martes, 15 de marzo de 2022

Máquina o ser humano: ¿en qué consiste el test de Turing?

"Propongo considerar la siguiente pregunta: ¿pueden las máquinas pensar?". Así presentó Alan Turing su famoso test, diseñado para diferenciar a un humano de una entidad artificial.

“¿Las máquinas pueden pensar? Hace doscientos años esta pregunta no tendría demasiado sentido, pero con el avance de la inteligencia artificial y la robótica dicha cuestión se ve desde otra perspectiva. Para saber si un ordenador o un organismo artificial tiene capacidad de razonamiento se le aplica el test de Turing. 

Hace 67 años que el padre de las ciencias de la computación, Alan Turing, nos dejó. Sin embargo, antes de su dramático suicidio, tras su condena por homosexualidad, dejó lista esta prueba diseñada para valorar si una máquina era capaz de evidenciar inteligencia. Desde entonces, cada año se lleva a cabo esta interesante prueba denominada originalmente como imitation game.

Cabe señalar, como curiosidad, que en el 2014, un tal Eugene Goostman pasó el test. Tras este nombre, aparentemente humano, se escondía una mente artificial, pero cuidado, no era un ordenador. Se trataba de un chatbot, un programa informático que simula y procesa conversaciones humanas.

Esta entidad, capaz de aplicar técnicas del procesamiento del lenguaje y un amplísimo acceso a bases de datos, engañó a casi un 30 % de las personas que interactuaron con él. Sus creadores le dieron la personalidad de un niño de 13 años, era curioso, ocurrente y presentaba una lógica conversacional sorprendente para los medios y los antecedentes de la época.

Estamos seguros de que Alan Turing estaría asombrado. Sin embargo, este hecho no habría sido posible sin su dedicación y ese instintivo interés por dilucidar qué diferencias hay entre los humanos y las máquinas. Comprendamos en qué consistía su test.

Características del test de Turing

Fue en 1950 cuando Alan Turing presentó su prueba en el artículo Computing Machinery and Intelligence. Este trabajo empezaba con el siguiente razonamiento: “propongo considerar la siguiente pregunta, ¿las máquinas pueden pensar?”. Lo cierto es que el término “pensar” resultaba algo complejo y polémico, así que reformuló la propuesta con la cuestión de si una entidad artificial podía evidenciar una conducta inteligente.

Es muy posible que dicha formulación no tuviera excesiva relevancia en aquel momento. Sin embargo, con el tiempo, tenemos muchos motivos para recordar a Turing. El primero es que fue el gran responsable de que pudiéramos descifrar Enigma. Descubrir el código secreto utilizado por el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial favoreció que los nazis terminaran perdiendo.

Lo segundo que nos aportó fueron motivos sólidos para ponernos a pensar en la evolución de la tecnología y sus consecuencias. ¿Podría llegar un momento en que robots y personas interaccionaran entre sí al más puro estilo Blade Runner? ¿Cómo diferenciarlos? El test de Turing es un método científico que intenta delimitar hasta qué punto una máquina razona como un ser humano.

Imitation game, el juego que le sirvió de inspiración

La prueba del test de Turing se inspiró en un juego de fiesta que tenía por nombre imitation game. Consistía, sencillamente, en que un hombre (A) y una mujer (B) entraran a dos habitaciones separadas. Los invitados (C), que desconocían quien estaba en cada habitación, les enviaban preguntas para intentar discriminar el género de esas personas. Pero lo complicado es que el hombre (A) intentaría hacerles creer que era una mujer, mientras que la mujer (B) sería sincera e intentaría ayudar C a resolver el misterio.

Alan Turing extrapoló ese juego a otro escenario. Se preguntó qué pasaría si en una de esas habitaciones hubiera una máquina. ¿Si les hiciéramos preguntas por igual, seríamos capaces de saber quién es humano y quién una entidad artificial? Aquí empezó esa hipótesis que más tarde, cobraría forma en la célebre prueba.

Test de Turing, la conversación humano-máquina

El test de Turing es, en apariencia, bastante sencillo: se establece una conversación en lenguaje natural entre una máquina (A) y una persona (B). Con los años, estas ingenierías son cada vez más complejas. El objetivo es crear entidades artificiales capaces de mantener una conversación sin que se diferencie al ser humano del software.

Esa conversación dura 5 minutos y debe ser valorada por un juez (C) es decir, una persona que desconoce quién hay en esa habitación o pantalla. La máquina (A) intentará en todo momento engañar al juez y hacerle creer que su personalidad, reacciones y actitudes son íntegramente humanas.

Como bien hemos señalado, fue en el 2014 cuando una máquina logró, por primera vez, superar el Test de Turing. Los creadores de aquel sofisticado chatbot fueron dos informáticos, Vladimir Veselov y Eugene Demchenko. No obstante, eso sí, engañó a un 30% de los jueces.

