lunes, 6 de junio de 2022

¿Qué es la drunkorexia?

La drunkorexia es la restricción de las calorías de los alimentos para dejar espacio a las calorías de las bebidas alcohólicas. Se trata de un trastorno de alimentación que se extiende especialmente entre los jóvenes.

La drunkorexia es un trastorno alimentario orientado a la restricción de las calorías de los alimentos para dejar espacio a las calorías de las bebidas alcohólicas. La persona drunkoréxica busca controlar su peso para compensar el consumo de alcohol planeado. Coloquialmente, ha sido reconocido como una combinación de la anorexia o bulimia con un trastorno por consumo de alcohol.

Así, en los últimos años, el término “drunkorexia” ha sido utilizado para describir un nuevo fenómeno con alta incidencia en sujetos de 18 a 26 años. Los estudios indican que del 39 % al 46 % de los estudiantes universitarios informan que restringen y alteran intencionalmente las conductas alimentarias antes de beber alcohol (Giles et al. 2009; Roosen y Mills, 2015).

Por lo general quienes manifiestan este tipo de comportamientos conocen el contenido energético de las bebidas alcohólicas y procuran balancear la ingesta de alimentos para prevenir el incremento del peso corporal. Desafortunadamente, el mantenimiento de este equilibrio los lleva a dejar de comer drásticamente para poder consumir alcohol en forma desmedida (Martínez et al. 2014).

Durante la ingesta alcohólica, la persona drunkoréxica come para evitar el daño que causa el alcohol en ayunas; sin embargo, otro de los problemas es que estos alimentos suelen ser poco saludables, como dulces, patatas fritas… Lo único que consiguen con esto es tener problemas por una alimentación poco saludable (Villarino, 2012).

Drunkorexia: componentes y actividades principales

La drunkorexia consta de tres aspectos principales: uso o abuso de alcohol, restricción de la ingesta de alimentos y actividad física excesiva. Las principales actividades que realiza la persona con esta problemática son las siguientes:

  • Contar la ingesta diaria de calorías para garantizar que no se gane peso al consumir alcohol.
  • Saltarse comidas para conservar calorías para consumir bebidas alcohólicas.
  • Hacer ejercicio en exceso para compensar las calorías consumidas de bebidas alcohólicas.
  • Consumir una cantidad extrema de alcohol para vomitar alimentos ingeridos previamente.

¿Qué problemas puede causar la drunkorexia?

Es muy arriesgado reducir las calorías de los alimentos en favor de las calorías que nos puedan aportar las bebidas alcohólicas. Estos riesgos pueden agravarse debido a la combinación de trastornos alimentarios y por el consumo excesivo de alcohol. Los problemas que se pueden derivar de estos comportamientos son los siguientes:

  • Beber con el estómago vacío puede provocar un grado inesperado de intoxicación que inhibe el juicio y aumenta el riesgo de lesiones físicas.
  • La metabolización del alcohol aumenta la necesidad de ciertos nutrientes, mientras que la restricción de la ingesta de alimentos reduce la disponibilidad de estos. Esta combinación aumenta el riesgo de deficiencias de nutrientes.
  • Consumir alcohol después de hacer ejercicio inhibe la síntesis de proteínas y la reparación muscular, lo que ralentiza el proceso de recuperación y minimiza las posibles mejoras en el estado físico.
  • El consumo de alcohol puede predisponer a participar en conductas alimentarias poco saludables.
  • Las mujeres que restringieron tenían más probabilidades de reportar pérdida de memoria, lesiones, abuso y relaciones sexuales sin protección mientras bebían. Los hombres tenían más probabilidades de entablar una pelea física (Giles et al. 2009).

Población en riesgo

En un estudio que examinó la restricción de calorías entre estudiantes universitarios de primer año antes del consumo planificado de alcohol, se encontró que 99 de 695 (14 %) de los estudiantes de primer año informó restringir las calorías antes de beber. El 6 % informó este comportamiento para evitar aumento de peso y el 10 % para potenciar los efectos de los alcoholes (Burke et al. 2010).

En una encuesta realizada a 107 estudiantes universitarios se halló que el 59,8 % que informó ingerir alcohol también informó haber tenido vómitos autoinducidos después de consumir. Los participantes que informaron autoinducción también informaron tener más sintomatología de bulimia nerviosa, así como depresión (Blackmore y Gleaves, 2013).

