lunes, 31 de mayo de 2021

¿Por qué te enamoras de un narcisista?

Enamorarte de un narcisista suele ser una experiencia con dos caras. Una de ellas puede ser exultante y profundamente motivadora; la otra incluye muchos momentos de angustia, soledad y, también, con frecuencia, agresiones y desamor.

Muchas personas tienen claro que una relación de pareja con un narcisista es una verdadera pesadilla. Sin embargo, y por extraño que parezca, los narcisistas suelen ser exitosos a la hora de conquistar a alguien y conservar esa relación por mucho tiempo. ¿Por qué ocurre esto?

Un narcisista no sabe amar y eso es lo que torna muy dolorosa la relación para su pareja. Lo que los define es la falta de empatía y de verdadero interés por el otro. No es raro que exploten a quien “aman” o que incurran en sucesivos abusos con esa persona. Aun así, son muchos quienes se mantienen al lado de personas así, sin saber exactamente por qué.

Estas personas también son pésimos compañeros para los malos momentos. Quieren ser perfectos y que los que estén a su alrededor también lo sean; por eso abandonan, física o emocionalmente, a su pareja cuando esta pasa por problemas o momentos de vulnerabilidad. La pregunta entonces es: ¿por qué te enamoras de un narcisista?

Así es un narcisista enamorado

Aunque los narcisistas realmente nunca aman a nadie (ni siquiera a sí mismos), en algunas ocasiones viven enamoramientos que, en todo caso, siempre son fugaces. De hecho, suelen experimentar con gran intensidad esos sentimientos que, sin embargo, nunca se convierten en un amor genuino, o sea, en un amor que busca el bien del otro.

La forma como una persona narcisista se enamora tiene generalmente los siguientes rasgos:

  • Gran intensidad. Para los narcisistas todo lo que tenga que ver con ellos debe ser grandioso. Por eso, si se enamoran lo hacen con gran intensidad y con mucho romanticismo. Suelen ser hiperbólicos en sus expresiones de afecto.
  • Manifestaciones públicas de afecto. Para estas personas es importante lograr que todo el mundo se convierta en testigo de su aparente amor y de su relación. Por eso tienden a volver públicos los detalles o momentos especiales en pareja.
  • El halago como protagonista. Lo usual es que al comienzo de la relación se deshagan en halagos hacia el otro. Luego, pasan a reclamar con frecuencia que se les halague o que el reconocimiento de sus méritos sea público.
  • La pareja es un trofeo. El enamoramiento para los narcisistas es una oportunidad para expandir su ego. Por eso buscarán como pareja a alguien a quien puedan lucir o de quien puedan engreírse frente a los demás. Si falla, harán como si esa pareja fuera una extraña.
  • Celos. Los narcisistas son celosos porque también son muy inseguros. Así que sus relaciones de pareja estarán muy marcadas por la posesividad. Quieren ser “todo” para el otro.
  • Se comportan como salvadores. Es muy frecuente que se muestren como quien tiene la capacidad de salvar o apoyar decisivamente a su pareja. En principio, ofrecerán un soporte muy sólido, que después van a cobrar caro.
  • Parecen perfectos. Es muy usual que este tipo de personas se cuide mucho de cometer errores o tener conductas disonantes con la persona de la que están “enamorados”. Por eso, parece como si fueran perfectos.
Enamorarte de un narcisista

Los rasgos descritos muestran la doble condición de los narcisistas. Por un lado, son encantadores y llegan a ser muy conmovedores con sus “shows de amor” y sus promesas superlativas.

Halagarán tu ego tanto como puedan, porque para ellos el amor es eso: exaltación del yo. Para alguien que sea inseguro o con poca confianza en sí mismo, todo esto podría ser fascinante. Al comienzo, claro está.

Con el tiempo, aparece la otra cara del narcisismo. Se inicia con gestos no tan notorios. Por lo general, quien tiene como pareja a un narcisista empieza a sentir que esta persona le está evaluando constantemente y que tiene que “pasar la prueba” muchas veces. Surge un deseo de recibir aprobación de la pareja.

Una pareja narcisista no genera paz, sino angustia. También, y cada vez con mayor intensidad, provoca la sensación de estar muy solo.

No se siente que se pueda contar con esta persona y las expresiones de crítica o de descalificación son cada vez más frecuentes. A veces, esto da paso a la violencia. ¿Por qué entonces tantas personas siguen “enamoradas” de una pareja así?

La respuesta está en que el narcisista y quien depende de él son más parecidos de lo que pudiera suponerse. Los dos son profundamente inseguros, pero mientras uno compensa esto con una excesiva soberbia, el otro lo hace buscando a otro que se ocupe de él. En realidad, ahí no hay amor, sino una simbiosis neurótica de la que ninguno de los dos puede salir bien.

domingo, 30 de mayo de 2021

Me gustan los amigos que respetan tiempo, silencio y espacio

Mis mejores amigos apenas llegan a contarse con los dedos de una mano. Son pocos, pero son grandes, con sentimientos sinceros y sin dobles sentidos. Es una amistad cómplice, altruista, que no sabe de chantajes, que se ofrece con libertad para alentar, para hacer mi vida más rica… ¿Y tú, cuántos amigos tienes?

Hay quien se enorgullece de tener todo un ejército de amistades, nombres que coleccionar en las redes sociales, personas a las que apenas conocen, y que sin embargo, son esas que siempre les ofrecen un “like” en cada una de sus publicaciones.

Los buenos amigos no son sólo nombres y fotografías en las agendas de nuestros móviles. Son personas que atienden nuestras palabras y saben leer en nuestros gestos.

Los buenos amigos son vidas que encajan con nuestras esquinas vacías, voces que llenan nuestros espacios en los malos y buenos momentos, son risas que relativizan problemas y personas con las que construir nuestros días.

Ahora bien… ¿cómo podríamos definir a los buenos amigos? No pienses en favores. La amistad no debe basarse solo en un “tú me das y yo te doy”. En ocasiones, más allá del apoyo, de la diversión o de la ayuda mutua, una buena amistad, una GRAN amistad, se basa también en el silencio, el espacio, y el tiempo. Reflexionemos hoy sobre ello.

El lenguaje de los silencios

Seguro que te ha pasado alguna vez. Estar en una reunión con otras personas, y sentir verdadera incomodidad cuando aparece el silencio en el grupo. Es entonces cuando surgen esos comentarios vacíos y huecos con los que aliviar el vacío de palabras, ahí donde se examinan los rostros sin saber muy bien qué hacer.

Es algo que no ocurre solo con desconocidos. Hay veces que sentimos esa misma incomodidad con algunos familiares o con compañeros de trabajo. Ahora bien… ¿a qué se debe?

En efecto: la desconfianza, a la vez que la inquietud. Es como si el silencio abriera las puertas a esos pensamientos callados que nos producen miedo… ¿me estará juzgando?, ¿qué estará pensando ahora de mi?

Con los buenos amigo esto no ocurre. Podríamos decir también, y a modo de reflexión, que las personas practicamos muy poco el valor del silencio.

Ahí donde las almas reposan tranquilas, donde la complicidad adquiere su auténtico sentido. Somos personas que no necesitamos de las palabras para estar unidas, para sentirnos bien. Los silencios son cómodos con las personas que queremos porque nos permitimos ser nosotros mismos con toda nuestra “autenticidad”, sin ser juzgados.

La inexistencia del tiempo…

“¿Pero qué es de tu vida…?, ¡parece que ya te has olvidado de todo el mundo, siempre vas a la tuya y no te acuerdas de los demás!”

Puede que alguna de tus amistades sea de este tipo. Has dejado pasar un día “de incomunicación” sin razón alguna, simplemente porque te apetecía o porque no te ves en la obligación de tener que estar en contacto a cada instante. Y al poco, aparecen los reproches.

Así es, hay quien no entiende este tipo de cosas. Hay quien piensa que la amistad es como un telediario “donde ponerse al día”, donde comunicar cada pocas horas qué hacemos, qué pensamos, o  “cómo existimos”.

En el momento en que aparece la presión de la obligatoriedad, ya nos sentimos un poco asediados. Porque quien no respeta tiempos de privacidad e incluso de desconexión, es que no entiende el auténtico valor de la amistad.

Hay personas que por las razones que sean, laborales o personales, han estado distanciadas durante meses e incluso años, sin embargo, al reunirse de nuevo sigue existiendo esa mágica complicidad que tanto enciende nuestros corazones. Es como si el tiempo no hubiese pasado porque el sentimiento es el mismo. ¿Te ha ocurrido alguna vez?

Espacios propios, espacios comunes

Podríamos decir que el problema básico es que mucha gente no gestiona de modo adecuado la soledad, sus emociones, ni respeta los espacios personales.

Todos tenemos o hemos tenido, esas amistades que necesitaban estar en contacto a cada instante para compartir un pensamiento, un temor, una ansiedad… Y en efecto, nosotros lo dejábamos todo para atenderlos.

Poco a poco íbamos comprendiendo que esa persona disponía de una escasa habilidad para gestionar sus propios problemas, hasta el punto de proyectar en los demás sus miedos y su negatividad. Y sin lugar a dudas, lo daremos todo por ellos, pero con un límite: que respeten nuestros espacios personales, nuestra identidad y nuestro equilibrio emocional.

Al fin y al cabo, las personas no tenemos por qué cargar con las piedras que otros se encuentran en sus propios caminos, de hacerlo, de unirlas a las nuestras propias, no será muy complicado avanzar en nuestros senderos vitales.

Las verdaderas amistades no deben ofrecer cargas ni ser tóxicas. Deben armonizar en nuestra vida como compañeros de viaje, como confidentes que saben respetar espacios, tiempo y silencios. Los buenos amigos siempre viven en el lado más auténtico de nuestro corazón.

sábado, 29 de mayo de 2021

La magia de tener buenas personas a tu alrededor

Las personas que nos rodean nos afectan más de lo que pensamos. Nos demos cuenta o no, su actitud, la forma en la que nos hablan, su perspectiva del mundo e incluso su estado de ánimo nos influyen. Por eso resulta inteligente tener a buenas personas a tu alrededor; esas que, cuando estén a tu lado, te aporten buenas sensaciones.

Karl Marx dijo una vez: “Rodéate de las personas que te hacen feliz. Las personas que te hacen reír, que te ayudan cuando lo necesitas. Las personas que realmente se preocupan. Ellos son los que vale la pena tener en tu vida. Todos los demás, están de paso”. Estas palabras son una gran verdad, porque después de todo, ¿quién en su sano juicio se rodearía de personas que le hacen infeliz?

Tener buenas personas a tu alrededor no es tan simple como parece, pero no es imposible. Para rodearte de las personas adecuadas es importante identificar a las personas equivocadas y mantenerse alejado de ellas.

También resulta crucial identificar a las buenas personas para mantenerlas en tu vida. No es sencillo, pero cuando aprendas a filtrar a las personas equivocadas, entonces las personas adecuadas llegarán a tu vida y lo harán de forma natural.

Haz limpieza de amistades insanas

¿Tiene sentido para ti intentar ponerte un vestido que ya no te encaja? Lo mismo ocurre con las amistades. ¿Merece la pena conservar amistades que no aportan nada a tu vida? No es buena idea mantener a tu lado a esas personas que no te hacen sentir cómodo. No significa que sean malas personas, solamente que quizás no sean “buenas personas” para ti.