El auténtico objetivo de la prueba

Llevamos más de 70 años aplicando, revisando y analizando el Test de Turing. Hacerlo, nos facilita descubrir como avanza la inteligencia artificial y qué aspectos deben afinarse para engañar a los jueces, para crear mentes artificiales cada vez más afinadas. Resulta curioso, por ejemplo, ver cómo se analizan infinidad de detalles.

Trabajos de investigación, como los realizados por expertos como Kevin Warwick, científico, ingeniero y profesor de cibernética en la Universidad de Reading, Reino Unido, destacan algo llamativo. A la hora de desarrollar entidades más similares al ser humano debemos plantearnos la posibilidad de que las máquinas permanezcan en silencio durante los interrogatorios.

El hecho de que en algún momento decida por sí misma, no responder, revela también una actitud muy humana. Esto facilitaría crear seres artificiales cada vez más parecidos a nosotros mismos y nos recuerda en sí mismo cuál fue realmente el auténtico objetivo del test que desarrolló Alan Turing.

Su finalidad no era poder diferenciar al humano de la máquina. Lo que ansiaba era descubrir si llegaría un momento en que las máquinas pensaran como lo hace el ser humano. Ray Kurzweil, inventor y una figura dentro del transhumanismo, estimó que la inteligencia artificial superaría el test de Turing a partir del 2029. Sin embargo, sucedió en el 2014… 

lunes, 14 de marzo de 2022

Educar con amenazas: un error que cometen los padres

Las amenazas generan miedo y pueden servirnos para imponer nuestra voluntad en un determinado momento, pero difícilmente sirven para educar.

Nadie ha dicho que educar a un hijo sea sencillo. En muchas ocasiones, puede volverse un proceso complicado, que dé la sensación de no terminar nunca. Sin embargo, hay que recordar que educar a un hijo significa conectar emocionalmente con él. Por eso intenta no perder la paciencia ni educar con amenazas.

Y es que las amenazas muestran a unos padres desesperados y sin herramientas para educar correctamente a sus hijos. Y aunque no lo creamos, autoridad y amenaza no son lo mismo. Lo segundo supone un importante refuerzo negativo para el niño que puede desembocar en un alejamiento emocional.

Educar con amenazas

No resulta tan extraño que algunos padres o tutores utilicen la amenaza como un recurso para educar a los pequeños. Al fin y al cabo, es como educaron nuestros abuelos a nuestros padres y, al mismo tiempo, como sus padres les educaron a ellos.

Y es que, según Maricela Fonseca Analco, psicóloga cognitivo-conductual por la Universidad Autónoma de Guerrero, la amenaza es un recurso heredado. “La mayoría de los adultos lo hacen de esa manera por su propia experiencia”, asegura. También recuerda que “ellos también fueron amenazados en su infancia o adolescencia”.

Teniendo en cuenta que la amenaza tiene como fin principal intimidar, está claro que no debe ser una herramienta educativa. “En los niños, significa que algo malo y muy grave le va a pasar a él, a su familia o a un objeto preciado”, cuenta Fonseca.

Curiosamente, lo más probable es que las amenazas tengan un efecto contraproducente en la educación de nuestros hijos. Hay que tener en cuenta que “pueden hacerlos sentir que tienen que luchar, pelear o transgredir para cuidar aquello que es amenazado“.

Cuando los niños son pequeños puede que las amenazas surtan efecto, pero no es más que una falsa sensación de autoridad. Lo que provocan las amenazas en los pequeños es miedo, uno de los valores opuestos a toda buena educación.

Consecuencias de utilizar amenazas

Pero, ¿qué consecuencias reales puede tener el uso de amenazas en la educación de nuestros hijos? Diferentes estudios aseguran que, principalmente, provocan un distanciamiento emocional con los padres. Sin duda, un factor que dificultará la educación en etapas posteriores de su desarrollo y crecimiento.

  • Afectan a la autoestima de tu hijo. Y es que, por mucho que puedan tener efecto al principio, las amenazas minan la autoestima de nuestro hijo. El pequeño no se sentirá valorado, lo que puede traducirse en una posterior conducta beligerante hacia los padres.
  • Provocan estrés. El estrés que puede provocar una amenaza afectará al carácter de nuestro hijo, así como a su personalidad.
  • No conllevan responsabilidad. Lo único que aprenderá tu hijo con reprimendas es a evitar castigos y a alejarse del enemigo que se los impone. Es decir: las amenazas no enseñan el concepto de responsabilidad. Al fin y al cabo, es lo que nos gustaría inculcar a los pequeños cuando tienen que atender a una determinada tarea.
  • Normalizan la agresividad. La amenaza es violencia y agresividad. Y si las usamos con frecuencia, el niño normalizará una serie de conductas que le dificultará relacionarse convenientemente con la gente que le rodea.
  • Producen falta de autoridad. No nos equivoquemos, el miedo no es lo mismo que la autoridad. Creemos que una buena amenaza nos dará autoridad sobre nuestro hijo, pero nada más lejos. A lo único que lleva el miedo es a alejarnos de nuestros pequeños.
Una amenaza que nunca se cumple

Otro de los inconvenientes de educar con amenazas es que el castigo anunciado raramente se llega a cumplir. ¿Y esto que significa? Que nuestro hijo no tardará en cogernos la medida.