En otra encuesta hecha a 1000 estudiantes universitarios sobre la restricción calórica en relación con el consumo de alcohol se encontró que el 14 % de los estudiantes restringían calorías antes del consumo de alcohol (25 % de las mujeres y 11 % de los hombres). Un 9 % lo hacía para evitar aumentar de peso y un 4 % para emborracharse más rápido. Del 14 % el 64 % lo hizo para evitar el aumento de peso, 25%  para emborracharse más rápido y 2 % debido a la presión de los compañeros (Osborne, Sher y Winograd, 2011).

En Australia, siguiendo esta misma línea de investigación, se llevó a cabo otro estudio con 139 estudiantes universitarias de pregrado de entre 18 y 29 años. Completaron el autoinforme Compensatory Eating and Behaviors in Response to Alcohol Consumption Scale (CEBRACS) para detectar la sintomatología de drunkorexia.

Los resultados arrojaron que más del 79,1 % de las participantes informaron participar en comportamientos drunkoréxicos. El análisis demostró que el consumo excesivo de alcohol, la norma social de delgadez y la norma social de beber se relacionaron positivamente con dichos comportamientos (Knight y Simpson, 2013).

Las investigaciones anteriores sugieren que los estudiantes universitarios son una población en riesgo para padecer drunkorexia. Lo anterior puede deberse a la presión social para el consumo, a los estándares sociales de belleza, a un mecanismo de afrontamiento contra la ansiedad y la depresión o a una rápidamente en respuesta al estrés universitario.

domingo, 5 de junio de 2022

¿Qué significa el color dorado en psicología?

El significado del color dorado está estrechamente relacionado con el sol, la luz y la prosperidad. Descubre aquí cómo se ha integrado en la vida de las personas.

El significado del color dorado varía de una cultura a otra, pero en todas tiene un punto en común: su asociación con el metal precioso que le da su nombre, el oro. Tanto el material como el color son muy difíciles de ver en la naturaleza, lo que lo hace más preciado para el ser humano.

Es por eso que el color dorado se asocia al lujo y al poder, así como a lo divino y al sol. Aparece en mitos, simbología, arquitectura y religiones de muchos lugares del mundo, desde los sarcófagos de los faraones hasta la mítica ciudad del Dorado.

En este artículo tienes una revisión sobre las diferentes facetas que ha obtenido este color, así como su variante científica en cuanto al efecto que tiene sobre la mente humana. No te lo pierdas.

Características del dorado

La palabra dorado significa ‘cubierto con oro’ y proviene del latín aurum (oro). En realidad, este color es un matiz del amarillo y tiene una longitud de onda de 565-590 nanómetros. La luminosidad de este color dependerá del material, es decir, que solo será brillante si la superficie del mismo está pulida y es reflectante.

En cuanto al metal, es raro ver objetos de oro macizo. Lo más normal es mezclar una pequeña cantidad de oro con otros metales para darles su característico color amarillento. Por ejemplo, el color dorado tradicional de las joyas se obtiene mezclándolo con plata y el oro rojo se obtiene añadiéndolo al cobre.

Significado del color dorado

El dorado se asocia directamente al material: las representaciones abstractas de este color hacen alusión, de una forma u otra, al oro metálico. Es por eso que el principal significado del color dorado está relacionado con la riqueza, el poder, la abundancia, la ambición y el lujo.

La fama y el mérito enlazan directamente con la evocación de éxito que proporciona el color dorado. Es por ello que medallas, premios y otras condecoraciones son, si no de oro, de un color dorado. También representa la fidelidad y la continuidad, como se plasma en los anillos de matrimonio.

Su paralelismo con la riqueza y el lujo desmesurados es quizá su acepción más llamativa en los tiempos actuales. Todo aquello que atrae dinero o riquezas lleva consigo la palabra “oro” o “dorado”: el petróleo es oro negro, la porcelana también. De hecho, cualquier objeto fabricado con oro aumenta de precio, en algunos casos sin importar su valor estético real, como las joyas o las prendas.

El dorado en diferentes ámbitos

Los humanos estamos expuestos a los colores desde que nacemos, y la mezcla entre lo perceptivo y lo cultural hace inevitable que los asociemos a multitud de conceptos. A continuación tienes un desglose del simbolismo del color dorado en diferentes ámbitos y culturas.