Aprecia el hecho de que puedes tener grandes recuerdos con algunas personas, pero reconoce y acepta también que algunas (incluyéndote a ti también) cambian y es mejor dejarlas fuera de tu vida o al menos no tan cerca emocionalmente. En lo que se refiere a las amistades, es necesario quedarse con calidad antes que con la cantidad.

Es como tener un armario lleno de ropa que no te pones porque te queda mal, te aprieta e incluso te hace daño… ¿De qué sirve tener tanta ropa si no te sirve para hacerte sentir bien? Es mejor tener menos prendas y que estas te hagan sentir bien, cómoda y feliz. Tener un armario lleno de ropa que no te permita incorporar la que realmente te haga sentir bien es un problema.

Crea un filtro de amistades tóxicas y sanas

Nadie quiere perder a buenos amigos por tomar las decisiones equivocadas, por eso aprender a crear un filtro te ayudará a saber a quién quieres en tu vida y con quién es mejor que marques distancia emocional. Si no puedes alejarte físicamente de esas personas, puedes marcar unos límites emocionales que te hagan sentirle alejado.

Piensa acerca de las personas que no te hacen sentir bien, los que no te muestran que eres importante para ellos, quien hace que con su actitud te sientas mal. Esas personas que hacen que te sientas emocionalmente cansado, aquellos con los que notas que te roban tu energía positiva… y valora si realmente los necesitas en tu vida.

Este ejercicio es necesario porque te ayudará a detectar a este tipo de personas tóxicas en el futuro y podrás alejarte de ellas en cuanto notes que no te aportan lo mismo que tú a ellas. Esto puede parecer un poco duro, pero no hay necesidad de sentirse culpable, es necesario para tu salud emocional.

Atrae a las buenas personas a tu alrededor

Igual que es necesario tener un filtro, también lo es atraer a buenas personas a tu alrededor, a personas adecuadas. La atracción de las personas a tu vida es muy simple, solo tienes que ser tú mismo. Una vez que muestres quién eres en realidad, se acercarán a ti las personas que sintonizan con tu manera de ser y, por tanto, te harán sentir bien.

Entierra las máscaras que te ayudan a fingir ser otro y de este modo no se acercarán a ti personas equivocadas. No te sientas obligado a aceptar una invitación de alguien para tomar café por cortesía si esa persona te aburre o simplemente no te interesa. Deja de vestirte como no te gusta solo por encajar con otros.

Di lo que sientes cómo quieras decirlo, compórtate con los demás como sientas hacerlo y siente tus emociones libremente. Al hacer esto empezarás a sentirte libre y a apreciar la verdadera amistad, esa que aporta magia a tu vida. No tengas miedo a ser quién eres, muéstrate transparente y atraerás a amigos reales.

No hay nada malo en decidir a qué buenas personas a tu alrededor quieres, de quiénes quieres rodearte. El hecho de que algunas personas no sean adecuadas para ti no significa que sean malas personas. Pueden ser personas increíbles, pero que no encajan contigo.




viernes, 28 de mayo de 2021

¿Una desgracia es más llevadera cuando es compartida?

¿Crees que puede existir consuelo en conectar con personas en nuestra misma situación? En este artículo tratamos de encontrar una respuesta.

Existen varios dichos populares que abordan, desde diferentes perspectivas, la cuestión de si una desgracia es más llevadera cuando es compartida. Por un lado “mal de muchos, consuelo de tontos” hace referencia a la insensatez de creer que si una desgracia afecta a más personas (y no solo a mí) me sentiré aliviado. En realidad, tus problemas no se resolverán por el hecho de que otros se encuentren en tu misma situación.

Sin embargo, otros refranes como “desgracia compartida, menos sentida” abogan por el elemento reconfortante de saber que no somos los únicos atravesando una situación difícil. ¿Puede esto tener algo de realidad? La respuesta es sí. Son muchas las situaciones cotidianas en que encontramos este fenómeno.

Cuando un estudiante suspende un examen, el impacto negativo se amortigua al conocer que la mayoría de sus compañeros han corrido la misma suerte. Igualmente, los grupos de apoyo para personas con algún trastorno psicológico constituyen una enorme ayuda por el simple hecho de conectar con personas que pasan por lo mismo.

Pero, ¿cuál es la base de todo esto? ¿Acaso nos alegramos de la desgracia ajena? ¿Somos intrínsecamente malos? En absoluto. Existen diversos motivos que explican la existencia de este proceso.

El impacto de la comparación social

Las investigaciones en psicología social llevan muchos años dando cuenta de la presión que ejerce el grupo social sobre los individuos. Gran parte de nuestra identidad se forja en la relación con los otros y, por ende, su influencia en nuestra autoimagen es elevada.

Todos los seres humanos tendemos a compararnos con el resto a fin de medir nuestra valía y adecuación. El resultado de esta comparación tendrá un impacto en nuestro autoconcepto. Por ello, cuando nos sucede una desgracia, la balanza comparativa se inclina en nuestra contra. Nos sentimos diferentes e inferiores y comenzamos a inundarnos de emociones negativas.

Encontrar a otras personas en la misma situación permite que la comparación nos sea más favorable. Esto, de algún modo, protege nuestra autoestima: ya no somos los únicos que “han fallado”.

No es una desgracia, solo parte de nuestra humanidad

La clave del alivio que proporciona saber que una situación difícil no nos atañe únicamente a nosotros, radica en que nos recuerda nuestra humanidad compartida. Cuando un hecho negativo e inesperado nos sobreviene, el choque emocional puede ser elevado.

Si suspendemos una prueba importante, si nuestra pareja nos es infiel, si padecemos un trastorno de pánico…. Todas estas situaciones nos colocan inicialmente en una posición de desventaja. Sentimos que hemos fracasado personalmente, que no somos adecuados, que algo ocurre con nosotros.

Tomar conciencia de que no somos los únicos amplía nuestra perspectiva. Nos recuerda que todos somos humanos, que todos experimentamos acontecimientos positivos y negativos. Que, finalmente, el dolor forma parte de la experiencia tanto como el placer. El éxito y el fracaso, ambos son contingentes a la aventura de la vida.

Nos ayuda a aquietar la mente, a silenciar el diálogo interno que nos acusa y a normalizar nuestras emociones como un proceso pasajero y asumible. Adicionalmente, ver cómo otras personas afrontan circunstancias similares nos puede motivar a poner en marcha nuestros propios recursos. Además, de ellos podemos tomar ideas para hacerlo mejor.

Toma acción

A pesar de encontrar alivio en compartir circunstancias con otros, es importante no perder de vista que la clave siempre será tomar acción. Si has suspendido un examen deberás estudiar más o de mejor manera para el siguiente. Que muchos otros compañeros hayan obtenido también malas calificaciones no mejorará tu expediente.

Igualmente, si tu relación de pareja ha terminado tendrás que poner en marcha tus recursos de afrontamiento y salir adelante. No es recomendable unirte a quienes pasan por lo mismo para regocijaros en el sufrimiento, sino para motivaros a salir adelante. Que encontrar personas en tu misma situación no te lleve a acomodarte en el victimismo, el rencor o la rabia.

Siempre serán tus acciones las únicas que lograrán sacarte de donde estás y conducirte hacia donde quieres ir. Por ello, si vas a fijarte en otros que sea para inspirarte a continuar. Que sea para observar cómo aceptan el error como parte de la vida y sacan de él un aprendizaje. Apóyate en los demás para reparar tus alas y emprender de nuevo el vuelo.

jueves, 27 de mayo de 2021

Psicoeducación: qué es, estrategias y ventajas

La psicoeducación es fundamental para convivir con una enfermedad mental. Aquí puedes leer en qué consiste.

La psicoeducación comporta un proceso imprescindible para mucha gente a la hora de comprender por lo que están pasando. Muchas veces, la falta de información y la incertidumbre son agravantes del estado de la enfermedad o impedimentos para llevar una vida tranquila.

Si te interesa saber en qué consiste esta herramienta, en este artículo tienes una visión general y algunas de sus aplicaciones. La educación dentro de la terapia juega un papel fundamental para convivir con una enfermedad mental.

¿Qué es la psicoeducación?

La psicoeducación es el proceso de educar e informar a las personas que sufren un trastorno psicológico acerca de su enfermedad. Dentro de esta educación se engloban procesos como ayudar al paciente a conocer el trastorno que padecen, enseñarle técnicas de resolución de problemas y brindarle apoyo emocional.

La psicoeducación es especialmente útil para para pacientes con esquizofrenia, depresión, ansiedad, desórdenes alimenticios o trastornos de personalidad.

Es común implicar a la familia en el proceso para fomentar el apoyo social en los círculos cercanos del paciente. También se pueden incluir terapias de grupo cuando la autoestima está en riesgo o existen sentimientos de soledad y aislamiento.

Estrategias usadas en el proceso de psicoeducación

Esta herramienta pone en marcha varios procesos que suelen comenzar tras el diagnóstico de la enfermedad, aunque bien puede hacerse más adelante si es necesario o si el paciente acude por las complicaciones de convivir con el trastorno.

El proceso psicoeducativo puede abordarse desde multitud de perspectivas, desde la lúdica hasta la clínica. Diferentes poblaciones -tipo de enfermedad o grupo de edad, por ejemplo- requieren de diferentes estrategias. Sin embargo, más adelante tienes los ejes centrales de esta intervención.

Crear conciencia de la enfermedad

Es importante no caer en el error de que hacer un diagnóstico traslada toda la información necesaria para el paciente hasta su cabeza. En ausencia de una educación al respecto de su condición, existe riesgo de que mitos y bulos sobre lo que les pasa les afecte negativamente.

Parte del proceso de aceptación del trastorno pasa por conocerlo y asimilarlo como parte de uno mismo. Además, normalizarlo es importantísimo para mejorar la autoestima y liberarse del estigma.

Mejora del cumplimiento

Vivir con una condición psicológica implica cambiar hábitos y lidiar con el sufrimiento que esta puede ocasionar. Esto, sin una consciencia plena, lleva a muchas personas a descuidar su tratamiento. La psicoeducación es muy útil para crear constancia y mejorar notablemente la evolución.

Psicoeducación en la descarga emocional

Las sesiones, tanto individuales como grupales, de la psicoeducación permiten crear un espacio seguro donde volcar las emociones negativas -estrés, ansiedad, frustración, entre otras-. Asimismo, procesar esas emociones a través de la puesta en común con el terapeuta o el grupo de terapia conduce a la creación de estrategias para convivir adecuadamente con el trastorno.

Detección precoz de recaídas y prevención de comorbilidad

Llevar un seguimiento del paciente, junto con la concienciación de él mismo, previene en gran medida la aparición de trastornos adyacentes, como el abuso de sustancias o depresiones mayores. Además, si hubiese riesgo de recaída, se observarían los signos a tiempo para prevenirla o prepararse.

