue la última vez que le has dicho a tu hijo que ha hecho algo estupendo? ¿Cuándo le has propuesto hacer algo juntos (ver una película, jugar a un juego, pintar…) por el simple hecho de que ha hecho la cama o se ha ofrecido a recoger la mesa después de comer?

Aunque parezca una tontería, este tipo de refuerzos sobre determinadas conductas evita otras incompatibles además de ser una oportunidad estupenda para enriquecer nuestra relación con ellos.

Finalmente, la ANPSA da algunas claves más para que puedas dar órdenes sin que tus hijos las rechacen, se sientan agredidos verbalmente o no las quieran cumplir. Para que esto no ocurra, lo primero que puedes tener en cuenta es que esas órdenes deben ser cortas, coherentes y firmes.

También funciona mejor cuando las adaptas a su edad, pues una misma orden no la recibirá igual un niño de ocho años que un adolescente de catorce. Asimismo, presta atención a que todos tus hijos reciban las mismas órdenes por igual (sin diferencias ni preferencias) y que estas deben ser para siempre.

Con todo, no te excedas. Todo lo anterior debe ser reducido, demasiadas órdenes pueden generar frustración y una sensación de agobio en tus hijos.