En la cultura

Las representaciones culturales de este color -en ropajes, decoración, arquitectura y demás- no difieren mucho entre ellas en cuanto a significado. Sin embargo, cada una de estas culturas añaden detalles propios a tener en cuenta:

  • Edad Media: era el color asociado al gremio de alquimistas. Esto se debe a  la búsqueda de la piedra filosofal y su incansable investigación para transformar cualquier material en oro.
  • Mesopotamia: símbolo de divinidad. Los edificios sagrados eran decorados con oro y piedras preciosas.
  • Antigua Roma: los emperadores se relacionaban a sí mismos con las divinidades, de manera que se rodeaban de oro. Era habitual que se tiñeran el pelo con polvo de oro. La luz dorada del sol otorgaba la sabiduría divina.
  • Judaísmo: al no poder representar a Dios de ninguna forma, utilizaban el oro en objetos y edificios cuando querían asociarlos a lo divino.
  • Antiguo Egipto: el dorado era el color que simbolizaba la permanencia en el tiempo y la reencarnación. Estaba directamente vinculado al Sol y se usaba en representaciones artísticas para representar el color de la carne de los dioses.
  • Antigua Grecia: se empleaba este color para representar la inmortalidad. Donde más a menudo se encuentra es en representaciones de Zeus.
  • Budismo: para esta religión, el dorado es el color de la humildad.

En el arte

En pintura, el uso del dorado siempre se ha vinculado con cuadros con motivos religiosos. Además, es un color que se combina habitualmente tonalidades marrones -por la tierra-, rojos y borgoñas. En ocasiones, se empleaba pan de oro para resaltar detalles sobre la divinidad, como los halos de los santos.

Es muy frecuente también el uso del color dorado en el Art Nouveau. Aunque no se utilizaba oro real, sino una mezcla de pigmentos acabó por convertirse en uno de los colores más icónicos de esta corriente artística. Su precursor fue Gustav Klimt.

En el marketing

En el marketing no se deja nada al azar. En este ámbito, la acepción de ostentación y de riqueza desmesurada cobra su mayor sentido. El color dorado se usa para anunciar productos o servicios de lujo, que habitualmente cuestan mucho dinero.

No obstante, la publicidad en los medios cotidianos ha acabado por añadir una connotación negativa al color dorado, considerándolo demasiado llamativo y ostentoso para ser elegante. Puede llegar incluso a tener un tinte de vulgaridad.

Como vemos, el color dorado va directamente asociado a la prosperidad, la vida y lo imperturbable, cualidades que comparte el material. No sería raro que encontraras más significados para esta tonalidad en diferentes culturas y ámbitos, así que desde aquí te animamos a que satisfagas tu curiosidad.

sábado, 4 de junio de 2022

Los 5 tipos de conversación: ¿cuál es el que más practicas?

Se puede evaluar la clase de relación que tenemos con alguien por los tipos de conversación que sostenemos con esa persona. La palabra siempre crea conexión, pero esta puede ser de diferentes niveles, como veremos en este artículo.

Hay diferentes tipos de conversación y algunos de ellos son más gratificantes que otros. El intercambio de palabras con alguien muchas veces no deja más que la pálida satisfacción de un contacto superfluo y ocasional. Otras veces, este encuentro con el otro a través de la palabra nos renueva y nos aporta mucho más que el recuerdo de un buen rato.

Está claro que las situaciones y los vínculos diversos generan también distintos tipos de conversaciones. No es lo mismo tener un encuentro rutinario con un compañero de trabajo a media mañana, que sentarte con un viejo amigo a tomar un café. Tampoco es igual una conversación familiar a la que podemos mantener con el médico o el psicólogo.

Habría mil maneras de clasificar los tipos de conversación. Sin embargo, una forma sencilla de hacerlo es sobre la base de los temas que se tratan. Este aspecto marca una gran diferencia entre una comunicación y otra. Desde ese punto de vista, encontramos cinco tipos, como veremos a continuación.

1. Sobre cosas

Este es uno de los tipos de conversación más habitual. Es la que se sostiene de forma cotidiana con cualquier persona que uno encuentre. El tema a tratar es el tráfico, el estado del tiempo, la contaminación o asuntos por el estilo.

El papel que cumplen esta clase de conversaciones es favorecer o ambientar el contacto social con las personas que nos rodean. Es obvio que no hacen un aporte profundo, pero tienen validez en la medida en que contribuyen a construir un vínculo básico entre dos o más personas.

2. Sobre otros

Este es uno de los tipos de conversación que se dan entre dos personas que se conocen y tienen cierto nivel de confianza entre sí. Se puede hablar de otros de dos maneras diferentes, en principio. Es posible que haya un interés común en alguien que no está presente, y que este puede ser positivo o negativo.

Así mismo, a veces se habla de otras personas que no se conocen de forma directa, como un cantante, un escritor, alguna celebridad, etc. Esta clase de conversación no suele dar lugar al fortalecimiento del vínculo entre dos personas. Quizás sí se incremente la complicidad o simplemente se pase el rato, pero no más que eso.