Ventajas de la psicoeducación

La psicoeducación es terapéutica en sí misma, aunque a veces no se incluya una terapia clínica per se. Estos son algunos beneficios observados en pacientes dentro de los programas psicoeducativos:
  • Aceptación del trastorno y entendimiento de las limitaciones del mismo. Algunos pacientes suelen relatar que conocer qué les ocurre es a la vez liberador y esperanzador.
  • Reducción de la sintomatología de ansiedad gracias a la menor incertidumbre sobre el trastorno.
  • Desarrollo de estrategias innovadoras por parte del paciente, lo que a su vez fortalece la seguridad en sí mismo y las expectativas sobre su desempeño.
  • Mejora de la autoestima y el autoconcepto del paciente.
  • Aumento de la motivación y el interés por la terapia. Esto es especialmente favorecedor en menores con trastornos como TDAH, donde la participación del paciente es fundamental para su buena evolución.
Conclusiones finales

La psicoeducación lleva tiempo demostrando que el conocimiento de uno mismo y sus circunstancias es la clave para que un trastorno mental no se convierta en una maldición. La lucha contra la estigmatización de los pacientes mentales también encuentra vías de difusión en este proceso.

Además, la psicoeducación funciona tanto a nivel individual como colectivo, ya que abarca al círculo social del paciente y lo implica en la recuperación. Es la viva demostración de que juntos no hay problema que pueda superar a nadie.

miércoles, 26 de mayo de 2021

Consejos de Helen Fisher sobre el amor

Mirarse a los ojos. Una de las recomendaciones de la antropóloga Helen Fisher para encender y reforzar el amor, es cuidar de lo que define como «mirada de anclaje», es decir, conectar emocional y psicológicamente a través del contacto visual. Hablamos sobre ello.

Los consejos de Helen Fisher sobre el amor parten de una dimensión muy concreta: el romanticismo. No obstante, su enfoque no tiene nada que ver con esa imagen culturalmente construida a modo de trampa y de falsas expectativas. Para esta antropóloga de la Universidad de Rutgers, el secreto del afecto verdadero está en nuestro cerebro y en comprender una serie de dimensiones.

Es posible que entender las relaciones afectivas desde un punto de vista biológico y neuroquímico sea para muchos algo frío y dudosamente válido. Sin embargo, la verdad es que nos hemos acostumbrado a entender el amor desde un encuadre básicamente cultural. El cine, los libros y el arte siempre han reforzado esa visión alimentada por falsos mitos y emocionalidad frágil que trae consigo dependencias afectivas y sufrimientos.

Sin embargo, el amor es pura biología y océanos de química. De ahí que Helen Fisher nos hable de dopamina, oxitocina, impulsos, deseos, apego biológico… Todo ello son procesos que edifican la pasión entre dos personas, esa que va más allá incluso del deseo sexual. Porque las relaciones estables se alimentan también de dimensiones como la admiración, los elogios, el optimismo…

Nuestro cerebro es un órgano perfecto para sentir, disfrutar y dar felicidad a través del amor. Entender sus mecanismos nos puede permitir actuar con más acierto en esa aventura de la vida que siempre merece la pena.

Consejos de Helen Fisher sobre el amor

Gran parte de los consejos de Helen Fisher sobre el amor los encontramos en uno de sus más interesantes trabajos: Por qué amamos, la naturaleza del amor romántico. En este libro, comprendemos, por ejemplo, la razón por la que nos sentimos atraídos por unas personas y no por otras o qué es lo que deberíamos hacer para reavivar nuestra relación de pareja.

Un dato interesante sobre esta antropóloga biológica de la Universidad de Rutgers e investigadora del Instituto Kensey sobre sexualidad y bienestar humano es que no duda en definir el amor como algo mágico. A pesar de ofrecer datos puramente científicos sobre esos procesos que median en el enamoramiento, la intimidad o la sexualidad, señala que hay algo especial en este sentimiento.

Nada nos produce tanta felicidad o tanto sufrimiento. Pasión, deseo, fascinación, obsesión… El cerebro dispone de unos circuitos preparados exclusivamente para ese fin, para experimentar ese sentimiento. Aunque hubo un tiempo en el que se decía que el fin último del amor en los seres humanos es facilitar la reproducción, Helen Fisher pone matices.

El amor, como la amistad, son dimensiones que facilitan el que podamos crear vínculos, lazos entre nosotros. Y esas relaciones revierten directamente en nuestro bienestar, esa es la gran relevancia. Por tanto, saber cuidar de esas relaciones revierte en nuestra felicidad. Veamos cuáles son los consejos de Helen Fisher sobre el amor.

Ten clara tu personalidad antes de iniciar una relación

La doctora Fisher es asesora científica en Match.com. Algo que señala a menudo en sus investigaciones es que las personas nos enamoramos de otras por diversas razones. La primera es por simple atracción física. Otra es la proximidad, también porque todos tenemos una serie rasgos inconscientes que construimos en la infancia sobre el tipo de persona que nos es más confiable o que nos atrae más.

Un factor más es el misterio. Los hombres o mujeres que nos resultan misteriosos actúan como un desafío para el cerebro y nos sentimos atraídos por ellos. Ahora bien, uno de los consejos de Helen Fisher sobre el amor es que debemos ser capaces de ir más allá de estos factores. Si queremos que una relación funcione, debemos conocernos a nosotros mismos. Saber cuáles son nuestros valores, límites y necesidades es prioritario.

La compatibilidad intelectual importa

Las investigaciones que ha llevado a cabo la doctora Fisher han evidenciado que conectar intelectualmente hace que la relación no solo sea más feliz, también será más duradera. Tener intereses comunes e incluso un cociente intelectual similar es un factor significativo en la estabilidad de una pareja.

El apego en la pareja como sinónimo de intimidad y seguridad

El apego desde un punto de vista biológico poco tiene que ver con la dependencia o con esa obsesión que no deja aire para respirar ni espacios para ser uno mismo. Desde una perspectiva neurobiológica, el apego es sinónimo de intimidad, de crear un vínculo con el otro con el cual dejar que fluya la reciprocidad, la intimidad, la atención y el cuidado mutuo.

Cultivar sentimientos positivos, evitar la rutina

Uno de los consejos de Helen Fisher sobre el amor es que debemos facilitar en el día lo que ella define como “momentos profundos o con significado”. ¿Qué significa esto? Implica que, en la medida que nos sea posible, hay que evitar caer en la rutina, en esa monotonía en la que dar los afectos por sentado.

Es necesario seguir creando instantes en los que esté presente el interés por sorprender, por hacer cosas nuevas, por seguir soñando juntos y situando nuevos objetivos en el horizonte. Algo así se logra mediante la capacidad de elegir los sentimientos positivos frente al reproche, el sentido del humor frente a la crítica.

Consejos de Helen Fisher sobre el amor: mirada de anclaje

Mirar es reconocer al otro. Ser capaces de buscar siempre ese contacto para comunicar, para dejar que las horas pasen envueltos en una conversación o, simplemente, para hablar con los ojos y transmitir afecto en silencio. Este es un pilar esencial en toda relación.

Helen Fisher lo define como mirada anclaje. Ese es un nutriente excepcional en el amor, porque mirar es mucho más que ver u observar, es ser capaces de hacer llegar sentimientos y emociones.

Tengámoslo presente, esta serie de consejos nos pueden ser muy útiles no solo para encontrar a nuestra verdadera pareja, también para conservar a quien ya hace vida con nosotros y con quien vivimos el mejor de los viajes y la más bella de las aventuras.

martes, 25 de mayo de 2021

Cómo tomar una decisión que cambiará tu vida

La mayoría de las veces somos conscientes de que hay algo importante en nuestras vidas que necesita algún cambio. Incluso a veces sabemos de qué clase de cambio se trata: terminar una relación de pareja, dejar un trabajo o irnos de algún sitio. Sin embargo, no encontramos la ruta que nos lleve del propósito a la acción. Nos nublamos y posponemos esa decisión indefinidamente.

Una decisión trascendental está compuesta esencialmente de dos elementos. Primero, debes haber identificado que en verdad existe un problema grave. Y segundo, ya sabes que es necesario cambiar esa situación para superar el problema. Entiendes que ya no es hora de paños de agua tibia, sino que tienes que tomar medidas concretas y, muchas veces, radicales.

Frente a los graves problemas, casi todos llegamos hasta ahí. Después, nos distraemos con otras cosas o dejamos pasar el tiempo “a ver qué pasa”. No terminamos de tomar la gran decisión que sabemos que debemos adoptar. Quizás lo que necesitamos es de un método para pasar del pensamiento a la acción o para, sencillamente, aceptar que no queremos darle un giro radical a esa situación.

Enseguida vamos a presentar algunas sugerencias que pueden ayudarte en ese difícil proceso de tomar una decisión trascendental. No se trata de un “paso a paso” que debes seguir al pie de la letra, sino de unas pautas acerca de las etapas que es necesario completar antes de llevar a la práctica una decisión definitiva.

Elimina la idea de que tu decisión va a terminar con todas las dificultades

A todos nos encantaría encontrar una decisión perfecta. Una que solucione todo de una vez. Que resuelva los inconvenientes y los erradique al cien por ciento. O sea, una decisión tipo “chuza” o “moñona”. Como en los bolos, que lanzas y tumbas todos los pines de una vez. Para decepción nuestra, ese tipo de decisiones no existen.

Toda decisión implica una o varias pérdidas. No se toma una decisión porque lo resuelva todo, sino porque nos lleva a una situación que mejora significativamente, algún aspecto de la vida que es importante para nosotros. La decisión resuelve un problema que es crucial, pero deja intactos otros elementos que igual tendremos que resolver.

La decisión trascendental también implica una dosis de inconformidad, sufrimiento o privación. Por eso necesitamos valor para tomarla. Piensa que si lo hacemos es porque el problema que queremos resolver ejerce una influencia tan negativa en nuestra vida que hace válidos los sacrificios necesarios para superarlo.

Identifica los riesgos y peligros involucrados en la decisión

Toda decisión trascendente implica también un conjunto de riesgos y, a veces, de peligros. Antes de dar el paso siguiente, debemos intentar delimitar el lugar de los pozos en los que podemos caer. Esto no solamente aumentará la fortaleza para seguir adelante, sino que además le otorgará más firmeza y conciencia a lo que estamos decidiendo.

Aquí es válido utilizar el viejo truco de la lista. Toma una hoja de papel y escribe todos los riesgos implicados en tu decisión. Sé concreto. Trata de ser muy preciso. Identifica cada riesgo y cómo te puede afectar. No omitas nada, incluso si piensas que se trata de un riesgo mínimo, absurdo y sin importancia (es mejor que trabajes con él de manera consciente que de manera inconsciente). Cuando vamos a tomar una decisión definitiva, nada es irrelevante.

Trata de hacer lo mismo con los peligros. La diferencia entre riesgo y peligro es que el primero implica algún daño relativamente menor, pero el segundo compromete de algún modo tu salud o tu vida. Suena extremo, pero por ejemplo para algunos romper con su pareja o cambiar de trabajo, con muchas deudas encima, son peligros. De ahí la parte relativa de esta identificación y el papel que puede jugar la dependencia emocional.

Examina tus emociones y fija un marco de acción

Antes de tomar una decisión importante, lo normal es que haya muchas dudas y miedos al respecto. Lo malo es que esos temores logran a veces distorsionar la perspectiva. Algo te dice que es hora de introducir un cambio, pero otra “vocecita interna” también te invita a desistir. Es necesario resolver esa contradicción para seguir adelante.

Es importante que tengas claras tus emociones y sentimientos frente al problema que quieres resolver a través de una decisión radical. ¿Te mueve el deseo de estar mejor, o más bien un capricho o una pasión desbordada? ¿No has concretado tu decisión por prudencia, por método o por miedo? Si logras encontrar respuestas ya tienes recorrida la mitad del camino.