Según Fonseca, puede que “las primeras veces sí funcione”, pero no tardarán en invertirse las tornas. Y es que, “a medida que el niño se da cuenta de que quien lo amenaza no cumple su intimidación, ya no creerá en ese método de disciplina”.

Un fenómeno muy común en este tipo de situaciones es que el pequeño crea que puede o debe “pelear aún más para proteger lo que está bajo amenaza”.

La disciplina positiva, una alternativa

“El primer paso es que los adultos acepten anular esa forma de crianza y aprendan nuevas estrategias”, sugiere Fonseca. Y como ella, muchos otros expertos recomiendan recurrir a la disciplina positiva para inducir a nuestros hijos a que cumplan determinada tarea.

  • Metas a largo plazo. Queremos que los niños se laven todos los días los dientes, estemos o no presentes para imponer un castigo. Por eso es importante establecer metas a largo plazo desde el principio.
  • Calidez. Podemos dar órdenes y dirigir su comportamiento de manera firme sin renunciar a ser cálidos y amables. Además, los juegos y los dibujos pueden ser grandes aliados para explicarles conceptos complejos.
  • Empatiza con tus hijos. Si queremos potenciar la empatía, lo mejor es empezar por practicarla con ellos. Están creciendo y no cuentan ni con la madurez ni con la visión que puede tener un adulto. Comprender lo que piensan y sienten los pequeños nos ayudarán a entenderles mejor y a que la comunicación sea mucho más fluida.
  • Solución de problemas. La relación entre un padre y un hijo se basa en solucionar problemas, no en generarlos. Por eso debes brindar a tu pequeño soluciones a sus problemas, por pequeños que sean. No consiste en crear conflictos, regañinas ni llegar a los golpes.
Muchos expertos en educación infantil sugieren referirnos a nuestros hijos con consecuencias, no con amenazas. “Si no te lavas los dientes, la boca te olerá mal; si no haces los deberes, no tendrás tiempo para jugar con tus amigos”. Es decir: plantea las consecuencias reales de hacer o no hacer determinada tarea en lugar de amenazarlos con dañar algo que quieren. Con el tiempo, el niño conocerá por sí mismo las consecuencias de sus actos, que es en lo que consiste todo esto.


domingo, 13 de marzo de 2022

El poder de aprender de la experiencia

La experiencia no es lo que nos ocurre, es la interpretación que hacemos de lo que nos pasa. Esa y no otra marcará la diferencia a la hora de tener una vida más ajustada, feliz y satisfecha.

Aprender de la experiencia es el mayor superpoder de todo organismo vivo. No solo lo hacemos nosotros, sino que también los animales, las plantas y hasta las bacterias llevan cabo esos procesos de inducción para adaptarse mejor a sus complejos entornos. Sin embargo, en lo que se refiere a los seres humanos, hay un curioso matiz que convierte a este tema en una dimensión interesante.

Decía John B. Watson, el célebre psicólogo y padre del conductismo, que todos los comportamientos son el resultado del proceso de aprendizaje. Las personas variamos nuestras conductas de manera frecuente con base a la experiencia adquirida. Sin embargo, y aquí viene el dato llamativo, no siempre hacemos inducciones correctas de las experiencias vividas.

Esto explicaría por qué derivamos siempre en relaciones afectivas que nos traen infelicidad. Somos esas criaturas que no solo tropiezan una y otra vez con la misma piedra, sino que además se encaprichan con ella. Por alguna razón singular, no todas las experiencias que nos trae el destino no sirven para obtener un aprendizaje válido. 

Como decía Oscar Wilde, la experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores. Profundizamos en ello.

El aprendizaje que nace de la experiencia

Dice el refrán que pájaro viejo no entra en la jaula. Tal vez sea así, puede que los animales y los niños sean las criaturas más válidas a la hora de aprender de la experiencia. Huyen de lo que hace daño y aprenden qué estímulos y contextos son los más enriquecedores para interactuar.