3. Sobre ideas

Este es uno de los tipos de conversación que suele prestarse para incomunicar. En la mayoría de los casos, se comparten dos monólogos, ya que cada uno de los involucrados quiere dar a conocer lo que piensa y darles relevancia a sus ideas, pero poco escucha las de los demás.

A veces, es posible tener un intercambio de opiniones fructífero, pero no es frecuente. El registro de este tipo de conversación es básicamente mental y con mucha frecuencia contribuye a marcar puntos de contraste, antes que espacios de encuentro. El ego suele estar muy presente en esta clase de comunicación.

4. Sobre sentimientos

En este caso, se requiere un grado de intimidad mucho mayor que en los demás tipos de conversaciones. Solo se habla de sentimientos con alguien a quien se le tiene suficiente confianza y con quien ya se ha establecido un lazo importante. Por regla general, este tipo de conversación es muy gratificante.

Hablar de lo que se siente y sentir que alguien te escucha proporciona una satisfacción muy grande. Muchas veces eso es todo lo que se requiere para superar un mal momento o sentirse mejor. Es lo que comúnmente llamamos “desahogarse” y, como el nombre lo indica, es como recibir una bocanada de oxígeno cuando este escasea.

5. Compartir sentimientos

Este es el nivel más íntimo al que se puede llegar en una conversación. Aquí ya no solo hay la oportunidad de expresar lo que se siente, sino que también hay interés por escuchar al otro y comprenderlo. Se trata de un ejercicio de doble vía que es propio de las relaciones más profundas y sanas.

Las relaciones duraderas y sólidas de cualquier tipo se edifican a partir de esta clase de conversaciones. Estas no solo proporcionan una gran satisfacción, sino que además te permiten sentir que no estás solo y que lo que dices, piensas y sientes tiene validez.

Cada uno de los tipos de conversación tiene su razón de ser y aporta algo. Lo ideal es que cada persona pueda interactuar en todos estos niveles con los demás. En particular, es de valorar y cuidar esos vínculos que permiten tener conversaciones profundas y sinceras que jamás te dejan vacío.

viernes, 3 de junio de 2022

Diferencias entre sinceridad y honestidad

La sinceridad y la honestidad son conceptos que se suele utilizar como iguales. Sin embargo, si los revisamos en profundidad veremos que en su significado y en su praxis precisa existen diferencias importantes.

¿Te consideras una persona sincera u honesta? Ten presente que no son sinónimos, a pesar de que en el lenguaje coloquial suelan utilizarse de manera indistinta. Las diferencias entre los dos términos son sutiles, pero importantes cuando queremos hablar con propiedad.

¿Sabes diferenciar entre una acción honesta de una sincera? A continuación, te presentaremos las diferencias entre sinceridad y honestidad.

Hablemos de la honestidad

La honestidad, del latín vulgar honestĭtas, -ātis, es la virtud de comunicarse con sinceridad, ser justo, recto y razonable; también es considerada una acción que está acompañada con los valores intrínsecos individuales. Esta relación debe ser coherente para demostrar la íntima relación entre pensar y obrar, cuyos resultados deben ser justos e íntegros.

La principal cualidad de una persona que practica la honestidad es que sus valores se corresponden con las normas de su comunidad; es una relación que resulta de la confianza que tiene aquella en las acciones del sujeto responsable, del deber ser, ya que auspicia un ambiente de armonía y respeto entre ambos.

La honestidad es una particularidad especial del ser humano, íntimamente ligada con los principios de la justicia y la verdad. Una persona honesta antepone su integridad moral en su pensar y actúa según esta, de aquí su coherencia. Este valor brinda salud mental a la persona que lo ejerce, debido a la paz mental que genera su proceder consigo mismo y su comunidad.

Características

La honestidad está compuesta de unas características inconfundibles, que hace de su portador una persona sana mentalmente, de carácter auténtico y que inspira confianza.

La persona honesta es consciente de sí misma, autónoma y siente una gran confianza, sin ser pedante; sabe convivir con la opinión que difiere de sus valores intrínsecos y aceptar los propios errores con el fin de mejorar su integridad. Sabe confiar en los demás, sin ser ingenuo.

Al ser coherente consigo misma y con los demás, suele gozar de una buena salud física y emocional, ya que es consistente con lo que dice y hace, porque maneja un discurso claro y práctico.

Hablemos de la sinceridad

La sinceridad, del latín sincerĭtas, -ātis, derivado de sincērus ‘intacto, puro’, ‘sincero’, es el respeto a la verdad desde lo que siente y piensa la persona que la expresa, anulando todo tipo de mentiras y fingimientos, con franqueza y sencillez; es una virtud que define su personalidad.