Cuando tengas relativamente claras tus emociones, seas consciente de los riesgos que implica la decisión y de lo que vas a perder y a ganar con ella estarás listo para entrar en acción. No lo pospongas. Fija una fecha para hacer lo que tienes que hacer. Y hazlo. Luego, no mires atrás: está hecho.

lunes, 24 de mayo de 2021

Las ilusiones mejoran nuestra salud

¿Qué seríamos sin ilusiones? Tenemos ilusiones de todo tipo y “pobre” de aquel que no las tenga. Las ilusiones son deseos a los que va acoplada una esperanza de materialización. En este sentido, recientes investigaciones han demostrando como tener ilusiones mejora notoriamente nuestra salud.

Concretamente Álvaro Pascual-Leone, catedrático de Neurología de la escuela médica de Harvard, tras conocer los resultados de su estudio, lo expresa de la siguiente manera: “Tener un proyecto vital, un objetivo en la vida que trascienda a uno mismo y que reporte satisfacción al esforzarse en conseguirlo es bueno para el cerebro y para la salud en general”.

Parece que disponer de ilusiones o de un proyecto vital aumenta la reserva cognitiva. La reserva cognitiva que es la capacidad cerebral para afrontar los retos a un nivel en el que nuestras capacidades son realmente puestas a prueba. Está muy relacionada con la tolerancia al cambio, a lo nuevo o a la incertidumbre.

Pero, ¿a qué tipo de ilusiones nos referimos?

Se trata de aspiraciones o de alguna razón trascendente, aquello que nos motiva a seguir adelante. Para una persona la razón para levantarse por la mañana pueden ser sus hijos o sus nietos, para otra el trabajo que desempeña o quizá la fe que tiene en una religión…

Son diversas, individuales o colectivas, y pueden cambiar con el paso del tiempo. Lo que no cambian es el estado de satisfacción que nos producen una vez las hemos completado, una vez que con nuestro esfuerzo lo hemos conseguido, y de no ser así, nuestra satisfacción por haberlo intentado y no “tirar la toalla”.

Claves para un cerebro sano

Las personas con un proyecto vital bien definido y que se muestran ilusionadas parecen contar con mentes más claras, más saludables. Así, la ilusión parece ese aceite que engrasa a todos nuestros procesos cognitivos. Además tienen menos problemas cognitivos en su vida cotidiana y se cuidan más.

Para gozar de unas neuronas sanas tenemos que nutrir siete áreas de nuestra vida:

  • Salud: en nuestro cerebro incide el numero de veces que enfermamos y la manera en la que nos enfrentamos a la enfermedad.
  • Nutrición: una dieta completa y equilibrada nos ayuda a frenar el deterioro cerebral.
  • Sueño: una buena higiene del sueño, ya que la calidad del mismo está relacionada directamente, por ejemplo, con la consolidación de recuerdos.
  • Ejercicios: combinación de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos. Una hora y media de ejercicio mejora las funciones cerebrales.
  • Funciones cognitivas: cómo afrontamos nuestros problemas, presencia o no de dificultades en la atención o la memoria, previenen o enlentecen el deterioro cerebral.
  • Relaciones sociales: el tipo de red social, la cantidad de amigos o el posible apoyo recibido son factores que condicionan la reserva cognitiva.
  • Proyecto vital: atesorar ilusiones o metas, encontrando satisfacción en ellas, elevan nuestra mirada y hacen que apostemos por el futuro a partir de cuidar le presente.
La magia de las ilusiones

La ilusión constituye la dimensión esencial del porvenir. Quizás no tanto su contenido como su cobertura. Con ella podemos sostener la mirada a la vida, abrir los ojos y soñar, pero sabiendo que la mayoría de nuestras ilusiones nos van a pedir, a cambio de pasar a la realidad, un esfuerzo.

Inyectar ilusión en el proyecto de uno es revitalizarlo, darle energía, pulirlo, adecentarlo, vacunarlo contra el enemigo de la monotonía. Así se van desgranando los esfuerzos para alcanzar lo pretendido, y cualquier naufragio resulta positivo, enseña una lección concreta que añadir al zurrón de nuestro caminar.

Finalmente, destacar que la alegría, al igual que el tesón y la paciencia, guardan a nuestras ilusiones de la erosión de un camino decorado con rosas que no carecen de espinas. Sí, las mismas ilusiones que cuidan de nuestros procesos mentales (memoria, atención, inteligencia…).

domingo, 23 de mayo de 2021

Habilidades de liderazgo en los niños: ¿qué debes saber?

Las habilidades de liderazgo pueden ayudar a los niños a confiar más en sí mismos, tomar mejores decisiones y relacionarse adecuadamente con los demás. Te contamos cómo potenciarlas.

El liderazgo es un término que escuchamos con frecuencia relacionado al ámbito laboral y de las organizaciones. Por lo mismo, hablar de habilidades de liderazgo en los niños puede sonar contradictorio y puede hacer que muchos padres piensen que no es necesario potenciarlas.

Al fin y al cabo, cada persona es un mundo y cuenta con virtudes, fortalezas e intereses diferentes y no todos tenemos que terminar siendo directivos de grandes empresas. Sin embargo, el concepto va mucho más allá de esto.

Liderar no implica, estricta y únicamente, guiar, dirigir e influir en los demás. También significa ser capaces de planificar nuestras propias estrategias, tomar decisiones, hacernos cargo de nuestras metas y relacionarnos de manera adecuada en diversos entornos sociales. Y estas sí son cualidades que pueden beneficiar a los niños durante toda su trayectoria escolar y mucho más adelante. Por ello, queremos ofrecerte más información al respecto.

¿El líder nace o se hace?

Teniendo en cuenta la variedad de habilidades que implica el liderazgo, cabe preguntarnos si estas son innatas o adquiridas. Y la respuesta no es tajante ni dicotómica. Es cierto que algunos niños nacen con un temperamento más abierto y explorador y otros se muestran, desde el nacimiento, más cautos e inhibidos.

Sin embargo, las habilidades, por definición, son entidades que pueden adquirirse, desarrollarse y potenciarse; por lo que los estilos de crianza y las experiencias tempranas en la infancia tienen una gran influencia.

Principales habilidades de liderazgo en los niños y cómo potenciarlas

Si deseas ayudar a tu hijo a fomentar su capacidad de liderazgo, te mostramos algunas de las habilidades que esto conlleva. Es en estas áreas en las que ha de ponerse el enfoque para obtener los beneficios deseados.

Toma de decisiones

En la vida cotidiana se presentan numerosas situaciones en las que se nos exige tomar una decisión. Algunas personas tienen especiales dificultades para decidir y escoger, hasta el punto de necesitar apoyarse excesivamente en otros o delegar esa responsabilidad.

Esto puede generar malestar y serias limitaciones en el día a día, por lo que unas buenas habilidades de liderazgo en los niños pueden protegerles de estas vivencias.

Así, es importante permitir que los infantes vayan siendo responsables de ciertas elecciones desde sus primeros años.

Qué camiseta escoger para ponerse, ir al parque o jugar en casa, ver una película u otra… todas estas disyuntivas no tienen gran importancia, pero proporcionan un entorno seguro en el que el niño puede ir desarrollando la confianza en sí mismo y experimentando la responsabilidad en un grado adecuado a su edad.

Búsqueda de soluciones

La flexibilidad cognitiva es esencial para alcanzar el éxito en muchos ámbitos de la vida. La capacidad para hallar alternativas ante un dilema, valorarlas y ponerlas en práctica es fundamental.

No obstante, muchas veces cuando un niño no es capaz de lograr una meta a la primera, los adultos nos apresuramos a darle la solución o hacer el trabajo por él. Si deseamos que desarrolle sus habilidades de liderazgo, hemos de permitirle intentarlo, fallar, cambiar de rumbo y perseverar hasta lograrlo.

Negociar y llegar a acuerdos

Las habilidades sociales y comunicativas se encuentran también muy relacionadas con el liderazgo. Tener una buena capacidad para escuchar otros puntos de vista, exponer el propio y llegar a acuerdos con otras personas es muy útil durante toda la vida.

Para favorecer esta esta habilidad en los niños es importante que en el propio hogar sean escuchados y su opinión sea tenida en cuenta. Por esto, el estilo de crianza democrático es mucho más positivo que el autoritario, en el que los adultos ordenan y el menor obedece.

Habilidades de liderazgo en los niños: una labor de la familia y la escuela

Para que las anteriores habilidades de planificación, decisión y comunicación se fortalezcan es necesaria la labor de los dos principales agentes de socialización de los niños: la familia y la escuela. Desde el hogar, el ejemplo de los padres así como las oportunidades que se ofrecen a los menores en el día a día para practicar estas capacidades son fundamentales.

Desde la escuela, los docentes pueden servirse del juego y el trabajo en equipo para fomentar el liderazgo en los niños y ofrecerles una educación integral. De esta forma se avanza hacia una formación que promueva la autoconfianza y la capacidad de los menores para explorar y aventurarse a nuevos retos.

sábado, 22 de mayo de 2021

Miedos aprendidos: los temores que nos inculcan los demás

Buena parte de los miedos son aprendidos. En ocasiones, nuestros padres o el entorno cercano nos transmiten una serie de temores con los que no llegamos al mundo cuando nacemos. ¿Existe algún modo de librarnos de esas sombras de angustia?

Los miedos aprendidos no nos vienen de “fábrica”, es decir, no están integrados en ese registro cerebral heredado a través de nuestra evolución. Hay temores que nos proyectan los demás, en especial nuestros progenitores. Existen angustias que vemos reflejadas en quienes nos rodean y que de un modo u otro quedan impresas en nosotros con la misma intensidad.

Esto se explica por un hecho tan interesante como revelador. El ser humano, como el resto de organismos vivos, está “diseñados” para aprender de su entorno y sobrevivir. De este modo, y como ejemplo, si nuestro padre teme a los perros, aprenderemos desde bien temprano que estos animales son figuras de las que tal vez debamos protegernos.

Señalaba el psicólogo John B. Watson que todos los miedos que revelamos son aprendidos y no innatos. Hay quien duda de esto último. Sin embargo, es evidente que llegamos a la edad adulta con muchos más miedos de los que venimos al mundo. Y cuidado, porque con “miedos” no nos referimos solo al que podamos sentir por las arañas, las alturas, las ratas o los payasos.

Buena parte de nuestro equipaje de temores se define por entidades invisibles, como puede ser el miedo a no gustar, a fracasar, a que nos abandonen, a defraudar a los demás… Muchas de estas dinámicas las vamos aprendiendo, para bien o para mal, a través de las relaciones con quienes nos rodean.}

Miedos aprendidos: qué son y cómo liberarnos de ellos

Decía Woody Allen que nuestros miedos son los amigos más fieles que tenemos; jamás nos engañan para irse con otros porque al fin y al cabo, ¿qué haríamos sin ellos?… Lo cierto es que haríamos grandes cosas si adelgazáramos muchos de nuestros temores. Sin embargo, ahí están, contagiando al cerebro de inseguridades que limitan el potencial desde edades tempranas.