Sin embargo, lo complejo de llegar a la edad adulta es que la vida se vuelve más compleja y no siempre es fácil hacer buenas deducciones. De este modo, hay algo común que sabemos bien en psicología. Cuando varias personas pasan por una misma experiencia, a veces, construyen diferentes interpretaciones de la experiencia y asumen aprendizajes opuestos.

La causa está en que cada una mira y percibe la realidad a partir de su propia perspectiva y personalidad. Aprender de la experiencia es un gran poder, pero hay que hacerlo de la manera más objetiva y lógica ajustada posible. Aunque tal artesanía no es precisamente fácil.

Porque tal y como señaló en su día el filósofo Gottfried Leibniz, la experiencia del mundo no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas sobre las que se ha reflexionado en profundidad.

Los adultos parecemos más irracionales a la hora de aprender de la experiencia

El Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, en Berlín, Alemania, realizó un estudio revelador hace poco. Algo que pudo ver es que los bebés tienen la capacidad intuitiva de hacer juicios estadísticos correctos desde una edad temprana. Esta facultad la demuestran también los simios, muy hábiles a su vez a la hora de inferir información y de tomar decisiones cuando tienen ante sí varias probabilidades.

La cognición de la primera infancia es muy sofisticada, como también la de algunos animales. Son criaturas capaces de hacer buenas inferencias intuitivas. Ahora bien, a medida que crecemos y llegamos a la edad adulta el poder de aprender de la experiencia se debilita. ¿Nos volvemos “estúpidos” tal vez? Obviamente, la respuesta es no.

Al llegar a la edad madura el ser humano filtra cada experiencia a través de su personalidad, su estado emocional y sus necesidades. Habrá quien logre deducir valiosos aprendizajes de su experiencia de manera lógica y racional. Sin embargo, las personas somos el resultado de nuestras emociones, de nuestros sesgos cognitivos y nuestras actitudes.

No siempre es fácil aprender de lo que nos pasa cuando la mente no nos permite analizar las cosas de forma analítica y objetiva.

Para aprender de aquello que te pasa… Conócete primero

Recordemos la inscripción del templo de Apolo en Delfos, Temet Nosce o ‘conócete a ti mismo’. Pocos mensajes dejados por nuestros antepasados nos son tan útiles y trascendentes a la vez. El autoconocimiento es la raíz que todo lo nutre, la luz que todo lo ilumina.

Un mayor conocimiento de nosotros mismos nos permite optimizar el proceso de aprender de la experiencia. Las personas somos un rompecabezas conformado por nuestras vivencias pasadas, nuestros pensamientos, emociones, necesidades, sueños, un cuerpo físico y una conciencia.

Debemos tomar contacto con cada una de esas áreas y navegar en ellas. Poco a poco, trazaremos una visión más realista de cómo somos. En el momento en que nos conozcamos como merecemos, aprenderemos de la experiencia como necesitamos. A partir de entonces, lo que deduciremos de cada hecho vivido nos servirá para construirnos un camino más seguro y enriquecedor.

Aprender de experiencias dolorosas

Hay quien señala aquello de que una persona descubre qué es la vida solo cuando lidia con la adversidad. Este no es un enfoque correcto. Las personas aprendemos de los hechos complicados, pero también de los momentos felices y los instantes sin demasiada trascendencia.

Somos organismos orientados a la experiencia y siempre sacamos conclusiones de cada cosa vista, escuchada y sentida. Ahora bien, hay otro hecho indudable. Hay vivencias dolorosas que nos bloquean y ralentizan. Los desafíos del destino nos ponen a prueba y por muy dolorosos que sean algunos hechos, es posible obtener alguna enseñanza.

La clave está en no dejar de aprender, a pesar de los años, a pesar de los daños. Solo la mente humilde que se conoce a sí misma y que se permite aprender cada día avanza en dignidad y serenidad en el viaje de la vida.

sábado, 12 de marzo de 2022

El “yo estético”, fuente de bienestar psicológico

Tu yo estético también edifica tu personalidad y tu identidad. Porque cada libro que lees, música que escuchas, cada cuadro que admiras o verso que escribes participa en tu definición e incluso media en tu bienestar psicológico.

¿Puede nuestro interés por el arte promover el bienestar psicológico? La respuesta es sí. Todos deberíamos desarrollar un “yo estético” capaz de apreciar no solo la belleza de la música, la pintura, la literatura o la escultura. Ser parte de estas manifestaciones, ser creadores activos, mediaría en multitud de procesos cognitivos y emocionales capaces de transformarnos.

Decía el escritor Graham Greene que la escritura es un tipo de terapia. Además, se preguntaba qué hacían las personas que no escriben, componen o pintan para manejar la melancolía, el pánico o la locura cotidiana. Pocas cosas son más ciertas. Es más, algo que sabemos también desde la psicología es que lo estético (lo vinculado a la expresión artística) edifica nuestra personalidad.