Puede ser un arma de doble filo en las relaciones sociales, puesto que si no se dice con asertividad, la sinceridad puede lastimar a la persona que no está lista para escuchar la verdad. Además, la sinceridad y la arrogancia es una pareja poco efectiva, como dice el dicho: “la sinceridad sin empatía es simplemente crueldad”.

Características

La persona sincera se caracteriza por respetar a todos por igual, sin importar su estatus, expresa su opinión sin hipocresía y suele practicar el altruismo al ayudar a otros sin esperar nada a cambio y no presume de sus acciones. Además, suele establecer relaciones duraderas y de calidad.

La autosuficiencia es una de las características más visibles de la persona sincera, pues nunca busca agradar a los demás con su personalidad, se expresa con espontaneidad y sin ningún tipo de esfuerzo o semblante. Se puede confiar en ella, ya que es muy improbable que traicione a los demás. Esto le permite gozar de un buen amor propio.

Dos valores favorables

Como ya hemos visto, la honestidad y la sinceridad son dos valores favorables para una buena salud física y mental. Sin embargo, ambos vocablos tienen una diferencia muy significativa en cuanto a su sentido y praxis: la honestidad define la integridad de una persona, según su sistema de valores.

Por otro lado, la sinceridad es la expresión de una persona franca y directa al decir lo que piensa y observa; es auténtica al comunicar sus conclusiones y no condiciona la opinión de los demás al esperar sus respuestas.

Otra diferencia interesante entre honestidad y sinceridad es resaltada por el filólogo clásico Javier Álvarez, en la que destaca que la honestidad englobaría la sinceridad, y pone el ejemplo del asesino que avisa a su víctima de que la va a asesinar y acto seguido, lo hace. Javier reflexiona que “el asesino ha actuado con total sinceridad, ya que ha cumplido su palabra; pero, desde luego, su acto no es nada honesto”.

Por qué algunas personas se sienten solas, según la ciencia

Sentirse solo no es lo mismo que estar solo. Cada vez son más los jóvenes que sufren de esa soledad emocional, hasta el punto de tener pensamientos suicidas. La ciencia explica por qué surge este sentimiento.

La soledad no elegida tiene un gran impacto en la salud física y mental. Es dolorosa, crea abismos en los que la mente se pierde y no encuentra amarre alguno para sostenerse, para hallar equilibrio cotidiano y hasta significados. No somos aún lo bastante sensibles ante este tipo de realidades que nos rodean y que afectan a casi cualquier sector de nuestra población.

Bien es cierto que cuando hablamos de soledad, pensamos casi al instante en nuestros mayores. Sin embargo, no podemos dejar de lado el hecho de que, por ejemplo, los adolescentes se sienten más aislados que nunca de su entorno. Son la generación más conectada, pero también la más solitaria. ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué en este siglo XXI la soledad es casi como una epidemia?

Este sentimiento erige una forma de exclusión social de elevada gravedad. Tanto es así que buena parte de los jóvenes que tienen ideas suicidas se sienten solos. Es decisivo comprender qué hay detrás de esta realidad psicológica para tomar medidas y saber cómo apoyar y mediar en el bienestar de nuestra sociedad.

Las razones de por qué algunas personas se sienten solas

Cuando hablamos de la soledad siempre surgen los mismos comentarios: hay quien disfruta de ella y están quienes llevan mal esta realidad. El aislamiento social es algo que algunos manejan con efectividad, mientras otros ven seriamente afectada su salud mental.

La psicología ha intentado durante mucho tiempo comprender esos mecanismos que explican por qué algunas personas se sienten solas. Y más, cuando nuestra sociedad tiene más mecanismos que nunca para facilitar la conexión, para conocer gente nueva y conectar entre nosotros con base a intereses comunes. Sin embargo, los datos no pueden ser más desoladores: el peso de la soledad nos asfixia cada vez más.

Un ejemplo. Una encuesta realizada por la empresa YouGov en el 2019, especializada en investigación de mercados y análisis de datos, demostró que el 30 % de los millenials se sienten solos. Por ejemplo, Reino Unido es un país en el que son frecuentes los sentimientos de soledad. Más de la mitad de los empleados dicen sentirse solos en el trabajo y en casa, y casi el 75 % ve a sus vecinos como “extraños”.

La necesidad de comprender qué está sucediendo y qué orquesta esta percepción y estos sentimientos es más urgente que nunca. Un trabajo muy reciente parece tener las respuestas.