¿Por qué ocurre? Los temores aprendidos también son el resultado de nuestra evolución. Para adaptarnos a un entorno no basta con responder a esos instintos innatos que harán que evitemos los lugares oscuros o que huyamos de los depredadores. Necesitamos integrar nuevas informaciones, datos que nos permitan movernos con éxito en el día a día.

El problema reside en que buena parte de los miedos aprendidos no son útiles ni prácticos, puesto que parten de procesos irracionales. Algo así lo vemos en el ejemplo señalado con anterioridad: los padres que transmiten a sus hijos el temor a los perros, a los gatos, etc. Todo ello nos demuestra cómo los miedos cognitivos y sociales de aprendizaje impactan en los mecanismos filogenéticos más antiguos del condicionamiento del miedo.

No obstante, conozcamos más datos para comprender cómo y por qué sucede este proceso.

La actitud y conducta de nuestras figuras de apego

Para experimentar y quedar condicionados por el miedo, no basta con que nos digan “esto es peligroso y puede hacerte daño”. Los bebés, por ejemplo, aún no entienden las palabras y sin embargo pueden quedar inoculados por el temor de sus padres. ¿De qué manera? A través de las expresiones, las actitudes y los comportamientos.

Las conductas de nuestras figuras de apego son básicas y esenciales para transmitirnos seguridad, bienestar y confianza o, por el contrario, generarnos ansiedad y miedo. Esto lo vemos en los escenarios donde existen conflictos armados. Los niños más pequeños pueden desarrollar miedos a determinados sonidos o imágenes al ver las reacciones de  sus familiares.

No nos olvidemos de que los niños son expertos en lenguaje no verbal. Por ejemplo, si ven que su madre o su padre reaccionan con miedo a los pájaros, aprenderán que los pájaros pueden ser peligrosos.

Aprender a temer lo que otros han temido antes forma parte de nuestro repertorio cerebral

Llegados a este punto cualquiera podría decir que los miedos aprendidos los asume quien no es capaz de racionalizar los temores. Es decir, lo esperable sería llegar a la edad adulta y entender entonces que muchas de esas angustias que nos han transmitido los progenitores no son lógicas ni prácticas.

Sin embargo, no es nada fácil desprendernos de los miedos. No es como soltar un peso que uno lleva a la espalda. Así, estudios como los realizados en la Universidad de Columbia nos indican algo relevante. Los miedos aprendidos forman parte del registro cerebral, se trata de un tipo de aprendizaje social para el que estamos programados.

Áreas como la amígdala cerebral, la corteza prefrontal medial y el surco temporal superior son regiones asociadas a la cognición social del miedo. Así, por mucho que nos gustaría eliminar por completo la sombra de esos temores que hemos aprendido con el tiempo, no es algo que se logre rápidamente. Esas sombras de temor irracional están ya inoculadas en las bases neurales.

¿Cómo podemos liberarnos de los miedos aprendidos?

Tener miedo es normal, al fin y al cabo, este mecanismo ha garantizado nuestra supervivencia. Sin embargo, como bien sabemos, muchos de nuestros temores son irracionales y puede llegar un momento en el que sean ellos los que decidan por nosotros y dominen nuestra vida.

¿Cómo manejar entonces los miedos aprendidos? Lo cierto, es que en este aspecto no basta con eso de “ser valientes”. Estamos ante una dimensión que hemos estado reforzando durante mucho tiempo y ante esto solo caben dos aspectos: racionalizar y afrontar.

Es necesario filtrar esos temores desde la lógica y entender que nos han sido dados por los demás y que no son útiles.

Seguidamente, hay que acercarse a esos estímulos amenazantes. Esa exposición paulatina debe ser guiada por profesionales expertos en el tema, solo así nos liberaremos de esas alambradas que limitan nuestra existencia y potencial humano. Tengámoslo presente.

viernes, 21 de mayo de 2021

5 juegos para trabajar la dislexia en casa

 Los juegos para trabajar la dislexia pueden ser una herramienta muy valiosa para reforzar las intervenciones educativas. Aquí te mostramos cinco juegos que pueden ser muy valiosos. ¡Dentro artículo!


Los juegos para trabajar la dislexia son una herramienta muy valiosa que permite reforzar los resultados conseguidos con las intervenciones a nivel educativo y, simultáneamente, dotar a estas actividades de un carácter lúdico. Sin embargo, no todos los juegos valen para entrenar la conocida como conciencia fonológica.

A continuación, te mostramos cinco juegos para trabajar la dislexia de forma divertida en casa o cualquier otro lugar. Son juegos que además no requieren de inversión económica y son sencillos de aprender.

Dislexia: intervención educativa y emocional

Hoy en día, la dislexia es un terreno, en buena medida, conocido. Hablamos de un trastorno del aprendizaje que afecta de forma generalizada al lenguaje escrito y que tiene una alta prevalencia en la población, de alrededor de un 10 %. También se ha descubierto que son mentes que destacan por creatividad y capacidad de abstracción.

Sobre la intervención de la dislexia, los expertos recomiendan una intervención temprana en forma de reeducación. Cuanto más pequeño sea el niño, más provecho obtendrá de la intervención a consecuencia de la enorme plasticidad cerebral en los primeros años de vida.

Por otra parte, la ciencia ha demostrado que también se necesita de una intervención a nivel emocional. Esto se debe a que la dislexia está asociada a dificultades emocionales, como la ansiedad o la baja autoestima. Por todo ello, los juegos para trabajar la dislexia pueden ser un elemento clave por su carácter lúdico y reforzador del autoestima.

5 juegos para trabajar la dislexia en casa

Los juegos para trabajar la dislexia deben tener como objetivo principal mejorar la conciencia fonológica. Esta capacidad para reconocer los sonidos asociados a grafemas y utilizarlos de manera adecuada suele estar especialmente dañada en niños con dislexia. A continuación, te mostramos cinco juegos para trabajar la dislexia en familia.

1. Un clásico: el ahorcado

El ahorcado es un clásico y, también, uno de los juegos para trabajar la dislexia más efectivos. Que su simpleza no te engañe: el hecho de pensar mentalmente una palabra sin escribirla es uno de los mejores entrenamientos para la conciencia fonológica.

Para su aplicación, recuerda empezar con palabras muy sencillas, como las monosílabas, e ir aumentando la complejidad. También, es importante no corregir aquellas faltas de ortografía que no se hayan trabajado hasta ese momento.

Por otro lado, en ocasiones puede aparecer la frustración; en este sentido, podemos animarles y pedirles que comprueben si sus opciones encajan en los huecos de la palabra deseada.

2. En cualquier lugar: palabras encadenadas

Jugar a palabras encadenadas consiste en segmentar palabras por sílabas y comenzar una nueva por la última de ellas. Se juega por turnos, hasta que uno de los jugadores se queda sin respuesta.

Podéis ayudaros de palmadas para cada golpe silábico o simplificarlo inicialmente y empezar las palabras por la última letra únicamente.

Este juego para trabajar la dislexia se trabajan dos aspectos importantes a la hora de fomentar la conciencia fonológica.

  • En primer lugar, la segmentación de palabras por sílabas está íntimamente relacionada con la adquisición de la lectura y la conciencia silábica.
  • En segundo lugar, se entrena la fluidez verbal que es uno de los aspectos que suelen estar más deteriorados en un perfil de dislexia. Además, no necesitáis de ningún material y se puede jugar en cualquier lugar.

3. Futuros poetas: juego de rimas

En este juego para trabajar la dislexia, que consiste en hacer rimas, tiene la ventaja de que podemos ir incrementando la dificultad. Se puede empezar por construir palabras que tengan rima asonante, elevar el nivel con la rima consonante y, una vez dominado el tema, crear divertidos poemas.

Jugar a hacer rimas tiene la dificultad de que, en un principio, puede ser difícil de entender en casos de dificultades del lenguaje. Por esta razón, es conveniente que previamente se pongan ejemplos de palabras que pueden rimar o no, y que el niño contesta en función de ello hasta que logre esta habilidad previa.

4. Dislexia y memoria: una partida de “memory”

El “memory” es otro de los juegos clásicos que, aunque principalmente es conocido por su entrenamiento de la memoria, también puede servir simultáneamente para trabajar la conciencia fonológica. Pero, ojo, no valen todos las versiones. Requerimos de un “memory” que tenga escritas las palabras y, en la tarjeta de pareja, un dibujo de la misma.

Cuando el niño utiliza este juego para trabajar la dislexia, visualiza y asocia la palabra y su representación, reforzando la conocida como vía léxica de la lectura. Esta vía es la que nos permite leer con fluidez. Así, cuando somos lectores más expertos ya no necesitamos leer la palabra “casa” sonido por sonido, sino que gozamos de una representación de la misma que nos dota de rapidez.

5. El juego de la oca… de letras

El tradicional juego de la oca puede convertirse en una gran herramienta para trabajar la conciencia fonológica. Se trata de una oca de letras que puedes encontrar de forma muy sencilla en internet. Siguiendo las reglas clásicas, se avanza de casilla en casilla con un dado pero, además, hay que leer la palabra correctamente si quieres avanzar.

Este juego para trabajar la dislexia tiene una amplia gama de tableros según los contenidos que se estén trabajando. Por ejemplo, si el niño está aprendiendo una determinada letra, en esa oca aparecerán palabras en la que ésta aparezca en diferentes posiciones silábicas.

Juegos para trabajar la dislexia y, sobre todo, el autoestima

La dislexia es un trastorno del aprendizaje del lenguaje escrito que requiere de una intervención temprana. Al estar asociado con diferentes patologías emocionales, las intervenciones suelen incluir aspectos relacionados con la prevención de las mismas y la autoestima.

Una forma de reforzar la intervención desde casa son los juegos para trabajar la dislexia. De forma lúdica y en familia, podemos contribuir a que el niño entrene la conciencia fonológica, objetivo indispensable en la dislexia. Te proponemos para ello juegos clásicos como el ahorcado, la oca de letras, el “memory”, las rimas o las palabras encadenadas.

Este tipo de juegos para trabajar la dislexia no requieren de inversión económica y muchos de ellos se pueden realizar en cualquier lugar. Lo más importante en su aplicación es que el niño disfrute de los mismos y que la dificultad se ajuste de forma que pueda sentir progresa, reforzando así el autoestima.

jueves, 20 de mayo de 2021

Mi pareja me ha dejado varias veces y luego vuelve: ¿a qué se debe?

Hay parejas que rompen diez veces y vuelven a reconciliarse otras diez veces más. Son vínculos de ida y vuelta con sabor a incerteza y sufrimiento prolongado que temen asumir la auténtica realidad: que esa relación está abocada al fracaso.

“Mi pareja me ha dejado varias veces y luego vuelve, hemos roto tantas veces que ya no sé si lo nuestro vale la pena…”. Son muchas las personas que se ven en esta misma situación, en esas relaciones chicle de ida y vuelta, de hoy no te quiero y mañana te necesito. Son realidades de elevado desgaste psicológico que no todo el mundo sabe cómo manejar.

Lo primero que nos viene a la mente ante este tipo de vínculos es que lo mejor sería proceder a la ruptura. Al fin y al cabo, aquello que ya de por sí evidencia grietas está destinado tarde o temprano a desmoronarse por sí mismo. No obstante, hay un problema y no es otro que el del apego afectivo, ese pegamento emocional que impide construir relaciones felices y maduras.