Somos lo que nos apasiona, la música que escuchamos y cada libro leído. Nunca está de más seguir explorando tipos de arte, géneros literarios y dejándonos seducir por las bellas obras arquitectónicas de nuestro mundo. Lo cierto es que en cada manifestación artística podemos seguir descubriéndonos como seres humanos.

¿Qué es el “yo estético”?

La psicología, como cualquier ciencia del comportamiento, concibe la formación de la identidad como la conjunción de múltiples variables. Las más habituales son nuestra relación con el entorno social, la educación, la valoración interna de nuestras experiencias, la autorregulación de las emociones, el contexto sociocultural, etc.

Parte de la identidad que construimos y el modo en que nos relacionamos con los demás tiene que ver con nuestras preferencias estéticas (artísticas) personales. Es fácil de entender. Muchas de las amistades y relaciones que forjamos se crean al compartir preferencias comunes: cine, series, libros, música…

El yo es un constructo psicológico poliédrico: tiene muchas caras y una es el yo estético, el relacionado con el universo artístico. Nuestra relación con esos “artefactos” culturales de la sociedad son espejos en los que nos reflejamos; de alguna manera, son prismas desde los cuales ver y entender la vida.

El yo estético es igual de importante que el yo moral o ideológico

La Universidad de Humboldt de Berlín realizó un estudio revelador en el 2020 en colaboración con la Universidad de Pensilvania y el Instituto Max-Planck de Matemáticas en las Ciencias. En él se nos indica que lo estético es tan relevante como los asuntos morales, las ideologías políticas, la orientación religiosa e incluso nuestros gustos alimentarios.

En otras palabras, el yo estético y nuestra conexión con el universo artístico forma parte de lo que somos y sentimos. Impulsa nuestra conducta, nuestras relaciones y define la visión que tenemos de nosotros mismos. No podemos negar la evidencia. La mayoría de nosotros invertimos tiempo, emociones y recursos para participar en experiencias estéticas.

Vamos a conciertos, a galerías de arte, al cine, acudimos al teatro, a conferencias de nuestros directores favoritos e incluso nos organizamos en grupos de fans alrededor de figuras o movimientos artísticos que nos apasionan. Como señala David Lynch, el arte no cambia nada, el arte te cambia a ti.

Las emociones estéticas: las sensaciones que nos transmite admirar la belleza del arte

Como indicaba el compositor Arnold Schoenberg, la emoción estética supera lo tangible, lo contingente y lo relativo. Va más allá de lo estable y conocido y se adentra en los estados de lo secreto, del misterio y del absoluto. Es decir, si hay algo que define al ser humano es la capacidad de experimentar una respuesta emocional ante la belleza del arte en cualquiera de sus formas.

De este modo se expresa y se construye también el yo estético, mediante ese impacto emocional que nos suscita la música, la poesía, la literatura, las historias llevadas a una película o serie de televisión. Rafael Bisquerra, doctor en Ciencias de la Educación y una referencia en el campo de las emociones, destaca que pocas sensaciones son más placenteras y edificantes para nuestro bienestar psicológico.

Lo artístico, motor para el bienestar psicológico

Desarrollar un yo estético impulsa el bienestar psicológico. Pocas vocaciones son tan gratificantes como las de hacer del arte ese lienzo en el que volcar pensamientos o esa página en blanco en la que transcribir sentimientos y necesidades. El arte libera, nos acompaña y nos sana en muchos casos.

Recordemos, por ejemplo, el modelo teórico de bienestar propuesto por Martin Seligman (PERMA) en el que destacaba el arte como un campo para la felicidad y el equilibrio mental. La música, la fotografía, las artes visuales o el cine son recursos indiscutibles para la prevención y la promoción de la salud y el bienestar psicológico.

Sin embargo, como bien señalamos al inicio, no es suficiente con ser testigo pasivo de estas expresiones. El yo estético también es un yo activo y creativo que se atreve a dar forma a su propio arte de múltiples maneras. No lo dudemos, busquemos nuestro canal, nuestra herramienta e instrumento con el cual, explorar y expresarnos.

Como decía Edvard Munch: “el arte nace de la alegría y el dolor, sobre todo del dolor. Crece a partir de las vidas humanas…”.

viernes, 11 de marzo de 2022

5 frases de Arthur Conan Doyle

Conoce las mejores frases del escritor y médico Arthur Conan Doyle, la brillante mente tras la creación y desarrollo del detective de papel más famoso de la historia, Sherlock Holmes.

Las mejores frases de Arthur Conan Doyle no siempre salieron de los labios de Sherlock Holmes. El autor de uno de los mejores y más célebres detectives de la historia de la literatura acabó odiando a la creación que le dio fama y fortuna.