El material de la soledad está conformado por muchas emociones

El estudio al que hacemos referencia se ha llevado a cabo en colaboración con varias universidades como la de Harvard, Stanford, la Universidad de Curtin y la de Australia Occidental. Así, algo en lo que inciden, es en que es necesario recordar primero qué es la soledad.

  • La persona que experimenta esta realidad psicológica siente desde ansiedad hasta angustia. Además, percibe que no tiene una intimidad auténtica y enriquecedora con ninguna persona.
  • Hay una clara sensación de desconexión. Esto significa que aunque se tenga familia o se conviva con alguien, la sensación de soledad puede persistir.
  • La causa está en no percibir apoyo emocional, en sentir que nadie comprende sus pensamientos y necesidades.
Las personas se sienten solas por una mala regulación emocional

Una de las causas por las que las personas se sienten solas es por un mal uso de las estrategias de regulación emocional. Según este estudio, buena parte de quienes evidencian estos sentimientos presentan las siguientes realidades psicológicas:
  • Baja autoestima.
  • Tendencia al uso de la culpa tanto personal como externa: “nadie me comprende porque no valgo para nada y además, la gente es cada vez más egoísta y fría”.
  • Utilización de la rumia y de los pensamientos catastrofistas.
  • Mala regulación de las emociones de valencia negativa.
  • Tendencia a la desconfianza. Aunque los demás busquen apoyarles o compartir tiempo con ellos, piensan que lo hacen por interés y no por afecto auténtico.
  • Asimismo, también suele darse el hecho de que muchas personas han vivido experiencias problemáticas que no han afrontado. Haber sufrido bullying, maltratos, haber sufrido una ruptura o decepciones favorecen el autoaislamiento.
Sociedades cada vez más individualistas, el germen de la soledad

Los avances tecnológicos definen esta nueva era en la que los nativos digitales parecen sentirse cada vez más solos. No podemos descartar que una de las razones por las que las personas se sienten solas se deba a esta sociedad claramente individualista. Priman los lazos sociales frágiles y fluidos, los que se rompen rápidamente y se mueven según intereses y necesidades personales.

Estamos dando forma a una realidad social basada en la apariencia y no en las esencias. La tiranía de la imagen supedita a nuestros jóvenes a entender el mundo a través del universo digital desconectándose del mundo real. Falla la sociedad y fallan los mecanismos psicológicos para saber navegar y pilotar en estos nuevos escenarios.

Tampoco podemos dejar de lado el hecho de que somos una sociedad cada vez más envejecida y, sin embargo, nuestros mayores carecen del apoyo y los recursos necesarios para sentirse apreciados y partícipes de su entorno. Como podemos deducir, la soledad seguirá siendo una epidemia latente y silenciosa con serios efectos si no actuamos. Tengámoslo presente.

jueves, 2 de junio de 2022

Cortar y volver con la pareja: ¿cómo afectan estos patrones intermitentes?

Volver con la pareja tras una ruptura puede ser beneficioso, pero también un gran error que nos sumerja en un círculo vicioso. Te contamos más sobre estos patrones intermitentes en las relaciones y sus consecuencias.

La mayoría de las personas nos involucramos en relaciones de pareja con la esperanza y el propósito de que duren. Sin embargo, nuestras expectativas no siempre se cumplen.

Ante una ruptura hay quien opina que es preferible seguir por caminos separados, que las segundas oportunidades nunca fueron buenas; pero también hay quienes apuestan o defienden que de un nuevo intento por fortalecer el vínculo podemos obtener resultados muy positivos. En este segundo caso, el problema es evidente surge cuando cortar y volver con la pareja se convierte en un bucle capaz de producir un gran desgaste.

En efecto, todos conocemos a esas personas que parecen incapaces de estabilizar su relación, pero también de ponerle fin. De hecho, se estima que cerca del 60 % de los adultos han estado involucrados en un vínculo de este tipo al menos una vez.

Lejos de tratarse de un patrón exclusivo de adolescentes, como en ocasiones se piensa, todos somos susceptibles de caer en las garras de estos ciclos infinitos. Por lo mismo, conviene conocer qué variables los perpetúan y cómo pueden afectarnos.

¿Por qué entramos en un ciclo de cortar y volver con la pareja?

Las relaciones no son estáticas, cambian y se transforman con el paso del tiempo. El enamoramiento inicial, caracterizado por la euforia, la pasión y la idealización de la pareja da paso a un sentimiento más maduro basado en el compromiso y la tolerancia. Esto en el mejor de los casos, y si ambos son capaces de evolucionar a la par.