Así, y por llamativo que nos parezca, estas dinámicas se dan en múltiples ocasiones. Son experiencias altamente patológicas que no deberíamos favorecer por nuestro bienestar y equilibrio psicológico. Lo analizamos.

Mi pareja me ha dejado varias veces y luego vuelve ¿por qué lo hace?

Terminar y volver a empezar. Romper la relación y al cabo de dos, tres semanas o un mes, tu expareja vuelve a enviarte un mensaje o a llamar a la puerta para pedirte perdón y de paso, clamar una nueva oportunidad. Una parte de ti sabe que no debería hacerlo, pero el amor es ciego, el afecto muy ingenuo y a veces la inmadurez demasiado poderosa. Con lo que reiniciáis una vez más, algo que debíais haber dado por concluido.

Ahora bien, si una persona dice aquello de “mi pareja me ha dejado varias veces y luego vuelve”, el problema como tal no está solo en quien rompe y luego hace el camino de vuelta. También quien cede a esa dinámica una y otra vez evidencia un problema que debería revistar. Y la clave, como bien hemos señalado, está en la dependencia afectiva. Profundicemos un poco más.

Codependencia e inmadurez emocional

Hay parejas que terminan su relación tras una discusión puntual. Los ánimos se caldean, se lanzan reproches, el orgullo se inflama y no tarda en aparecer el clásico “pues lo dejamos”. Ahora bien, tras unos días o unas semanas, el enfado se diluye y aparece la notificación en el móvil de “te necesito”.

La madurez en las relaciones de pareja no llega con los años, no es un programa que se instala de manera automática llegados los 30. La mala gestión de las emociones, la codependencia, la baja autoestima y confundir amar con necesitar diluyen por completo la competencia en materia afectiva.

Relaciones irrompibles: ni contigo ni sin ti

La Universidad Intercontinental México realizó un interesante trabajo en el 2005, titulado Ni contigo ni sin ti: la pareja irrompible. Este estudio definió un tipo de vínculo afectivo muy común: el de las relaciones irrompibles. Perfila la personalidad de quienes son incapaces de mantenerse juntas, pero a su vez ni se sienten con fuerzas para romper definitivamente la relación.

Dicha dinámica configura un círculo vicioso en el que se retroalimentan el odio y el amor, la frustración y el sufrimiento, el apego y el rechazo. Cuando estas personas están juntas son conscientes de que la convivencia es insoportable, sin embargo, cuando están separadas se sienten vacíos el uno sin el otro.

Mi pareja me ha dejado varias veces y luego vuelve (el miedo a la soledad)

El miedo a la soledad nos convierte en mendigos del afecto, en esclavos del mal amor. De este modo, si alguien comenta aquello de que “mi pareja me ha dejado varias veces y luego vuelve” es adecuado que ambos se pregunten qué provoca la ruptura y qué explica el retorno. En muchos casos, la separación ocurre porque la convivencia es imposible. También, porque el afecto ya no es el mismo.

Sin embargo, en buena parte de los casos esa vuelta a la relación la impulsa el miedo. ¿Qué voy a hacer yo solo? ¿Qué va a ser de mí sin nadie a mi lado?

¿Qué puedo hacer si mi pareja quiere volver después de haberlo dejado?

Hay segundas partes que sí merecen la pena. Evidentemente, pueden existir relaciones que dejamos en su día y que más adelante, por las circunstancias que sean, sí es adecuado invertir en ellas para repararlas, para intentarlo de manera más madura, comprometida y valiente.

Ahora bien, si una persona ha dejado varias veces a la otra persona y luego vuelve, nos encontramos ante otra realidad. Esas idas y venidas, esas relaciones chicle que se estiran y más tarde vuelven, solo generan sufrimiento.

Es más, debemos ser conscientes de algo importante. El problema no está solo en quien deja y luego vuelve. También quien cede y permite el regreso debe reflexionar en por qué lo hace. Vale la pena tener en mente algunas reflexiones al respecto.

Aspectos que debemos considerar

  • Con que nos dejen solo una vez ya es bastante para replantearnos esa relación. Por tanto, si ofrecemos una nueva oportunidad y vuelve a darse otra ruptura, es obligación nuestra entender que no es bueno malgastar la propia dignidad con quien no nos respeta.
  • El amor de ida y vuelta está abocado al sufrimiento. Debemos entender que el afecto no lo es todo para construir un vínculo de pareja. No basta con querer mucho, hay que querer bien y eso no es algo que todo el mundo sepa hacer.
  • Asimismo, también es bueno recordar un detalle. La dependencia distorsiona el amor, nos convierte en esclavos de dinámicas afectivas patológicas. Toleramos lo intolerable y desgranamos fragmento a fragmento la propia autoestima.
Para concluir, seamos capaces de no malgastar nuestra dignidad con quien no nos merece. Las relaciones de ida y vuelta no nos llevan a ningún lado, solo nos aferran a la infelicidad.

miércoles, 19 de mayo de 2021

¿Cómo hacer simples los cambios difíciles?

Los cambios difíciles exigen una gran inversión de esfuerzos que, por lo general, no se ven compensados a corto plazo. El psicólogo B. J. Fogg propone cambiar la perspectiva: ¿por qué no apostar por lo pequeño y lo simple?

Los cambios difíciles son también los que por norma se postergan de manera indefinida. La mayoría de las personas han pensado en hacer cambios que les producen una enorme pereza; son vistos como una cuesta de gran pendiente. Sabemos que en la cima habrá recompensa, pero nos cansa solo pensar lo que tenemos que hacer para llegar hasta ella. Nos apetece el resultado, pero poco o nada el camino.

A veces solo se necesita de un método eficaz. Tan importante como el propósito es el mecanismo que se utilice para conseguir esa transformación que se considera necesaria. Todo indica que la estrategia es tan relevante como el deseo de modificar algo.

El psicólogo B. J. Fogg, autor del libro Tiny Habits: The Small Changes that Changes Everything (Hábitos diminutos: los pequeños cambios que lo cambian todo) estudió a fondo este tema. Así llegó a la conclusión de que cambiar es más fácil cuando descomponemos esta transformación en acciones simples. ¿Cuál es el camino? Lo veremos enseguida.

Los cambios difíciles

J. Fogg es un prestigioso investigador que trabajó en el mundo del diseño. Estando allí descubrió que el desarrollo de nuevos productos a veces no avanzaba porque los encargados se concentraban más en lo complejo que en lo simple.

Después, este psicólogo obtuvo un puesto en la Universidad de Stanford. Allí siguió con sus investigaciones, encontrando resultados que apuntaban en la misma dirección. Fue el punto de partida para una teoría que desembocaría en un libro sobre cómo hacer simples los cambios difíciles. Hoy en día piensa que la simplicidad es una fuerza muy poderosa. ¿Por qué?

Las cosas simples no demandan demasiada energía ni motivación. Tampoco exigen un talento especial o un aprendizaje minucioso. Uno de los “secretos” para lograr grandes cambios está en segmentarlos hasta convertirlos en una cadena de modificaciones simples.

Dicho de otra forma, troceando la cuesta somos capaces de apreciar los descansillos o los momentos intermedios en los que podemos obtener pequeñas recompensas que refuercen nuestra motivación.

El poder de lo simple

Uno de los cambios difíciles de la vida tiene que ver con los hábitos. Estos se aferran de una forma impresionante a la vida y desterrarlos se vuelve una odisea. De igual modo, adquirir una costumbre sana requiere tiempo -si no la hemos adoptado hasta ahora, no es hacia el lugar al que nos lleva la inercia-. Por lo general, comienzas con mucho entusiasmo y al poco tiempo lo vas dejando, sin saber exactamente por qué.

J. Fogg dice que, por ejemplo, quitarle la maleza al jardín exige al menos cinco horas, en el mejor de los casos, por eso nunca se encuentra tiempo para hacerlo. En cambio, si la propuesta es invertir cinco minutos en ello cada día, existe una probabilidad más alta de que se cumpla.

El método Frogg está diseñado para facilitar los cambios difíciles. Lo que aconseja su creador es partir de la rutina tal y cada uno la tenga establecida. En la misma, se debe incorporar el nuevo hábito, poco a poco.

Si alguien quiere beber más agua para mejorar la digestión, lo adecuado no es que se proponga una rutina especial para hacerlo, sino que lo añada a alguna de sus actividades cotidianas. Por ejemplo, beber el agua mientras hace el desayuno.

El método

En realidad, cambiar una conducta simple no tiene problema. Los obstáculos aparecen en los cambios difíciles, por ejemplo, hacer ejercicio o dejar de fumar. ¿Qué hacer en esos casos? Frogg aconseja, en primer lugar, identificar el verdadero problema a solucionar.

Quizás lo que se desea no es exactamente abandonar el cigarrillo, sino respirar mejor y cuidar la salud. Lo que sigue es cultivar hábitos diminutos para lograr ese propósito. Tal vez hacer ejercicios de respiración por tres minutos o abstenerse de fumar el primer cigarrillo antes de determinada hora. Una vez incorporado ese pequeño hábito, se puede pasar al siguiente.

Por supuesto, esto lleva más tiempo, pero ¿hay prisa? Finalmente, con cada hábito que consigamos incorporar lo que lograremos será ganar tiempo y salir de ese esquema de postergación eterna. Lo único importante es que cada uno se fije metas tan pequeñas y poco exigentes que esté seguro de poder cumplirlas sin abandonar.

Frogg también señala que la tecnología es una buena aliada en estos esfuerzos. Las aplicaciones o programas que establecen recordatorios, motivan o ayudan a llevar los récords, aportan un impulso adicional y contribuyen a no cejar en el empeño. Vale la pena intentar la vía de los hábitos diminutos para avanzar hacia esas grandes transformaciones que se han pospuesto.

martes, 18 de mayo de 2021

Fusión cognitiva: cuando eres lo que piensas

La fusión cognitiva es aquella tendencia a creer que lo que pensamientos y la realidad (o lo que somos) es lo mismo. Implica una fusión entre el "yo" y el pensamiento. ¿Cómo combatirla?

La fusión cognitiva (FC) es un fenómeno mental en el que se difumina la línea que nos separa de nuestros pensamientos. Es decir, creer que somos lo que pensamos, o que lo que pensamos es literalmente la realidad.

Este patrón de pensamiento puede generar mucho malestar, y por ello es importante aprender a tomar distancia de todo aquello que pensamos. ¿Por qué? Porque los pensamientos muchas veces están sesgados, o son irracionales o ilógicos. La realidad y la identidad van mucho más allá del pensamiento.

¿Qué más sabemos sobre este concepto? ¿Cómo combatirlo? Os presentamos, al final del artículo, un ejercicio sencillo que nos puede ayudar a alejarnos poco a poco de la fusión cognitiva.

Fusión cognitiva: cuando eres lo que piensas

La fusión cognitiva (FC) se define como una fusión entre lo que pensamos y lo que creemos ser; implica, literalmente, fusionarnos con nuestros propios pensamientos. Es decir, en este fenómeno se entremezclan dos procesos: el pensamiento y la mente (o la propia conciencia e interpretación de la realidad).

Hayes et al. (2011), citados en un artículo de Ramos et al. (2018), dan una definición más precisa del concepto y afirman que la fusión cognitiva podría definirse como “aquella tendencia a creer el contenido literal del pensamiento y del sentimiento”, así como “la excesiva o impropia regulación de la conducta por procesos verbales (reglas), más que por las contingencias del entorno”.