Hoy en día, Arthur Conan Doyle es especialmente famoso por ser la mente tras el brillante personaje de Sherlock Holmes. Sin embargo, este médico y escritor tenía un talento innato, por eso es injusto que su fama se quede únicamente en el hecho de haber dado vida al detective de papel y tinta.

Quién fue Arthur Conan Doyle

Arthur Conan Doyle fue un médico aficionado a la escritura. Nacido en Edimburgo el 22 de mayo de 1859, estudió Medicina entre 1876 y 1881 en las universidades de Stonyhurst y Edimburgo.

Comenzó su vida profesional montando una clínica en Portsmouth en 1882. Sin embargo, no le fue bien, así que, en sus ratos libres, empezó a escribir historias con tanto éxito que terminó por dejar la medicina y dedicarse a tiempo completo a la ficción.

La primera obra que realmente llamó la atención del público fue Estudio en escarlata, novela en la que nace Sherlock Holmes como detective y que vio la luz en 1887. A partir de ahí, siguió desarrollando a este detective junto con los personajes que le acompañaron siempre, su inseparable doctor Watson y su archienemigo, el profesor Moriarty.

Sin embargo, Conan Doyle dedicó su obra a otros géneros, como la ciencia ficción, la historia, el teatro y la poesía. Por desgracia para él, el público reclamaba a Sherlock Holmes, por lo que jamás se pudo separar de la alargada sombra del detective que le dio fama.

Las mejores frases de Arthur Conan Doyle

Entre las mejores frases de Arthur Conan Doyle encontramos sabiduría, talento y ganas por vivir. Por eso es necesario reivindicar esta figura para el gran público, porque merece la pena aprender de su ingenio.

El respeto

El respeto es probablemente la base de toda buena educación y de toda civilización que avanza en la dirección correcta. Eso lo sabía Conan Doyle, que era muy consciente de la necesidad de respetar a todo el mundo por extrañas que le pudieran parecer sus opiniones.

La educación

De las obras de Arthur Conan Doyle extraemos valiosas lecciones. Una de ellas es la importancia de la educación. Él plasmaba que el proceso formativo nunca tiene fin, pues siempre hay algo nuevo que aprender por mucho que creamos saber.

La deducción

Si algo hizo célebre al detective Sherlock Holmes, fue su brillante uso del método deductivo para resolver los casos más intrincados. Y es que, en realidad, todo acto tiene una consecuencia. Tan solo hay que saber cómo seguir el hilo para encontrar las pistas que nos lleven a desvelar la gran cadena que es la naturaleza, el todo enlazado con lógica y sentido, aunque al principio tal vez no sea obvio.

Más vale tarde…

En el rico idioma castellano tenemos ese antiguo refrán célebre que afirma que “más vale tarde que nunca”. Es importante que, aunque creamos que es tarde, aprendamos la lección, pues no aprenderla nunca es mucho más grave, ya que nos hará tropezar en la misma piedra una vez tras otra.

La imaginación y la realidad

Por mucho que una persona pueda ser muy imaginativa, todo lo extraemos de la realidad que, una vez tras otra, nos demuestra que es tozuda y que es capaz de sorprendernos con aquello que podríamos considerar imposible, pero que no lo es. En realidad, no sabemos todo, de hecho, sabemos poco, de ahí que la vida no pierda nunca su capacidad de sorprendernos.

Estas son algunas de las sabias frases de Arthur Conan Doyle, la brillante mente tras los procesos deductivos del detective de papel y pluma más famoso del mundo y de la historia, Sherlock Holmes.

jueves, 10 de marzo de 2022

Poda neuronal: ¿en qué consiste y por qué es importante?

La poda neuronal es un mecanismo que desecha sinapsis innecesarias, permitiendo que el cerebro funcione de manera más óptima. Entenderla, y poder intervenir sobre ella, podría proporcionarnos la clave para enfrentarnos a diferentes enfermedades.

El sistema nervioso está formado por millones de neuronas que se conectan formando redes complejas. Desde la gestación, el organismo produce una cantidad enorme de neuronas que cumplen varias funciones. Sin embargo, no todas las células que se generan terminan siendo útiles y se eliminan con la poda neuronal.

Este es un proceso natural de nuestro cuerpo que ocurre en diferentes etapas de la vida. Se dice que es esencial para la optimización de la actividad cerebral y el aprendizaje. No obstante, algunas evidencias señalan que podría relacionarse con ciertas patologías mentales bien estudiadas.

¿Qué es la poda neuronal?

Las neuronas son la unidad anatómica y funcional, tan pequeña como valiosa, del sistema nervioso. Estas células forman órganos, tejidos y se encargan de recibir y transmitir información a través de redes neuronales. Por ejemplo, cuando las ondas sonoras llegan al oído, estimulan las células nerviosas en esa región. A partir de allí se envía un impulso nervioso al cerebro que procesa esa información y lo interpreta como sonido.