En otras ocasiones, estos cambios no son comprendidos ni bien recibidos. Cuando comenzamos a descubrir los fallos en el otro, los puntos débiles de la relación, nos asustamos, asumimos que algo no va bien y huimos del vínculo. Sin embargo, en poco tiempo comienzan a surgir las dudas, incluso arrepentimiento por la decisión tomada. Extrañamos la compañía del otro y los beneficios que nos reportaba estar en pareja y decidimos volver e intentarlo de nuevo.

El problema surge precisamente de esta base: no terminamos con el otro porque existan diferencias irreconciliables, lo hacemos porque no comprendemos que la evolución de la relación es natural. Del mismo modo, no tenemos un plan de acción que nos ayude a lograr que esta vez todo sea diferente; simplemente actuamos movidos por impulsos, y es esta inmadurez la que cronifica el ciclo.

El papel del apego inseguro

De lo anterior se puede deducir que no todas las personas tienen el mismo riesgo de caer en esta dinámica de cortar y volver con la pareja. Por lo general, son los individuos evitativos los que con más frecuencia lo hacen.

Estas personas pueden ser egoístas, emocionalmente no disponibles y suelen presentar rasgos narcisistas. Ante las dificultades en la relación optan por desapegarse y abandonar, suelen culpar al otro de la mayoría de sus problemas y no se comprometen a trabajar por el vínculo.

Por otro lado, “la otra parte” suele presentar características totalmente contrarias. Suele tratarse de personas ansiosas e inseguras, con tendencia a desarrollar dependencia emocional y con miedo a la soledad. La huida de la pareja despierta en ellas un sufrimiento tan grande que son capaces de aceptar su vuelta una y otra vez, aunque esta vuelta les genere una gran sensación de inestabilidad y dañe su autoestima.

En ambos casos nos encontramos ante un patrón de apego inseguro. El evitativo aprendió a desconectarse emocionalmente, quizás porque que sus progenitores no respondían a sus demandas. El ansioso creció con la certeza de que el afecto era aleatorio, imprevisible e inconstante, pues quizás fue esto lo que recibió de sus cuidadores. Ahora, de adultos, estas dos tendencias se unen, dando lugar a una serie de huidas y reencuentros que resultan sumamente perjudiciales.

¿Cómo nos afecta cortar y volver con la pareja?

Cortar y volver con la pareja resulta más dañino de lo que podemos llegar a imaginar. Nos sumerge en un estado de alerta y ansiedad constante que mantiene nuestro organismo experimentando elevados niveles de estrés. Esto, entre otras consecuencias, afecta a nuestro sistema inmunitario y al estado de salud, deteriorando gravemente la calidad de vida.

Por otro lado, al mantenernos en este estado de peligro constante, perdemos la capacidad de procesar información y comenzamos a actuar de forma impulsiva y primitiva: atacando, defendiéndonos o huyendo. Así, es frecuente que la comunicación se deteriore cada vez más al tiempo que aumenta el riesgo de abuso.

Además, el vínculo que debería aportarnos confort, afecto y seguridad resulta completamente inestable por lo que no solo no podemos apoyarnos en él, sino que es una gran fuente de angustia. Esa ausencia de compromiso aumenta la incertidumbre en el futuro y genera insatisfacción e infelicidad.

Por último, no podemos olvidar que cortar y volver con la pareja es un patrón que suele repetirse y cronificarse, por lo que el sufrimiento y el desgaste emocional se prolonga durante años. Estas personas no consiguen ponerle fin a la relación, pero tampoco logran alcanzar un punto en la que esta contribuya a su equilibrio y bienestar.

Tomar una decisión para romper el ciclo

Retomar una relación tras una ruptura puede ser beneficioso y ayudar a fortalecer el vínculo. Normalmente, sucede así si se ha reflexionado sobre del origen de los problemas, se han buscado soluciones y consensos y se ha trabajado y madurado a nivel personal. Si las rupturas y reuniones se suceden, es momento de tomar una decisión: estabilizar el vínculo o terminarlo definitivamente.

Ambas alternativas pueden resultar sumamente complicadas dado que el ciclo ya se ha instalado y existen tendencias personales que nos mantienen en esta dinámica. Por ello, buscar ayuda profesional resulta sumamente necesario.

Un terapeuta puede ayudar a identificar la mejor solución y ponerla en práctica, bien sea que se decida continuar o terminar. Si te encuentras en esta situación, no dudes en pedir apoyo.

miércoles, 1 de junio de 2022

Así afecta la soledad al cerebro

Cómo afecta la soledad al cerebro es una cuestión muy estudiada y que cuenta con un elenco de respuestas muy interesante. Conócelas aquí.