Tomar el pensamiento como una realidad

Cuando manifestamos fusión cognitiva no distinguimos entre aquello que pensamos y las condiciones que producen esos pensamientos. Así, tendemos a creer al pensamiento como si este fuera una verdad absoluta e inamovible: “pienso esto, pues soy esto”, o, “pienso esto, pues esta es la realidad”.

Con la fusión cognitiva, se nos olvida contrastar lo que pensamos con la realidad objetiva que ha desencadenado estos pensamientos. Durante todo este proceso, nos cuesta tomar perspectiva de nuestros propios pensamientos, porque vivimos “fusionados” con ellos.

Impacto en la conducta

Este patrón de pensamiento hace que interpretemos el contenido de nuestra mente (eso es, nuestros pensamientos), como algo literal. Y esto tiene un impacto en nuestra conducta.

Así, poco a poco nos vamos comportando en consonancia con esos pensamientos, como si fuesen la única verdad o realidad posible.

Ejemplo de fusión cognitiva

Para entender mejor el concepto de fusión cognitiva, pensamos en un ejemplo. Imagina que una persona ha tenido un ataque de pánico en mitad de la calle y se ha angustiado mucho. Consigue tranquilizarse un poco y regresa a casa.

Al día siguiente, esa persona, cuando tiene que salir a la calle, baja las escaleras de su portal y empieza a pensar: “seguro que hoy también te da un ataque de pánico, ¿no ves que ya estás empezando a temblar?”. Y, sin darse cuenta, la persona asume ese pensamiento como algo verdadero, como algo que forma parte de su realidad inamovible. Y entonces decide regresar a casa. Esa es la fusión cognitiva.

Ejemplos con uno mismo y con los demás

Este es solo un ejemplo de fusión cognitiva, pero habría múltiples de ellos: los que tienen que ver con uno mismo, con circunstancias externas, con los demás…

Aunque todos, comparten una característica en común: la fusión del pensamiento con uno mismo, con la realidad de cada uno.

La defusión cognitiva para combatir la fusión cognitiva

La defusión cognitiva es una técnica que forma parte de algunas modalidades de terapia, como es el caso de la terapia de aceptación y compromiso (ACT). En realidad, es uno de los componentes centrales de la ACT. Un punto fundamental en este tipo de terapia es conseguir lograr una distancia entre la persona (el paciente) y sus pensamientos. ¿Cómo se consigue?

A través, por ejemplo, de que el paciente se dé cuenta de que los pensamientos muchas veces no se cumplen, o que los pensamientos son solamente pensamientos (palabras, es decir, sonidos) y no lo que dicen ser (hechos). Para aplicar la técnica de la defusión cognitiva se pueden emplear varios ejercicios experienciales, con el objetivo de que el paciente actúe con independencia de lo que su mente “le dice”.

La difusión cognitiva para fomentar la aceptación

En la terapia de aceptación y compromiso, así como en otros tipos de terapia (y sobre todo, en determinados trastornos), la aceptación es un factor clave. Aceptar el dolor, las vivencias, todo aquello que sentimos… Y esta aceptación es más fácil de conseguir gracias al proceso de defusión cognitiva.

¿Por qué? Porque la defusión cognitiva cambia la consideración de los eventos internos y, a su vez, la aceptación ayuda a desvincularse de ellos.

Ejercicio: “ver las nubes que pasan”

Para movilizar este proceso de defusión cognitiva se suelen utilizar, como decíamos, diferentes ejercicios. Entre ellos encontramos, por ejemplo, el de “ver las nubes que pasan”.

Este ejercicio consiste en ayudar al paciente a ver que sus pensamientos y emociones de malestar son como las nubes grises del cielo; no son el cielo, aunque a veces lo cubran completamente durante días, y es mejor que las contemple dejándolas pasar.

Reflexiones finales

La fusión cognitiva aparece en muchas personas, tengan o no alguna patología mental. Puede interferir en el bienestar personal, y por ello es importante tomar conciencia, si nos ocurre, de lo que nos pasa y empezar a trabajar en ello.

La difusión cognitiva es una de las técnicas más empleadas como intervención sobre este patrón de pensamiento, aunque cada modalidad de terapia usa sus propias herramientas para que aprendamos a tomar distancia de nuestro propio pensamiento.

lunes, 17 de mayo de 2021

La teoría neuromatriz del dolor: ¿en qué consiste?

La teoría neuromatriz del dolor explica por qué aparecen condiciones tan limitantes como el dolor crónico o la fibromialgia. También desvela el origen del síndrome del miembro fantasma.

La teoría neuromatriz del dolor nos dice que la experiencia propia del sufrimiento físico no solo está mediada por impulsos nerviosos. Factores, como el estrés crónico o los traumas, también pueden favorecer dicho efecto. Es más, este enfoque enunciado en la década de los 90 nos recuerda que el cerebro es quien filtra y modula los impulsos del dolor y que no en todos nosotros funciona del igual modo.

Tanto es así que se habla incluso de la “neuromatriz del yo”. Es decir, todo el mundo tendría su propia disposición a la hora de experimentar determinados dolores y con una intensidad particular. Variables, como la genética, los aspectos sensoriales, las emociones e incluso las cogniciones, harían que procesáramos los estímulos dolorosos de una manera particular.

Por ejemplo, sabemos que las personas altamente sensibles (PAS) tienen una tolerancia mucho más baja al dolor. En ocasiones, determinados tejidos de ropa les resultan dolorosos, así como los sonidos o las luces muy intensas.

Por tanto, estamos ante una teoría que vale la pena conocer para descubrir aspectos de nosotros mismos en los que no siempre deparamos.

¿Qué es la teoría neuromatriz del dolor?

Esta teoría se acuñó y adquirió bastante relevancia en los años 90 gracias al doctor Donald Melzack. Ahora bien, en realidad, esta propuesta se desarrolló en los años 60 por parte del doctor Patrick Wall, quien ya sugirió en esta época que el dolor se produce por patrones de impulsos nerviosos. Sin embargo, ¿qué significa esto?

En un trabajo de investigación del propio doctor Melzack nos señala que el dolor es una experiencia multidimensional generada en el cerebro mediante la forma particular en la que se organizan las descargas nerviosas. De este modo, un estímulo concreto (un golpe, por ejemplo) nos generará dolor, pero en ocasiones no hace falta que exista un estímulo físico, una lesión o una enfermedad determinada para tener esa experiencia.

El dolor crónico y la fibromialgia son un claro ejemplo de que en ocasiones se sufre un dolor agudo sin que exista un desencadenante orgánico claro o definido. La clave estaría en la teoría del dolor de la neuromatriz o en nuestros patrones “neuro-firma”.

Conozcamos más datos al respecto.

La neuromatriz y nuestro modo particular de experimentar el dolor

Sabemos que los pacientes con fibromialgia presentan alguna particularidad en el modo en que el cerebro y la médula espinal procesan las señales de dolor de los nervios. La teoría neuromatriz del dolor dice que cada persona presenta un patrón y una información sensorial única a la hora de modular esta respuesta.

También nos señala algo no menos llamativo: esta particularidad tendría un origen genético sumado a otros factores experienciales. Es como si llegáramos al mundo con una menor o mayor probabilidad para desarrollar o no condiciones como el dolor crónico o la fibromialgia.

El síndrome del “miembro fantasma” y la teoría neuromatriz del dolor

Muchos hemos oído hablar del síndrome del miembro fantasma. Se trata de una alteración por la que una persona con un miembro amputado sigue percibiendo la presencia de esa parte faltante. Este problema lo sufre más del 60 % de pacientes que viven sin alguna extremidad y lo que es peor, sufren dolor, quemazón, calambres… Es decir, a pesar de que ese brazo o esa pierna no exista, se sufre dolor.

¿Cómo es posible? El origen estaría en la teoría neuromatriz del dolor. Se cree que el cerebro crea un patrón a partir del hecho traumático, una memoria sensorial previo a la amputación o a la infección del miembro faltante.

Esa impronta nerviosa pervive estimulando la respuesta de dolor cada poco tiempo. Asimismo, esta experiencia puede durar unos meses, hasta que el cerebro termine de hacer la reacomodación y asuma que ese miembro ya no existe. Los científicos lo definen como “neurofirmas anormales” que provocan dolor en el miembro fantasma.

Las tres áreas que modulan el dolor neuromatriz

La Universidad de Washington realizó un interesante estudio en el 2012 relacionado con la teoría neuromatriz del dolor. En este trabajo se demostraba que el procesamiento del dolor cambia con los años. Es decir, a medida que envejecemos se eleva nuestra sensibilidad, de manera que una rotura de cadera, por ejemplo, es más dolorosa a los 80 que a los 40.

Los mecanismos inhibitorios que modulan y regulan el sufrimiento cambian con el paso del tiempo. Esas neurofirmas varían con el propio envejecimiento biológico. Asimismo, a pesar de ello, hay unos factores capaces de amortiguar ese sufrimiento. Porque la teoría neuromatriz del dolor depende de tres factores para que ese sufrimiento sea más o menos intenso:

  • Por un lado, están los factores genéticos ya señalados, únicos en cada persona. Son los que alteran la forma en que el cerebro y la médula espinal procesan las señales de dolor de los nervios, como en el caso de las personas con fibromialgia. Son también, los que orquestan el vínculo entre envejecimiento y mayor percepción del dolor.
  • También podemos encontrar la variable emocional. Las emociones y los traumas psicológicos también intensifican el sufrimiento físico..
  • Por último, tenemos la variable evaluativo-cognitivo. Es decir, el modo en que interpretemos el dolor puede reducirlo o elevarlo, de ahí que aquellos pacientes más resilientes, por ejemplo, manejen mejor sus enfermedades.
Para concluir, esta teoría ha adquirido una elevada relevancia últimamente. Así, condiciones como la lumbalgia crónica también está recibiendo mucha atención desde esta perspectiva.

Ahora, sabemos que hay enfermedades y alteraciones ante las cuales no basta solo con un enfoque médico y farmacológico. El aspecto psicológico también es clave para poder manejar el aspecto emocional y cognitivo.

domingo, 16 de mayo de 2021

Sospechas de infidelidad: un grave impacto para el equilibrio psicológico

Ansiedad, insomnio y hasta enfermedades psicosomáticas... Cuando una persona sospecha de la infidelidad en la pareja (aunque esa inquietud sea infundada), el impacto sobre el equilibrio psicológico es muy elevado.

Este es un tema del que no se habla demasiado. Son muchos los que habrán buscado alguna vez en Internet aquello de “pistas de que tu pareja te puede estar engañando”. Sin embargo, no siempre se aborda el elevado desgaste mental que ocasionan las meras sospechas de infidelidad. Más allá de que esa inquietud sea o no infundada, ese impacto es más serio de lo que pensamos.

Hay quien lejos de tratar el tema con su pareja y abordar esa preocupación, opta por el silencio y la carcoma mental. Se limitan únicamente a poner la atención en pequeños aspectos hasta llegar a la obsesión e incluso la paranoia. Esa angustia que suscita el pensamiento constante alrededor de la traición, es la base en muchos casos, tanto de trastornos de ansiedad como de depresiones.