Durante la gestación, cuando somos embriones, comienzan a producirse células nerviosas en cantidad. Este proceso se mantiene constante hasta más o menos los dos años de edad. De esta manera, un niño posee muchas más neuronas que cualquier adulto. Así, se dice que la función de esta sobreproducción es facilitar el aprendizaje infantil.

Recordemos que todo lo que aprendemos se fija en el cerebro en forma de patrones sinápticos. Estos no son más que conexiones que crean varios grupos de neuronas entre sí. Por ende, cuantas más neuronas haya disponibles, más fácil será establecer enlaces y construir patrones.

No obstante, como es de esperarse, no todas las neuronas que nacen se convierten en parte de alguna red. Estas células nerviosas que “sobran” se desechan con la poda neuronal. Como su nombre lo dice, consiste en remover neuronas no funcionales con el fin de optimizar la actividad cerebral.

¿Cómo funciona la poda sináptica?

Sabemos que a partir de los dos años inicia un proceso de poda regulatoria que elimina conexiones poco funcionales. Por ejemplo, la corteza visual cerebral desecha una serie de sinapsis con la médula espinal que favorecen el desarrollo de la visión.

Luego, en la adolescencia, ocurre otra poda de axones que sigue activa hasta la etapa adulta. Hasta la fecha, los mecanismos que activan y regulan la poda sináptica en el sistema nervioso no son del todo claros.

Fractalaquina, proteínas complementarias y células microgliales

Sakai (2020) publicó un artículo en el que señala diferentes hipótesis acerca de la poda neuronal. Una de ellas menciona la fractalaquina, una molécula que indica al cerebro la necesidad de activar células microgliales. Estas últimas son parte de nuestras defensas y se encargan de engullir patógenos para evitar enfermedades.

En un experimento con ratones, se interrumpió la comunicación con fractalaquina entre neuronas y células microgliales. Los investigadores notaron que estos ratones tenían conexiones sinápticas inmaduras que de otra forma no existirían.

Por otro lado, las proteínas complementarias cumplen la función de señalar posibles células patógenas para eliminarlas. De este modo, se sugiere que estas moléculas, junto con la fractalaquina, marcarían circuitos con baja actividad para destruirlos.

¿Por qué es importante la poda neuronal en el desarrollo?

Las evidencias acumuladas hasta la fecha señalan que la sobreproducción de neuronas podría ser un mecanismo evolutivo. Una mayor cantidad de conexiones sinápticas mejoran el aprendizaje de varias maneras. Debido a esto, se suele decir que los niños son como “esponjas”, capaces de aprender muy rápido.

No obstante, demasiadas conexiones también pueden enlentecer el viaje del impulso nervioso. Como resultado, los tiempos de respuesta podrían ser más lentos y esto sería fatal si estamos en una situación peligrosa. Además, demandarían más energía al organismo y esto no es útil para la adaptación.

Entonces, se realiza una poda neuronal para quitar rutas sinápticas que no se usan con frecuencia. En consecuencia, aquellas que sí se activan, se refuerzan y optimizan.

De esta forma, la poda favorece los aprendizajes que nos permiten ajustarnos mejor al entorno que nos rodea. Por ende, es posible afirmar que la poda sináptica es un mecanismo esencial para el desarrollo del sistema nervioso.

La poda sináptica y su papel en las enfermedades mentales

Hay razones para creer que la poda de axones podría jugar un papel clave en el desarrollo de ciertas patologías. Sellgren et al. (2019) publicaron un trabajo sobre la poda sináptica en pacientes con esquizofrenia. Sus conclusiones fueron que el exceso de poda sináptica puede precipitar o producir el cuadro clínico.

De igual modo, otros trabajos señalan el posible rol de la poda sináptica en los síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, ya que no entendemos cómo funciona este mecanismo, no es posible afirmarlo con seguridad.

Para cerrar, se sugiere que la poda neuronal podría alterarse por diversos factores, como la edad y defectos genéticos. Si lográramos identificar dichas variables, quizá podríamos regular los síntomas de ciertas patologías que se asocian a este mecanismo.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Cibermareo: cuando la tecnología nos abruma

La tecnología nos afecta. Con ella somos capaces de crear entornos visuales tan inmersivos que podemos llegar a volver loco a nuestro sistema perceptivo. Hablamos de los cibermareos.

¿Alguna vez has sentido dolor de cabeza o fatiga visual después de pasar mucho tiempo frente a una pantalla? Si te pasa con frecuencia, es probable que estés sufriendo cibermareo. Aunque no escuches esta palabra a menudo, se trata de una afección cada vez más común en nuestra sociedad. Por esa razón, es importante conocer sus síntomas.