La ausencia de relaciones sociales es un castigo mental para cualquier animal gregario. Los científicos han estudiado cómo afecta la soledad al cerebro con el objetivo de explorar la relación entre el aislamiento social y determinados trastornos, como el estrés postraumático y la demencia.

En este artículo podrás conocer los principales efectos de la soledad sobre el cerebro. Los cambios que esta provoca, aunque reversibles, afectan a varias estructuras encargadas del comportamiento y las emociones. No te lo pierdas.

Cómo afecta el hecho de estar solos al cerebro

Hace tiempo que la ciencia ha demostrado que el aislamiento social no solo tiene consecuencias para nuestra salud mental, sino que también se ha asociado a cambios fisiológicos en el organismo, como problemas cardiovasculares. Concretamente, la soledad supone un riesgo similar al tabaquismo y la obesidad para desarrollar enfermedades del corazón.

En animales sociales no humanos se ha observado un proceso similar al nuestro: se produce una reducción en el volumen de varias regiones del hipocampo, principalmente en el giro dentado. También se observa una disminución de materia gris en el córtex prefrontal, clave en la toma de decisiones.

A continuación, exponemos los resultados más relevantes. Los estudios en humanos han aumentado su número en los últimos tiempos gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y, desgraciadamente, también a todos los casos de aislamiento asociados a la pandemia.

Alteraciones en la red neuronal por defecto

Los estudios parecen apuntar a que las principales alteraciones se producen en la denominada red neuronal por defecto (RND): un conjunto de regiones cerebrales activas cuando el cerebro se centra en recuerdos, divagaciones y ensoñaciones.

La sustancia gris de estas áreas presentaba mayor volumen en las personas solitarias. La pregunta es si este correlato fisiológico es una causa o un efecto; es decir, este volumen es lo que hace que sean más solitarias o el hecho de que sean más solitarias es lo que hace que el volumen aumente. Las conexiones entre las neuronas que conectan los distintos núcleos de la RND también resultaron ser más fuertes.

En cuanto a la sustancia blanca, la soledad correlacionó con cambios en el fórnix -las fibras nerviosas que comunican el hipocampo con la RND-. Concretamente, esta estructura estaba mejor preservada en pacientes privados de compañía que en los acompañados.

Sobre estos resultados, los autores postularon que, en situación de soledad, los individuos usan en mayor medida su imaginación, las memorias pasadas y las fantasías sobre otras personas. Esto está mediado por la red neuronal por defecto y, además, la solidez de estas estructuras se retroalimenta con su propia actividad.

Cambios en la arquitectura cerebral

La estructura cerebral también se ve afectada. En un estudio realizado en ratones, se les provocaba un aislamiento social y sensorial tras haber sido criados en grandes grupos. Los resultados mostraron que la soledad provocó grandes cambios en la arquitectura cerebral de estos animales: se observó una disminución en las neuronas y los problemas asociados a los factores de crecimiento de estas.

Estos cambios fueron especialmente evidentes en la corteza sensorial, encargada de procesar los estímulos externos. La otra región fuertemente afectada fue la corteza motora, lo que explicaba la parálisis de los ratones aislados ante estímulos amenazantes. Los roedores que pudieron quedarse en compañía de congéneres tendían más a la huida y se recuperaban antes del susto.

Aunque es difícil de generalizar a humanos, estos resultados concuerdan con resultados de investigaciones previas que sugieren que la soledad puede ocasionar psicosis, demencia o ansiedad.

Cambios emocionales

La última gran afectación del aislamiento social es la acumulación de una sustancia química concreta en el cerebro, llamada taquicinina 2.

Este estudio, llevado a cabo con roedores, mostraba que la soledad provocaba mayor liberación de este neuropéptido y con él aumentaban la agresividad y la hipersensibilidad a estímulos amenazantes. Estos resultados se reforzaron al ver que se eliminaba el miedo con la supresión del gen que produce la taquicinina en la amígdala. Por otro lado, si se suprimía el gen en el hipotálamo, se eliminaba la agresión.

Como has comprobado, la soledad no solo comporta cambios emocionales como el miedo, la hipersensibilidad y la tristeza. Las modificaciones que sufren las estructuras cerebrales afectan a muchas áreas de la mente, por lo que estos expertos recomiendan cuidar las relaciones sociales. Un círculo social sano puede ser un factor de protección para dolencias muy arraigadas en la sociedad.