Asimismo, hay otro detalle. La mayoría podemos haber experimentado esta sensación; es normal y comprensible tener cierto miedo a perder ese vínculo con la persona amada. No obstante, el problema reside en que -por término medio- gestionamos muy mal esas sospechas de traición. De nada vale, por ejemplo, compartir con amigos nuestra inquietud y no hablarlo directamente con la pareja.

Tampoco es saludable guardarnos la quemazón de ese desasosiego. La suspicacia y la sospecha debe invitarnos a la acción, no a la pasividad de quien se limita a quedar aún más atrapado en el laberinto de la preocupación.

Efectos psicológicos de la sospecha de infidelidad

No pecamos de exageración si afirmamos que la sospecha de infidelidad es una de las fuentes de estrés más elevadas. Es mucho más que vivir con la mosca detrás de la oreja. Es experimentar incerteza constante, preocupación en bucle y ansiedad persistente.

Uno no deja de darle vueltas a que tal vez nuestra relación se vaya a romper tarde o temprano o que, sencillamente, estamos siendo víctimas de una mentira.

De pronto el cerebro procesa una amenaza y entramos al instante en un estado de alerta e hipervigilancia muy elevado y agotador. Tanto es así que estudios muy recientes como los llevados a cabo en la Universidad de Nevada y la Universidad de Ohio, por ejemplo, nos señalan algo importante. La sospecha de infidelidad tiene un serio impacto psicológico de modo que la salud mental se puede ver muy afectada.

Teoría del estrés transaccional: cuando nos sentimos incapaces de controlar una situación

Richard S. Lazarus fue un destacado psicólogo e investigador que pasó gran parte de su vida intentando comprender los procesos de estrés. A él le debemos, por ejemplo, la teoría transaccional del estrés, que nos habla de cómo una persona interacciona con un contexto y evalúa el impacto de lo que le sucede.

Así, en ocasiones, el estrés que experimentamos supera a nuestros recursos para afrontarlo y esto agrava el propio sufrimiento. Además, surge otro hecho y es la conciencia de que no tenemos control sobre lo que está sucediendo. De este modo, las sospechas de infidelidad trazan un tipo de realidad sobre las que uno siente que no tiene dominio alguno.

Si nuestra pareja nos está engañando verdaderamente, no podemos hacer nada para evitarlo y esa sensación eleva aún más la angustia.

El efecto de las sospechas de infidelidad son diferentes en hombres y en mujeres

El estudio de las universidades de Nevada y Ohio antes citado, y dirigidos por Daniel Weigel, señalan que existen diferencias de género a la hora de experimentar el impacto de las sospechas de infidelidad. Sin bien es cierto que todos lo vivimos con elevado sufrimiento, hay pequeñas particularidades que nos diferencian:

  • Las mujeres tienden a somatizar mucho más. Experimentan cefaleas, dolores musculares, agotamiento, problemas digestivos, inapetencia o mayor necesidad por comer, etc.
  • Tanto hombres como mujeres experimentan insomnio.
  • Los hombres también pueden somatizar, pero demuestran más conductas de riesgo, como beber alcohol, recurrir a las drogas, evidenciar comportamientos poco regulados como evidenciar mayor agresividad conductual o verbal, etc.
Por otro lado, también es común en ambos géneros que se derive en trastornos de ansiedad e incluso en depresiones.

¿Qué hacer cuando sospecho que mi pareja es infiel?

Hemos hablado ya de los efectos para la salud mental de las sospechas de infidelidad. Sin embargo, ¿qué hacer si nos vemos en estas mismas circunstancias? Es importante reflexionar en los siguientes aspectos.

Aprender a manejar las sospechas de infidelidad

En primer lugar, tengamos constancia de algo muy simple: no es bueno alimentar la preocupación sin sentido ni dirección.

Optar por el silencio, la sospecha constante y la vigilancia obsesiva hacia nuestra pareja solo alimenta el malestar. Si algo nos inquieta se pone en voz alta, si tenemos una preocupación, se comparte.

  • Evitemos también hablar de nuestras sospechas con amigos o familiares. Difundir los miedos en ocasiones agrava aún más el problema. Empecemos hablando con nuestra pareja.
  • Intentemos frenar también el buceo cotidiano por los detalles más nimios en busca de posibles revelaciones. Lo mejor en todos los casos es abordar esa sensación de angustia de manera directa.
  • Es decisivo que fomentemos desde el principio un clima de confianza y complicidad. La sinceridad debe ser ese nutriente que vertebre cada situación. Si no lo percibimos, si intuimos más distancia que cercanía, tomaremos una decisión.
  • Por otro lado, si las sospechas de infidelidad son infundadas y no hay evidencia alguna de traición, es momento de llevar a cabo una necesitada introspección. ¿De dónde vienen mis miedos? ¿Por qué me siento inseguro en mi relación?
En ocasiones, factores como la baja autoestima someten al vínculo afectivo a esa sospecha obsesiva. El miedo al abandono es la sombra constante de quien no se quiere a sí mismo ni se cree digno de ser amado. Pensemos en ello.

Para concluir, pocas cosas pueden ser más agónicas que coexistir con las sombras de sospecha de quien cree que a la mínima va a ser traicionado. Los miedos nos limitan. Afrontemos de manera directa estas situaciones y construyamos siempre relaciones en las que fluya la sinceridad y la confianza en todo momento, esa es la clave.

sábado, 15 de mayo de 2021

Embotamiento afectivo: ¿en qué consiste?

 ¿Qué ocurre cuando no podemos sentir las emociones? Que aparece el llamado embotamiento afectivo, una alteración típica en personas con depresión o esquizofrenia.


Las emociones son adaptativas; nos guían, nos ayudan a tomar decisiones y sobre todo a tomar conciencia de cómo estamos y de qué situaciones o personas son saludables para nosotros. Sin embargo, cuando la respuesta emocional está ausente, entones hablamos del embotamiento afectivo.

Este puede aparecer como consecuencia de algún trastorno mental o ante situaciones altamente traumáticas. En cierta forma, a través de este fenómeno, nuestra mente se “protege”, se evade, se aísla. Pero, ¿qué más sabemos sobre esta alteración de la afectividad? ¿En qué trastornos aparece típicamente?

Embotamiento afectivo: ¿en qué consiste?

El embotamiento afectivo es una psicopatología que afecta al área emocional y afectiva. Se puede definir como una incapacidad para experimentar emociones en situaciones que, por sus características, deberían generarnos algún tipo de respuesta emocional.

Así, una persona con embotamiento afectivo se siente indiferente, a nivel emocional, antes los estímulos del medio (y también ante los estímulos internos). Estos estímulos, tanto internos como externos, en situaciones normales, nos generarían algún tipo de emoción (ya sea positiva o negativa), pero al fin y al cabo nos harían sentir “algo”.

Incapacidad para sentir

De esta forma, se produce una indiferencia afectiva y emocional, una ausencia de respuesta emocional. La persona se muestra impasible porque no siente nada.

Decimos que es una psicopatología de la afectividad porque, en condiciones normales, las personas sentimos. Y es que las cosas, las personas y las situaciones, generan emociones en nosotros (y esto es algo saludable).

Psicopatologías asociadas al embotamiento afectivo

El embotamiento afectivo puede aparecer de forma aislada, en una época determinada de nuestra vida, por X razones, o puede aparecer como consecuencia de alguna psicopatología subyacente. Así, forma parte de la sintomatología de algunos trastornos mentales. Entre ellos encontramos:

Esquizofrenia

La esquizofrenia es un trastorno psicótico que incluye síntomas positivos (alucinaciones, delirios, pensamiento desorganizado…), negativos (embotamiento afectivo, afectividad aplanada, anhedonia…) y cognitivos (dificultades o alteraciones en la concentración, en la memoria…).

Así, dentro de los síntomas negativos de la esquizofrenia se incluye el embotamiento afectivo. Cuando la sintomatología propia del trastorno es solo negativa, entonces hablamos de esquizofrenia negativa.

A través de esta alteración, las personas con esquizofrenia pueden sufrir respuestas emocionales inexistentes ante las experiencias vividas. Se produce así una ausencia de respuesta emocional. Esta condición aparece sobre todo en mujeres con el trastorno, y su presencia implica un peor pronóstico del trastorno.

¿Expresión o emoción?

Según un estudio de Donnoli et al. (2007), el embotamiento afectivo en personas con esquizofrenia afecta únicamente a la expresividad de la emoción en sí, pero no al sentimiento subyacente. En este sentido, los investigadores se plantean si lo que está limitado es la reacción física de la emoción (por ejemplo, la gesticulación facial, los cambios en el tono de voz…) o si también está suprimido el sentimiento que subyace a la emoción.

Limitación motora

Se ha observado también que en algunas de estas personas existe una limitación a nivel motor, y se postula que esta podría ser la que explicara el embotamiento afectivo. ¿Por qué? Porque esto dificultaría que la persona pudiese gesticular adecuadamente, o realizar determinados movimientos asociados a la expresión de emociones.

Depresión

En la depresión también es muy típico el embotamiento afectivo. Sin embargo, es importante destacar que este no aparece como consecuencia del trastorno en sí, sino como consecuencia de ciertos tratamientos farmacológicos para la depresión.

Así, los fármacos antidepresivos y antipsicóticos podrían causar embotamiento afectivo. Los antidepresivos que más se utilizan para tratar la depresión son: los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) y los ISRN (inhibidores de recaptación de serotonina y noradrenalina), que son antidepresivos duales.

Embotamiento afectivo no es anhedonia

Es importante realizar una pequeña diferenciación entre el embotamiento afectivo y la anhedonia, porque son conceptos que pueden generar confusión. La anhedonia es la pérdida del placer y del disfrute en actividades que antes sí nos hacían disfrutar, y es un síntoma propio de la depresión.

En cambio, el embotamiento afectivo, como decíamos, no es un síntoma propio del trastorno. Además, en este caso no hablamos de una pérdida del placer, sino de una ausencia de respuesta emocional (incapacidad para sentir). Sin embargo, ambas condiciones pueden coexistir (sentir ausencia de placer sumado a una pérdida del disfrute en aquello que antes sí nos gustaba).

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

Otro de los trastornos donde aparece el embotamiento afectivo es el trastorno de estrés postraumático o TEPT. El TEPT es un trastorno que se deriva de una experiencia traumática o altamente estresante. Conlleva síntomas como: recuerdos intrusivos del evento traumático, evitación de los lugares o actividades relacionadas con el evento, pensamientos negativos, trastornos del sueño… Y entre ellos, el embotamiento afectivo (u otras alteraciones emocionales).

En el TEPT, el embotamiento aparece sobre todo en situaciones positivas (la persona pierde el interés hacia ellas). Así, en este trastorno también puede aparecer cierta anhedonia, unida al embotamiento afectivo.

Como vemos, el embotamiento afectivo es una alteración de nuestra afectividad con ciertas implicaciones. Así, implica una ausencia de la respuesta emocional, eso es, una indiferencia afectiva, que es claramente desadaptativa.

¿Por qué? Porque las emociones son como una brújula que nos guía y nos ayuda a tomar decisiones, y si somos incapaces de experimentarlas, nuestro funcionamiento diario puede verse alterado. Por suerte, es una patología tratable y que en algunos casos (donde no hay un trastorno de base) puede, perfectamente, desaparecer con el tiempo. Sin embargo, siempre recomendamos pedir ayuda profesional.