A pesar de que puede parecer un problema leve -y precisamente por serlo-, existe una probabilidad alta de que se vuelva crónico. De esta manera, termina afectando a la capacidad para funcionar de modo normal e incluso pueden causar accidentes. Así, no deberíamos ignorar el cibermareo.

¿Qué es el cibermareo?

Un mareo puede hacernos perder el equilibrio y la orientación. Además, otros síntomas relativamente frecuentes son las náuseas y la sensación de que la cabeza da vueltas. Siguiendo esta línea, existen diferentes tipos de mareos. En este caso, vamos a enfocarnos en el mareo por movimiento.

El mareo por movimiento ocurre cuando hay discordancia entre la información sensorial. Por ejemplo, en un barco, el oído interno es capaz de sentir el movimiento por las olas. Sin embargo, los ojos no detectan ningún movimiento, y esa incoherencia es lo que produce el mareo.

Ahora bien, el cibermareo es un trastorno que se asocia el uso de las tecnologías como smartphones, ordenadores, etc. Los síntomas que genera son similares a los del mareo por movimiento común, tales como:
  • Fatiga visual.
  • Dolores de cabeza.
  • Náuseas.
  • Visión borrosa.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Vértigo.
Causas

Cualquier persona que se exponga a las pantallas puede presentar los síntomas. Sin embargo, ¿de qué manera la tecnología puede marearnos?

Cuando estamos usando algún dispositivo, nos exponemos a una gran cantidad de información visual que se mueve de forma constante. Por ejemplo, al mirar una galería de imágenes que vamos desplazando. Entonces, los órganos visuales perciben movimiento, pero nosotros no nos estamos moviendo. Por ende, el oído y otros sentidos envían al cerebro la señal de que estamos quietos. A causa de esa incoherencia, se genera el cibermareo.

Por lo general, se suele asumir que el mareo cibernético y el mareo por simuladores son lo mismo. Sin embargo, un estudio en el que se hicieron ocho experimentos con diferentes sistemas virtuales señala que los perfiles clínicos son diferentes. En el mareo cibernético predomina la desorientación como síntoma, mientras que con los simuladores son las afecciones oculomotoras (Stanney, Kennedy y Drexler, 1997).

Factores que contribuyen al mareo cibernético

Todavía no conocemos con precisión los factores que harían que una persona padeciera mareo cibernético. Weech, Varghese y Barnett-Cowan (2018) publicaron un trabajo sobre los componentes sensomotores que participan en el mareo cibernético. De este modo, concluyeron que ciertas variables, como la susceptibilidad al mareo por movimiento, predicen el riesgo de sufrir cibermareo.

No obstante, hay otras medidas que deben considerarse, y en las que existirían grandes diferencias individuales. Por tal motivo, los autores señalan que es necesario desarrollar métodos para evaluar las variables individuales. Así, los aparatos electrónicos y de realidad virtual pueden ajustarse a las necesidades de cada usuario para prevenir el mareo cibernético.

De hecho, los aparatos de realidad virtual, como el Oculus Rift, incluyen ajustes para calibrar según se necesite. Para las empresas de tecnología es importante desarrollar métodos para aliviar esta afección y así poder vender sus productos. Aunque, todavía hacen falta herramientas más específicas que mejoren la experiencia.

Riesgos asociados

Es común que las personas tiendan a subestimar los peligros que se relacionan con los síntomas del mareo virtual. La mayoría de las veces, los síntomas suelen durar algunos minutos u horas. Pero existen casos graves donde el cibermareo persiste hasta por 24 horas. En consecuencia, supone un riesgo para la salud, ya que altera la función normal.

Por ejemplo, alguien que experimenta mareo cibernético podría intentar conducir un vehículo y sufrir un accidente. Asimismo, al manipular utensilios peligrosos como cuchillos u otras herramientas podría haber lesiones. También el vértigo podría provocar caídas y golpes peligrosos.

Si presentas alguno de los síntomas del mareo virtual, lo mejor es evitar cualquier actividad de riesgo y pedir ayuda.

¿Qué podemos hacer?

La mejor estrategia para lidiar con el mareo virtual es usar la tecnología de manera más saludable. Si trabajas desde casa, es importante hacer descansos periódicos para que tus ojos se relajen. No es una buena idea esperar a sentirnos mal para hacerlo.

Para finalizar, recordad que el trabajo en remoto ha hecho que muchas personas pasen más horas frente a una pantalla, haciéndonos más propensos al cibermareo.

Sumado a esto, la realidad virtual -y la tecnología que la permite- está avanzando mucho en los últimos años. Con ella, físicamente podemos estar en un lugar y mentalmente en otro: una situación propicia para que se den incoherencias respecto a la información que recibimos de los sentidos.